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BRIAN GUTIERREZ: El CALVARIO que SOPORTO para JUGAR con el TRI

Brian Gutiérrez debutó como profesional con el primer equipo del Chicago Fire. A esa edad, la mayoría de los jóvenes apenas sueña confirmar su primer contrato. Brian ya estaba pisando un campo de la MLS, midiéndose con hombres hechos, con cuerpos curtidos por años de competencia. Pero el debut, lejos de abrirle las puertas de par en par, lo enfrentó a la cara más cruel del fútbol, la espera.

Durante sus primeros años, Brian tuvo que pelear cada minuto como si fuera el último. Entraba, salía, miraba desde la banca, volvía a entrenar y volvía a esperar. No había continuidad, no había certezas, solo la promesa de que si aprovechaba cada oportunidad, algún día llegaría la suya. Y aquí se revela el primer rasgo que más tarde enamoraría a Javier Aguirre, la paciencia convertida en hambre.

En lugar de frustrarse, Brian exprimió cada migaja de oportunidad. Temporada tras temporada fue creciendo, dejando de ser el chico de las suplencias para transformarse en una pieza cada vez más importante. Y entonces llegó la campaña que lo cambió todo. En su última temporada con el Chicago Fire, Brian Gutiérrez explotó de una manera que nadie esperaba.

35 partidos disputados, 11 goles y cuatro asistencias en una sola temporada. Su equipo alcanzó la primera ronda de los playoffs antes de caer eliminado ante el Columbus Crew, pero el mensaje estaba enviado. Brian ya no era una promesa, era un futbolista que decidía partidos. Sin embargo, lo que ocurrió después cambiaría por completo el rumbo de su historia, porque sus números no solo llamaron la atención de los clubes, también despertaron el interés de una selección, pero no de la que la afición mexicana hubiera imaginado. Estados Unidos lo quería y no

de manera tímida. Lo había formado en sus procesos juveniles, lo había hecho pasar por la sub-16, la sub20 y la sub23, lo había señalado como una de sus joyas. Brian Gutiérrez llegó incluso a disputar dos amistosos con la selección mayor estadounidense y todo apuntaba a que su destino estaba sellado bajo las barras y las estrellas.

Pero detrás de esos partidos crecía una pregunta que no lo dejaba dormir. ¿A quién quería representar de verdad? No era una decisión deportiva, era una decisión de identidad y esas son las que más duelen. Mientras Brian libraba esa batalla silenciosa, en México empezaron a moverse los hilos. Rayados de Monterrey fue uno de los primeros clubes en interesarse seriamente en ficharlo, pero entonces apareció otro nombre, uno que para él no significaba un club cualquiera, sino una herida emocional abierta de par en par, Chivas. Porque en

su familia las Chivas no eran un equipo más. Era el club de sus amores, la pasión heredada, el escudo que se defendía en las sobremesas. Cuando Guadalajara apareció como opción concreta, la decisión dejó de ser un cálculo de carrera y se convirtió en algo mucho más profundo. Y Brian eligió. En diciembre de 2025 aterrizó en Guadalajara como el primer refuerzo del club para el Clausura 2026 en una operación que rondó los 4,illones y medio de dólares y un contrato por cuatro temporadas.

La presión desde el principio era brutal y aún así su adaptación fue mucho más rápida de lo que nadie pronosticó. Bajo las órdenes de Gabriel Milito, debutó en la Liga MX frente a Pachuca y en menos de 20 minutos sobre el campo ya había regalado una asistencia. Lo que vino después confirmó que aquello no era casualidad. Su primer gol en la Liga MX anotado frente a León no fue un tanto cualquiera.

Fue catalogado como uno de los mejores goles de Chivas en todo el torneo. Una definición que hizo voltear a más de uno y conforme avanzaba el campeonato, Brian Gutiérrez no se apagaba, crecía. El 19 de abril de 2026, en pleno estadio Acren le marcó al Puebla y por si fuera poco, sirvió la asistencia para Ricardo Marín en el mismo encuentro.

Cuando terminó su primer torneo completo con el rebaño, los números contaban una historia de adaptación express. 16 partidos, más de 850 minutos en cancha, dos goles y dos asistencias, recuperando la titularidad justo en la recta final, cuando más importaba. Pero aquí es donde el camino de Brian dejó de ser una simple historia de club y se convirtió en algo mucho más grande.

Porque mientras se ganaba un lugar en el equipo de sus amores, dos pares de ojos lo observaban a la distancia, los de Javier Aguirre y los de Rafa Márquez. Y cuando el trió, Brian respondió de una forma que silenció a más de un escéptico. Pronunció una frase que sorprendió a ambos lados de la frontera. ¿Es Chivas o nada? ¿Es México o nada? Debutó con la selección mexicana en enero de 2026 como titular en un amistoso ganado por la mínima ante Panamá en una convocatoria armada exclusivamente con futbolistas de la Liga MX. Días después sumó minutos en

otro triunfo apretado sobre Bolivia, esta vez jugando como extremo por izquierda. dejó buenas sensaciones en ambos, pero lo mejor estaba por llegar porque en febrero llegó el momento que lo metió de lleno en la conversación mundialista, su primer gol con la selección mexicana en una goleada por 4 a0 sobre Islandia, partido en el que además completó los 90 minutos y mostró una versión madura, descarada, sin miedo al escenario.

Ese gol no fue un destello aislado, fue la prueba de que Brian Gutiérrez respondía justo cuando más se lo observaba. A partir de ahí, cada convocatoria fue una respuesta positiva, cada entrenamiento una razón más para que el cuerpo técnico se enamorara de él. Brian se estaba ganando el puesto en el triapulso, gol a gol, partido a partido, pero lo que ni él imaginaba era que para poder seguir vistiendo esa camiseta verde, primero tendría que sobrevivir a una batalla que no se jugaba en la cancha, sino los despachos de dos federaciones que de pronto lo

querían al mismo tiempo. Y esa pelea estaba a punto de estallar. Capítulo 3. Realmente merecía estar. Aquí es donde la historia se pone incómoda. Pero hay una pregunta que resuena en los pasillos de los estadios, en los programas deportivos y en las conversaciones de cada bar donde se habla de fútbol. ¿Realmente merece estar ahí? La afición mexicana estaba dividida.

Por un lado, están quienes creen que el fútbol mexicano atraviesa un momento complicado, con menos cantidad y calidad de talento que en otras épocas. Para ellos, si un jugador tiene nivel para aportar a la selección mexicana, poco importa donde haya nacido. Consideran que México debe aprovechar todos los recursos posibles para competir al más alto nivel, incluso si eso significa convocar futbolistas nacidos fuera del país.

Del otro lado están quienes piensan que la solución no está en buscar jugadores en el extranjero. Ellos sostienen que antes de mirar más allá de las fronteras se les debe dar una verdadera oportunidad a los jóvenes prospectos que están triunfando en la Liga MX. Creen que hay talento suficiente en el fútbol mexicano y que muchos jugadores merecen una oportunidad que nunca llega.

Pero el caso de Brian no encaja del todo en ninguno de esos dos argumentos porque su historia es distinta. Brian nace en Estados Unidos por circunstancias familiares, pero crece en un hogar donde México está presente todos los días. Las costumbres, las tradiciones, la cultura y el amor por sus raíces forman parte de su vida desde que tiene memoria.

Por eso, cuando surge el debate sobre si debe o no representar a México, para la respuesta siempre parece estar clara. Puede haber nacido al otro lado de la frontera, pero jamás se olvida de dónde viene. No se considera un extranjero ni alguien ajeno a la identidad mexicana. Es simplemente un mexicano que vive en Estados Unidos y que ahora tiene la oportunidad de defender los colores del país que siempre ha llevado en el corazón.

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