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“Te Doy $1M Si Me Curas”, Se Burló El Millonario… Hasta Que El Niño Lo Tocó y Ocurrió Lo Imposible

…Alejandro giró la cabeza hacia el gran espejo veneciano del dormitorio. Vio su rostro: antes arrogante, ahora hundido; antes bronceado por yates y viajes, ahora gris. Y detrás de él vio a su familia: uno esperando heredar, otra resistiendo llorar, una esposa calculando, un médico cobrando.

Aquello no era una casa.

Era una subasta.

—Fuera —ordenó.

—Papá…

—He dicho fuera.

Todos salieron menos Inés, que se quedó un segundo junto a la puerta.

—Papá, mañana viene una mujer del barrio de San Blas. Dice que su hijo…

—No quiero curanderos.

—No es un curandero. Es un niño.

Alejandro soltó una risa amarga.

—¿Un niño?

—Mamá decía que a veces Dios habla por quien nadie escucha.

El rostro de Alejandro se endureció al oír mencionar a su primera esposa, Teresa, muerta hacía diez años.

—Tu madre también creía que yo tenía alma. Y se equivocó.

Inés bajó la mirada.

—Quizá todavía no es tarde.

Alejandro sonrió con crueldad.

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