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Lupita D’Alessio: Por ESTO Drogó a Su Propio Hijo. Casi Lo Mata

Una madrugada de los años 90,  la ciudad de México, un departamento en una zona cara con vista a la avenida  y la luz encendida porque la fiesta llevaba dos días y medio sin parar. En el suelo del salón,  un hombre joven convulsionaba. Tenía espuma en la boca, los ojos en blanco, la camisa desabrochada.

A su lado, dos personas le golpeaban el pecho y le gritaban su nombre. Una era su hermano menor, Ernesto, la  otra era su madre, su propia madre, y la cocaína que lo estaba matando se la había dado ella. El hombre  que convulsionaba en el suelo era Jorge Dalesio. Tenía  veintitantos años y era el primogénito de la cantante mexicana más vendida de los años 80.

La voz más desgarradora de la música popular en español. La mujer que llenaba palenques  y auditorios desde Tijuana hasta Buenos Aires, cantando sobre el dolor del amor mientras vivía dentro de  él. Tú la conoces, tú la cantaste, tú la tienes  metida en la memoria desde que prendías la radio en la cocina y su voz te paraba en seco.

Lupita Dalesio, la leona dormida. Jorge ha contado esa noche varias veces. La última vez sentado frente al periodista Jordi Rosado, dijo con sus propias palabras, “Yo me acuerdo  perfecto y no fue de un día, fue de como dos días y medio no parar la fiesta.” tomó el teléfono. Iba a llamar a unos amigos para que vinieran  y de ahí en adelante no se acuerda de nada  hasta que despertó con su madre y su hermano encima gritándole.

Entre Ernesto y mi mamá me estaban reviviendo. Esas son las palabras de Jorge, no de un guionista, no  de un periodista de espectáculos, de él. Esa madrugada,  en ese departamento, en esa fiesta, Jorge estuvo aún  latido de morir. Y si hubiera muerto, México habría leído  al día siguiente que el hijo de Lupita Dalesio había sufrido un accidente.

Eso  es lo que las revistas dicen cuando alguien se muere de droga en la casa de su mamá famosa. Accidente,  fatalidad. Una versión limpia para el funeral.  La verdad real, la cruda, la que tardó veintitantos años en salir,  es esta, Lupita Dalesio. La leona dormida  casi mata a su propio hijo dándole cocaína.

Y no fue la primera vez que se metían juntos, ni la última.  Pero la pregunta no es solamente cómo pasó eso. La  pregunta más dura, la que esta historia obliga a hacer, es otra. ¿Cómo es posible que una de  las mujeres más famosas del entretenimiento mexicano consumiera 5 g de cocaína al día durante  23 años? abandonara a sus hijos cuando uno tenía un año de nacido, casi matara a otro en una fiesta y nadie en la industria del  espectáculo dijera una sola palabra hasta que ella misma decidió contarlo.

Hoy vamos a responder esa pregunta y vamos a responderla con nombres, con fechas, con las palabras exactas que usaron los protagonistas cuando finalmente se atrevieron a hablar. Y hoy tú vas a descubrir cuatro cosas  que nunca te contaron. Primero, la madrugada exacta en que Jorge Dalesio convulsionó  en el piso, quién le había dado la cocaína y quién lo trajo de vuelta a la vida con sus propias manos.

Segundo, ¿cuántos gramos consumía Lupita  al día durante 23 años? ¿De dónde sacaba el dinero al final  cuando ya no le quedaba un peso? y por qué la industria mexicana del espectáculo  la vio caer en cámara lenta sin mover un dedo. Tercero,  el minuto exacto en que ella se desplomó frente a un televisor y entendió que iba a perder a sus tres hijos para siempre y la imagen del aeropuerto  vacío que la rompió de verdad.

Y cuarto, lo que le costó  a César Dalesio, el hijo menor, cargar con la deuda emocional de una madre que llegó tarde y el hombre poderoso que lo golpeó cuando intentó hacer su propia vida. Te voy a avisar cuando llegue cada una. Siéntate  que esta historia te va a doler y te va a doler porque tú la  conoces.

Tú la tienes en la sala de tu casa, en los discos de tu mamá. en la radio de tu juventud para  entender cómo fue posible que esa madrugada en aquel departamento de la Ciudad de México sucediera. Hay que retroceder mucho. Hay que retroceder hasta una  niña de Tijuana llamada Guadalupe Contreras Ramos. Una niña que crecía en  una casa donde el cariño no llegaba y la sombra del abandono ya estaba ahí.

mucho antes de  que ella supiera lo que era una jeringa o un papel doblado.  Porque esta historia no empieza en los años 90, empieza en los años 50 y empieza con algo que a ti te puede sonar muy familiar porque también pasaba en  muchas casas mexicanas de esa época. Guadalupe Contreras Ramos nació el  10 de marzo de 1954 en Tijuana, Baja California.

Su padre se llamaba Alfonso Dalesio. Era un hombre de negocios y un cantante de origen italiano radicado  en México. Su madre era una mujer humilde y trabajadora. Y desde el principio la pequeña Guadalupe  vivió en una casa donde su padre tenía una historia previa que iba a marcarla para toda su vida.

Don Alfonso Dalesio  había estado casado dos veces antes de conocer a la madre de Lupita. De esos dos matrimonios anteriores  había tenido cuatro hijos. Lupita creció creyendo  que era la única hija de su padre, hasta que un día sin aviso llegó a la casa una mujer joven.

Se sentó en las piernas de su  padre y la pequeña Guadalupe entendió que ella nunca había  sido la única. Ese momento ella lo contó muchos años después.  Lo contó así con sus palabras. Mi papá tuvo dos matrimonios antes que a mi mamá y él tuvo cuatro hijos. Dos con  una, dos con otra y luego conoció a mi mamá.

En algún momento llegó una hija de él a mi casa  y se sentó en sus piernas. Yo era la única hija para él supuestamente. Entonces,  imagínate el dolor que me causó. Guarda esa frase. Imagínate el dolor. Esa frase la vas  a necesitar después. Tú quizás conoces ese tipo de dolor, el de descubrir de golpe  que tu casa no era lo que tú creías que era, el de entender  un día que el hombre que te cargaba en brazos había cargado antes a otra niña  y que a lo mejor la cargaba todavía.

En aquel México de los años 50, las familias se tejían así. Los hombres tenían su casa  grande y a veces tenían otra. A veces tenían tres y las  niñas como Guadalupe crecían sabiendo desde muy chicas que el cariño de un padre no era una cosa segura, era una cosa aprestada. Esa herida temprana, ese descubrimiento de la traición silenciosa,  es lo primero que hay que apuntar en el cuaderno.

Recuerda esa fecha.  Lupita tenía apenas unos años cuando vio a su media hermana sentada en las piernas de su  padre por primera vez y a partir de ahí algo dentro de ella  aprendió que el amor de los hombres es una cosa que se reparte y que casi nunca te toca a ti la parte  completa.

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