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Asi FUE la LUJOSA VIDA de JAVIER SOLIS – Mansiones, Ranchos, Carros

 Trabajó en lo que fuera, recogía huesos y vidrios de la basura, cargaba bultos en los mercados, trabajó de repartidor, de panadero, de carnicero, de lavador de coches, cualquier trabajo que diera unos centavos. Pero desde niño, Gabriel tenía un don. En los festivales escolares cantaba y la gente se quedaba callada escuchándolo.

 Era un talento que venía de adentro, un regalo que no necesitaba de maestros ni de academias. “La vocación artística se inició por hambre”, diría el mismo años después. Gabriel cantaba porque tenía que comer, porque necesitaba sobrevivir, porque era la única manera de escapar de esa vecindad de la guerrero donde nació. Empezó a cantar en las carpas de barrio con su primer nombre artístico, Javier Lukin.

 Participaba en concursos de aficionados donde el premio era un par de zapatos. Gabriel ganó tantas veces que terminaron prohibiéndole participar porque dominaba completamente la competencia. Mientras tanto, seguía trabajando de carnicero. David Lara Ríos, dueño de una carnicería llamada La Providencia en la colonia Condesa, lo escuchó cantar mientras cortaba carne y quedó impresionado.

 Tomó una decisión que cambiaría la vida de Gabriel. Le pagó clases de canto con el maestro Noé Quintero. A principios de 1948, Gabriel trabajaba de día como carnicero y cantaba de noche en Garibaldi. Era una vida agotadora. Cantaba en restaurantes como el Tenampa, viviendo de las propinas que a veces no alcanzaba ni para el camión de regreso.

 En 1955 cambió su nombre artístico a Javier Solís, un nombre que haría historia. Ese mismo año fue contratado para cantar en el Bar Azteca, su primer trabajo estable como cantante. La vida de Javier cambió para siempre a mediados de 1955. Una noche, mientras cantaba en el Barzteca, entró al local Julito Rodríguez, guitarrista del trío Los Panchos.

 Julito lo recomendó para una audición con Felipe Valdés Leal, director artístico de discos Columbia de México. El 15 de enero de 1956, a los 24 años, firmó su primer contrato profesional con una disquera. El 5 de septiembre de 1957 recibió su primer disco de platino. Javier Solís ya no era el carnicero de la colonia Condesa, era una estrella en ascenso.

 Con Javier Solís nació un estilo musical completamente nuevo, el bolero ranchero. Fue el primero en combinar magistralmente el bolero cubano con la ranchera mexicana, creando un género que revolucionó la música popular y capturó el interés de millones de personas. Pero, ¿de cuánto estamos hablando realmente cuando mencionamos su fortuna? ¿Cómo vivía el hombre que hacía llorar a multitudes con su voz? Prepárate porque las cifras te van a sorprender.

 La fortuna de Javier Solís. Javier Solís fue, sin exagerar, uno de los cantantes mejor pagados del bolero ranchero en los años 60. Su éxito fue tan grande que pudo dejar atrás la pobreza de la colonia Guerrero y vivir una vida completamente diferente. Pero hay algo importante que debe saber desde ahora. Javier nunca acumuló una gran fortuna.

¿Por qué? Porque gastaba casi todo lo que ganaba. En la época de mayor éxito de Javier, entre 1959 y 1966, sus honorarios por presentación eran impresionantes. Según documentos de la época y testimonios de historiadores musicales, Javier cobraba entre 5,000 y 10,000 pesos por presentación. Para ponerlo en perspectiva, el salario mínimo en México en 1960 era de aproximadamente 16 pesos diarios.

 lo que significa unos 480 pesos al mes. Javier ganaba en una sola noche lo que un trabajador promedio ganaba en más de un año. Era una cantidad enorme de dinero. En giras importantes, cuando se presentaba en palenques, teatros grandes o eventos especiales, Javier podía ganar hasta 50,000 pesos mensuales. Si convertimos esas cifras a valor actual, estaríamos hablando de entre 50,000 y 100,000 pesos actuales por presentación y hasta 500,000 pesos mensuales en sus mejores meses de gira.

 Ese sueldo lo colocaba muy por encima del ingreso promedio mexicano de la época. Era un dinero que le permitía vivir bien, vestirse bien, mantener a su familia y darse algunos lujos. Pero Javier tenía un problema. nunca aprendió a administrar su dinero. Con CBS Columbia, México, Javier grabó más de 379 canciones en solo 10 años.

 Eso es un álbum completo cada mes durante una década. Era un ritmo de producción absolutamente frenético. Sus discos vendían millones de copias. Llorarás. Llorarás fue un éxito masivo en 1959. Sombras, grabado el 8 de febrero de 1965, rompió todos los récords de ventas anteriores de la compañía discográfica, que le hizo entrega de una medalla por sus logros como cantante y por sus altas ventas.

 Entre sus álbumes más exitosos estaban Javier Solís, volumen enero de 1957, Llorarás, Llorarás de 1959, Javier Solís con banda 1959, grabado en Nueva York con una banda sinfónica. Javier Solí en Nueva York con arreglos de orquesta. Enamorado de ti 1961. Con acompañamiento de mariachi, 1961. Fantasía española, 1962. Trópico 1962. El peor de los caminos, 1962, Prisionero del Marzo de 1963 y Romance 1964.

Las regalías por estos discos le generaban ingresos constantes. Cada vez que una canción sonaba en la radio, cada vez que se vendía un disco, Javier recibía dinero. Pero las regalías de aquella época no eran tan generosas como las de ahora. Los artistas recibían un porcentaje pequeño de las ventas y las disqueras se quedaban con la mayor parte.

 Aún así, con las ventas millonarias que tenía, Javier ganaba muy bien de los discos. Pero ese dinero entraba y salía de sus manos con la misma rapidez. Javier Solís protagonizó más de 30 películas entre 1960 y 1966. Su debut en el cine fue en 1960 con el norteño y a partir de ahí la industria cinematográfica mexicana lo utilizó intensamente para llenar los vacíos que había dejado la muerte de Pedro Infante.

Por cada película, Javier cobraba entre 15,000 y 30,000 pes. Si convertimos esas cantidades a valor actual, estaríamos hablando de entre 150,000 y 300,000 pesos actuales por película. En 1959, Javier realizó su primera gira internacional a Estados Unidos, Centro y Sudamérica. Actuó en lugares como el Million Dollar Teatre en Los Ángeles, en Puerto Rico y en diversos teatros de Nueva York.

 El público latino en Estados Unidos lo recibió con locura. Para 1960, Columbia Records de Nueva York decidió grabarlo internacionalmente. Frank Sinatra, que de ese negocio algo sabía, se ofreció a apadrinarlo. Tener la bendición de Sinatra era como tener la bendición de Dios en la industria musical mundial de aquella época. Las propiedades de Javier Solís.

 A diferencia de otros ídolos de su época como Pedro Armendar y Socantinflas, Javier Solís nunca fue dueño de mansiones impresionantes ni de grandes haciendas. Su vida inmobiliaria fue mucho más modesta y eso dice mucho sobre su carácter y su origen humilde que nunca olvidó. Todo comenzó en el número 165 de la calle Simón Bolívar en la colonia Guerrero.

 Esta era una vecindad típica de los barrios bravos de la Ciudad de México en los años 30 y 40. Cuartos pequeños quedaban a un patio central, baños compartidos, lavaderos comunitarios, pisos de cemento agrietado y paredes que dejaban pasar el frío en invierno y el calor en verano. La colonia Guerrero era un barrio de gente trabajadora, de comerciantes ambulantes, de cargadores del mercado, de familias que vivían con lo justo.

 Las vecindades se llenaban de niños jugando en los patios, de mujeres lavando ropa en los lavaderos, de hombres que regresaban cansados de sus trabajos mal pagados. En una de esas vecindades nació Gabriel Siria Levario. Ahí aprendió lo que era no tener, lo que era el hambre verdadera, lo que significaba trabajar desde niño para ayudar a comer.

 Esa vecindad lo marcó para siempre. Aunque después se hizo famoso, aunque después ganó dinero, Javier nunca pudo olvidar de dónde venía. Hoy en día, la colonia Guerrero sigue siendo un barrio popular, aunque mucho ha cambiado desde los años 30. Muchas de esas vecindades antiguas han sido demolidas o están en ruinas, pero todavía se pueden ver algunas que conservan esa arquitectura de patios centrales y cuartos alrededor, testimonio de cómo vivían millones de mexicanos en aquella época.

 Durante su etapa de fama, entre 1960 y 1966, Javier vivió en casas rentadas en zonas mejores de la Ciudad de México. Sí, rentadas, no compradas. Este detalle es crucial para entender a Javier Solís. Vivía mejor que en la vecindad de la Guerrero, por supuesto. Tenía casa propia con varias recámaras, con sala, comedor, baños privados.

 Ya no compartía el baño con 20 familias. Ya no dormía varios en un solo cuarto, pero nunca compró una mansión, nunca fue dueño de propiedades lujosas. A pesar de su fama y sus ingresos, Javier Solís mantuvo un estilo de vida relativamente sencillo en cuanto a vivienda. No se despegó del todo del barrio.

 Frecuentaba Garibaldi, los centros nocturnos donde empezó, los restaurantes de músicos donde se sentía en casa. Cuando tenía dinero vivía bien. Cuando el dinero escaseaba, ajustaba. No tenía el peso de hipotecas millonarias ni de mansiones que mantener. Esa flexibilidad venía de nunca haberse comprometido con propiedades caras.

 Sus amigos y familiares siempre dijeron que Javier era un hombre sencillo en su forma de vivir. No presumía, no alardeaba, no invitaba a la gente a su casa para mostrarles lo bien que vivía. Era discreto, reservado en su vida privada. Colección de vehículos. Javier Solís tuvo algunos automóviles acordes a su fama y su estatus como estrella.

 Uno de los autos que se le conoció a Javier fue un Chevrolet Impala de los años 60. Este automóvil aparece mencionado en entrevistas de la época y ha sido visto en fotografías de archivo. El Chevrolet Impala era uno de los autos más populares entre los artistas mexicanos de los años 60. Era un auto grande, cómodo, con líneas elegantes y el prestigio de la marca Chevrolet.

 No era el auto más lujoso del mercado, pero tampoco era un auto del montón. Era el auto perfecto para alguien exitoso, pero sin pretensiones excesivas. Un Chevrolet Impala nuevo en 1960 costaba alrededor de $3,000 en Estados Unidos, equivalente a unos 30,000 pesos mexicanos de la época.

 En valor actual, estaríamos hablando de aproximadamente $30,000 o 600,000 pesos actuales. Era una inversión considerable, pero razonable para un cantante de su nivel. El impala de Javier era espacioso, perfecto para viajar con su familia o con los músicos que lo acompañaban. Tenía un motor V8 potente que le daba buen rendimiento en carretera.

 Era confiable, que era lo más importante para alguien que viajaba constantemente de gira. Otro vehículo que Javier usó frecuentemente fue un Ford Galaxie. Este auto era muy popular entre cantantes y músicos de gira porque era cómodo, amplio y muy confiable. El Ford Galaxy de los años 60 era un auto grande con asientos espaciosos, una cajuela enorme donde cabían maletas y hasta instrumentos musicales.

 Era el auto perfecto para los traslados largos entre ciudades, algo que Javier hacía constantemente. Un Ford Galaxy nuevo costaba alrededor de 2,500 a $,000, similar al Impala. Era un auto de clase media alta, respetable, cómodo, pero sin la ostentación de un Cadilac o un Lincoln. Javier usaba este auto especialmente para sus traslados a presentaciones en el interior de la República.

 México Guadalajara, México Monterrey, México Veracruz. Eran viajes largos por carreteras que todavía estaban en desarrollo y necesitaba un auto confiable que no lo dejara tirado en medio de la nada. Sus contratos. El contrato que Javier firmó con CBS Columbia, México el 15 de enero de 1956 fue su único contrato profesional importante.

 No tenía contratos paralelos con otras disqueras. No tenía acuerdos especiales de regalías. No negoció porcentajes de las ganancias extraordinarias que generaba. Era un contrato estándar de la época. La disquera le pagaba por grabar, le daba un porcentaje pequeño de las ventas y se quedaba con el control de los derechos. Javier aceptó porque necesitaba el trabajo, porque venía de cantar por propinas en Garibaldi.

 No tenía asesores legales, no tenía representantes que pelearan por mejores condiciones, simplemente firmó lo que le pusieron enfrente. Este fue su primer error. Cuando Sombras rompió todos los récords de ventas en 1965, cuando sus discos vendían millones de copias, la mayor parte de las ganancias se iban a la disquera.

 Javier recibía sus regalías, sí, pero eran una fracción de lo que realmente generaba. Javier puso todos sus huevos en una sola canasta, su voz. No invirtió en negocios paralelos. No abrió restaurantes ni bares como otros artistas. No compró edificios de renta. No invirtió en acciones ni en terrenos. Todo su ingreso dependía de seguir cantando, seguir grabando, seguir haciendo películas.

Esta falta de si se enfermaba y no podía trabajar. No había ingresos, no tenía un colchón financiero que lo protegiera y cuando finalmente se enfermó gravemente en 1966, esa vulnerabilidad se hizo evidente. Sus gastos médicos en el Hospital Santa Elena fueron elevados. La cirugía de vesícula, los días de internamiento, los medicamentos, todo eso costaba dinero y Javier no tenía ahorros significativos para cubrir esos gastos sin preocupaciones, los lujos y el estilo de vida.

 Javier era impecable en su forma de vestir. Usaba trajes hechos a medida por buenos astres, sacos elegantes, camisas finas, corbatas de seda. En su etapa final, cuando ya ganaba muy bien, usaba zapatos italianos que costaban una fortuna. Un traje hecho a medida en los años 60 costaba entre 500 y 1000 pesos, equivalente a entre 5,000 y 10,000 pesos actuales.

 Javier tenía docenas de estos trajes. Para cada presentación se vestía impecablemente. Era parte de su imagen como estrella. Su guardarropa era uno de sus mayores gastos personales. Cambiaba de vestuario constantemente, siempre buscando lucir bien, siempre proyectando éxito. La ropa era importante para él porque representaba el contraste con la pobreza de su infancia cuando no tenía ni para los zapatos.

 También usaba relojes finos, probablemente Rolex Omega, como era costumbre entre las estrellas de su época. Un buen reloj costaba varios miles de pesos, pero para Javier era una inversión en su imagen. El público esperaba ver a sus ídolos bien vestidos, con accesorios de calidad. Javier frecuentaba constantemente Garibaldi, el corazón de la música de mariachi en la ciudad de México.

 Aunque ya era famoso, aunque ya no necesitaba cantar por propinas, seguía yendo a los lugares donde había empezado. Le gustaba estar con los músicos, con los cantantes, con la gente del ambiente. Cenaba en restaurantes como el Tenampa, donde había cantado por propinas años atrás. Ahora entraba como el artista consagrado, pero seguía tratando con respeto a los meseros, a los mariachis. a todo el mundo.

 Una cena en un buen restaurante en los años 60 costaba entre 50 y 100 pesos por persona. Pero cuando Javier salía, generalmente pagaba la cuenta de todos los presentes. Una noche podía costarle fácilmente 1000 pesos o más. También frecuentaba centros nocturnos donde se presentaban otros artistas. Le gustaba ver espectáculos, disfrutar de la música en vivo, beber con amigos.

 Era un hombre sociable que disfrutaba de la compañía. Como estrella internacional, Javier viajaba constantemente. México, Los Ángeles, México, Nueva York, México, Puerto Rico, México Sudamérica. Eran viajes en avión en primera clase con hospedaje en buenos hoteles. Un boleto de avión en primera clase en los años 60 de México a Los Ángeles costaba alrededor de $50, equivalente a unos 1500 pesos mexicanos.

En valor actual serían más de $000 o 40.000 1000 pesos actuales por boleto. Se hospedaba en hoteles de primera categoría, donde las habitaciones costaban entre 20 y 50 por noche. Para estadías de varios días o semanas durante giras, estos gastos se acumulaban rápidamente. Pero estos viajes eran necesarios para su carrera.

No eran lujos innecesarios. Eran parte del trabajo de ser una estrella internacional. Y Javier los hacía con gusto porque representaban su éxito, su escape de la vecindad de la Guerrero. Uno de los momentos más importantes de la carrera internacional de Javier fue cuando Frank Sinatra, nada menos que Frank Sinatra, se ofreció apadrinarlo en Estados Unidos.

 Era 1960 y Columbia Records de Nueva York había decidido grabar a Javier para el mercado internacional. Tener el respaldo de Sinatra era como tener la bendición de Dios en la industria musical mundial. Frank Sinatra, que sabía reconocer el talento cuando lo escuchaba, admiraba profundamente la voz y el estilo inigualable de Javier Solís.

 En más de una ocasión, Sinatra expresó públicamente su respeto por la forma en que Javier interpretaba las canciones románticas, por esa capacidad única que tenía de transmitir sentimiento puro en cada nota. Para Sinatra, Javier no era solo otro cantante latino, era un verdadero artista, un intérprete que entendía el alma de la música romántica al mismo nivel que los grandes de cualquier país.

 Esta relación con Sinatra le abrió puertas importantes a Javier en el mercado estadounidense, le dio credibilidad internacional, le permitió codearse con las grandes figuras de la música mundial. El niño de la colonia Guerrero, que había cantado por propinas ahora, era reconocido por la mismísima voz, por el Chirman of the Board. por Frank Sinatra.

 Era un logro que pocos artistas mexicanos habían alcanzado. Uno de los rasgos más conocidos de Javier era su generosidad extrema. Regalaba dinero constantemente. Si veía a un músico joven talentoso en Garibaldi, le daba dinero para que siguiera estudiando. Si un mariachi necesitaba reparar su guitarra, Javier pagaba.

 Esta generosidad, aunque admirable, contribuía a que nunca acumulara dinero. Era incapaz de guardar. Si tenía dinero en la bolsa, lo compartía. Era su forma de ser, su personalidad generosa formada en la pobreza. Sus amigos y familiares cuentan historias de como Javier llegaba a casa después de una presentación donde había ganado 10,000 pesos y al día siguiente no tenía ni 1000 porque lo había regalado todo en el camino.

 Sus mejores canciones y premios. Ahora que conocemos como vivió Javier Solís, es momento de repasar las canciones que lo convirtieron en leyenda, porque al final del día lo que verdaderamente importa de un cantante no es cuánto dinero ganó ni qué autos manejó, sino que dejó en la memoria del pueblo.

 Esta canción grabada en 1959 fue el momento definitivo en la carrera de Javier Solís. Después de mil ensayos con Rafael Carrión, después de encontrar su voz propia y dejar de imitar a Pedro Infante, “¡Llorarás!” Llorarás, demostró que Javier era único. La forma en que Javier alargaba esas vocales, la potencia de su voz, el sentimiento que ponía en cada palabra era algo que nadie más podía imitar.

 Esta canción lo convirtió en estrella y le dio proyección internacional. Si hay una canción que define a Javier Solís, es Sombras. Grabada el 8 de febrero de 1965, apenas 14 meses antes de su muerte, esta canción rompió todos los récords de ventas de CBS Columbia y se convirtió en su himno. Las mejores interpretaciones de Javier las logró con temas tocados por la tristeza.

 Sabía sentirla mejor que nadie. Había sido un niño al que su madre regaló, un niño que vio morir de hambre sus sueños más básicos. Conocía la tristeza de verdad, no la tristeza de telenovela. Y eso se escuchaba en su voz. Cuando Javier cantaba sombras, el público lloraba. No era actuación, era verdad.

 Era un hombre que sabía lo que era vivir en la oscuridad y que encontró en la música su única luz. Fantasía española y trópico de 1962 y 1963 son dos discos que incluyen canciones del compositor Agustín Lara. Javier se convirtió en uno de los mejores intérpretes de Lara junto con Pedro Vargas y Toña La Negra. Granada, solamente una vez. María Bonita.

 Noche de ronda. Todas estas canciones de Agustín Lara cobraron nueva vida con la voz de Javier. Le dio un tratamiento diferente, más dramático, más profundo. Lara mismo reconoció que Javier entendía perfectamente sus canciones. La lista de éxitos de Javier Solís es interminable. En solo 10 años grabó 379 canciones.

 Es un ritmo absolutamente frenético que pocos artistas han igualado. Grababa un álbum completo cada mes durante una década. Cada una de estas canciones tiene una historia, tiene un sentimiento, tiene un pedazo del alma de Javier. No cantaba por cantar, cantaba porque era la única forma que conocía de expresar todo lo que llevaba dentro.

 Con las interpretaciones de Javier Solís, comenzó una nueva era para la música de mariachi. Dejó atrás los sones y la temática campirana para incorporar la lírica urbana y las adaptaciones de canciones latinoamericanas. El bolero ranchero que Javier creó combinaba lo mejor de dos mundos, la melancolía del bolero cubano con la fuerza del mariachi mexicano.

 Era música urbana pero con raíces tradicionales. Era moderna pero respetuosa del pasado. Este género refrescó la música ranchera y capturó el interés de millones de personas. La México de los años 60 era cada vez más urbana y Javier supo capturar ese cambio. Javier recibió múltiples discos de platino por las ventas millonarias de sus grabaciones.

Su primer disco de platino lo recibió el 5 de septiembre de 1957 por las altas ventas de su primer sencillo. La medalla que CBS Columbia le entregó en 1965 por los récords de ventas de sombras fue uno de sus momentos de mayor orgullo. era el reconocimiento de que había llegado a la cima, de que era el rey del bolero ranchero.

 Pero más allá de los premios formales, Javier recibió el reconocimiento más importante, el amor del pueblo. Llenaba teatros en todo el continente. Sus discos vendían millones. Su música sonaba en todas las róculas de México y Latinoamérica. La gente lo amaba porque era uno de ellos, porque cantaba lo que todos sentían, porque su voz expresaba el dolor, la alegría, el amor, el desamor, la nostalgia de millones de personas que se veían reflejadas en sus canciones.

 Javier también protagonizó más de 30 películas entre 1960 y 1966. La industria cinematográfica mexicana, después de la muerte de Pedro Infante y El fin de la época de oro, buscó a Javier para llenar taquillas. Eran películas donde Javier cantaba cuatro o cinco canciones y el público salía contento.

 Entre sus películas están El norteño 1960, Los Bárbaros del Norte, 1961, Los Forajos 1961, México de Mi Corazón, 1962, Campeón del Barrio, 1963, Los que Nunca Amaron, 1963, Juan Pistolas, 1966, que fue su última película, terminada poco antes de su muerte. La verdadera riqueza de Javier Solís no estaba en las propiedades que nunca compró, ni en los ahorros que nunca acumuló, ni en las inversiones que nunca hizo.

 Estaba en su voz incomparable, en las 379 canciones que grabó, en los millones de corazones que tocó, en el género musical que creó y en haber demostrado que se puede salir de la pobreza con talento y trabajo. Cuando escuchas sombras o llorarás, llorarás. No estás escuchando solo una canción. Estás escuchando la voz de un hombre que conoció el hambre, que sintió en carne propia el abandono, que luchó contra la pobreza todos los días de su infancia.

Un hombre que encontró en la música su única salvación y que nos regaló su voz como un tesoro invaluable. Javier Solís nunca olvidó sus orígenes humildes. Gastaba el dinero que ganaba en ayudar a otros, en mantener a sus múltiples familias, en ser generoso con quien lo necesitara. No acumuló propiedades ni fortunas. Pero se acumuló amor.

 El amor de millones de personas que todavía, décadas después de su muerte, lo recuerdan con cariño y cantan sus canciones. Espero que hayas disfrutado este recorrido por la vida de Javier Solís, tanto como yo disfruté prepararlo para ti. Si conoces alguna anécdota adicional sobre su vida, su carrera o su legado, déjamela en los comentarios.

 Me encantaría conocer más historias y compartirlas con todos. Déjanos tu opinión en los comentarios sobre cuál canción de Javier Solís es tu favorita o qué momento de su vida te pareció más conmovedor. Y si te gustan estas historias donde los ídolos muestran su lado más humano, no te pierdas nuestros otros videos sobre las grandes estrellas de la época de oro de la música mexicana.

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