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¡NO LO VIERON VENIR! La SCJN FRENA el despojo de tierras y sacude al PRIAN d

¡NO LO VIERON VENIR! La SCJN FRENA el despojo de tierras y sacude al PRIAN d

México acaba de abrir un frente que muchos no estaban mirando. No hubo patrullas persiguiendo a un detenido, no hubo una captura frente a las cámaras, pero lo que ocurrió dentro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación puede tocar directamente a millones de familias ejidos y comunidades que durante años han vivido bajo una misma amenaza, perder la Tierra.

 La firma de la Alianza para la Defensa de la Propiedad Social de la Tierra y el Territorio reunió a la Suprema Corte Sedatu la Procuraduría Agraria y el Registro Agrario Nacional. Y aunque suena como un acto administrativo, el fondo es mucho más delicado, porque detrás de cada expediente agrario hay familias, herencias, conflictos, límites, padrones, documentos, sentencias y, en algunos casos, intereses económicos.

 que durante décadas se han movido en silencio. Y aquí viene el dato clave. México tiene más de 32,000 ejidos y comunidades agrarias. Más de la mitad del territorio nacional está vinculado a la propiedad social. Eso significa que esta alianza no es pequeña, no es un convenio más. Es una señal directa para quienes han intentado aprovecharse del desorden de la burocracia, de la falta de documentos o del abandono institucional.

 La ceremonia ocurrió en Ciudad de México, en la sede de la Suprema Corte. Al frente apareció Hugo Aguilar Ortiz, ministro presidente de la Corte. También estuvieron representantes de Sedatu, de la Procuraduría Agraria y del Registro Agrario Nacional. Pero lo más importante no fue la foto oficial, lo importante fue el mensaje las autoridades quieren coordinarse para cerrar espacios al despojo, acelerar trámites y llevar justicia agraria a los territorios donde el conflicto lleva años encendido.

 Pero hay algo más, porque este tema no solo habla de tierra, habla de poder. Durante años, muchas comunidades han denunciado que sus tierras quedaron atrapadas entre papeles incompletos, padrones desactualizados, sucesiones sin registrar y resoluciones que nunca se ejecutaron. En Hidalgo, Oaxaca, Guerrero, Estado de México y otras zonas del país, los conflictos agrarios no siempre se resuelven en oficinas.

A veces se heredan de generación en generación. A veces empiezan con una línea mal trazada, a veces se complican porque alguien aparece con documentos que nadie había visto antes. Lo que encontraron cambia el panorama. La justicia agraria no está detenida por falta de discursos, sino por falta de coordinación.

La Suprema Corte puede resolver criterios. Sedatu puede ordenar territorio. La Procuraduría Agraria puede orientar y defender a sujetos agrarios. El registro agrario nacional puede dar certeza documental, pero si cada institución trabaja por separado, el problema sigue vivo. Por eso Hugo Aguilar Ortiz fue claro.

 La justicia agraria no se puede resolver solo desde un expediente. Hay conflictos que ya tienen sentencia, pero siguen abiertos en la comunidad. Hay casos donde la ley dijo una cosa, pero la realidad en el territorio sigue siendo otra. Y esa frase marca el centro de todo este asunto. El conflicto agrario puede estar jurídicamente cerrado y socialmente encendido.

 Esto no termina aquí porque en esta alianza también aparece un punto que durante años fue ignorado las mujeres del campo. En muchos ejidos y comunidades, los derechos agrarios estuvieron concentrados en hombres. La actualización de padrones, las listas de sucesión y la participación de mujeres en órganos de representación serán parte de la discusión.

 Y si eso avanza, el cambio no será simbólico, será real. También están los pueblos indígenas y afromexicanos. La reforma constitucional de 2024 reconoció con más fuerza sus derechos, su personalidad jurídica y sus sistemas normativos. Pero ese reconocimiento necesita aterrizar en trámites, documentos, registros y decisiones.

 Ahí entra el RAN, ahí entra la Procuraduría Agraria, ahí entra Sedatu y ahí entra la Suprema Corte. La presencia de representantes de Aquiles Cerdán en Pachuca, Hidalgo, y de Santa María Chimalapa en Oaxaca no fue casual. Esas voces recordaron que la Tierra no es solo propiedad, es identidad, es sustento, es memoria comunitaria, es la base de la vida rural.

 Y cuando esa tierra se disputa, no se mueve solo un documento, se mueve la estabilidad de una comunidad entera. Pero no fue tan simple, porque este convenio llega en medio de presiones fuertes, expansión urbana, zonas turísticas, intereses inmobiliarios, conflictos por límites, recursos naturales, bosques agua y territorios con alto valor económico.

 Las autoridades lo saben, las comunidades lo saben y por eso el mensaje desde Ciudad de México fue directo. La propiedad social vuelve al centro de la agenda nacional. Ahora la pregunta es otra. ¿Qué pasará cuando esta alianza empiece a revisar expedientes antiguos conflictos congelados y territorios donde hay intereses poderosos esperando una oportunidad? El movimiento comenzó antes de la firma, no con sirenas ni con un despliegue armado, sino con algo más silencioso, reuniones, revisión de competencias, intercambio de información

y una pregunta que pesaba sobre todas las instituciones. ¿Cómo hacer que la justicia agraria deje de quedarse atrapada entre oficinas expedientes y años de espera? En la sede de la Suprema Corte en Ciudad de México, el mensaje fue tomando forma. Primero llegaron las autoridades, después los representantes de Egidos y comunidades, luego las voces del sector agrario y poco a poco quedó claro que este no era un acto protocolario más, era un operativo institucional para ordenar una parte del país donde la Tierra ha sido motivo de conflicto

durante décadas. Pero no fue tan simple, porque cuando se habla de propiedad social no se habla de un solo problema, se habla de límites de tierra, padrones ejidales, listas de sucesión, sentencias pendientes, conflictos comunitarios, derechos de mujeres, pueblos indígenas, comunidades afromexicanas y territorios donde existen intereses económicos cada vez más fuertes.

 El primer momento clave llegó cuando se puso sobre la mesa el papel del registro agrario nacional. El RAN tiene una función que parece técnica, pero es decisiva dar certeza documental. Y aquí viene el dato clave. Sin documentos claros, un ejido puede quedar vulnerable. Sin un padrón actualizado, una comunidad puede quedar atrapada.

 Sin registros confiables, una resolución puede tardar años en convertirse en realidad. Después entró el papel de la Procuraduría Agraria. Víctor Suárez Carrera lo dejó claro. La Procuraduría no puede seguir siendo una oficina lejana. tiene que estar en territorio, tiene que orientar, acompañar, defender y prevenir conflictos antes de que escalen.

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