Marta Sahagún: El Saqueo que Fox, Calderón y Peña Nunca Quisieron Juzgar
12 de diciembre de 2012. Sala del Tribunal Federal del Distrito Sur de California. Un hombre de 40 años espera de pie frente al juez John a Houston. Va a decir dos palabras. Dos palabras que ninguna llamada telefónica a un funcionario, ningún amparo, ningún acuerdo político firmado detrás de puertas cerradas en México pudo evitar que llegaran hasta ese momento.
El hombre se llama Manuel Briviesca Saagú. Es el hijo mayor de la mujer que durante 6 años tomó las decisiones más importantes dentro de la residencia oficial del presidente de México. Culpable. Ese papel firmado en San Diego aquel diciembre no era el final de una historia. Era la única parte de la historia que una corte extranjera logró tocar.
Porque mientras ese papel se firmaba, el apellido Sagun seguía operando en México. No desde Los Pinos, ya cerrado 6 años atrás. desde contratos del herario, desde cargos de gobierno, desde estructuras que nadie había desmantelado porque nadie había sido procesado. En este video vas a descubrir cuatro cosas que los relatos convencionales sobre Marta Sagun no te han dado con sus cifras completas.
Primero, como el apellido que construyó su poder bajo FAX siguió cobrando 3,576 millones de pesos del herario durante el gobierno de Peña Nieto, el presidente del partido al que Fax había derrotado y que se suponía que iba a investigar los excesos del foxismo. Segundo, como uno de los hijos de Marta ocupó un cargo como funcionario federal mientras su hermano cumplía condena en Estados Unidos.
Tercero, ¿cuál es la conexión entre el entorno Sagun Briiesca y las cuentas de Genaro García Luna, el hombre con la condena por narcotráfico más grave que haya recibido un exfuncionario mexicano de alto rango? Y cuarto, el número que la Auditoría Superior de la Federación documentó como irregularidades en el sexenio de Fox y que ningún video sobre esta familia te ha explicado completo.
184,300 millones de pesos. No lo dijo un enemigo político, lo dijo el órgano del Estado encargado de revisar las propias cuentas del gobierno. Ese es el punto de partida. Para entender cómo una familia llega a ese punto, hay que ir al principio. Y el principio de Marta María Sagú Jiménez está en Zamora, Michoacán, 10 de abril de 1953.
Zamora es una ciudad de catedral inacabada, de campanarios que se ven desde cualquier punto del valle, de familias donde la reputación vale más que el dinero y donde el apellido de una mujer depende del apellido del hombre con quien se case. En ese mundo nació Marta. Su padre, Alberto Saagún de la Parra era médico.
Su madre, Ana Teresa Jiménez, administraba el hogar. Las hermanas teresianas la educaron con una devoción por Santa Teresa de Jesús, esa monja española del siglo X que describió la vida interior como un combate que se gana no con fuerza, sino con tenacidad. Esa idea la acompañó mucho más allá de los libros de oración. Lo que no se cuenta tanto del ambiente de Zamora en aquellos años es que el padre de Marta, Alberto Sagú de la Parra, tenía vínculos con los círculos religiosos más conservadores y mejor conectados del país. Uno de esos
círculos era el que se formó alrededor de los legionarios de Cristo y de su movimiento laico, el Regnun Cristi. Antes incluso de que Marta entrara a la política, participó en las redes organizativas de ese movimiento en Celaya y en Guanajuato. Fue dentro de esa estructura donde manejó por primera vez responsabilidades financieras, organización de eventos, administración de recursos, coordinación de proyectos.
Una escuela temprana, aunque informal, de cómo circula el dinero dentro de una institución con poder real, pero sin el escrutinio de un órgano público. El nombre del fundador de los legionarios, Marcial Maciel, es hoy sinónimo de uno de los escándalos más oscuros de la Iglesia moderna. Durante décadas fue intocable.

Sus víctimas tardaron generaciones en ser escuchadas. Y cuando finalmente el Vaticano lo retiró de toda actividad pública antes de su muerte en 2008, el daño ya llevaba décadas multiplicándose. Guarda ese nombre. Vuelve al final. A los 18 años, Marta se casó con Manuel Briviesca Godoy, un veterinario de Celaya, varios años mayor que ella.
La boda fue en la iglesia como correspondía en Zamora en 1971 y lo que vino durante los siguientes 27 años ocurrió en privado, lejos de los periódicos y de las columnas políticas. Salió a la luz décadas después cuando Marta envió en 2003 una carta a la Sagrada Rota Romana, el tribunal eclesiástico del Vaticano, pidiendo la nulidad de ese matrimonio religioso.
En esa carta alegó violencia doméstica. dijo que había sufrido abusos físicos y emocionales durante casi tres décadas, que había callado por sus tres hijos, que había callado por el que dirán de un pueblo donde una mujer separada era una mujer marcada. La rota romana le concedió la nulidad en 2005.
[música] Ese documento enviado a Roma es el dato que explica lo que vino después con más claridad que cualquier análisis político. Una mujer que aguantó lo que no debería haber aguantado durante casi 30 años, que cuando encontró la salida la tomó sin dudar y que llegó a la política con algo que muy pocas personas que buscan el poder tienen la certeza de que no hay peor lugar que el de donde acaban de escapar.
Esa certeza es combustible. La pregunta es siempre hacia dónde se dirige. Tres hijos tuvo con el veterinario Manuel en 1972, Jorge Alberto 2 años después, Fernando en 1981. Los tres crecieron en Celaya viendo a una madre que sonreía en la calle y guardaba el dolor para dentro, que llevaba el apellido de un hombre que la lastimaba y aparecía en la misa del domingo como si todo estuviera bien.
Hay cosas que un niño aprende de eso, aunque nadie se las enseñe explícitamente. Cosas sobre la superficie y lo que hay debajo de ella. Cosas que después, cuando el poder llega se convierten en instinto. En 1988 Marta ingresó al partido Acción Nacional. En aquella época el PAN en Guanajuato era la oposición que solo los optimistas de largo plazo tomaban en serio.
En 1994 se postuló a la alcaldía de Celaya. Perdió. Fue una derrota sin escándalo, sin drama público, simplemente una candidatura que no llegó, pero la derrota la dejó dentro del partido y el partido la colocó en el círculo del hombre que estaba construyendo la posibilidad real de quebrar 70 años de dominio del PR.
Vicente Fax Quesada, gobernador de Guanajuato, alto, visible, con la capacidad de llenar auditorios con su sola presencia sin necesitar un guion preparado. En 1995, cuando Fax asumió el gobierno estatal, Marta entró al equipo de comunicación social. Los que trabajaron con ella en esa época la describen con las mismas palabras, metódica, obsesiva, inagotable.
Llegaba a las 7 de la mañana. Se iba después de la medianoche y siempre, en cualquier acto, en cualquier reunión, en cualquier sala donde estuviera Fox, Marta estaba a media distancia con los ojos puestos en él, anticipando lo que el gobernador iba a necesitar antes de que él mismo lo supiera.
El matrimonio de Marta con el veterinario se rompió formalmente en 1998. El divorcio civil llegó en el año 2000, casi al mismo tiempo que la campaña presidencial de Fax alcanzaba su punto más alto. Para entonces, Marta no era solo la vocera, era parte irreemplazable de la operación. El 2 de julio del año 2000, Fax ganó la presidencia.
71 años de dominio del PR terminaron en una noche de verano. México lo celebró. En León, Guanajuato, Lilian de la Concha, con quien Fax había estado casado 19 años y con quien había adoptado cuatro hijos, vio los resultados por televisión. Cinco días después de la elección, le dijo a un periodista que todavía tenía esperanzas de reconciliación.
No sabía que esa esperanza llevaba años muerta. El 29 de noviembre del año 2000, dos días antes de la toma de posesión, Fax nombró a Marta Sagun, coordinadora de comunicación social y vocera de la presidencia de la República. Era la primera vez que una mujer ocupaba ese cargo desde la residencia presidencial.
La prensa celebró. Nadie dijo en cadena nacional lo que muchos sabían, que la nueva vocera del presidente y el presidente eran pareja desde hacía años. Lo que siguió tiene varias versiones según quién lo cuenta, pero hay algo que ninguna versión disputa dentro de Los Pinos, el personal de alto nivel y los colaboradores cercanos comenzaron a usar un apodo que circulaba en los pasillos, pero nunca en los comunicados.
La jefa, no la primera dama con toda la carga decorativa que ese título implica en la historia mexicana. La jefa, con todo lo que esa palabra significa cuando la usan personas que saben dónde está el poder real. Hubo quienes lo vieron desde un ángulo que nadie mencionó en los noticieros de la época.

Los soldados del Estado Mayor Presidencial, los hombres entrenados para proteger la vida del presidente ante cualquier amenaza, observaban personas que llegaban sin el protocolo ordinario, personas que no pasaban por los filtros habituales, objetos que aparecían en los jardines sin que nadie pudiera explicar quién los había dejado.
Su trabajo era proteger al presidente de balas. No había protocolo escrito para lo que encontraban algunas mañanas entre los jardines de Los Pinos. y no tenían autoridad para cuestionarlo porque el permiso venía de la primera dama. Alfonso Durazo, secretario particular de Fox, presentó su renuncia en 2002. Su carta usó una expresión que nadie en ese momento quiso interpretar demasiado directamente.
Tentaciones dinásticas. Durazo no estaba describiendo la ambición política de una mujer, estaba describiendo algo más específico, una F. Amilia evaluando cuánto del aparato del estado podía absorber mientras el presidente miraba hacia otro lado o dejaba que miraran por él. Lo que sí se puede medir sin depender de testimonios es lo que documentó la Auditoría Superior de la Federación en sus informes oficiales.
Durante los 6 años del gobierno de FAX se detectaron irregularidades en el uso del dinero público por un total de 184,300 millones de pesos. Ese número no es una acusación de oposición, es el resultado de la revisión técnica que el Estado hace de sus propias cuentas. 184,300 millones. Para que no sea solo una cifra abstracta en el aire, es más que el presupuesto anual completo de toda la educación pública en México, en un solo sexenio y sin un solo culpable en prisión.
Fíjense en eso. Más del presupuesto completo de educación. En un gobierno que prometía el cambio democrático. Los hijos de Marta vieron ese cambio llegar a sus vidas de una manera que no habían anticipado. Manuel tenía 29 años cuando Fox asumió. Jorge Alberto 27. Fernando 19.
Los tres habían cargado el apellido de una familia de clase media en Celaya. El apellido de una madre que había perdido una alcaldía y luego fue desapareciendo de la vida cotidiana para ir a cambiar México. Y de un día para otro ese apellido valía diferente en el mundo. Las puertas que antes estaban cerradas se abrían.
Los teléfonos que nadie atendía ahora contestaban al primer tono. No aprendieron la diferencia entre lo que les pertenecía y lo que no. Nadie se los enseñó. Y el sistema que debía enseñarles esa diferencia era el mismo sistema que los estaba invitando a cruzar la línea. Jorge Alberto era el más sensible de los tres, según los relatos que circularon entre quienes conocieron de cerca a la familia en aquellos años.
Mientras su madre recorría actos de campaña y después pasillos presidenciales, él se quedó cuidando a su abuela durante los últimos años de la anciana. Semanas de cucharadas lentas, de vigilia nocturna, de una habitación en penumbra donde el tiempo pasaba distinto que afuera.
Esa experiencia lo marcó de una manera que el poder que llegó después no curó. A veces las heridas más profundas no son las que se ven. Manuel tomó otro camino, más directo, más visible, más cercano a la agresividad que al dolor silencioso. Fernando fue el más joven y el que encontró la ruta más institucional. Primero los negocios familiares, después un cargo de elección popular, después un nombramiento dentro del gobierno federal.
La trayectoria más ordenada de los tres y la que más duramente contradice el relato de que el escándalo terminó cuando Fox dejó Los Pinos. El primer aviso fue pequeño y doméstico. Junio de 2001, antes incluso de que el matrimonio civil entre Fax y Marta se formalizara dentro de la cabaña presidencial, las remodelaciones de las instalaciones presidenciales costaban 9 millones de pesos, cortinas eléctricas de 153,000 pesos, mobiliario e interiores por más de 4 millones y medio. No era el escándalo más grave de
la historia política de México. Era algo más revelador que cualquier escándalo. Era la señal de que en esa casa alguien ya no diferenciaba con claridad entre lo que era del Estado y lo que era propio. Ese pequeño gasto es el código genético de lo que venía después. Marta Sagun construyó su plataforma pública en la caridad.
Vamos, México se presentaba al país como una fundación dedicada a los más vulnerables. Giras a comunidades marginadas, discursos sobre niñez, salud y esperanza, cenas de gala con figuras del espectáculo donde el boleto para entrar costaba lo que un maestro rural ganaba en varios meses.
Y detrás de esa imagen, según señalamientos documentados en informes legislativos y en trabajos periodísticos publicados por editoriales serias, la fundación operaba con una lógica que tenía poco que ver con la caridad y mucho que ver con la arquitectura de una candidatura presidencial propia.
La periodista argentina Olga Bornat lo comprendió durante su primera entrevista con Marta dentro de Los Pinos. La primera dama le contó sin que nadie le preguntara directamente que la noche anterior había visto una película sobre Eva Perón, que se había sentido tan identificada con aquella mujer argentina que no había podido dormir.
Bornat, que era argentina y había cubierto Argentina toda su vida, se quedó muda. que esa confesión, dicha entre lágrimas en una sala privada de la residencia presidencial no era un detalle íntimo, era un programa de gobierno. Todo este canal existe para contar estas historias con los datos que otros no ponen completos.
Si lo que estás escuchando te mueve algo por dentro, quédate porque lo que viene a continuación es la parte que ningún video sobre esta familia ha desarrollado con sus cifras exactas. La Lotería Nacional era la caja histórica del Estado Mexicano, cuyos excedentes por ley debían regresar a la Tesorería de la Federación.
Lo que documentaron legisladores de varios partidos durante el foxismo es que una parte de esos excedentes no volvió al erario. Terminó en Transforma México, un fide comomiso que la Comisión de la Cámara de Diputados describió como una estructura irregular. Se habló primero de 110 millones de pesos, después de más de 200 millones.
Dinero que según las acusaciones fue canalizado hacia organizaciones y proyectos seleccionados con criterios que nunca se explicaron públicamente. En 2012 imprimieron 1,illón y medio de libros sobre prevención de adicciones con recursos de la Secretaría de Educación y la Secretaría de Salud, recursos del herario, recursos de los contribuyentes.
Pero los libros llegaron a las escuelas con el logo de Vamos México en lugar del logo de las dependencias que los habían financiado. El crédito público se convirtió en crédito privado para la primera dama. La caridad del estado se presentó al país como generosidad de una sola mujer. Los eventos de gala de la fundación eran elegantes.
Los vestidos que Marta usaba en las visitas a comunidades rurales costaban lo que nadie en esas comunidades podía permitirse ni en sueños. La periodista Anabel Hernández en su libro Fin de fiesta en Los Pinos, publicado en 2006 por una editorial de alcance nacional, documentó que el precio de acceso al círculo de la primera dama para empresarios que buscaban contratos del gobierno federal estaba entre el 10 y el 20% del valor del contrato.
Las joyas eran solo por poder entrar a la sala. Y entonces llegó el petróleo. El Instituto de Protección al Ahorro Bancario administraba los restos del desastre financiero de los años 90. Miles de propiedades embargadas, miles de hipotecas vencidas, casas de familias que firmaron créditos creyendo que podían pagarlos y que los perdieron cuando el sistema se derrumbó.
Ese patrimonio debía venderse para recuperar dinero público. Los precios debían ser razonables. El proceso debía ser transparente. Lo que documentó la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados, encabezada por el diputado Jesús González Esmal, fue diferente. Paquetes inmobiliarios que incluían más de 7700 viviendas con un valor contable de entre 1183 y 1327 millones de pesos.
[música] habrían sido adquiridos por montos que en algunos casos no superaban los 35,000ones de pesos, comprando por centavos lo que valía pesos. Y alrededor de esas operaciones, según los señalamientos de la comisión, aparecían nombres vinculados al entorno de los hijos de Marta y de empresarios de su círculo.
Más de 7,700 viviendas. No son activos de papel. Son casas donde alguna vez hubo familias, mesas de cocina, llaves en un cajón, fotografías de bodas en la pared. Las familias perdieron las casas. El estado administró los restos y alrededor de la administración de esos restos aparecieron nombres del entorno de la primera dama.
Pero el caso más documentado, el que tiene fechas, cifras verificables y hasta una confesión grabada es el de Oceanografía. Oceanografía era una empresa de servicios marítimos con sede en Veracruz. Rentaba embarcaciones a Pemex para trabajos en las plataformas del Golfo de México.
Durante 15 años fue una empresa sin peso ni relevancia. En abril del año 2000, la Secretaría de Hacienda inició un procedimiento de embargo. La empresa debía 21,130, 485 pesos al fisco. Iba a desaparecer. El 20 de abril de 2001. Alguien del gobierno de Fax ordenó cancelar ese procedimiento. La deuda no se pagó.
El embargo se levantó y a partir de ese mes Oceanografía comenzó a recibir contratos de Pemex que ninguna empresa de sus antecedentes debería haber obtenido en condiciones ordinarias. Entre 2002 y 2005 firmó 32 contratos con la paraestatal. Su capital social pasó de 1,500,000 pes a 126,000ones en menos de 4 años.
Una empresa que estaba a punto de quebrar multiplicó su capital por 83. La explicación la dio el propio Manuel Briviescas Agún en una entrevista grabada que el periodista Miguel Badillo publicó en la revista Contralínea en 2004. La cita es textual. Manuel dijo, “Te debo decir que sí.” Mi hermano Jorge y mi tío Guillermo, hermano de Marta, llamaron a Pemex para que le dieran un contrato a océanografía.
No lo dijo un enemigo político, no lo extrajo un periodista de investigación de un documento robado. Lo confesó el hijo mayor de la primera dama en una entrevista que él mismo concedió voluntariamente sin que nadie lo obligara. La comisión investigadora de la Cámara de Diputados estimó que los contratos de océanografía con Pemex durante esos años sumaron más de 6,000 millones de pesos.
Para que ese número no sea solo una cifra en el aire, el salario mensual de un maestro o de primaria en México en aquella época rondaba los 6000 pesos. 6000 millones de pesos eran un millón de salarios mensuales de maestro. Eran el presupuesto anual completo de un estado mediano de la República Mexicana. Se los llevó una empresa que 3 años antes debía 21 millones al SAT y no podía pagarlos.
Con tres llamadas telefónicas. y con el apellido correcto. Y ahora llega la parte que ningún video sobre Marta Sagun te ha dado con sus cifras completas. La parte que convierte esta historia de un escándalo de sexenio en algo completamente diferente. El primero de diciembre de 2006, Felipe Calderón asumió la presidencia de México.
Fox y Marta abandonaron los pinos. El país se exhaló creyendo que el saqueo había terminado con el sexenio. No había terminado. Calderón llegó al poder bajo la promesa de ser distinto. Su gabinete de seguridad fue su apuesta más visible y para encabezar ese gabinete, nombró secretario de seguridad pública al hombre que había dirigido la Agencia Federal de Investigación durante el gobierno de Fox.
un hombre que conocía todos los archivos, todas las redes, todas las conexiones del sexenio anterior. Se llamaba Genaro García Luna. Dentro de ese contexto de supuesta ruptura con el foxismo, los expedientes abiertos contra los Briviesca por la comisión de la Cámara de Diputados no avanzaron. La comisión había emitido su dictamen en enero de 2006 con cuatro palabras textuales registradas en los archivos públicos de la Cámara, si hubo tráfico de influencias.
El dictamen señalaba tráfico de influencias, uso de información privilegiada, dudoso origen de los recursos económicos y delitos fiscales contra los tres hijos de Marta. Fox respondió pidiendo disculpas públicas para sus hijastros. Calderón no abrió investigaciones penales. El expediente fue a dormir y el apellido Briviesca siguió cobrando.
Entre 2011 y 2014, según datos documentados por el académico José Antonio Ordóñez del Tecnológico de Monterrey y publicados por medios mexicanos serios, una empresa vinculada al entorno briviesca recibió 3,576 millones de pesos del herario federal. No del gobierno de Fox, ya en su rancho de Guanajuato, del gobierno de Enrique Peña Nieto, del PR, del partido al que Fox y Marta habían derrotado en el año 2000.
Da un partido que se suponía que iba a investigar los excesos del foxismo, 3,576 millones de pesos bajo el gobierno de Peña Nieto. 7 años después de que Marta dejó Los Pinos. 7 años después de que la comisión de la Cámara emitió su dictamen. 7 años después de que la Auditoría Superior documentó 184,000 millones en irregularidades.
Y al mismo tiempo algo que vale la pena decir con claridad, porque la mayoría de los relatos sobre esta familia nunca lo incluyen con precisión. Fernando Briviesca Agún, el hijo menor de Marta, el que tenía 19 años cuando su madre entró a Los Pinos, fue electo diputado federal por el partido Nueva Alianza entre 2012 y 2015 y después fue nombrado delegado federal de la Secretaría de Educación Pública en Guanajuato, cargo federal con sueldo del herario durante el gobierno de Peña Nieto. el hijo menor de la primera dama
más investigada del foxismo, funcionario del gobierno que debía investigar al foxismo. Al mismo tiempo que el dinero del herario llegaba a empresas vinculadas al entorno familiar, al mismo tiempo que su hermano mayor cumplía condena en California. Eso no es un accidente de la política mexicana. Es una estructura que aprendió a reproducirse sin el poder original que la creó.
Para entender por qué nadie pudo detenerla dentro de México, hay que entender lo que le pasó a quienes lo intentaron. Olga Bornat era periodista argentina con 40 años de oficio. Había cubierto dictaduras, había sobrevivido a clandestinidades, sabía lo que eran las amenazas de un poder que se siente acorralado. Lo que no esperaba era que el entorno de la primera dama de un gobierno formalmente democrático respondiera de esa manera a un trabajo periodístico.
Su libro La jefa, se publicó en 2003. documentaba los negocios de los Briviesca, el alcance real de las decisiones de Marta, las tensiones dentro del círculo presidencial. Fue un éxito de ventas. La respuesta fue una demanda por daño moral presentada el 28 de abril de 2005 y desde ese día, según el propio testimonio de Bornat documentado en entrevistas a Milenio, Proceso y sin embargo, su vida cotidiana cambió de una manera que no se parece a ningún litigio civil ordinario.
Intervención de teléfonos, cartas sin remitente, paquetes que llegaban sin nombre de quien los enviaba y finalmente algo que la obligó a buscar protección de reporteros sin fronteras durante seis semanas entre mayo y junio de 2005. La sentencia inicial la condenaba a pagar 144,000 € a la familia Saagú.

Peleó en tribunales hasta que esa sentencia fue anulada años después. fue exonerada, pero para 2011 las presiones habían crecido al punto de que abandonó México. Hoy vive en Buenos Aires. Lleva más de 15 años fuera del país que cubrió durante una década y en todo ese tiempo ni un solo proceso penal se abrió en México contra ningún miembro de la familia Sagun.
Cuando el sistema que debería investigar te protege en cambio y cuando el sistema que debería detenerte en el vecino del norte solo puede tocarte con una multa de $10,000, el resultado es predecible. El apellido aprende que puede sobrevivir. 12 de diciembre de 2012, el regreso al punto de partida.
Manuel Briviescas firmó su acuerdo de culpabilidad ante el juez John a Houston en el distrito sur de California. 3 años de libertad condicional, multa de $10,000 sin prisión efectiva, sin esposas frente a las cámaras, pero con un papel que decía culpable y que ningún amparo en México podía borrar.
No fue la caída definitiva, no fue la condena que el tamaño de lo documentado habría merecido, pero fue la única vez que alguien de esa familia salió de un juzgado con una sentencia que usaba esa palabra. La pieza más oscura de esta historia llegó después. En 2019, las autoridades financieras de Estados Unidos seguían el rastro de las cuentas bancarias de Genaro García Luna.
El ex secretario de Seguridad Pública de Calderón tenía 7 millones de dólares en bancos extranjeros. Un funcionario con un sueldo declarado de $4,000 al mes. 7 millones dó. En febrero de 2023, un jurado federal en Nueva York lo declaró culpable de cinco delitos relacionados con narcotráfico y colaboración con el cártel de Sinaloa.
La sentencia fue de más de 30 años. Es el funcionario mexicano de más alto rango condenado por colaborar con un cártel en toda la historia. Cuando los investigadores rastrearon el origen específico de algunas de esas cuentas, encontraron algo que Infobae, sin embargo, y otros medios mexicanos publicaron a lo largo de 2020 con base en documentos del expediente judicial.
Una de las cuentas vinculadas al caso de García Luna estaba asociada al nombre de uno de los hijos de Marta Sagú. El nombre específico del hijo no fue publicado en todos los reportes por razones legales. Esa parte del expediente sigue parcialmente sellada, pero la conexión existe en registros que son documentos de una corte federal de Estados Unidos.
García Luna construyó su red durante el sexenio Fox cuando dirigía la Agencia Federal de Investigación y dentro de esa red, según lo que los documentos de su caso han permitido ver hasta ahora, había al menos un nombre del entorno de la primera dama de ese sexenio. El hombre con la cartera de narcotráfico documentada más grave de la historia reciente del gobierno mexicano tenía vínculos financieros con la familia de la primera dama del presidente anterior.
No era un rumor de columna política, era un expediente sellado en un tribunal federal. García Luna cumple condena en una prisión federal de Estados Unidos. El apellido Sagun Riviesca sigue libre en México. Enero de 2020, Santiago Nieto, al frente de la Unidad de Inteligencia Financiera del Gobierno de López Obrador anunció que se revisaban flujos financieros vinculados a los legionarios de Cristo.
Y ahí vuelve el nombre que pedí guardar al principio, Marcial Messiel. En 2017, los paradas papers, la filtración de documentos sobre estructuras financieras en territorios de baja fiscalización identificaron fondos de la órbita legionaria en Luxemburgo, Panamá y Jersey. Entre esas estructuras apareció el geographical Funds señalado con cerca de 39 millones de dólares vinculados a la organización.
Cuando la UIF comenzó a revisar esos flujos en 2020, el nombre de Marta Sagun apareció en el perímetro de la investigación, no como acusada formal en una denuncia penal, como nombre que el sistema financiero colocaba dentro del universo que se estaba revisando. Es el mismo patrón que define toda esta historia desde el principio.
Los nombres aparecen, los expedientes se abren, la información que los conecta permanece parcialmente sellada y las consecuencias formales en México nunca terminan de llegar. Vuelvo al documento con el que empezamos. La sala del Tribunal Federal del Distrito Sur de California. 12 de diciembre de 2012.
Manuel Briviescas Agún de pie ante el juez John a Houston. Ese papel fue la única parte que una justicia logró tocar con nombre y consecuencia formal. Todo lo demás existen documentos públicos que nadie consulta porque nadie está en prisión. Los 6,000 millones de océanografía, los 3576 millones bajo Peña Nieto, los 184,300 millones documentados por la Auditoría Superior, la conexión con las cuentas de GA, Garcia Cía Luna, los flujos revisados por la UIF, todo está en expedientes.
Ninguno tiene un culpable en prisión en México. Hoy Manuel Briviescaú tiene restaurantes en León, Guanajuato. La cadena se llama La vaca argentina. En marzo de 2022 reapareció públicamente como dirigente de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera de León.
Marta estuvo a su lado en la ceremonia. Fernando, el hijo menor, trabaja en consultorías privadas después de su paso por la Cámara y por la Secretaría de Educación Pública. Jorge Alberto vive entre México y Estados Unidos. Vicente Fax tiene 83 años. En una entrevista reciente dijo que fue un buen presidente, que Marta fue una gran primera dama y que los que dicen lo contrario son los enemigos políticos.
En esa misma entrevista, cuando alguien le preguntó por Marta, miró un punto fijo y se quedó en silencio unos segundos, como si tratara de recordar algo que no terminaba de encontrar. Marta Sagun tiene 73 años. Vive en el rancho San Cristóbal en San Francisco del Rincón, Guanajuato.
El mismo rancho que durante 19 años fue el hogar de Lilian de la Concha. Cuando algún periodista logra acercársele, responde siempre lo mismo. Mis hijos son inocentes. Sin procesamiento penal en México, sin un solo día en un juzgado en su país, respondiendo por los 184,000 millones. Len de la Concha murió el primero de julio de 2020 a los 68 años.
Murió de cáncer en Guanajuato, cuidada por Ana Cristina, su hija mayor. La misma que de niña había intentado entregarle una carta a su padre. Cuando Lilian murió, Ana Cristina escribió una sola frase en sus redes sociales. Por lo menos ya no siente más dolor. Olga Bornat sigue en Buenos Aires. Lleva 15 años fuera. En 2023 su libro fue reeditado.
Cuando le preguntan por Marta Sagun, responde con tres palabras, la devoró la ambición. Hay apellidos que se construyen en la intimidad del poder y se derrumban cuando ese poder se va. Y hay apellidos que aprenden algo diferente, que si el sistema no te lleva a la cárcel cuando eres joven y poderoso, probablemente no lo hará cuando seas viejo y estés retirado.
Que los expedientes duermen y el dinero sigue llegando. Que la impunidad no es un estado excepcional de la política mexicana, es una estructura y como toda estructura se hereda. El apellido Saagú no fue la excepción a esa regla, fue el manual. Y mientras el país sigue esperando que alguien explique 184,300 millones de pesos en un juzgado y no en un artículo de opinión, hay otro apellido cuya historia de poder acumulado y consecuencias negadas conecta directamente con lo que acabas
de escuchar. Una historia que empezó antes y que todavía no terminó. Ese video ya está disponible en este canal. M.
Marta Sahagún: El Saqueo que Fox, Calderón y Peña Nunca Quisieron Juzgar – YouTube
Transcripts:
12 de diciembre de 2012. Sala del Tribunal Federal del Distrito Sur de California. Un hombre de 40 años espera de pie frente al juez John a Houston. Va a decir dos palabras. Dos palabras que ninguna llamada telefónica a un funcionario, ningún amparo, ningún acuerdo político firmado detrás de puertas cerradas en México pudo evitar que llegaran hasta ese momento.
El hombre se llama Manuel Briviesca Saagú. Es el hijo mayor de la mujer que durante 6 años tomó las decisiones más importantes dentro de la residencia oficial del presidente de México. Culpable. Ese papel firmado en San Diego aquel diciembre no era el final de una historia. Era la única parte de la historia que una corte extranjera logró tocar.
Porque mientras ese papel se firmaba, el apellido Sagun seguía operando en México. No desde Los Pinos, ya cerrado 6 años atrás. desde contratos del herario, desde cargos de gobierno, desde estructuras que nadie había desmantelado porque nadie había sido procesado. En este video vas a descubrir cuatro cosas que los relatos convencionales sobre Marta Sagun no te han dado con sus cifras completas.
Primero, como el apellido que construyó su poder bajo FAX siguió cobrando 3,576 millones de pesos del herario durante el gobierno de Peña Nieto, el presidente del partido al que Fax había derrotado y que se suponía que iba a investigar los excesos del foxismo. Segundo, como uno de los hijos de Marta ocupó un cargo como funcionario federal mientras su hermano cumplía condena en Estados Unidos.
Tercero, ¿cuál es la conexión entre el entorno Sagun Briiesca y las cuentas de Genaro García Luna, el hombre con la condena por narcotráfico más grave que haya recibido un exfuncionario mexicano de alto rango? Y cuarto, el número que la Auditoría Superior de la Federación documentó como irregularidades en el sexenio de Fox y que ningún video sobre esta familia te ha explicado completo.
184,300 millones de pesos. No lo dijo un enemigo político, lo dijo el órgano del Estado encargado de revisar las propias cuentas del gobierno. Ese es el punto de partida. Para entender cómo una familia llega a ese punto, hay que ir al principio. Y el principio de Marta María Sagú Jiménez está en Zamora, Michoacán, 10 de abril de 1953.
Zamora es una ciudad de catedral inacabada, de campanarios que se ven desde cualquier punto del valle, de familias donde la reputación vale más que el dinero y donde el apellido de una mujer depende del apellido del hombre con quien se case. En ese mundo nació Marta. Su padre, Alberto Saagún de la Parra era médico.
Su madre, Ana Teresa Jiménez, administraba el hogar. Las hermanas teresianas la educaron con una devoción por Santa Teresa de Jesús, esa monja española del siglo X que describió la vida interior como un combate que se gana no con fuerza, sino con tenacidad. Esa idea la acompañó mucho más allá de los libros de oración. Lo que no se cuenta tanto del ambiente de Zamora en aquellos años es que el padre de Marta, Alberto Sagú de la Parra, tenía vínculos con los círculos religiosos más conservadores y mejor conectados del país. Uno de esos
círculos era el que se formó alrededor de los legionarios de Cristo y de su movimiento laico, el Regnun Cristi. Antes incluso de que Marta entrara a la política, participó en las redes organizativas de ese movimiento en Celaya y en Guanajuato. Fue dentro de esa estructura donde manejó por primera vez responsabilidades financieras, organización de eventos, administración de recursos, coordinación de proyectos.
Una escuela temprana, aunque informal, de cómo circula el dinero dentro de una institución con poder real, pero sin el escrutinio de un órgano público. El nombre del fundador de los legionarios, Marcial Maciel, es hoy sinónimo de uno de los escándalos más oscuros de la Iglesia moderna. Durante décadas fue intocable.
Sus víctimas tardaron generaciones en ser escuchadas. Y cuando finalmente el Vaticano lo retiró de toda actividad pública antes de su muerte en 2008, el daño ya llevaba décadas multiplicándose. Guarda ese nombre. Vuelve al final. A los 18 años, Marta se casó con Manuel Briviesca Godoy, un veterinario de Celaya, varios años mayor que ella.
La boda fue en la iglesia como correspondía en Zamora en 1971 y lo que vino durante los siguientes 27 años ocurrió en privado, lejos de los periódicos y de las columnas políticas. Salió a la luz décadas después cuando Marta envió en 2003 una carta a la Sagrada Rota Romana, el tribunal eclesiástico del Vaticano, pidiendo la nulidad de ese matrimonio religioso.
En esa carta alegó violencia doméstica. dijo que había sufrido abusos físicos y emocionales durante casi tres décadas, que había callado por sus tres hijos, que había callado por el que dirán de un pueblo donde una mujer separada era una mujer marcada. La rota romana le concedió la nulidad en 2005.
[música] Ese documento enviado a Roma es el dato que explica lo que vino después con más claridad que cualquier análisis político. Una mujer que aguantó lo que no debería haber aguantado durante casi 30 años, que cuando encontró la salida la tomó sin dudar y que llegó a la política con algo que muy pocas personas que buscan el poder tienen la certeza de que no hay peor lugar que el de donde acaban de escapar.
Esa certeza es combustible. La pregunta es siempre hacia dónde se dirige. Tres hijos tuvo con el veterinario Manuel en 1972, Jorge Alberto 2 años después, Fernando en 1981. Los tres crecieron en Celaya viendo a una madre que sonreía en la calle y guardaba el dolor para dentro, que llevaba el apellido de un hombre que la lastimaba y aparecía en la misa del domingo como si todo estuviera bien.
Hay cosas que un niño aprende de eso, aunque nadie se las enseñe explícitamente. Cosas sobre la superficie y lo que hay debajo de ella. Cosas que después, cuando el poder llega se convierten en instinto. En 1988 Marta ingresó al partido Acción Nacional. En aquella época el PAN en Guanajuato era la oposición que solo los optimistas de largo plazo tomaban en serio.
En 1994 se postuló a la alcaldía de Celaya. Perdió. Fue una derrota sin escándalo, sin drama público, simplemente una candidatura que no llegó, pero la derrota la dejó dentro del partido y el partido la colocó en el círculo del hombre que estaba construyendo la posibilidad real de quebrar 70 años de dominio del PR.
Vicente Fax Quesada, gobernador de Guanajuato, alto, visible, con la capacidad de llenar auditorios con su sola presencia sin necesitar un guion preparado. En 1995, cuando Fax asumió el gobierno estatal, Marta entró al equipo de comunicación social. Los que trabajaron con ella en esa época la describen con las mismas palabras, metódica, obsesiva, inagotable.
Llegaba a las 7 de la mañana. Se iba después de la medianoche y siempre, en cualquier acto, en cualquier reunión, en cualquier sala donde estuviera Fox, Marta estaba a media distancia con los ojos puestos en él, anticipando lo que el gobernador iba a necesitar antes de que él mismo lo supiera.
El matrimonio de Marta con el veterinario se rompió formalmente en 1998. El divorcio civil llegó en el año 2000, casi al mismo tiempo que la campaña presidencial de Fax alcanzaba su punto más alto. Para entonces, Marta no era solo la vocera, era parte irreemplazable de la operación. El 2 de julio del año 2000, Fax ganó la presidencia.
71 años de dominio del PR terminaron en una noche de verano. México lo celebró. En León, Guanajuato, Lilian de la Concha, con quien Fax había estado casado 19 años y con quien había adoptado cuatro hijos, vio los resultados por televisión. Cinco días después de la elección, le dijo a un periodista que todavía tenía esperanzas de reconciliación.
No sabía que esa esperanza llevaba años muerta. El 29 de noviembre del año 2000, dos días antes de la toma de posesión, Fax nombró a Marta Sagun, coordinadora de comunicación social y vocera de la presidencia de la República. Era la primera vez que una mujer ocupaba ese cargo desde la residencia presidencial.
La prensa celebró. Nadie dijo en cadena nacional lo que muchos sabían, que la nueva vocera del presidente y el presidente eran pareja desde hacía años. Lo que siguió tiene varias versiones según quién lo cuenta, pero hay algo que ninguna versión disputa dentro de Los Pinos, el personal de alto nivel y los colaboradores cercanos comenzaron a usar un apodo que circulaba en los pasillos, pero nunca en los comunicados.
La jefa, no la primera dama con toda la carga decorativa que ese título implica en la historia mexicana. La jefa, con todo lo que esa palabra significa cuando la usan personas que saben dónde está el poder real. Hubo quienes lo vieron desde un ángulo que nadie mencionó en los noticieros de la época.
Los soldados del Estado Mayor Presidencial, los hombres entrenados para proteger la vida del presidente ante cualquier amenaza, observaban personas que llegaban sin el protocolo ordinario, personas que no pasaban por los filtros habituales, objetos que aparecían en los jardines sin que nadie pudiera explicar quién los había dejado.
Su trabajo era proteger al presidente de balas. No había protocolo escrito para lo que encontraban algunas mañanas entre los jardines de Los Pinos. y no tenían autoridad para cuestionarlo porque el permiso venía de la primera dama. Alfonso Durazo, secretario particular de Fox, presentó su renuncia en 2002. Su carta usó una expresión que nadie en ese momento quiso interpretar demasiado directamente.
Tentaciones dinásticas. Durazo no estaba describiendo la ambición política de una mujer, estaba describiendo algo más específico, una F. Amilia evaluando cuánto del aparato del estado podía absorber mientras el presidente miraba hacia otro lado o dejaba que miraran por él. Lo que sí se puede medir sin depender de testimonios es lo que documentó la Auditoría Superior de la Federación en sus informes oficiales.
Durante los 6 años del gobierno de FAX se detectaron irregularidades en el uso del dinero público por un total de 184,300 millones de pesos. Ese número no es una acusación de oposición, es el resultado de la revisión técnica que el Estado hace de sus propias cuentas. 184,300 millones. Para que no sea solo una cifra abstracta en el aire, es más que el presupuesto anual completo de toda la educación pública en México, en un solo sexenio y sin un solo culpable en prisión.
Fíjense en eso. Más del presupuesto completo de educación. En un gobierno que prometía el cambio democrático. Los hijos de Marta vieron ese cambio llegar a sus vidas de una manera que no habían anticipado. Manuel tenía 29 años cuando Fox asumió. Jorge Alberto 27. Fernando 19.
Los tres habían cargado el apellido de una familia de clase media en Celaya. El apellido de una madre que había perdido una alcaldía y luego fue desapareciendo de la vida cotidiana para ir a cambiar México. Y de un día para otro ese apellido valía diferente en el mundo. Las puertas que antes estaban cerradas se abrían.
Los teléfonos que nadie atendía ahora contestaban al primer tono. No aprendieron la diferencia entre lo que les pertenecía y lo que no. Nadie se los enseñó. Y el sistema que debía enseñarles esa diferencia era el mismo sistema que los estaba invitando a cruzar la línea. Jorge Alberto era el más sensible de los tres, según los relatos que circularon entre quienes conocieron de cerca a la familia en aquellos años.
Mientras su madre recorría actos de campaña y después pasillos presidenciales, él se quedó cuidando a su abuela durante los últimos años de la anciana. Semanas de cucharadas lentas, de vigilia nocturna, de una habitación en penumbra donde el tiempo pasaba distinto que afuera.
Esa experiencia lo marcó de una manera que el poder que llegó después no curó. A veces las heridas más profundas no son las que se ven. Manuel tomó otro camino, más directo, más visible, más cercano a la agresividad que al dolor silencioso. Fernando fue el más joven y el que encontró la ruta más institucional. Primero los negocios familiares, después un cargo de elección popular, después un nombramiento dentro del gobierno federal.
La trayectoria más ordenada de los tres y la que más duramente contradice el relato de que el escándalo terminó cuando Fox dejó Los Pinos. El primer aviso fue pequeño y doméstico. Junio de 2001, antes incluso de que el matrimonio civil entre Fax y Marta se formalizara dentro de la cabaña presidencial, las remodelaciones de las instalaciones presidenciales costaban 9 millones de pesos, cortinas eléctricas de 153,000 pesos, mobiliario e interiores por más de 4 millones y medio. No era el escándalo más grave de
la historia política de México. Era algo más revelador que cualquier escándalo. Era la señal de que en esa casa alguien ya no diferenciaba con claridad entre lo que era del Estado y lo que era propio. Ese pequeño gasto es el código genético de lo que venía después. Marta Sagun construyó su plataforma pública en la caridad.
Vamos, México se presentaba al país como una fundación dedicada a los más vulnerables. Giras a comunidades marginadas, discursos sobre niñez, salud y esperanza, cenas de gala con figuras del espectáculo donde el boleto para entrar costaba lo que un maestro rural ganaba en varios meses.
Y detrás de esa imagen, según señalamientos documentados en informes legislativos y en trabajos periodísticos publicados por editoriales serias, la fundación operaba con una lógica que tenía poco que ver con la caridad y mucho que ver con la arquitectura de una candidatura presidencial propia.
La periodista argentina Olga Bornat lo comprendió durante su primera entrevista con Marta dentro de Los Pinos. La primera dama le contó sin que nadie le preguntara directamente que la noche anterior había visto una película sobre Eva Perón, que se había sentido tan identificada con aquella mujer argentina que no había podido dormir.
Bornat, que era argentina y había cubierto Argentina toda su vida, se quedó muda. que esa confesión, dicha entre lágrimas en una sala privada de la residencia presidencial no era un detalle íntimo, era un programa de gobierno. Todo este canal existe para contar estas historias con los datos que otros no ponen completos.
Si lo que estás escuchando te mueve algo por dentro, quédate porque lo que viene a continuación es la parte que ningún video sobre esta familia ha desarrollado con sus cifras exactas. La Lotería Nacional era la caja histórica del Estado Mexicano, cuyos excedentes por ley debían regresar a la Tesorería de la Federación.
Lo que documentaron legisladores de varios partidos durante el foxismo es que una parte de esos excedentes no volvió al erario. Terminó en Transforma México, un fide comomiso que la Comisión de la Cámara de Diputados describió como una estructura irregular. Se habló primero de 110 millones de pesos, después de más de 200 millones.
Dinero que según las acusaciones fue canalizado hacia organizaciones y proyectos seleccionados con criterios que nunca se explicaron públicamente. En 2012 imprimieron 1,illón y medio de libros sobre prevención de adicciones con recursos de la Secretaría de Educación y la Secretaría de Salud, recursos del herario, recursos de los contribuyentes.
Pero los libros llegaron a las escuelas con el logo de Vamos México en lugar del logo de las dependencias que los habían financiado. El crédito público se convirtió en crédito privado para la primera dama. La caridad del estado se presentó al país como generosidad de una sola mujer. Los eventos de gala de la fundación eran elegantes.
Los vestidos que Marta usaba en las visitas a comunidades rurales costaban lo que nadie en esas comunidades podía permitirse ni en sueños. La periodista Anabel Hernández en su libro Fin de fiesta en Los Pinos, publicado en 2006 por una editorial de alcance nacional, documentó que el precio de acceso al círculo de la primera dama para empresarios que buscaban contratos del gobierno federal estaba entre el 10 y el 20% del valor del contrato.
Las joyas eran solo por poder entrar a la sala. Y entonces llegó el petróleo. El Instituto de Protección al Ahorro Bancario administraba los restos del desastre financiero de los años 90. Miles de propiedades embargadas, miles de hipotecas vencidas, casas de familias que firmaron créditos creyendo que podían pagarlos y que los perdieron cuando el sistema se derrumbó.
Ese patrimonio debía venderse para recuperar dinero público. Los precios debían ser razonables. El proceso debía ser transparente. Lo que documentó la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados, encabezada por el diputado Jesús González Esmal, fue diferente. Paquetes inmobiliarios que incluían más de 7700 viviendas con un valor contable de entre 1183 y 1327 millones de pesos.
[música] habrían sido adquiridos por montos que en algunos casos no superaban los 35,000ones de pesos, comprando por centavos lo que valía pesos. Y alrededor de esas operaciones, según los señalamientos de la comisión, aparecían nombres vinculados al entorno de los hijos de Marta y de empresarios de su círculo.
Más de 7,700 viviendas. No son activos de papel. Son casas donde alguna vez hubo familias, mesas de cocina, llaves en un cajón, fotografías de bodas en la pared. Las familias perdieron las casas. El estado administró los restos y alrededor de la administración de esos restos aparecieron nombres del entorno de la primera dama.
Pero el caso más documentado, el que tiene fechas, cifras verificables y hasta una confesión grabada es el de Oceanografía. Oceanografía era una empresa de servicios marítimos con sede en Veracruz. Rentaba embarcaciones a Pemex para trabajos en las plataformas del Golfo de México.
Durante 15 años fue una empresa sin peso ni relevancia. En abril del año 2000, la Secretaría de Hacienda inició un procedimiento de embargo. La empresa debía 21,130, 485 pesos al fisco. Iba a desaparecer. El 20 de abril de 2001. Alguien del gobierno de Fax ordenó cancelar ese procedimiento. La deuda no se pagó.
El embargo se levantó y a partir de ese mes Oceanografía comenzó a recibir contratos de Pemex que ninguna empresa de sus antecedentes debería haber obtenido en condiciones ordinarias. Entre 2002 y 2005 firmó 32 contratos con la paraestatal. Su capital social pasó de 1,500,000 pes a 126,000ones en menos de 4 años.
Una empresa que estaba a punto de quebrar multiplicó su capital por 83. La explicación la dio el propio Manuel Briviescas Agún en una entrevista grabada que el periodista Miguel Badillo publicó en la revista Contralínea en 2004. La cita es textual. Manuel dijo, “Te debo decir que sí.” Mi hermano Jorge y mi tío Guillermo, hermano de Marta, llamaron a Pemex para que le dieran un contrato a océanografía.
No lo dijo un enemigo político, no lo extrajo un periodista de investigación de un documento robado. Lo confesó el hijo mayor de la primera dama en una entrevista que él mismo concedió voluntariamente sin que nadie lo obligara. La comisión investigadora de la Cámara de Diputados estimó que los contratos de océanografía con Pemex durante esos años sumaron más de 6,000 millones de pesos.
Para que ese número no sea solo una cifra en el aire, el salario mensual de un maestro o de primaria en México en aquella época rondaba los 6000 pesos. 6000 millones de pesos eran un millón de salarios mensuales de maestro. Eran el presupuesto anual completo de un estado mediano de la República Mexicana. Se los llevó una empresa que 3 años antes debía 21 millones al SAT y no podía pagarlos.
Con tres llamadas telefónicas. y con el apellido correcto. Y ahora llega la parte que ningún video sobre Marta Sagun te ha dado con sus cifras completas. La parte que convierte esta historia de un escándalo de sexenio en algo completamente diferente. El primero de diciembre de 2006, Felipe Calderón asumió la presidencia de México.
Fox y Marta abandonaron los pinos. El país se exhaló creyendo que el saqueo había terminado con el sexenio. No había terminado. Calderón llegó al poder bajo la promesa de ser distinto. Su gabinete de seguridad fue su apuesta más visible y para encabezar ese gabinete, nombró secretario de seguridad pública al hombre que había dirigido la Agencia Federal de Investigación durante el gobierno de Fox.
un hombre que conocía todos los archivos, todas las redes, todas las conexiones del sexenio anterior. Se llamaba Genaro García Luna. Dentro de ese contexto de supuesta ruptura con el foxismo, los expedientes abiertos contra los Briviesca por la comisión de la Cámara de Diputados no avanzaron. La comisión había emitido su dictamen en enero de 2006 con cuatro palabras textuales registradas en los archivos públicos de la Cámara, si hubo tráfico de influencias.
El dictamen señalaba tráfico de influencias, uso de información privilegiada, dudoso origen de los recursos económicos y delitos fiscales contra los tres hijos de Marta. Fox respondió pidiendo disculpas públicas para sus hijastros. Calderón no abrió investigaciones penales. El expediente fue a dormir y el apellido Briviesca siguió cobrando.
Entre 2011 y 2014, según datos documentados por el académico José Antonio Ordóñez del Tecnológico de Monterrey y publicados por medios mexicanos serios, una empresa vinculada al entorno briviesca recibió 3,576 millones de pesos del herario federal. No del gobierno de Fox, ya en su rancho de Guanajuato, del gobierno de Enrique Peña Nieto, del PR, del partido al que Fox y Marta habían derrotado en el año 2000.
Da un partido que se suponía que iba a investigar los excesos del foxismo, 3,576 millones de pesos bajo el gobierno de Peña Nieto. 7 años después de que Marta dejó Los Pinos. 7 años después de que la comisión de la Cámara emitió su dictamen. 7 años después de que la Auditoría Superior documentó 184,000 millones en irregularidades.
Y al mismo tiempo algo que vale la pena decir con claridad, porque la mayoría de los relatos sobre esta familia nunca lo incluyen con precisión. Fernando Briviesca Agún, el hijo menor de Marta, el que tenía 19 años cuando su madre entró a Los Pinos, fue electo diputado federal por el partido Nueva Alianza entre 2012 y 2015 y después fue nombrado delegado federal de la Secretaría de Educación Pública en Guanajuato, cargo federal con sueldo del herario durante el gobierno de Peña Nieto. el hijo menor de la primera dama
más investigada del foxismo, funcionario del gobierno que debía investigar al foxismo. Al mismo tiempo que el dinero del herario llegaba a empresas vinculadas al entorno familiar, al mismo tiempo que su hermano mayor cumplía condena en California. Eso no es un accidente de la política mexicana. Es una estructura que aprendió a reproducirse sin el poder original que la creó.
Para entender por qué nadie pudo detenerla dentro de México, hay que entender lo que le pasó a quienes lo intentaron. Olga Bornat era periodista argentina con 40 años de oficio. Había cubierto dictaduras, había sobrevivido a clandestinidades, sabía lo que eran las amenazas de un poder que se siente acorralado. Lo que no esperaba era que el entorno de la primera dama de un gobierno formalmente democrático respondiera de esa manera a un trabajo periodístico.
Su libro La jefa, se publicó en 2003. documentaba los negocios de los Briviesca, el alcance real de las decisiones de Marta, las tensiones dentro del círculo presidencial. Fue un éxito de ventas. La respuesta fue una demanda por daño moral presentada el 28 de abril de 2005 y desde ese día, según el propio testimonio de Bornat documentado en entrevistas a Milenio, Proceso y sin embargo, su vida cotidiana cambió de una manera que no se parece a ningún litigio civil ordinario.
Intervención de teléfonos, cartas sin remitente, paquetes que llegaban sin nombre de quien los enviaba y finalmente algo que la obligó a buscar protección de reporteros sin fronteras durante seis semanas entre mayo y junio de 2005. La sentencia inicial la condenaba a pagar 144,000 € a la familia Saagú.
Peleó en tribunales hasta que esa sentencia fue anulada años después. fue exonerada, pero para 2011 las presiones habían crecido al punto de que abandonó México. Hoy vive en Buenos Aires. Lleva más de 15 años fuera del país que cubrió durante una década y en todo ese tiempo ni un solo proceso penal se abrió en México contra ningún miembro de la familia Sagun.
Cuando el sistema que debería investigar te protege en cambio y cuando el sistema que debería detenerte en el vecino del norte solo puede tocarte con una multa de $10,000, el resultado es predecible. El apellido aprende que puede sobrevivir. 12 de diciembre de 2012, el regreso al punto de partida.
Manuel Briviescas firmó su acuerdo de culpabilidad ante el juez John a Houston en el distrito sur de California. 3 años de libertad condicional, multa de $10,000 sin prisión efectiva, sin esposas frente a las cámaras, pero con un papel que decía culpable y que ningún amparo en México podía borrar.
No fue la caída definitiva, no fue la condena que el tamaño de lo documentado habría merecido, pero fue la única vez que alguien de esa familia salió de un juzgado con una sentencia que usaba esa palabra. La pieza más oscura de esta historia llegó después. En 2019, las autoridades financieras de Estados Unidos seguían el rastro de las cuentas bancarias de Genaro García Luna.
El ex secretario de Seguridad Pública de Calderón tenía 7 millones de dólares en bancos extranjeros. Un funcionario con un sueldo declarado de $4,000 al mes. 7 millones dó. En febrero de 2023, un jurado federal en Nueva York lo declaró culpable de cinco delitos relacionados con narcotráfico y colaboración con el cártel de Sinaloa.
La sentencia fue de más de 30 años. Es el funcionario mexicano de más alto rango condenado por colaborar con un cártel en toda la historia. Cuando los investigadores rastrearon el origen específico de algunas de esas cuentas, encontraron algo que Infobae, sin embargo, y otros medios mexicanos publicaron a lo largo de 2020 con base en documentos del expediente judicial.
Una de las cuentas vinculadas al caso de García Luna estaba asociada al nombre de uno de los hijos de Marta Sagú. El nombre específico del hijo no fue publicado en todos los reportes por razones legales. Esa parte del expediente sigue parcialmente sellada, pero la conexión existe en registros que son documentos de una corte federal de Estados Unidos.
García Luna construyó su red durante el sexenio Fox cuando dirigía la Agencia Federal de Investigación y dentro de esa red, según lo que los documentos de su caso han permitido ver hasta ahora, había al menos un nombre del entorno de la primera dama de ese sexenio. El hombre con la cartera de narcotráfico documentada más grave de la historia reciente del gobierno mexicano tenía vínculos financieros con la familia de la primera dama del presidente anterior.
No era un rumor de columna política, era un expediente sellado en un tribunal federal. García Luna cumple condena en una prisión federal de Estados Unidos. El apellido Sagun Riviesca sigue libre en México. Enero de 2020, Santiago Nieto, al frente de la Unidad de Inteligencia Financiera del Gobierno de López Obrador anunció que se revisaban flujos financieros vinculados a los legionarios de Cristo.
Y ahí vuelve el nombre que pedí guardar al principio, Marcial Messiel. En 2017, los paradas papers, la filtración de documentos sobre estructuras financieras en territorios de baja fiscalización identificaron fondos de la órbita legionaria en Luxemburgo, Panamá y Jersey. Entre esas estructuras apareció el geographical Funds señalado con cerca de 39 millones de dólares vinculados a la organización.
Cuando la UIF comenzó a revisar esos flujos en 2020, el nombre de Marta Sagun apareció en el perímetro de la investigación, no como acusada formal en una denuncia penal, como nombre que el sistema financiero colocaba dentro del universo que se estaba revisando. Es el mismo patrón que define toda esta historia desde el principio.
Los nombres aparecen, los expedientes se abren, la información que los conecta permanece parcialmente sellada y las consecuencias formales en México nunca terminan de llegar. Vuelvo al documento con el que empezamos. La sala del Tribunal Federal del Distrito Sur de California. 12 de diciembre de 2012.
Manuel Briviescas Agún de pie ante el juez John a Houston. Ese papel fue la única parte que una justicia logró tocar con nombre y consecuencia formal. Todo lo demás existen documentos públicos que nadie consulta porque nadie está en prisión. Los 6,000 millones de océanografía, los 3576 millones bajo Peña Nieto, los 184,300 millones documentados por la Auditoría Superior, la conexión con las cuentas de GA, Garcia Cía Luna, los flujos revisados por la UIF, todo está en expedientes.
Ninguno tiene un culpable en prisión en México. Hoy Manuel Briviescaú tiene restaurantes en León, Guanajuato. La cadena se llama La vaca argentina. En marzo de 2022 reapareció públicamente como dirigente de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera de León.
Marta estuvo a su lado en la ceremonia. Fernando, el hijo menor, trabaja en consultorías privadas después de su paso por la Cámara y por la Secretaría de Educación Pública. Jorge Alberto vive entre México y Estados Unidos. Vicente Fax tiene 83 años. En una entrevista reciente dijo que fue un buen presidente, que Marta fue una gran primera dama y que los que dicen lo contrario son los enemigos políticos.
En esa misma entrevista, cuando alguien le preguntó por Marta, miró un punto fijo y se quedó en silencio unos segundos, como si tratara de recordar algo que no terminaba de encontrar. Marta Sagun tiene 73 años. Vive en el rancho San Cristóbal en San Francisco del Rincón, Guanajuato.
El mismo rancho que durante 19 años fue el hogar de Lilian de la Concha. Cuando algún periodista logra acercársele, responde siempre lo mismo. Mis hijos son inocentes. Sin procesamiento penal en México, sin un solo día en un juzgado en su país, respondiendo por los 184,000 millones. Len de la Concha murió el primero de julio de 2020 a los 68 años.
Murió de cáncer en Guanajuato, cuidada por Ana Cristina, su hija mayor. La misma que de niña había intentado entregarle una carta a su padre. Cuando Lilian murió, Ana Cristina escribió una sola frase en sus redes sociales. Por lo menos ya no siente más dolor. Olga Bornat sigue en Buenos Aires. Lleva 15 años fuera. En 2023 su libro fue reeditado.
Cuando le preguntan por Marta Sagun, responde con tres palabras, la devoró la ambición. Hay apellidos que se construyen en la intimidad del poder y se derrumban cuando ese poder se va. Y hay apellidos que aprenden algo diferente, que si el sistema no te lleva a la cárcel cuando eres joven y poderoso, probablemente no lo hará cuando seas viejo y estés retirado.
Que los expedientes duermen y el dinero sigue llegando. Que la impunidad no es un estado excepcional de la política mexicana, es una estructura y como toda estructura se hereda. El apellido Saagú no fue la excepción a esa regla, fue el manual. Y mientras el país sigue esperando que alguien explique 184,300 millones de pesos en un juzgado y no en un artículo de opinión, hay otro apellido cuya historia de poder acumulado y consecuencias negadas conecta directamente con lo que acabas
de escuchar. Una historia que empezó antes y que todavía no terminó. Ese video ya está disponible en este canal. M.