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JULIO URÍAS: CONFESÓ LA ASQUEROSIDAD QUE LE HIZO A SU ESPOSA

Se casaron en una ceremonia privada de 40 invitados en una casa alquilada de Malibu en octubre de 2022. Compraron juntos una casa de tres niveles en enino, en el valle de San Fernando por $2,400,000. Empezaron a hablar de tener hijos. La madre Lupita viajó tres veces a Los Ángeles durante el primer año de matrimonio para visitarlos.

Y aquí entra el segundo caramelo de esta historia, porque Daisy Pérez llevaba puesta el día de su boda, debajo del vestido blanco, una cadena delgada de oro con una placa pequeña grabada. La placa tenía escrito un nombre, el nombre del único hijo que la pareja planeaba tener algún día. Un nombre que Daisy y Julio habían elegido juntos durante una cena en Malibú dos meses antes de la boda.

Un nombre que solo ellos dos sabían. Esa cadena de oro con la placa grabada iba a aparecer otra vez 5 años después. Rota, caída en el cemento del estacionamiento subterráneo del BMO Stadium, a 3 m del cuerpo de Daisy, tirada en el suelo. Pero esa noche todavía está a años de distancia. Lo que pasó primero fue otra cosa, algo que la familia de Daisy en Mazatlán empezó a notar a los pocos meses de la boda.

Algo que la madre Lupita intentó hablar con su hija dos veces por teléfono durante el invierno de 2018, algo que Daisy negó las dos veces. Aquí es donde llegamos a la primera vez que Julio Urías le pegó a su esposa en territorio estadounidense la primera vez que quedó documentada por la policía que existió un reporte oficial firmado por un oficial del LAPD, que la MLB tuvo que abrir un expediente disciplinario contra el lanzador mexicano que había cerrado la Serie Mundial.

Mayo de 2019, centro comercial Beverly Center en West Hollywood, Los Ángeles. Un mes después del séptimo aniversario del primer mensaje de texto entre los dos. Julio Urías, 22 años, recién consolidado en la rotación de los Dodgers, caminaba por el estacionamiento subterráneo del centro comercial con su esposa Daisy. Habían discutido durante la cena en uno de los restaurantes de la planta alta.

La discusión se prolongó mientras caminaban hacia el coche. Lo que pasó después dentro del estacionamiento subterráneo del Beverly Center quedó documentado por dos testigos civiles que estaban estacionando su propio coche a 15 m de distancia. Los testigos llamaron al 06. La policía de Los Ángeles llegó en menos de 7 minutos.

Encontraron a Daisy Pérez de pie junto al coche con marcas visibles en el cuello y en uno de los brazos. Encontraron a Julio Uría sentado dentro del auto sin querer salir. Los oficiales hablaron primero con Daisy, después con Julio. El reporte oficial del incidente firmado por el oficial Robert Sandoval del Lapd esa misma noche describe lo siguiente.

Discusión verbal escalada a contacto físico. La víctima presenta marcas compatibles con su gestión forzada. El sospechoso admite haber agarrado a la víctima del brazo con fuerza. No hay denuncia formal de la víctima en el momento. Julio Urías fue arrestado bajo sospecha de violencia doméstica. Pasó una noche en una celda del LAAPD.

Fue liberado al día siguiente bajo fianza. La MLB lo investigó, lo suspendió 20 juegos y aquí viene la parte que casi nadie recuerda en México. La Fiscalía de la Ciudad de Los Ángeles decidió no procesarlo penalmente. ¿Con qué condición? Con una condición específica que el propio Urías aceptó por escrito ante el juez. 52 semanas de terapia antiviolencia doméstica.

Un programa intensivo, una sesión semanal, una terapeuta especializada en agresores, tareas, cuaderno de seguimiento, confrontación grupal con otros hombres acusados de lo mismo, un año entero. Si Julio completaba las 52 semanas, el cargo quedaba archivado y no aparecía en su historial penal. Julio Urías completó las 52 semanas.

Aquí aparece el tercer caramelo de esta historia, lo que Julio le contó a esa terapeuta durante las 52 sesiones semanales de 2019 a 2020, lo que escribió de su puño y letra en el cuaderno de seguimiento que la terapeuta le entregaba cada semana. Lo que confesó frente a otros tres hombres en las sesiones grupales del condado es información que la propia terapeuta tiene archivada hoy en mayo de 2026 en un consultorio del West Side de Los Ángeles bajo confidencialidad médico paciente.

El cuaderno tiene tapa azul oscuro, 52 páginas con la letra apretada de Julio Urías. Lo guardó la terapeuta dentro de un archivero metálico de su consultorio bajo llave. durante 4 años hasta que en septiembre de 2023, después del segundo arresto, la Fiscalía del Condado de Los Ángeles, durante la preparación del segundo caso, solicitó acceso al expediente clínico bajo orden judicial para evaluar el patrón de conducta del acusado y lo que esa solicitud judicial reveló al equipo legal de la fiscalía, lo que ningún medio deportivo mexicano contó durante

las semanas posteriores al segundo arresto. Fueron tres patrones de conducta específicos que la terapeuta de 2019 había identificado claramente en Julio Urías y había anotado en el cuaderno azul oscuro. Aquí es donde se revela por primera vez por qué Julio Urías le pegaba a su esposa. El primer patrón, inseguridad física profunda.

El tumor del párpado izquierdo, las ocho cirugías de infancia, las burlas de los niños de la primaria de Culiacán se traducían en el adulto Julio Urías, en una sensibilidad extrema a sentirse menos delante de su esposa. Si Daisy lo veía en momentos de debilidad, si lo escuchaba llorar antes de un partido importante, si le mostraba lástima por alguna razón.

Julio reaccionaba con rabia retroactiva, no en el momento, después cuando estaban solos en casa, cuando nadie podía verlo. La terapeuta describió ese mecanismo en el cuaderno azul oscuro como reacción diferida de vergüenza traducida en violencia controlada hacia la única testigo. El segundo patrón, alcohol y oxicodona. Julio Urías, según anotaba la terapeuta semana tras semana en el cuaderno de seguimiento, tenía un patrón de consumo de alcohol que se intensificaba durante los días de descanso entre apertura y apertura. Cuatro o cinco días sin lanzar

significaban cuatro o cinco noches de bares de West Hollywood. Pero había algo más, algo que Julio le confesó a la terapeuta en la sesión número 32 en febrero de 2020 y que ella anotó con tinta roja en la página correspondiente del cuaderno azul oscuro. Oxicodona. Julio Urías llevaba tomando oxicodona desde la cirugía del hombro izquierdo en 2017.

Le habían recetado el opioide para el dolor postoperatorio durante 3 semanas. Tres semanas. se convirtieron en seis, seis se convirtieron en 12, 12 se convirtieron en una dependencia silenciosa que el médico de los Dodgers nunca le retiró oficialmente. Y para finales de 2018, según le confesó Julio a la terapeuta del programa antiviolencia, tomaba pastillas de oxicodona casi diariamente, antes de los partidos, después de los partidos, durante las discusiones con Daisy.

La combinación de oxicodona y alcohol, la terapeuta lo anotó en el cuaderno con letra subrayada, era el detonante químico de los episodios de violencia hacia su esposa. El tercer patrón y este es el más oscuro de los tres celos retrospectivos. Nu e Daisy Pérez, antes de conocer a Julio Urías, había tenido una relación seria de 3 años con otro hombre, un mexicano también de Culiacán, también del entorno del béisbol profesional.

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