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El imperio roto de la “Maestra”: La crónica del millonario saqueo a la educación pública y la trágica caída de Elba Esther Gordillo

a las 18:09 horas, un jet Cessna Citation 560 con matrícula XA-UEF tocó tierra en el Aeropuerto Internacional de Toluca procedente de San Diego, California. Durante casi un cuarto de siglo, esa aeronave no había sido solo un medio de transporte, sino el símbolo andante de un poder absoluto, el carruaje privado de una mujer que no se desplazaba por el mundo como una servidora de la educación, sino con los despliegues de una auténtica emperatriz. Sin embargo, aquella tarde el protocolo se rompió por completo. No la esperaban chóferes sumisos, alfombras rojas ni funcionarios públicos inclinando la cabeza con temor reverencial; la aguardaba un fuerte contingente de marinos, agentes federales y una orden de aprehensión. Elba Esther Gordillo Morales, la mujer que con un solo movimiento de dedos hacía temblar a presidentes, gobernadores y secretarios de Estado, bajó la escalerilla para encontrarse de frente con la realidad: la inmensa maquinaria del Estado, la misma que ella había aprendido a dominar con maestría, ahora venía a cobrarle las cuentas.

La detención de la “Maestra” no respondía a un simple diferendo político de la época, sino al desmantelamiento de una de las redes de corrupción y desvío de recursos más escandalosas en la historia moderna de América Latina. De acuerdo con las investigaciones oficiales presentadas por la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y la entonces Procuraduría General de la República (PGR), entre los años 2008 y 2012 se detectó un desvío sistemático de aproximadamente 2,000 millones de pesos provenientes de las cuentas del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Aquellas no eran partidas presupuestales perdidas o errores de contabilidad administrativa. Era el dinero de las cuotas de más de un millón de profesores, muchos de ellos mal pagados, que terminó financiando un estilo de vida insultante. Mientras en las comunidades más marginadas de estados como Chiapas, Oaxaca y Guerrero los maestros rurales caminaban horas para dar clases en aulas con techos de lámina rotos, pizarrones inservibles y escuelas sin agua potable, el dinero de sus aportaciones sindicales viajaba a un universo paralelo de mansiones en Coronado Cays, tratamientos estéticos en clínicas exclusivas de California y cuentas secretas en el extranjero.

Para comprender la magnitud de

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