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JUAN JESÚS “N” VINCULADO Y AL RECLUSORIO NORTE: LAS PRUEBAS FORENSES QUE NO PUDO NEGAR EN AUDIENCIA

 Su turno comenzaba en las tardes. tenía el control absoluto de la caseta de vigilancia, un espacio con vista a la entrada principal y un tapanco arriba habilitado como área de descanso. Nadie más subía ahí. Era su dominio privado dentro de un edificio público. Y también controlaba algo más. Las cámaras de seguridad.

 Todas las cámaras podía verlas, apagarlas, manipularlas. Desde la caseta tenía acceso al sistema completo de vigilancia. Su abogado, Julián González, insistiría  después en que Juan Jesús no tenía conocimientos técnicos para sabotear cámaras, que apenas terminó la secundaria, que la desactivación del sistema fue por falla del disco duro.

Pero la fiscalía tenía otra explicación y las pruebas que presentaron en esa audiencia de 4 horas pintaban un retrato completamente diferente del vigilante tímido que su familia describía. Juan Jesús no habló durante la audiencia. Permaneció callado mientras su abogado argumentaba, mientras los peritos exponían, mientras el juez revisaba carpeta tras carpeta de evidencia.

 Al final, la decisión fue unánime. Prisión preventiva en el reclusorio norte, 3 meses para completar la investigación complementaria y una acusación formal que lo perseguirá el resto de su vida. Pero lo que realmente lo destruyó no fueron las palabras del juez, fue lo que encontraron en la caseta donde pasaba sus turnos.

 La tarde del 15 de abril, Juan Jesús llegó a su turno como siempre. Se instaló en la caseta de vigilancia, encendió las pantallas que mostraban cada rincón del edificio y esperó. Evid Guadalupe Valdés Saldíar llegó poco después de las 4 de la tarde, 21 años, residente de Iztapalapa, buscando trabajo, había contactado con alguien sobre una entrevista laboral.

Las cámaras externas la capturaron descendiendo de un mototaxi caminando hacia la entrada, aproximándose a la caseta donde Juan Jesús la esperaba. Ella ingresó al edificio a las 4:14 de la tarde. Su teléfono dejó de responder a las 4:16 2 minutos 120 segundos entre estar viva y desaparecer del mundo. Y en ese preciso momento las cámaras internas se apagaron.

 Según la reconstrucción forense que la fiscalía presentó en la audiencia, lo que ocurrió en el tapanco de la caseta fue brutal. Juan Jesús y Edit tuvieron un altercado. La fiscal alcalde no especificó el motivo, pero los resultados quedaron marcados en las paredes. El piso, la escalera. Él la atacó con un desarmador, la golpeó repetidamente en el rostro.

 Le causó una herida profunda a la altura del pecho que perforó un pulmón. La hemorragia interna fue masiva. Edit luchó. Las lesiones defensivas en las manos de Juan Jesús lo demuestran. Los rasguños en su abdomen también. Ella no se rindió fácilmente, pero él era más fuerte y tenía un arma. Cuando Edit dejó de moverse, Juan Jesús enfrentó un problema.

 tenía un cuerpo en su caseta de vigilancia y un edificio lleno de testigos potenciales. La evidencia forense sugiere que arrastró el cuerpo a escaleras abajo desde el tapanco. Las manchas de sangre en los escalones confirman el trayecto. Intentó limpiar mientras bajaba, pero la hemoglobina es persistente. Los reactivos químicos la revelaron después.

 El guardia del turno siguiente declaró haberlo visto realizando labores de limpieza inusuales esa tarde. Cubetas, trapeadores, movimientos nerviosos. Juan Jesús le dijo que había tenido un pequeño accidente, nada importante. El compañero no sospechó nada más, pero Juan Jesús no había terminado. Necesitaba ocultar el cuerpo donde nadie lo encontrara.

 Bajó al sótano cargando o arrastrando a Edit. La metió en una bolsa negra, la enterró bajo un montículo de arena y escombros que había en una esquina, apiló material encima, la hizo desaparecer. Luego regresó a limpiar. La cartera de Edit fue a parar al bote de basura del baño de la caseta, un espacio al que solo los vigilantes y la empleada de limpieza tenían acceso.

 Su bolsa personal y el desarmador ensangrentado los tiró en el registro del drenaje. Una camiseta de manga larga manchada con hemoglobina la escondió en el armario de productos de limpieza del sótano. Las cámaras volvieron a conectarse a las 5:44 de la tarde, 1 hora y 21 minutos después del apagón. Tiempo más que suficiente para matar, ocultar y limpiar.

 Cuando su turno terminó, Juan Jesús se fue a casa, besó a su esposa, cargó a sus hijos, cenó con su familia y no dijo nada. Al día siguiente regresó al trabajo como si nada hubiera pasado. Cuando la empleada de limpieza le preguntó si había visto a una joven buscando trabajo, él lo negó rotundamente.

 “Nunca estuvo aquí”, le dijo, “No sé de quién me hablas.” Cuando los familiares de Edit llegaron a bloquear Avenida Revolución exigiendo que se revisara el edificio, Juan Jesús seguía en su caseta. Los veía gritar desde las pantallas, los escuchaba pedir ayuda y no dijo nada. Cuando las autoridades finalmente obtuvieron la orden judicial para inspeccionar el inmueble, Juan Jesús colaboró, les mostró las instalaciones, les explicó cómo funcionaba el sistema de cámaras, les señaló que había tenido un fallo técnico el día 15, probablemente el

disco duro y cuando encontraron el cuerpo de Edit en el sótano, él actuó sorprendido. La detención de Juan Jesús ocurrió la noche del 17 de abril. Elementos de la policía de investigación de la Fiscalía llegaron a su domicilio con orden de aprensión. Él no resistió, se dejó esposar, subió al vehículo sin protestar.

 Su abogado, Julián González denunciaría después que Juan Jesús llegó golpeado a declarar moretones en el rostro, lesiones en el cuerpo que sugerían maltrato durante la captura. La fiscalía no comentó sobre esas acusaciones. Lo que sí presentaron fueron las pruebas y eran devastadoras. Primero, el control del sistema de cámaras.

 Los técnicos confirmaron que desconectar la videovigilancia requería acceso físico desde el interior de la caseta de vigilancia. No podía hacerse remotamente, no podía ser un fallo técnico espontáneo. Alguien tuvo que manipular el equipo manualmente y solo Juan Jesús tenía ese acceso durante el turno del 15 de abril. La defensa argumentó que el disco duro simplemente falló, que Juan Jesús no tenía conocimientos para sabotear sistemas de seguridad, que con estudios de solo secundaria era imposible que supiera cómo manipular equipos tecnológicos.

Pero la fiscalía respondió con datos contundentes. Las cámaras se desconectaron exactamente a las 4:23 de la tarde, 9 minutos después de que Edit ingresara al edificio y se reconectaron exactamente a las 5:44. El apagón fue quirúrgicamente preciso, demasiado conveniente para ser casualidad.

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