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Lupita D’Alessio: Por ESTO Drogó a Su Propio Hijo. Casi Lo Mata

 

 

Hubo  momentos en que ella no podía salir de su casa porque él se lo prohibía. Tú quizás conoces a una mujer que pasó por eso. Quizás la conoces bien, quizás es de tu familia. Quizás  esa mujer eres tú. En ese México de los años 70,  una mujer maltratada no tenía a quien acudir.

 La policía mandaba a la víctima de regreso a su casa con un consejo. Aguante,  señora, así son los maridos. Las mamás también, las  abuelas también. Y Guadalupe, que era apenas una muchacha y que estaba  empezando una carrera en la música, aguantó. Aguantó los gritos, aguantó las traiciones,  aguantó hasta que ya no pudo.

 Mientras eso pasaba en su casa, en la  calle, en las cocinas mexicanas, su voz empezaba a sonar en todos lados.  Su disco Mudanzas de 1973 había tenido un detalle que nadie esperaba.  La canción central ¿Quién te crees tú? Se convirtió  en el himno de las mujeres mexicanas que querían dejar a un hombre y no se atrevían.

Una mujer cantándole  a un hombre con rabia controlada, diciéndole, “¿Quién te crees tú para tratarme así? Tú. A lo mejor la cantaste.  A lo mejor fue la canción que pusiste en una vitrola un viernes por la noche cuando estabas  cansada de que te trataran mal. A lo mejor esa canción en esa época fue la única amiga que te dijo lo que tú no podías decir en voz alta.

 Lo que casi nadie sabía es que la  mujer que cantaba esa canción sobre dejar a un hombre no se atrevía todavía a dejar al suyo. La voz iba adelante, la vida iba detrás  y entre las dos había un abismo que solo Guadalupe conocía. De ese matrimonio nacieron dos niños, Jorge en 1971 y Ernesto en 1977. Lupita era  ya entonces una cantante con éxito creciente en México.

Su disco Mudanzas había salido en 1973 y la había puesto en el mapa. Canciones como ¿Quién te crees tú? Se vende esta casa  y qué miedo tienes se escuchaban en todas las cantinas y en todas las cocinas.  Pero detrás del éxito en su casa las cosas se rompían. Hay un momento en su biografía que ella misma fechó con precisión. Fue en 1978.

 Ernesto tenía un año de nacido, Jorge tenía siete.  Y Lupita, en un arranque de supervivencia que ella iba a cargar como culpa el resto de su vida,  hizo algo que en aquel México casi no se hacía. Se fue,  dejó la casa, dejó al marido y dejó a sus dos hijos con él.  Tú a lo mejor estás diciendo en este momento, ¿cómo pudo hacer eso? Una  madre, dejar a un bebé de un año es lo primero que pregunta cualquier mujer de cualquier generación  cuando escucha esa parte de la historia.

Y es la pregunta que ella misma se  hizo durante cuatro décadas. Lupita lo contó así en una entrevista publicada en El Universal en  2020. Primero fui artista y luego madre porque me fui de la casa y dejé a mis hijos. Y en otra ocasión, frente a Patti  Chapoy en el programa Ventaneando, cuando Paty le preguntó por qué se había ido,  ella respondió mirando al piso.

Era un proceso de sobrevivencia. Si me quedaba, no salía de ahí,  pero pagué un precio. Pagué un precio que no se acaba de pagar. Ese precio  tiene un nombre. Ese precio se llamaba Jorge y ese precio se llamaba Ernesto. Dos niños  que durante 10 años casi no vieron a su madre. 10 años.

 Lo dijo  ella misma textualmente. Dejé a mis niños 10 años y me arrepiento. Anota  ese número. 10 años. Lo vas a necesitar para entender el aeropuerto vacío.  Lo vas a necesitar para entender por qué Ernesto nunca pudo decirle mamá sin tragar saliva. Lo vas a necesitar para entender por qué Jorge  después aceptó la cocaína que ella le ofrecía.

10 años son muchos años cuando un niño tiene un año de nacido. 10 años son toda una vida cuando un niño tiene siete y crece preguntándole al  espejo por qué su mamá prefirió la música a él. El primer rostro que esta historia te pide que recuerdes es el de Ernesto Dalesio bebé.

 Un año de edad, una cuna y una madre que sale por la puerta  y no vuelve hasta que él ya tiene 11 años. y un cuerpo que ella casi no reconoce. Apunta  ese nombre, Ernesto Dalesio. Va a aparecer otra vez y cuando aparezca  tú vas a entender por qué este video se llama como se llama. Porque la noche del aeropuerto vacío, el muchacho que más esperó a su madre durante toda  su infancia, fue uno de los tres que decidieron no ir.

Pero antes de llegar al aeropuerto, hay que entender la otra cara de la moneda. La cara que México sí veía, la de la cantante triunfante, la que llenaba palenques,  la que se inventó un personaje feroz para no derrumbarse, la que el público bautizó con un nombre que  ella nunca pidió, pero que se le quedó pegado para siempre.

Y mientras  Lupita se convertía en la leona dormida frente a millones de personas, en su casa había dos niños creciendo con la abuela paterna y con un padre que les decía cada noche e que su madre no los quería. Y mientras el público mexicano cantaba  con ella mudanzas en cada bar del país, sin saber lo que pasaba en su vida privada, en Tijuana algo más se estaba cocinando, algo que iba a cambiar para siempre  la vida de Lupita y la vida de los hijos que había dejado atrás, algo que se

llamaba cocaína y que estaba a punto de tocar la puerta de la nueva casa de la cantante  con la sonrisa más amable del mundo. Para entender  cómo la cocaína entró a la vida de Lupita Dalesio, hay que entender primero cómo entraba la cocaína en el espectáculo mexicano de los años 70 y 80.

 Y la respuesta  es brutal en su simpleza. entraba por la puerta principal,  llegaba con los productores, llegaba con los compañeros de elenco,  llegaba con los managers, llegaba a los camerinos antes que el café  y nadie la veía como una droga, la veían como una herramienta de trabajo en los grandes palenques, en las giras interminables que recorrían México de norte a sur, en los foros de televisión, donde se grababan tres telenovelas a la vez.

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