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¿Quién Ordenó Matar a Rafael Orozco? La Verdad que Pocos Conocen…

¿Quién ordenó matar a Rafael Orozco? La verdad que pocos conocen. Barranquilla. 11 de junio de 1992. Son las 9:30 de la noche. En una casa del norte de la ciudad hay música, hay risas, hay familia reunida. El hombre que está adentro es el cantante más querido de Colombia. La voz que convirtió el vallenato en el idioma del amor de un continente entero.

Su nombre es Rafael Orosco y esta es la última noche de su vida. Afuera la noche es cálida, como siempre lo es en el Caribe. Entonces alguien toca a la puerta, Rafael sale a abrir. Lo que sucede en los siguientes 30 segundos cambia para siempre la historia de la música colombiana. 10 disparos rompen la noche, nueve de ellos encuentran su destino y la voz más amada de Colombia se apaga para siempre en el asfalto de una calle de Barranquilla.

Pero lo que Colombia nunca supo, lo que nadie se atrevió a contar completo, es que esa bala tenía un dueño con salvoconducto del propio ejército colombiano, que el fiscal que investigaba el caso apareció muerto en circunstancias que nunca fueron explicadas. Que testigos clave fueron eliminados. uno por uno y que un hombre anónimo le entregó a la revista Semana una versión devastadora que la fiscalía enterró en silencio.

Hoy vas a descubrir quién ordenó matar a Rafael Orozco. Vas a saber por qué ese hombre nunca pisó una celda. Vas a conocer la verdad que la justicia colombiana no quiso investigar. Y vas a entender por qué más de 30 años después este crimen sigue sin un solo condenado. Y si todavía no te has suscrito al canal, hazlo ahora. Presiona el botón de suscripción y activa la campanita.

Aquí hay investigación. Cada video que lanzamos vas a ser el primero en saberlo. Quédate hasta el final. Para entender lo que pasó esa noche, hay que verla completa, no como la contaron los titulares, sino como realmente ocurrió, minuto a minuto, detalle a detalle. Rafael José Orosco, Maestre, había regresado ese día de una gira por Venezuela.

Estaba en la cima de su carrera, en la cima de su fama, en la cima de todo lo que un hombre puede construir con su voz y su talento. Su casa, ubicada en uno de los barrios más elegantes del norte de Barranquilla en la carrera 50 con calle 96A, era ese día el centro de una reunión familiar íntima. Sus tres hijas, Kelly, Johana, Wendy y Lorin, celebraban el cierre del año escolar.

Clara Elena, su esposa, estaba ahí, amigos cercanos también. Era una de esas noches que uno recuerda como perfectas hasta que dejan de serlo. Cerca de las 9:30 de la noche, dos hombres se presentan en la puerta de la casa. Sus nombres eran Alfonso Ariza de la Oz y Francisco Manuel Corena, músicos que se movían en el círculo de Diomedes Díaz, el otro gran ídolo del vallenato colombiano.

Llegaron con un pretexto simple. Necesitaban unos instrumentos musicales prestados y algo de dinero. Rafael, que era conocido por su generosidad y su sencillez, no sospechó nada. Para no interrumpir la reunión familiar, decidió atenderlos afuera de la casa. Esa decisión le costaría la vida. Mientras los tres conversaban en la terraza, un tercer hombre apareció desde la oscuridad, alto, delgado, con un arma en la mano.

Se acercó a aproximadamente 3 m de distancia y comenzó a disparar. 1 2 3 4 5 6 7 8 nu 10 disparos en cuestión de segundos. Nueve de ellos impactaron el cuerpo de Rafael en el tórax, en el rostro, en la espalda, en los glúteos. El décimo erró, pero el hombre no se conformó con eso. Según los testigos, el asesino se acercó al cuerpo que ya estaba en el suelo, lo volteó con el pie y disparó una vez más para rematarlo.

Luego salió caminando hacia un Mazda 323 blanco, placas 859, que esperaba encendido a pocos metros. Clara Elena escuchó los disparos desde adentro, corrió hacia la puerta. Lo que encontró en el umbral de su propia casa fue lo más devastador que un ser humano puede presenciar. Ella misma lo subió al carro y lo llevó a la clínica del Caribe. Pero ya era demasiado tarde.

Rafael José Orozco, Maestre, fue declarado muerto esa misma noche. Tenía 38 años. El Mazda Blanco fue encontrado al día siguiente en una residencia del norte de la ciudad, vacío, sin huellas, sin rastros, como si el asesino nunca hubiera existido. Aquí es donde esta historia deja de ser un crimen ordinario.

Aquí es donde empieza la verdad que pocos conocen. Porque lo que sucedió después del asesinato de Rafael Orosco no fue una investigación normal, fue una cadena de muertes, silencios y desapariciones que convirtió este caso en uno de los enigmas más perturbadores de la historia judicial colombiana. El fiscal Jorge Paternostro fue el primer hombre en ponerse al frente de la investigación.

Era un funcionario serio, comprometido, que desde el principio entendió que este caso era más grande de lo que parecía. En julio de 1993, apenas un año después del asesinato de Rafael, el fiscal paternostro fue encontrado muerto, ahogado en un arroyo de Barranquilla. Las circunstancias generaron sospechas inmediatas entre sus colegas y en la prensa local.

Nunca se abrió una investigación formal sobre su muerte. El caso pasó a otras manos y siguió adelante, más lento, más opaco, más silencioso. Pero Paternostro no fue el único. Fabio Poveda Márquez, periodista y amigo cercano de Rafael Orozco, uno de los hombres que más sabía sobre la vida privada del cantante y sobre los movimientos de los días previos al crimen, también murió poco tiempo después en circunstancias que jamás fueron esclarecidas.

Juanchois, acordeonista que trabajaba con Diomedes Díaz y que había rendido testimonio dentro del proceso judicial, falleció también sin explicaciones satisfactorias. Y luego están los propios señalados como responsables del crimen. José Reinaldo Fiayo Jacome, el hombre que supuestamente ordenó el asesinato y su guardaespaldas Sergio González Torres, alias el Tato, el hombre señalado como el ejecutor material.

fueron encontrados muertos en las calles de Medellín el 18 de noviembre de 1992, apenas 5 meses después de matar a Rafael, muertos antes de que la justicia pudiera tocarlos. Y ahora viene el detalle que hace que todo esto sea todavía más inquietante. El arma que mató a Rafael Orosco, una pistola Heckler y Cock calibre 7.65 5 mm fue encontrada en poder de fio el día que él fue asesinado y esa arma tenía un salvoconducto emitido por la segunda brigada del ejército colombiano, un narcotraficante con un arma que mató al mayor ídolo del vallenato cargando

documentos militares oficiales. El fiscal muerto en un arroyo, los testigos eliminados, los asesinos liquidados antes de declarar y un arma confirma del ejército. coincidencia o silencio organizado. ¿Tú qué crees? Deja tu opinión en los comentarios. Queremos saber qué piensa Colombia sobre este caso.

Para que toda esta cadena de muertes tenga sentido, hay que hablar de una mujer. Una mujer que no tuvo ninguna responsabilidad en el crimen. Así lo determinó la justicia, pero cuyo nombre quedó para siempre unido al de Rafael Orosco. Su nombre era María Angélica Navarro Ogliastri. Tenía 23 años cuando conoció a Rafael en una presentación del binomio de oro en el colegio Sagrado Corazón de Barranquilla.

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