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Comida colombiana causa caos en festival cultural en EE.UU. ¡Extranjeros quedan en shock!

 La lechona tolimense en una escuela de California. Un milagro de sabor que nadie vio venir. Es posible que un plato típico de Colombia sea un fracaso total en una feria cultural de Estados Unidos. En una preparatoria pública de California montamos un puesto de comida colombiana con la mentalidad de a ver qué pasa y el resultado fue una conmoción total que paralizó todo el gimnasio.

La idea vino de Sofía, una estudiante de intercambio de 17 años recién llegada de Colombia, quien propuso vender lechona. Sin embargo, la reacción de sus compañeros de clase fue pura burla y críticas pesadas. Lechona. esa vaina llena de grasa y con un cuero duro. Nadie va a comprar eso, decían. Pero el día del evento ocurrió lo impensable.

 Nuestra lechona se volvió viral en redes sociales en cuestión de minutos. La fila superó las 100 personas y terminamos vendiendo $,247, aplastando al segundo lugar por más de 22 veces. ¿Qué fue lo que pasó realmente? Vamos a descubrirlo. La propuesta de esta estudiante colombiana dejó a los profesores en un silencio sepulcral. Sofía, en medio de una reunión para organizar los puestos del Homecoming, el evento más grande del año donde exalumnos y familia se reúnen, decidió lanzar su idea.

En estas ferias, los partidos de fútbol americano y los bailes son el centro de atención y cada clase compite por tener el puesto que más recaude. “Yo creo que los pinchos de carne o los perros calientes van a ser un éxito total”, propuso Julia, una chica rubia muy segura de sí misma. Varios asintieron, pero Jack, uno de los líderes del grupo, hizo una mueca de fastidio.

Eso es lo mismo de siempre. Qué aburrimiento. Si hacemos lo mismo que los otros salones, nos va a ir Paila”, dijo Jack. El salón volvió a llenarse de gritos y propuestas, helados, crepas, té, burbujas, pollo frito. Nada convencía a nadie. Justo cuando el ambiente se puso pesado, se escuchó una voz tímida.

 Yo tengo algo que me gustaría intentar. Era Sofía que casi no había hablado. Todas las miradas se clavaron en ella. Sofía tomó aire, se llenó de berraquera y continuó. ¿Qué tal si vendemos lechona? Es un plato con carne de cerdo, arveja amarilla y un cuero tostado delicioso que se cocina por horas. En Colombia es lo que más nos gusta para las grandes fiestas.

Sin embargo, el aire en ese salón de California se congeló. Lechona, esa comida que se ve toda revuelta y grasosa. De verdad, vamos a vender eso dijo Julia con la cara arrugada de asco. Jack también frunció el ceño. Lechona, ¿no es eso que sirven literalmente dentro de la piel de un marrano muerto? Qué cosa tan salvaje.

 Eso se ve hasta feo. A Sofía se le puso la cara roja de la rabia y la pena, pero intentó explicarles que en Colombia ella y su familia siempre comían lechona en Navidad y cumpleaños, que el cuero era crocante como una galleta y la carne era superjugosa. El problema es que no sabía cómo explicar en inglés lo delicioso del sabor.

En los países occidentales, mucha gente siente rechazo hacia platos que mezclan tantas texturas o que muestran partes del animal de forma tan directa. Esa combinación de arroz amarillo, carne de cerdo desmechada y el famoso cuerito tostado es algo totalmente desconocido para alguien que creció comiendo hamburguesas.

En una cultura donde la comida viene procesada y empacada, ver una lechona puede ser un choque cultural muy fuerte. La reunión terminó ese día sin decisión clara. Sin embargo, al día siguiente, el profesor Thomson tomó una decisión que nadie esperaba. Como no hay más propuestas, nos vamos con la lechona. Sus razones eran dos.

 El tiempo se acababa y el plato era tan raro que podía generar curiosidad o ser divertido. Sofía miró a su alrededor y vio caras descontento. ¿Sería esto un éxito rotundo o el fracaso más vergonzoso de la historia? Después de clases, Sofía se quedó con el comité de preparación. De los 10 que estaban, solo tres tenían buena actitud.

 Los otros siete estaban ahí por obligación. La verdad no quiero ni tocar esa vaina”, soltó Julia sin anestesia. Jack añadió, “Mi mamá vio una vez un video de cómo hacían eso en televisión y casi se desmaya del asco. En realidad, hay un trasfondo cultural profundo para este rechazo. En Estados Unidos se prefiere la carne con formas definidas y texturas predecibles.

Un plato donde todo está mezclado y hay trozos de piel tostada se siente extraño. En cambio, en Colombia, la lechona tiene una historia que viene desde la época de la conquista y se volvió el alma del Tolima y de todo el país. En Colombia se consumen cantidades industriales de lechona y es parte de la identidad nacional.

Sofía, ¿de verdad esto va a funcionar? preguntó Julia con una preocupación evidente. Sofía suspiró, sacó su celular y les dijo, “Miren, así es como se vive esto en el Espinal, mi tierra.” En la pantalla les mostró un video de una feria gastronómica en Colombia con puestos de lechón a reventar de gente, todos sonriendo y comiendo con ganas.

Lo que más lo sorprendió fue ver a varios turistas extranjeros devorando el plato. “Ese video tiene más de 3 millones de vistas. Miren los comentarios”, dijo Sofía. Sofía deslizó el dedo por la pantalla mostrando comentarios en inglés. “Dios mío, ¿por qué no probé esto antes?” Al principio me dio miedo el aspecto, pero el sabor es de otro planeta.

 Ese cuerito tostado es adictivo. Fui a Colombia solo por la lechona y ahora no puedo vivir sin ella. Aún así, los compañeros seguían con la cara tiesa. Ver un video es una cosa, pero cocinarlo y venderlo aquí es otra historia. Esto es California, no Colombia”, dijo Jack cruzándose de brazos con orgullo. En ese momento la puerta se abrió y entró María, una estudiante de intercambio de España.

Ella, al igual que Sofía, entendía lo que era vivir entre dos culturas. ¿Cómo va la cosa? Preguntó María con una sonrisa. Cuando Julia le explicó el plan, a María se le iluminaron los ojos. Lechona. Pero si eso es lo más rico que hay. Todos se quedaron fríos con esa reacción. En España tenemos el cochinillo que es parecido y en Italia también aman el cerdo asado.

 Es comida real de la buena, dijo María. Jack intentó contraatacar, pero eso es Europa. Sofía, aprovechando el impulso, soltó un dato contundente. En Los Ángeles hay cientos de restaurantes latinos que venden comida típica, lo que significa que ya hay miles de gringos que aman estos sabores. Porque nosotros no podemos ser los primeros en traerlo a la escuela.

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