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El SECRETO que OBLIGÓ al PAPA a RENUNCIAR

Algunos dicen que Benedicto XV no fue el problema, sino la víctima que nadie quiso ver. Señalan que mientras el mundo lo tachaba de frío, anticuado o incluso de encubridor de abusos, él luchaba en silencio contra un sistema que ya estaba podrido mucho antes de su llegada. Dicen que siempre vivió la sombra de Juan Pablo Segi, pero lo que muchos no saben es que ese mismo papa tan querido al parecer fue quien le dejó un Vaticano lleno de corrupción y con cientos de casos de abuso encubiertos.

Después fue opacado por Francisco, el papa simpático, cercano, el que todos querían. Pero argumentan que Francisco solo pudo ser ese líder porque Benedicto ya se había sacrificado. Él se llevó las críticas, enfrentó el escándalo y cuando ya no pudo más, renunció para dejarle lugar a alguien que el mundo sí podía amar.

Aseguran que si la gente viera toda la historia completa, si entendieran lo que intentó cambiar y no lo dejaron, todo lo que tuvo que cargar en silencio, descubrirían que Benedicto no fue el villano, sino el chivo expiatorio, el hombre que cargó culpas que no eran suyas, el papa al que no supimos entender hasta que ya fue demasiado tarde.

Hoy vamos a explorar esta perspectiva desde la película Los dos papas. La gente se amontona para escuchar a un hombre, el cardenal Jorge Bergoglio. Entre chistes les cuenta la historia de Francisco, un joven que un día entró a una capilla destruida y creyó escuchar la voz de Dios diciendo, “Francisco, repara mi iglesia.

” Y aunque nadie lo sabe todavía, esa frase va a marcar el punto de quiebre más importante en la vida de Bergoglio. Hace calor, están apretados, pero nadie se va. Porque Bergoglio les habla de Dios que no los juzga, sino que también disfruta del fútbol, que entiende el cansancio y la pobreza que ellos atraviesan. Recibe la noticia.

El Papa Juan Pablo Segund ha muerto. El mundo entero entra en luto. Juan Pablo Segund fue uno de los papas más queridos de la historia y muchos dicen que hay dos razones que explican por qué. La primera es la que muchos conocen. No se quedó encerrado en el Vaticano dictando reglas desde lejos, sino que viajó a 129 países, caminó entre la gente, los abrazó, visitó hospitales, cárceles y barrios.

era carismático y cercano, pero la segunda razón es más incómoda. Juan Pablo Segund fue tan querido porque no lidió con el trabajo más crudo. Mientras él cuidaba la imagen pública de la iglesia, dejó que la corrupción y los abusos siguieran creciendo en silencio. Sabía lo que pasaba, pero eligió no actuar para que nada manchara la reputación de la iglesia.

Y así le dejó un problema enorme a su sucesor. No solo porque después de alguien tan carismático cualquier papa iba a parecer menos agradable, sino porque le heredó una iglesia al borde del colapso. Cualquiera que viniera después iba a ser un mártir. Desde todos los rincones del mundo, los cardenales viajan a Roma. Tienen la misión urgente, elegir al próximo líder de la iglesia.

Y entre tantos nombres hay uno que empieza a destacar, Joseph Ratzinger. Mientras Juan Pablo Segund recorría el mundo e inspiraba millones, alguien tenía que quedarse atrás y defender la fe en un mundo que ya no creía. Había nuevos debates sociales, avances científicos y formas de pensar que chocaban con siglos de enseñanza católica.

Alguien tenía que revisar cada tema, debatir cada dilema y decidir cuál sería la postura oficial de la iglesia. Y ese alguien era Joseph Ratzinger. Juan Pablo Segund confiaba tanto en su criterio que lo nombró prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que este es el cargo más alto en temas de teología. Así que mientras el Papa era la cara visible del catolicismo, Ratzinger era el cerebro.

Y como trabajaban tan de cerca, muchos lo veían como el sucesor natural. Pero una cosa era cuidar la doctrina y otra muy distinta, gobernar toda la iglesia. ¿Realmente estaba preparado? Joseph repasa la lista de cardenales que asistirán al cónclave, la votación para elegir al nuevo Papa. Aparece una foto que lo incomoda, Jorge Bergoglio, el cardenal que promueve una iglesia más abierta, más flexible.

Joseph no podría pensar más diferente. Lleva décadas haciendo justo lo contrario, defendiendo la tradición, marcando límites, corrigiendo desviaciones. Para él, Bergoglio no solo está equivocado, sino que es una amenaza. Más tarde, Joseph está lavándose las manos cuando escucha a alguien silvando una canción. Es Bergoglio.

Ratzinger, intentando ser amable, le pregunta, “¿Qué himno es ese?” Bergoglio sonríe. Dancing Queen de Aba. Joseph apenas disimula su desagrado. Se reúnen con el resto de los cardenales en uno de los grandes salones del Vaticano. Joseph, que lleva años trabajando ahí, entra como si nada. Pero Bergoglio, que viene de los barrios pobres de Argentina, se asombra ante tanta belleza.

El cardenal Carlo María Martini le dice que en Europa las iglesias son hermosas, pero están vacías. necesitan un cambio, reformas reales y cree que él podría ser quien lo traiga. Bergoglio se ríe y le asegura, “No voy a ser yo.” El cardenal Martini fue uno de los críticos más duros de la iglesia, pero no porque la odiara, sino porque creía en ella, porque pensaba que tenía mucho que ofrecer, pero estaba atrapada en formas viejas, desconectadas de la vida real.

Había demasiada burocracia, demasiados rituales y demasiada pomposidad, pero poco contacto con la gente. Aseguraba que si la iglesia seguía cerrando las puertas a los divorciados, por ejemplo, iba a perder a las nuevas generaciones. En vez de negarles la comunión, debía acompañarlos en sus situaciones familiares.

En lugar de prohibir los preservativos, debía reconocer que existen realidades complejas como enfermedades de transmisión carnal o personas que no están en condiciones o no se sienten capaces de brindar una vida digna a sus hijos. creía que los sacerdotes deberían poder casarse y que las mujeres debían tener un lugar real dentro de la estructura de la iglesia.

Martín insistía en que el verdadero espíritu de Jesús no era proteger doctrinas, sino ser un refugio para todos, no solo para los perfectos y puros, sino especialmente para los heridos y caídos. Él creía que si Jesús regresara hoy, no reconocería su propia iglesia, que el mensaje que predicó tiene poco que ver con lo que la institución terminó construyendo.

¿Tú qué opinas? ¿Qué tan cerca está hoy la iglesia de lo que Jesús realmente quería? Empieza el cónclave. Cada cardenal escribe a quién quiere como el próximo papa. Para ganar se necesitan dos tercios de los votos. 77 en total. Sale el resultado. Ratzinger 47 votos. Bergoglio 10. Martini nueve. Nadie alcanza la mayoría.

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