SASHA MONTENEGRO: Por ESTO NO la DEJARON ENTRAR al FUNERAL del PRESIDENTE LÓPEZ PORTILLO
14 de febrero de 2024, día de San Valentín, hospital privado en Cuernavaca, Morelos, en una cama conectada a máquinas, después de meses de agonía por un cáncer agresivo en los pulmones que terminó provocándole un derrame cerebral, una mujer de 78 años cierra los ojos por última vez.
A su lado su hija Nabila le sostiene la mano. La actriz Laura Zapata, amiga de toda la vida, lo contó textualmente. Ya estaba muy cansada, muy agotada. Fue bastante larga su agonía, su estar en un hospital. Esa mujer se llama Alexandra Achimovic Popovic, pero el mundo entero la conoce como Sasha Montenegro, la vedet más famosa del cine mexicano de los años 70.
La viuda legítima del presidente José López Portillo, la mujer que enamoró a un mandatario en activo, la que parió dos hijos cuando el padre todavía estaba casado con la primera dama, la que sobrevivió a un juicio de divorcio donde su propia familia política la acusó de golpear al expresidente, la que ganó ese juicio en el último tribunal federal, la que, sin embargo, no pudo entrar al velatorio de su propio marido el 18 de febrero de 2004, porque los reporteros la asediaron en la puerta y tuvo que ser auxiliada por uno
de los hijos legítimos, la mujer a la que el presidente Andrés Manuel López Obrador exhibió en una mañanera de julio de 2022 con su nombre real, ese nombre serbio que casi nadie en México conocía, para anunciar que le cancelaba la pensión millonaria que tenía como viuda. Esa misma mujer, 20 años y tr días después de la muerte de su marido presidente, murió sola en una cama de hospital de Cuernavaca un día de San Valentín.
Y la coincidencia de las fechas, las dos vidas que se apagaron en febrero con tres días de diferencia y 20 años exactos entre una y la otra no es invento. Está en los archivos, está en los certificados de defunción, está en la hemeroteca pública. Hoy abrimos el expediente número 13 de las tumbas de la fama y te aseguro que cuando termine vas a entender que la historia de Sasha Montenegro no es la historia de una vedet del cine de ficheras.
Es la historia de una mujer extranjera sobreviviente del nazismo siendo niña, que llegó a México sin entender el idioma. Conquistó al hombre más poderoso del país. Fue tratada como amante durante 20 años. Fue tratada como esposa apenas 4 años y al final fue tratada como un problema durante otros 20 años.
Es la historia de la mujer que, según declaraciones suyas dadas a Gustavo Adolfo Infante y reproducidas por el programa El minuto que cambió mi destino, lo resumió todo en una sola frase brutal. No nos dejó nada. Lo que sí nos dejó fue una cantidad de problemas y juicios terribles. Recuerda esa frase, la vas a necesitar más adelante.
Hoy vas a descubrir cinco cosas que durante décadas los medios oficiales nunca contaron completas. Primero, vas a saber como una niña europea sobreviviente del nazismo, hija de una aristócrata montenegrina y de un agente de inteligencia británica terminó conquistando al presidente de México en una procesión de Semana Santa en Sevilla en abril de 1984.
Segundo, vas a conocer a la mujer que durante 40 años fue la verdadera dueña de la vida de José López Portillo y que persiguió a Sasha Montenegro hasta el último día. No la primera esposa Carmen Romano, sino la hermana del presidente. Su nombre quedará grabado en este expediente, Margarita López Portillo. Tercero, ¿vas a entender por qué Sasha Montenegro, la viuda legítima del expresidente reconocida por los tribunales federales mexicanos no pudo entrar al velatorio de su propio marido? la madrugada del 18 de febrero de 2004
en la capilla 3 de la Secretaría de la Defensa Nacional. Cuarto, vas a descubrir el momento exacto en que el presidente Andrés Manuel López Obrador la exhibió delante de todo México en su conferencia matutina del 28 de julio de 2022 le canceló una pensión de 1,688,736 pesos al año y pronunció en voz alta ante las cámaras de Palacio Nacional.
Su verdadero nombre, Alexandra Achimovic Popovic, ese nombre serbio que nadie en México sabía pronunciar. Y quinto, vas a saber cómo murió esta mujer un 14 de febrero del año 2024, día de San Valentín, exactamente 20 años y tr días después de la muerte de su marido presidente, sola en un hospital de Cuernavaca, después de meses de agonía por un cáncer terminal.
Te voy a avisar cuando llegue cada una de esas cinco revelaciones. Guarda este dato desde ahora, 17 de febrero de 2004. Lo vas a necesitar más adelante. Antes de seguir, si llegaste por primera vez a las tumbas de la fama, este es tu canal. Aquí abrimos los expedientes que la prensa rosa, las productoras y las cadenas de televisión prefirieron enterrar.
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Porque esta historia es la radiografía completa de cómo el poder presidencial mexicano trató a una mujer que no era de las suyas durante 40 años seguidos. Si todavía no estás suscrito, suscríbete ya, es gratis, es un solo clic y cada nuevo suscriptor le indica al algoritmo que esta historia merece ser empujada a más gente.
Te voy a abrir cinco archivos en este expediente. Cinco archivos cruzados de hemerotecas mexicanas. Entrevistas verificables en el Universal Infobae, Excelsior, Milenio, El Financiero, La Razón, La Silla rota, El Siglo de Torreón, Quién, la jornada. Declaraciones de la propia Sasha Montenegro en programas como El minuto que cambió mi destino con Gustavo Adolfo Infante en compañía de Vidas al límite.
El libro La suerte de la consorte de Sara Seevchovic. Archivos públicos de la Conferencia Mañanera Presidencial del 28 de julio de 2022. Biografías autorizadas, Archivos de la Filmoteca de la UNAM y la Asociación Nacional de Inérpretes. Cero invención, todo su fuente. Archivo número uno, El origen de Alexandra Achimovic Popovic.
Bari, Italia. 20 de enero de 1946. Hija única de un aristócrata montenegrina, cuya familia fue asesinada por los nazis en campos de concentración. hija de un agente de inteligencia británica, la emigración a Argentina, la llegada a México en 1969, el nombre artístico inventado a partir de la patria perdida, la consolidación como diva del cine de ficheras en 1975 con bellas de noche.
Archivo número dos, la procesión en Sevilla. abril de 1984. La gira con la obra Nunca en domingo. El encuentro con José López Portillo, dos años después de su sexenio presidencial. La diferencia de 24 años. La hija Nabila concebida en pleno escándalo. El nacimiento del 16 de enero de 1985, cuando el padre todavía estaba casado con la primera dama Carmen Romano.
La separación, el regreso, el segundo hijo Alexander en 1987, el matrimonio civil de 1991 a regañadientes de Margarita. Archivo número tres, la enfermedad. El infarto cerebral de López Portillo. La acusación de maltrato físico orquestada por los hijos del primer matrimonio. El juicio de divorcio en plena agonía del expresidente.
La defensa legal de Sasha que ganó en el último tribunal federal. La frase textual de los magistrados, no hubo causal de divorcio. La preparación del adiós que terminó siendo silencioso. Archivo número 4. La madrugada del 17 al 18 de febrero de 2004. La muerte del expresidente a las 3:15 minutos. El velatorio en la capilla 3 de la Secretaría de la Defensa Nacional.
la viuda legítima que llegó al funeral y no pudo entrar porque los reporteros la asediaron en la puerta. El hijo legítimo José Ramón López Portillo, que tuvo que auxiliarla para meterla al velorio. La declaración pública de Carmen Beatriz López Portillo, hija del primer matrimonio. Los bienes de mi padre son nulos.
La pelea por la mansión Colina del Perro en Cuajimalpa. Archivo número 5, el 28 de julio de 2022, la mañanera. Andrés Manuel López Obrador exhibiendo en pantalla los nombres reales de las viudas presidenciales que recibían pensiones. La cantidad textual de la pensión de Sasha, 1,680 y 8,736 pesos al año.
La cancelación inmediata, los últimos meses de Sasha en Cuernavaca con cáncer de pulmón agresivo, la agonía en el hospital, la muerte el 14 de febrero de 2024, el funeral privado y 20 años y 3 días entre el adiós del marido presidente y el adiós de la vedet extranjera. Recuerda activar la campanita para que YouTube te avise cuando subamos el expediente número 14 y suscríbete ahora si todavía no lo has hecho. Vamos.
Alexandra Achimovic Popovic nació el 20 de enero de 1946 en la ciudad de Bari, en el sureste de Italia, justo un año después de que terminara la Segunda Guerra Mundial. Y esa fecha tan cercana al fin del conflicto bélico más sangriento del siglo XX no es un dato accidental. Es la primera marca de su biografía, porque su familia, antes de que ella naciera, no había sido una familia italiana cualquiera.
Su madre, Silvia Popovic, pertenecía a una familia aristocrática montenegrina. esa pequeña nación de los Balcanes que durante siglos fue un reino independiente y que en los años 40 del siglo XX había sido absorbida por la antigua Yugoslavia. La aristocracia montenegrina de aquella época era una élite cultural y económica.
Gente que vivía en mansiones, que hablaba varios idiomas, que enviaba a sus hijos a estudiar a las capitales europeas. Y cuando los nazis llegaron a los Balcanes durante la Segunda Guerra Mundial, esa élite fue tratada como cualquier otra élite incómoda para el tercer Rig. La mayoría de los familiares de Silvia Popovic, según consta en los registros públicos y en la propia entrevista de Sasha Montenegro con el periodista Gustavo Adolfo Infante, en el programa El minuto que cambió mi destino fueron asesinados en campos de concentración
nazi. La madre de Sasha sobrevivió, pocos más sobrevivieron. Su padre Jibohina Chimovich era un hombre con un perfil aún más extraño. Trabajaba, según consta, en las biografías públicas y en la página de Wikipedia que registra su vida. para el British Intelligent Service, los servicios de inteligencia británica, es decir, era un espía, un agente, un hombre que se movía entre fronteras durante los años más oscuros del siglo XX.
Y cuando el matrimonio Achimovic Popovic se vio empujado al exilio por la devastación de la guerra, eligió cruzar el Atlántico. Primero llegaron a Italia, ahí nació Sasha. Y desde Italia, junto a la pequeña Alexandra, los padres emigraron a Argentina, donde se asentaron en la provincia de Mendoza. Argentina en los años 50 era todavía un país relativamente próspero, un lugar de refugio para muchos europeos sobrevivientes de la guerra.
La pequeña Alexandra creció ahí en Mendoza hablando italiano, serbio y español, formándose en una cultura híbrida de la que pocos años después se desprendería para construirse a sí misma desde cero. En Argentina, el padre Jiboyin Achimovic murió cuando Alexandra todavía era una niña pequeña. Su madre se volvió a casar.
tuvo más hijos en el segundo matrimonio. Y Alexandra, la primogénita del primer matrimonio, la heredera del apellido del espía británico y de la aristócrata montenegrina sobreviviente del nazismo, creció rodeada de medio hermanos en una casa donde, según sus propias palabras, nunca terminó de sentirse del todo en su lugar. Quizás esa fue la primera lección de su vida.
Quizás esa fue la primera vez que aprendió a estar al margen, a estar dentro, pero no del todo, a pertenecer, pero no completamente. Esa lección se la iba a aprender de memoria durante los próximos 60 años. Porque cuando finalmente abandonó a Argentina en busca de seguridad y de oportunidades, cuando los conflictos políticos del país austral empezaron a poner en peligro a su familia, Alexandra eligió un nuevo destino.
No regresó a Italia, no regresó a Yugoslavia. Eligió México. Llegó a la Ciudad de México en 1969. Tenía 23 años. No conocía a nadie, no entendía del todo el modismo mexicano y sin embargo, en cuanto pisó el suelo del país que iba a adoptarla como una de sus divas más recordadas, decidió que tenía que reinventarse. Tomó su nombre Serbio Alexandra y eligió la versión corta más cariñosa de ese nombre, Sasha.
Tomó el nombre de su patria perdida, Montenegro. y lo convirtió en apellido artístico. Y así, en cuestión de meses, Alexandra Achimovic Popovic dejó de existir en los carteles de los teatros mexicanos. En su lugar apareció una mujer nueva, Sasha Montenegro. Una mujer hermosa, alta, con cuerpo escultural, ojos profundos, cabello oscuro, presencia magnética.
Una mujer que en cuanto pisó el primer set de filmación se dio cuenta de que México la iba a recibir con los brazos abiertos. La industria del cine mexicano de finales de los años 60 y principios de los 70 estaba atravesando una transformación profunda. La era dorada del cine mexicano, esa de Pedro Infante, Jorge Negrete, María Félix y Dolores del Río, había terminado a mediados de los 60 y en su lugar empezaba a surgir un nuevo género controvertido, popular.
criticado, exitoso, el cine de ficheras, películas con humor procas, con desnudos, con tramas de cabaret y de prostíbulos, con vedetes hermosas que cantaban, bailaban y mostraban el cuerpo en pantalla. Y Sasha Montenegro, recién llegada de Argentina, con su cuerpo escultural y su acento extranjero que en México sonaba exótico, encajó como anillo al dedo en ese nuevo género que iba a marcar al cine mexicano durante toda la década de los 70 y parte de los 80.
En 1974 apareció en la telenovela Ana del Aire como Dolly, un papel secundario que la dio a conocer al gran público mexicano, pero el momento que la convirtió en leyenda fue 1975, cuando el director Miguel M. Delgado, el mismo que había dirigido a Cantinflas en buena parte de sus películas, la eligió para protagonizar junto a Jorge Rivero la película fundacional del género de ficheras Bellas de noche.
La crítica especializada y los archivos del periódico La Jornada reconocen esta película como germinal, como cinta fundacional, como el momento exacto en que el cine de ficheras se consolidó como género propio. Sasha Montenegro, en sus propias palabras textuales dichas años después en entrevista con Gustavo Adolfo Infante, reconoció que ese género tenía algo que la incomodaba profundamente.
“Odio desnudarme”, llegó a decir en una entrevista archivada por la jornada, pero el negocio era el negocio. y la diva extranjera, la sobreviviente del nazismo, la hija del espía británico, hizo lo que tantas mujeres del cine de su época hicieron. Aceptó el guion, aceptó la cámara, aceptó el desnudo de 30 segundos que la convirtió en sus propias palabras dichas a la prensa de la época, en la causante de las poluciones nocturnas de generaciones enteras de jóvenes mexicanos.
A partir de bellas de noche, su carrera se disparó. Aparecieron películas tras películas, noches de cabaret. Pedro Navaja y un total que según los archivos de la Filmoteca de la UNAM supera las 75 producciones nacionales. Pero entre todas las películas y telenovelas que hizo, hay una que es importante para entender lo que viene después.
En 1979 protagonizó la telenovela una mujer marcada interpretando a un personaje llamado Lorena, también conocida como Loraine Montiel, una mujer marcada. El título es casi profético, porque 5 años después de aquella telenovela, la propia Sasha Montenegro iba a quedar marcada para toda la vida por un encuentro que ocurrió a miles de kilómetros de México en una calle estrecha de la ciudad española de Sevilla durante una procesión de Semana Santa.
Y ese encuentro iba a cambiar la historia personal de una mujer y la historia política de un país. Dale a like ahora si llegaste hasta aquí. Y si todavía no estás suscrito a las tumbas de la fama, suscríbete ahora mismo. Activa la campanita. Estamos a punto de entrar al archivo 2, donde te cuento cómo una vedeta extranjera conquistó al presidente de México en una procesión de Semana Santa en Sevilla.
Suscríbete para no perderte nada y comenta abajo en una palabra, ¿conocías el verdadero nombre de Sasha Montenegro, Alexandra Achimovic Popovic? ¿Sí o no? Esa estadística la quiero leer. Era abril de 1984. Sasha Montenegro tenía 38 años. Llevaba 15 años viviendo en México. Había hecho más de 50 películas. Era una de las vedetes más famosas del país.
Ganaba bien, vivía sola y se sentía dueña de su carrera. Sin embargo, en sus propias palabras dichas años después al periodista Gustavo Adolfo Infante, en el programa Vidas a límite y reproducidas por el Universal, Sasha Montenegro era una mujer que rechazaba el matrimonio, que no quería hijos, que no estaba interesada en construir un hogar hasta esa primavera de 1984.
había tenido solamente tres novios. Ninguno de ellos había prosperado. Y según sus declaraciones, las relaciones siempre terminaban por la inseguridad que los hombres sentían al estar con una artista famosa. Sasha estaba acostumbrada a estar sola y le gustaba estar sola. Pero ese mes de abril de 1984 le tocó montar la comedia musical nunca en domingo en una gira que la llevó a España.
La obra iba a presentarse en Madrid. Sasha aprovechó un descanso de la temporada para visitar Sevilla, una ciudad que ella admiraba especialmente por su arquitectura, su gastronomía y su tradición religiosa. Llegó a Sevilla sola, sin acompañantes, sin equipo de prensa. un hotel cómodo, salió a caminar por las calles del centro histórico y se encontró de pronto, sin esperarlo, en medio de una de las famosas procesiones de Semana Santa Sevillana, los pasos de Cristo, las imágenes religiosas cargadas por los costaleros,
las aetas cantadas desde los balcones, los sirios encendidos en plena tarde luminosa de Andalucía. Sasha Montenegro, la sobreviviente del nazismo y la diva del cine de ficheras mexicano, se quedó parada en una esquina viendo aquella procesión cuando escuchó en su propio idioma una voz que la llamaba por su nombre.
Te lo cuento como ella misma lo describió, palabra por palabra. en la entrevista que dio a Gustavo Adolfo Infante y que está archivada por Uniradio Informa y Milenio. Estaba en las calles de Sevilla y estaban estas procesiones que hacen. De pronto oigo que me dicen Sasha. Sasha se giró y se encontró cara a cara con un hombre que conocía solamente por los noticieros, por los periódicos, por la portada de las revistas.
un hombre que durante 6 años, entre 1976 y 1982, había sido el presidente más controvertido y polémico de México moderno. un hombre que había nacionalizado la banca, que había devaluado el peso, que había prometido defenderlo como un perro y que había pasado a la historia con esa frase: un hombre que había sido criticado, satirizado, odiado, amado, temido durante todo su sexenio.
Un hombre que ahora, dos años después de haber dejado la presidencia paseaba por Sevilla como un ciudadano más, aunque con la presencia magnética que solo tienen los expresidentes. Su nombre, José López Portillo y Pacheco. Tenía 62 años. Era 24 años mayor que Sasha. Estaba casado, según figuraba en todos los registros oficiales, con Carmen Romano Nolk, su esposa desde hacía 40 años.
Primera dama de México durante todo su sexenio, fundadora del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, conocido como DIF, madre de sus tres hijos legítimos, José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina, una mujer cultivada de familia acomodada, hija del alto funcionario de la compañía Ford Alfonso Romano, una primera dama que se había distinguido por su trabajo cultural durante el sexenio.
Y de pronto, en Sevilla, en plena Semana Santa de 1984, el expresidente, que todavía estaba casado con esa primera dama, la vio, la reconoció, la llamó por su nombre y se acercó a saludarla. Sasha lo contó textualmente en el financiero. Yo no creo que eso haya sido amor a primera vista. Lo que pasa es que el Señor era impactante.
No era un hombre que dijeras guapo, pero era un señorón con mucha presencia, con una gran personalidad, obviamente con una gran cultura. Era un hombre encantador. Le agregó otro detalle revelador en la misma entrevista. Era un hombre maduro, fuerte, que hacía mucho ejercicio, un conquistador nato. Y de todo lo que yo conocía esto era algo diferente.
Imagínate la escena. Una calle empedrada de Sevilla, el olor a incienso, los aetazos cantados desde los balcones. Una vedet mexicana de 38 años acaba de descubrir que el expresidente de su país adoptivo, 62 años, casado con tres hijos, está mirándola con interés. Y a ella que rechazaba el matrimonio, que no quería hijos, que no creía en el amor a primera vista, le pasa algo que no había previsto.
Le impacta el hombre, le gusta su presencia, le gusta su cultura, quiere seguir hablando con él, quiere conocerlo más, quiere verlo otra vez. Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Sasha y López Portillo se volvieron a ver después en Roma, donde el expresidente también se encontraba de visita privada. Las pláticas se hicieron más largas, la complicidad se hizo más profunda y para finales de 1984, según las propias declaraciones de Sasha, ya se habían convertido en pareja en la intimidad.
aunque manteniendo la relación en secreto absoluto, porque obviamente en 1984 el expresidente todavía estaba casado con la primera dama y un escándalo público entre un exmandatario casado y una bedet famosa por desnudarse en películas de ficheras hubiera sido un cataclismo social en el México conservador y católico de aquella época.
Pero los cataclismos siempre terminan estallando y ese cataclismo estalló 9 meses después del encuentro de Sevilla en una fecha que se quedó grabada en los registros públicos 16 de enero de 1985. Ese día, en una clínica privada de la Ciudad de México, Sasha Montenegro dio a luz a una niña, la llamó Nabila.
Y según declaró años después la propia Sasha al periodista Gustavo Adolfo Infante, ese embarazo había sido, en sus palabras textuales, un accidente. Montenegro, la mujer que rechazaba la maternidad, la que había vivido sola hasta los 38 años, la que tenía solo tres novios en toda su vida adulta, se encontró embarazada del expresidente de México, mientras el expresidente todavía estaba casado con la primera dama.
Lo que vino después fue brutal. La prensa rosa de la época, que tenía olfato de sabueso para los escándalos políticos, no tardó en filtrar la noticia. El nombre del padre biológico de Navila empezó a circular en susurros, en notas pequeñas, en comentarios velados, en programas de espectáculos.
Carmen Romano, la primera dama oficial, todavía esposa legítima de López Portillo, ya estaba enferma. Llevaba años distanciada emocionalmente de su marido, pero seguía siendo legalmente su esposa. Los tres hijos legítimos, José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina, ya jóvenes adultos, recibieron la noticia del nacimiento de Navila como un golpe directo al apellido familiar.
Y la hermana del expresidente, una mujer que durante toda la vida había sido la guardiana feroz del nombre López Portillo, declaró desde el primer momento la guerra a Sasha Montenegro. Esa hermana, la mujer que durante los próximos 20 años iba a perseguir a Sasha sin descanso hasta el último día de la vida del expresidente, se llamaba Margarita López Portillo.
Y necesito que escuches lo que Sasha Montenegro misma dijo de Margarita, porque es la frase que define esta historia. Lo dijo en el programa Vidas al límite, entrevistada por Gustavo Adolfo Infante. Las palabras textuales fueron reproducidas por Milenio, El Universal, La Razón, Yahoo Vida y Estilo, Reporte Índigo y revista Clase fue una relación muy difícil porque siempre estuvo esta familia en contra.
Margarita ha sido una mujer que siempre estuvo en contra de todas las mujeres que se acercaran a su hermano. Lee esa frase otra vez despacio. Margarita López Portillo, la hermana del presidente, la mujer que siempre estuvo en contra de todas las mujeres que se acercaron a su hermano. No solo de Sasha, de todas.
Esa frase dicha por una mujer que sufrió en carne propia la persecución de Margarita durante 20 años seguidos, te describe en una sola línea de qué tamaño era el muro familiar contra el que Sasha Montenegro iba a chocarse durante el resto de su vida adulta. La controversia pública fue tan intensa, tan agresiva, tan agotadora, que en algún momento de mediados de los 80, Sasha y López Portillo se separaron temporalmente.
Sasha, en sus palabras textuales a Yahoo Vida y Estilo y a Reporte Índigo, lo resumió así: “Tuvieron una separación provocada por la controversia, pero la separación no duró. se reconciliaron y de esa reconciliación nació el segundo hijo de la pareja, Alexander, también llamado Alejandro en algunas fuentes. Nacido en 1987, según los registros más documentados, aunque algunas otras fuentes lo ubican en 1990.
Esta vez, según contó Sasha en la misma entrevista con Gustavo Adolfo Infante, el embarazo no fue un accidente. Él fue pedido y lo hablamos como pareja. Es decir, Alexander fue un hijo planeado, deseado, conversado, una decisión adulta entre dos amantes que ya sabían que su relación era para siempre, aunque legalmente todavía no podían formalizarla.
Y aquí es donde aparece otra de las frases brutales que Sasha Montenegro dejó para la historia. En la entrevista con Gustavo Adolfo Infante, reflexionando sobre cómo era amar a un expresidente de México en aquellos años, dijo textualmente, “Según el Universal y Yahoo Vida y estilo, en México el ser presidente de la República era ser un rey, pero un rey por 6 años, porque después lo decapitaban.
A mí me tocó cuando López Portillo ya estaba decapitado y me tocaron los ladridos y esta parte desagradable de la vida de un personaje así. Esa frase dicha por una mujer que sabía perfectamente lo que era convivir con el resto de la furia de un país contra su pareja te explica casi todo. A Sasha Montenegro no le tocó la gloria del sexenio.
A Sasha le tocaron los ladridos. Le tocó la decapitación pública, le tocó cargar con el resto de odio que México guardaba para López Portillo después de la crisis económica de 1982, después de la nacionalización de la banca, después de las acusaciones de corrupción que rodearon a sus colaboradores, todo ese odio que se acumulaba sobre la figura del expresidente se desbordó sobre la mujer que se había metido a su cama.
Después del sexenio en 1991, después de 6 años de relación pública, después de dos hijos nacidos, después de un divorcio finalmente concretado entre López Portillo y Carmen Romano, que se formalizó ese mismo año tras 40 años de matrimonio, Sasha Montenegro y el expresidente se casaron por la vía civil. El matrimonio, según consta en los registros públicos y en los reportajes del financiero y vida y estilo, se celebró sin gran pompa en la residencia de Cuajimalpa, que López Portillo ya había donado en vida a Sasha, la famosa colina del perro. una
donación que, como vas a descubrir más adelante, iba a convertirse en el primer botín de la guerra familiar que estallaría a la muerte del expresidente. La hermana Margarita, según relató Sasha años después, asistió al matrimonio civil bajo protesta. Los hijos legítimos no asistieron. 5 años después, el destino le jugó a Sasha una mala pasada.
En 1995, según unas fuentes, o en 1999 según otras, el expresidente sufrió un infarto cerebral fulminante. Las versiones más documentadas recogidas por Yahoo Vida y Estilo y El Financiero ubican el infarto en 1995, justo el mismo año en que la pareja había logrado consolidar su matrimonio civil.
A partir de ese momento, la salud de López Portillo nunca se recuperó del todo. El hombre fuerte que hacía ejercicio, el señorón que había impresionado a Sasha en Sevilla, se convirtió poco a poco en un anciano frágil, dependiente, con la mente que empezaba a fallarle, con la movilidad reducida. Y aquí es donde entró en escena otra vez la familia oficial.
Los hijos del primer matrimonio empezaron a acercarse al padre enfermo. La hermana Margarita reapareció con más fuerza y Sasha, que durante 6 años había sido la mujer que cuidaba del expresidente todos los días, empezó a recibir acusaciones que iban a marcar el resto de su vida. En el año 2000, un mes después de que muriera la primera esposa Carmen Romano por un paro respiratorio a los 74 años, Sasha y López Portillo formalizaron su matrimonio religioso en una ceremonia católica celebrada el 16 de junio de ese año. Él tenía 80 años,
ella 54. Los dos hijos en común, Nabila de 15 años y Alexander de 13 estuvieron presentes. Los hijos legítimos del primer matrimonio, no. La hermana Margarita no. Y aunque ese matrimonio religioso fue, según las propias palabras de Sasha en el programa de Gustavo Adolfo Infante, uno de los momentos más emotivos de su vida, esa felicidad no iba a durar mucho, porque 4 años después, en febrero de 2004, todo se iba a derrumbar en una semana.
Si llegaste hasta aquí, dale al like ahora mismo. Suscríbete a Las Tumbas de la Fama si todavía no lo has hecho. Activa la campanita y comenta abajo qué te parece más impactante que el presidente la conociera en una procesión de Semana Santa o que la hermana del presidente la persiguiera durante 20 años.
Responde uno para procesión, dos para la hermana. El archivero leerá cada respuesta y suscríbete ya. Lo que viene en el archivo 3 es brutal. Aquí viene lo tercero que te prometí. Y necesitas entender el contexto, porque el contexto explica casi todo lo que pasó después. Entre 1995 y 2003, la salud de José López Portillo se fue deteriorando de manera vertiginosa.
El hombre que había impresionado a Sasha en Sevilla por su porte de señorón, el político brillante, el orador culto, el conquistador nato, se fue convirtiendo en un anciano cada vez más frágil. El infarto cerebral inicial dejó secuelas. Hubo episodios de neumonía repetidos. La movilidad se redujo, la memoria empezó a fallar y la familia oficial, los hijos del primer matrimonio, los López Portillo Romano, encontraron en ese deterioro la oportunidad que llevaban casi 20 años esperando, la oportunidad de quitarle a Sasha el control del
expresidente y sobre todo la oportunidad de quitarle la herencia. En el año 2003, después de meses de planificación legal, los hijos del primer matrimonio, en coordinación con la hermana Margarita López Portillo, interpusieron contra Sasha Montenegro una demanda de divorcio en nombre del propio expresidente, la acusación, según consta en los archivos públicos del juicio y como reportaron la silla rota.
Sin embargo, Infobae y el Financiero era brutal. Sasha Montenegro decía la demanda golpeaba físicamente al expresidente, lo maltrataba verbalmente, le gritaba, lo humillaba, lo manipulaba, lo aislaba de su familia legítima. Era, según la demanda, una mujer abusiva que se aprovechaba de la fragilidad de un anciano para retenerlo a su lado y controlar sus bienes.
El propio López Portillo, en una entrevista que dio al programa Séptimo Día, conducido por Ciro Gómez Leiva y Denise Merker, reconoció el conflicto con estas palabras. Esto se ha convertido en un escándalo de proporciones nacionales. Quiero que te detengas un momento en lo que esto significa. Estamos hablando de un expresidente de México de 81 años, enfermo, con la salud ya muy mermada, cuya familia legítima lo había convencido o presionado, según las versiones que dio después Sasha, para que firmara una demanda de divorcio
contra su esposa actual, una demanda donde se acusaba a esa esposa de violencia doméstica, una demanda que ponía el nombre del propio expresidente como demandante y que llevaba la firma de un abogado contratado por los hijos del primer matrimonio. ¿De verdad fue una decisión libre del expresidente o fue una operación legal orquestada por los hijos legítimos para forzar el divorcio antes de la muerte y así reclamar la herencia completa? Sasha Montenegro durante el resto de su vida sostuvo la segunda versión. Lo dijo textualmente
en una entrevista con el programa En compañía de reproducida por el financiero y la silla rota. Las palabras de Sasha fueron contundentes. Lo hicieron porque querían recuperar la colina del perro que José me había donado en vida. Pero después de perder dos instancias, yo gané un último juicio a nivel federal.
No hubo causal de divorcio y yo fui su esposa hasta que murió. Lee esa frase otra vez. Lo hicieron porque querían recuperar la colina del perro. Esa es la mansión de Cuajimalpa, una propiedad de 60,000 m² con vista al bosque de Chapultepec que López Portillo le había donado a Sasha en los años 80, cuando todavía estaban en el inicio de su relación, una propiedad valuada en millones de dólares, una propiedad que, según los hijos del primer matrimonio debía haber sido patrimonio familiar.
y nunca debió haber salido del apellido López Portillo. Esa es la razón real, según Sasha, del juicio de divorcio. No la violencia doméstica, no el maltrato, la herencia. El juicio se desarrolló durante el año 2003 y los primeros meses de 2004. Los abogados de Sasha trabajaron contra reloj.
Su defensa se centró en demostrar que las acusaciones de maltrato no tenían pruebas materiales, que no había registros médicos de lesiones del expresidente, que no había testigos directos del supuesto maltrato, que las únicas declaraciones venían de personas con interés económico directo en el resultado del juicio. y sobre todo que el propio expresidente cada vez que recuperaba momentos de lucidez seguía manifestando afecto público por Sasha y por sus dos hijos en común.
El primer fallo en una instancia menor fue desfavorable a Sasha, la segunda instancia también, pero la tercera, la última a nivel federal le dio la razón, como ella misma lo resumió en la entrevista con Gustavo Adolfo Infante. No me divorciaron, no había causal de divorcio. Los magistrados federales mexicanos en su última resolución no encontraron pruebas suficientes de violencia doméstica como para justificar el divorcio.
Sasha Montenegro siguió siendo oficialmente la esposa legítima del expresidente. Pero la victoria legal tuvo un costo emocional brutal, porque durante los meses en que se desarrolló el juicio, mientras Sasha luchaba en los tribunales para no perder la condición de esposa, los hijos del primer matrimonio iban consiguiendo algo más importante que un divorcio.
Iban consiguiendo aislar al expresidente de Sasha en el día a día. Lo trasladaron a residencias donde el acceso de Sasha quedaba restringido. Lo rodearon de cuidadores que respondían a la familia oficial. Lo apartaron físicamente de la mujer que durante 20 años había sido su pareja. Cuando llegó la madrugada del 17 al 18 de febrero de 2004, cuando José López Portillo murió, lo hizo según consta en los registros públicos y en las crónicas del siglo de Torreón y Milenio a las 3 horas con15 minutos de la mañana por complicaciones cardíacas generadas por una neumonía y
según el reportaje de Infobile Universal y Golpe Político. López Portillo murió lejos de Sasha Montenegro, lejos de la mujer que durante 20 años había sido suya, lejos de la madre de sus dos hijos menores, lejos de la esposa legítima que un tribunal federal acababa de reconocer. Si esto te está enganchando, ahora es el momento.
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El archivero está leyendo. Vamos al archivo cuatro, la parte más dura del expediente. Aquí viene lo cuarto que te prometí y necesito que te prepares porque lo que sigue es uno de los momentos más insólitos en la historia reciente de los funerales presidenciales mexicanos. La madrugada del miércoles 18 de febrero de 2004.
Apenas unas horas después de la muerte del expresidente, el gobierno de Vicente Fox dispuso que los restos de José López Portillo fueran velados en la capilla 3 de la Secretaría de la Defensa Nacional en el corazón militar de la Ciudad de México. Es una capilla reservada para funerales de estado, para ceremonias oficiales, para despedidas de altísima jerarquía y a esa capilla empezaron a llegar desde las primeras horas del miércoles políticos, exgobernadores, exsecretarios de estado, miembros del PRI y del PAN, funcionarios del gobierno
foxista, embajadores. Llegó el propio expresidente Miguel de la Madrid, que había sido sucesor de López Portillo. Llegó el presidente Vicente Fox a presentar sus respetos. Llegaron los tres hijos legítimos, José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina. Llegó la hija extramatonial reconocida públicamente Refugio López Portillo.
Llegó la hermana Margarita y entonces en algún momento del miércoles llegó también la viuda legítima, la mujer que un tribunal federal acababa de reconocer como esposa oficial la madre de los dos hijos menores del expresidente Sasha Montenegro. Y aquí, según el reportaje textual de la agencia F, publicado por el siglo de Torreón el 18 de febrero de 2004, ocurrió algo que merece quedar grabado para siempre en este expediente.
Te lo voy a leer con las palabras textuales de aquella crónica de hace 22 años, porque ninguna paráfrasis puede mejorar la imagen que esas palabras pintan. Voy a citar textualmente la fuente. Al lugar también arribó su esposa Sasha Montenegro, quien al no poder entrar al velatorio, porque camarógrafos, fotógrafos y reporteros querían entrevistarla, fue auxiliada por José Ramón López Portillo, uno de los hijos del exjefe. Lee otra vez esa imagen.
La viuda legítima del expresidente, reconocida por un tribunal federal, llega al velorio de su propio marido y no puede entrar. No puede entrar porque los camarógrafos y los fotógrafos la asedian en la puerta queriéndola entrevistar. no puede entrar al funeral de su esposo porque el escándalo público que rodea su historia es tan grande, tan denso, tan voraz prensa de México prefiere convertir su llegada en un espectáculo en lugar de respetar su luto.
Y al final, quien tiene que rescatarla, quien tiene que abrirle paso entre los reporteros, quien tiene que tomarla del brazo para meterla al velorio es José Ramón López Portillo, el hijo del primer matrimonio, el mismo que durante el año anterior había estado de lado de los abogados que firmaron contra Sasha la demanda de divorcio. Imagínate la escena.
Una mujer de 58 años vestida de luto, llegando al funeral de su marido de 20 años. Una mujer que durante dos décadas había soportado la persecución de la hermana política Margarita, una mujer que el año anterior había sido acusada en tribunales de golpear al expresidente. Una mujer que había ganado el juicio en última instancia federal.
Una mujer que tenía dos hijos legítimos con el difunto, Nabila de 19 años y Alexander de 17, parados a su lado, vestidos de luto. Y esa mujer no puede entrar al velorio. La prensa la asedia, la gente se le acerca, las cámaras la persiguen hasta que el hijo del primer matrimonio, el mismo que la había demandado el año anterior en un gesto de humanidad o de cálculo público, según se interprete, le abre paso entre los flashes y la mete al velorio para que pueda despedirse del padre de sus hijos.
Y eso no es lo único brutal que ocurrió aquel día. Porque mientras Sasha entraba al velatorio, acompañada por José Ramón en otra parte de la capilla, frente a los reporteros que la habían asediado en la puerta, una de las hijas legítimas del primer matrimonio, estaba dando declaraciones públicas que iban a marcar el resto del conflicto familiar.
Se llamaba Carmen Beatriz López Portillo. Era hija mayor del primer matrimonio y esa misma tarde, en declaraciones que también recogió la agencia F y publicó El siglo de Torreón, lanzó una frase que ya quedó grabada en la historia de la guerra por la herencia. Carmen Beatriz dijo ante las cámaras con la voz contenida pero firme, “Los bienes de mi padre son nulos.
nulos. Esa fue la palabra, los bienes son nulos. Y la hija oficial le agregó, “Los bienes son unos cuantos libros, su sillón, una televisión, una videocetera y su ropa. Lee esa lista otra vez, unos cuantos libros, un sillón, una televisión, una videocasetera, su ropa. Eso es lo que dejó según Carmen Beatriz, el presidente que había gobernado México de 1976 a 1982.
El presidente que había vivido en mansiones, que había viajado en Air Force One mexicano, que había controlado el presupuesto federal de toda una nación. Eso era todo lo que oficialmente quedaba de él. Y la hija oficial públicamente declaraba que esos eran los bienes únicos, dejando entender que cualquier otra cosa que Sasha Montenegro pudiera reclamar como propiedad del expresidente sencillamente no existía.
Pero hubo una frase más de Carmen Beatriz aquel día que merece ser citada textualmente porque encierra el corazón del conflicto. Cuando los reporteros le preguntaron sobre la colina del perro, esa mansión en Cuajimalpa que López Portillo había donado a Sasha años atrás y por la cual se había librado el juicio de divorcio, Carmen Beatriz contestó con cuidado, pero firme.
Cree que en el testamento de su padre quedó determinado que la casa que su padre le donó a Sasha Montenegro en Cuajimalpa es de Nabila y Alejandro. Es decir, la colina del perro, según Carmen Beatriz, no era de Sasha, era de los dos hijos en común, Nabila y Alexander. Esa interpretación que Sasha jamás aceptó iba a ser la base de los juicios de herencia que se prolongaron durante los siguientes 9 años.
Una guerra legal interminable entre las dos familias por el control de aquella mansión. Y aquí es donde Sasha Montenegro pronunció años después la frase que va a quedar como el resumen más brutal y exacto de toda esta historia. La dijo en la entrevista con Gustavo Adolfo Infante, reproducida textualmente por Milenio y por la razón de México.
Léela despacio. Empieza una lucha de intereses de todo lo que lo rodeaba. Nunca supe cuáles eran sus bienes, nunca estuve enterada. Creo que a la fecha tampoco sé. No nos dejó nada. Lo que sí nos dejó fue una cantidad de problemas y juicios terribles. No nos dejó nada. Esas son las palabras de la viuda legítima del expresidente de México.
Una mujer que durante 20 años fue su pareja, que parió a dos de sus hijos, que se casó con él dos veces. una por lo civil y otra por la iglesia, que ganó el juicio de divorcio en última instancia federal y que aún así, según sus propias palabras textuales, no recibió nada, solo problemas, solo juicios terribles. Esa es la herencia real que José López Portillo le dejó a Sasha Montenegro.
recuerda esta frase porque la vamos a necesitar más adelante. Cuando el presidente actual de México, 18 años después, decida humillarla públicamente en la mañanera de Palacio Nacional. La pelea por la colina del perro se prolongó durante los siguientes 9 años. Los hijos del primer matrimonio reclamaban su parte basados en la interpretación del testamento.
Los hijos en común, Nabila y Alexander, defendían lo que su padre había donado a su madre. Sasha estaba en medio pagando abogados, soportando audiencias, viendo como la mansión, que había sido el refugio de su matrimonio, se convertía en el escenario de una guerra de papeles. Finalmente, en 2013, después de años de pleitos, la propiedad se fraccionó.
Una parte quedó para los hijos del primer matrimonio, los López Portillo Romano. Otra parte quedó para los hijos en común, Nabila y Alexander López Portillo Achimovic y los hijos de Sasha, según consta en los registros públicos recogidos por El Universal en el artículo mochilazo en el tiempo, terminaron vendiendo su parte a un fideicomiso bancario que construyó en aquel terreno una torre de departamentos, es decir, La colina del perro, aquella mansión que había sido el botín de la guerra familiar, terminó destruida por excavadoras y
reemplazada por edificios de departamentos. Una metáfora perfecta de cómo se desvanece el patrimonio cuando la sangre se pone en contra de la sangre. Pero la herencia no era el único capítulo de la guerra. quedaba algo más, algo que durante 18 años Sasha Montenegro recibiría como compensación por el matrimonio con el expresidente.
Y ese algo paradójicamente iba a ser arrancado de sus manos, no por la familia oficial, no por la hermana Margarita, no por los hijos legítimos del primer matrimonio, sino por un presidente de México en activo. 18 años después de la muerte de López Portillo, en una conferencia matutina retransmitida en vivo a todo el país.
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La humillación que vino 18 años después. Aquí viene lo quinto que te prometí. Y déjame primero ponerte en contexto porque sin contexto este momento pierde su brutalidad. Después de la muerte de José López Portillo en febrero de 2004, según la legislación mexicana vigente en aquella época, la viuda legítima de un expresidente tenía derecho a una pensión vitalicia.
Esa pensión establecida por un decreto firmado por el expresidente Miguel de la Madrid en 1987 equivalía al 50% del sueldo total de un secretario de Estado del gobierno federal. era, en otras palabras, una pensión presidencial, una compensación que la República Mexicana otorgaba a las viudas de sus exmandatarios para garantizarles una vejez digna y reconocer su rol como acompañantes durante el sexenio.
Sasha Montenegro como esposa legítima reconocida por Tribunal Federal tenía derecho a esa pensión y según consta en los registros oficiales que el presidente Andrés Manuel López Obrador exhibió en pantalla durante la conferencia matutina del 28 de julio de 2022, esa pensión equivalía a 1,688,000 736 pesos al año, 1,68,736 pesos anuales.
calcula durante 18 años entre 2004 y 2022, Sasha Montenegro recibió aproximadamente 28,708,512 pesos en pensiones del gobierno federal mexicano, según los cálculos publicados por Infobae y por novedades de Tabasco. Pero la pensión esa que durante 18 años le había permitido vivir con holgario de Cuernavaca, terminó de manera abrupta y pública un día concreto, el jueves 28 de julio de 2022.
Esa mañana, en la conferencia matutina diaria que el presidente Andrés Manuel López Obrador celebraba en Palacio Nacional, retransmitida en vivo por las cadenas de televisión más importantes del país, por todas las redes sociales del gobierno federal y por miles de canales independientes, López Obrador anunció una decisión que había sido parte de sus promesas de campaña desde 2018.
la cancelación definitiva de las pensiones vitalicias a los expresidentes vivos y a las viudas de los expresidentes fallecidos. Y para justificar la medida, AMLO exhibió en pantalla una lámina donde aparecían uno a uno los nombres reales de las personas que estaban recibiendo esa pensión. Y entre esos nombres, según los registros públicos recogidos por SDP Noticias 1 TV, TV Azteca, Quinto Poder, Milenio y Julio Astillero, apareció uno que en México casi nadie sabía pronunciar.
Apareció el nombre real de Sasha Montenegro. Apareció el nombre completo escrito en la grafía original Alexandra Achimovic Popovic. apareció ese nombre serbio que la mujer había abandonado en 1969 cuando llegó a México y se reinventó como Sasha Montenegro. Imagina esa escena. Una mujer de 76 años, retirada hace años del cine, viviendo discretamente en Cuernavaca, cuidando de sus dos hijos adultos, intentando llevar una vida pacífica.
Después de cuatro décadas de escándalo público y un jueves cualquiera de julio de 2022, mientras desayuna o ve la mañanera por costumbre, descubre que el presidente de México está exhibiendo en pantalla su nombre completo. No el nombre artístico que la había hecho famosa, no Sasha Montenegro, el verdadero Alexandra Achimovic Popovic.
ese nombre escrito con caracteres cirílicos, que pertenecía a la niña sobreviviente del nazismo, a la hija del espía británico, al aristócrata montenegrina arruinada por la guerra. Ese nombre que durante 53 años había mantenido en privado, lejos de los focos, lejos del cine, lejos del escándalo López Portillo.
Ese nombre estaba ahora en pantalla nacional junto a una cifra millonaria, junto a una decisión que se le comunicaba sin previo aviso, sin consultarla, sin darle la posibilidad de defenderse. AMLO, según las palabras textuales recogidas por SDP Noticias, dijo en aquella mañanera del 28 de julio de 2022. Por eso hablo de que el gobierno estaba en sí mismado.
Lo que ingresaba era para el pago de sueldos elevadísimos, de prestaciones para la burocracia dorada. Burocracia dorada. Sasha Montenegro, la viuda legítima del expresidente, fue exhibida públicamente como parte de la burocracia dorada que estaba siendo desmantelada. Quiero que pienses en esto. Quiero que pienses en lo que significa después de 18 años de viudez, después de cuatro décadas de guerra contra la familia oficial, después de haber perdido la herencia, después de no haber podido entrar al velorio de su marido, después de haber
criado sola a dos hijos cuyo padre fue presidente del país, descubrir que el siguiente presidente de México decide humillarte en cadena nacional con tu propio nombre real es una humillación distinta. No es la humillación familiar de Margarita. No es la humillación legal de los juicios. Es una humillación pública de la República, una humillación firmada por el Estado mexicano.
Y Sasha Montenegro, según las pocas declaraciones que dio en aquellos meses, lo absorbió con su carácter habitual. en silencio. No respondió, no demandó, no salió a defenderse, cobró su última pensión y aceptó el final. Pero la verdadera tragedia no fue la cancelación de la pensión. La verdadera tragedia fue lo que estaba pasando en paralelo a esa humillación pública lejos de las cámaras en el cuerpo de Sasha Montenegro.
Durante los meses anteriores a la mañanera del 28 de julio de 2022, según lo confirmaron sus amigas más cercanas como Laura Zapata en entrevista con El Universal, Sasha Montenegro ya estaba enferma. El primer diagnóstico, según las fuentes recogidas por la jornada quién.com, fue un cáncer de mama, también descrito en algunas notas como cáncer de pecho.
Esa primera batalla la enfrentó con discreción, con su carácter contenido, con su elegancia habitual, sin hacer pública su enfermedad. Pero el cáncer es traicionero y a finales de 2023, según el reportaje de Carlo Uriel, periodista que confirmó después la noticia de su muerte, el cáncer le hizo metástasis en los pulmones, un cáncer pulmonar agresivo, imparable, de los que no perdonan a una mujer de 77 años con un cuerpo cansado de luchar contra otras enfermedades anteriores.
A principios de 2024, ya muy débil, Sasha Montenegro empezó a recibir tratamientos paliativos. Sus dos hijos, Nabila y Alexander, se mudaron a la casa de Cuernavaca para cuidarla. Laura Zapata, en sus declaraciones a El Universal y a Infobae, reveló que durante el mes anterior a la muerte, un grupo de 15 personas, todas pertenecientes a un círculo de oración cercano a la actriz, rezaban diariamente por ella.
Sus palabras textuales fueron estas. Tenemos a Sasha desde hace un mes en nuestro rosario. Somos 15 personas las que rezamos diario. Ayer dijimos, “Por favor, Virgen Santísima, desata el nudo a Sasha. Si se tiene que ir, que se vaya. El nudo, esa palabra está cargada. El nudo es lo que ataba a Sasha al cuerpo enfermo. El nudo era la agonía.
El nudo era la imposibilidad de morir y la imposibilidad de seguir viviendo al mismo tiempo. Y un grupo de 15 personas pedía a la Virgen que se llevara a Sasha si sufrimiento era ya demasiado. La mañana del miércoles 14 de febrero de 2024, día de San Valentín, día del amor en México y en buena parte del mundo, Sasha Montenegro sufrió en su casa de Cuernavaca un derrame cerebral.
El derrame era una consecuencia directa del cáncer pulmonar avanzado que estaba devorándola desde adentro. Sus hijos llamaron inmediatamente a una ambulancia, la trasladaron al hospital privado más cercano y ahí, después de algunas horas de lucha clínica imposible, la actriz Sasha Montenegro, la viuda legítima del expresidente José López Portillo, la sobreviviente del nazismo, la diva del cine de ficheras, la mujer que había conquistado a un presidente en una procesión de Semana Santa en Sevilla cerró los ojos por
última vez. Nabila estaba a su lado. La hora del deceso, según las fuentes oficiales de la Asociación Nacional de Inérpretes y de la Filmoteca de la UNAM, no se hizo pública, pero la noticia se confirmó la noche del miércoles 14 de febrero a través de redes sociales. Primero filtrada por el periodista Carlos Uriel, luego desmentida por unos minutos.
Finalmente confirmada por la propia hija Nabila. Tenía 78 años. Había muerto en San Valentín. Día del amor, día perfecto para que se fuera la mujer que había definido durante cuatro décadas lo que era amar en público en México. Y aquí es donde tienes que recordar el dato que te pedí que guardaras al principio del expediente. José López Portillo había muerto el 17 de febrero de 2004 a las 3 horas 15 minutos.
Sasha Montenegro murió el 14 de febrero de 2024. Hay exactamente 20 años y 3 días entre las dos muertes. No es invento, no es coincidencia inventada, es el dato verificable. La pareja que el destino había unido en una procesión sevillana en abril de 1984 terminó separada en el tiempo por 20 años y 3 días entre la muerte de uno y la muerte de la otra, 20 años, casi un sexenio entero veces tres.
La cantidad exacta de años durante los que Sasha había guardado el luto, había peleado la herencia, había sido perseguida por Margarita, había criado sola a Nabila y Alexander, había recibido y luego perdido la pensión presidencial. 20 años exactos de viudez con tres días de diferencia para terminar también ella en una cama de hospital.
Como si la propia historia hubiera querido cerrar el círculo en una sola semana de febrero, dos décadas separadas. Si llegaste hasta aquí, suscríbete ya. Si todavía no estás suscrito a las tumbas de la fama, activa la campanita, dale al like, comparte por WhatsApp y déjale un comentario al canal. Escribe Sasha Montenegro y un corazón.
Eso le dice al algoritmo que esta historia merece llegar a más gente. Vamos al cierre, lo que une todos los expedientes. ¿Qué nos deja este expediente número 13? nos deja que Alexandra Achimovic Popovic, la niña sobreviviente del nazismo, la hija de la aristócrata montenegrina exterminada en campos de concentración, la hija del espía británico, la inmigrante europea que llegó a México en 1969, sin entender el idioma, la vedet más famosa del cine de ficheras, la diva que conquistó al presidente José López Portillo en una
procesión de Semana Santa en Sevilla en abril de 1984, la madre soltera de Navila durante 6 años antes de que el padre se divorciara legalmente de la primera dama, la esposa civil desde 1991, la esposa religiosa desde junio del año 2000, la víctima del juicio de divorcio orquestado por los hijos del primer matrimonio y por la hermana Margarita López Portillo, la viuda legítima reconocida por Tribunal Federal, la mujer a la que no dejaron entrar al velatorio de su propio marido.
En la capilla 3es de la Secretaría de la Defensa Nacional el 18 de febrero de 2004, la heredera de cero pesos y de una mansión que terminó fraccionada y demolida, la receptora durante 18 años de una pensión presidencial millonaria, la mujer exhibida por el presidente Andrés Manuel López Obrador con su nombre real Servio en la mañanera del 28 de julio de 2022.
La enferma de cáncer de mama y luego de cáncer pulmonar agresivo, murió en el hospital de Cuernavaca el 14 de febrero de 2024 en plena celebración del día de San Valentín, 20 años y 3 días después de la muerte del marido presidente, sola con su hija Nabila a su lado a los 78 años, después de una agonía que su amiga Laura Zapata, describió textualmente mente como bastante larga y nos deja una pregunta, la pregunta que el archivero quiere que tú respondas en los comentarios.
Si tú fueras Sasha Montenegro, si tuvieras la oportunidad de regresar al día de aquella procesión en Sevilla, abril de 1984, y supieras todo lo que iba a venir después, el escándalo, la persecución de Margarita, los juicios, la imposibilidad de entrar al velorio, la herencia perdida, la pensión cancelada, en mañanera, el cáncer, la agonía, la muerte sola en Cuernavaca 20 años después que tu marido, ¿volverías a girarte cuando él te llamara por tu nombre? ¿O esa vez sí seguirías de largo? Es una pregunta sin respuesta
fácil, una pregunta donde la pasión, la dignidad, la maternidad y el precio del amor presidencial entran en conflicto. Coméntalo abajo. Quiero leer cada una de tus respuestas. Suscríbete si todavía no lo has hecho a las tumbas de la fama. Activa la campanita para el expediente número 14.
Dale a like si este expediente te dio información que no encuentras en otros canales y compártele este video a esa persona que crea que ya sabía todo sobre el sexenio de López Portillo. En el expediente número uno, Vicente Fernández fue dejado morir por su propia familia durante 18 días de agonía. En el expediente número dos, Sasha Montenegro pasó los últimos años abandonada por el sistema que había construido a su alrededor y hoy hemos abierto la otra mitad de esa historia, cómo el sistema presidencial mexicano la trató durante 40 años. En el expediente
número 3, Cantinflas firmó un documento que destruyó a sus descendientes durante tres décadas. En el expediente número cuatro, la india María se llevó al silencio la existencia de una hija. En el expediente número cinco, Irán Eori eligió la bofetada antes que la amante eterna. En el expediente número seis, María Félix fue exhumada 5co meses después de su entierro y encontrada con los ojos abiertos.
En el expediente número siete, Jorge Negrete murió a los 42 años en Los Ángeles. En el expediente número 8, Pedro Infante murió en un accidente aéreo identificado solo por una esclava de oro. En el expediente número nueve, Verónica Castro se retiró tras una revelación pública sobre su vida privada. En el expediente número 10, Pilar Montenegro se encerró 13 años con una enfermedad neurológica.
En el expediente número 11, Juan Gabriel escondió a su único hijo biológico en una casa de Nevada durante 26 años. En el expediente número 12, Elsa Aguirre, la última diva viva del cine de oro, abrió en septiembre de 2025 una página de Facebook para despedirse del mundo. Y en este expediente número 13, Sasha Montenegro, la mujer que conquistó a un presidente de México en una procesión de Semana Santa en Sevilla en abril de 1984.
Fue perseguida por la familia oficial durante 20 años. No pudo entrar al velorio de su propio marido. Perdió la herencia. Fue exhibida por un presidente en una mañanera de Palacio Nacional. con su nombre real Servio y murió de cáncer en Cuernavaca un 14 de febrero del año 2024, 20 años y 3 días después de la muerte del expresidente, que la había llamado por su nombre en una calle estrecha de Andalucía, 13 archivos, 13 tumbas.
La fama no protege, la fortuna no salva, la sangre familiar no obliga. El amor construido sobre venganza deja cuentas pendientes. La muerte cuando se identifica solo por una pulsera deja preguntas. La intimidad personal protegida durante dos décadas puede ser destruida en una sola entrevista. La enfermedad oculta detrás del silencio de una década puede convertir a una estrella en una mujer cuya cama es su única compañera.
El padre que escribe tú y yo somos la misma persona en un correo electrónico puede ser el mismo que condena a su hijo a vivir 26 años en el limbo. El marido que prometió amarte puede ser el mismo que entre a tu jardín a quemarte vivos. los canarios que le hacían compañía a tu soledad. Y el presidente de la República que te llama por tu nombre en una procesión sevillana puede ser el mismo que te deja morir lejos 20 años después, mientras su familia oficial decide quién entra y quién no a tu propio velorio.
Las tumbas guardan. Nosotros revelamos. Y antes de cerrar, déjame dejarte el hilo del próximo expediente, porque mientras Sasha Montenegro era exhibida por el presidente Andrés Manuel López Obrador en la mañanera del 28 de julio de 2022, en esa misma lámina, en esos mismos cuadros de pensiones canceladas, había otra mujer a la que el sistema político mexicano había llevado a otro tipo de caída pública.
Una mujer cuyo nombre durante 24 años fue sinónimo del sindicato más grande de América Latina. Una mujer que cayó en un aeropuerto en febrero de 2013 con una orden de captura. Una mujer que perdió a su hija de 44 años por un cáncer mientras ella estaba en prisión. Una mujer que viajó a África durante el sexenio de Ernesto Cedillo para participar en un ritual oscuro que se rumoreó costó $5,000.
Una mujer cuyo nieto murió en circunstancias trágicas dentro de un elevador. Esa mujer ya conoce su nombre. Elva Ester Gordillo. El expediente número 14 va a abrir el archivo más insólito de la política mexicana moderna. Si quieres que abramos esa tumba, déjamelo en los comentarios. El archivero ya está sacando el expediente. Hasta el próximo expediente.
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Hasta la próxima. Yeah.