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El AUDIO censurado que salvó antes de morir | El SECRETO de Carlos Ruiz de la Tejera

Parte 1

El monólogo que debía hacer reír a millones fue asesinado antes de nacer, dentro de una cabina oscura del ICRT, por un hombre que ni siquiera entendía por qué le temblaba la mano.

La Habana dormía con ese cansancio pegajoso de las noches donde el calor se quedaba atrapado en las paredes. En el edificio de la televisión, las luces frías hacían que todos parecieran enfermos. Un funcionario de camisa sudada miraba el monitor. Allí estaba Carlos Ruiz de la Tejera, con su pelo largo, su boca inmensa, sus ojos capaces de convertir una pausa en una acusación. Acababa de grabar un texto de Enrique del Risco: una plegaria burlona, tierna y venenosa dedicada a Héctor Zumbado, el maestro que había enseñado a decir verdades con una carcajada.

El técnico preguntó en voz baja:

—¿Lo mandamos al aire?

El funcionario no respondió enseguida. Miró hacia la puerta cerrada, como si detrás estuviera respirando todo el Comité Central. Luego acercó el dedo al panel.

—Eso no sale.

—Pero ya está anunciado.

—Entonces que anuncien otra cosa.

En algún apartamento de La Habana, Enrique del Risco había reunido a su familia frente al televisor. Había llamado a amigos, a vecinos, a cualquiera que pudiera entender lo que significaba que Carlos, el gran Carlos, dijera un texto suyo en televisión nacional. Pero pasaron los minutos, apareció un monólogo viejo, después otro, luego una escena repetida. Su texto nunca llegó.

El teléfono sonó tarde, cuando ya la casa estaba en silencio.

—Enrique —dijo una voz ronca, bajita, avergonzada.

Del Risco reconoció al instante aquella respiración pesada, aquella tristeza escondida detrás de la elegancia.

—Carlos…

—Lo cortaron.

Nadie gritó. Nadie maldijo. Eso fue lo peor. La censura en Cuba no siempre entraba rompiendo puertas; a veces hablaba como una disculpa de madrugada.

—No fue tu culpa —dijo Enrique.

—Pero era mi voz.

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