Esta mañana del martes 26 de mayo de 2026, la historia política y económica de México experimentó un sismo cuyas réplicas apenas comienzan a sentirse. Omar García Harfuch se paró frente a los micrófonos y pronunció en voz alta lo que millones de mexicanos siempre sospecharon, pero que ninguna autoridad institucional se había atrevido a confirmar en tres décadas. Con documentos verificables en la mano, el funcionario declaró de manera tajante que la devastadora crisis económica de 1994 no fue un accidente de mercado, no fue un “error de diciembre” y mucho menos una falla de política económica ejecutada de buena fe. Fue, en sus propias palabras, un saqueo organizado con nombres, apellidos, cargos identificables y una elaborada arquitectura financiera que dejó huellas imborrables en los archivos del propio sistema.

Si en tu mesa familiar alguna vez se habló de aquel trágico diciembre del 94; si viste a tus padres perder el negocio que construyeron con el esfuerzo de toda una vida; si tu familia tuvo que malbaratar su casa, o si algún ser querido se vio obligado a cruzar la frontera porque el peso perdió la mitad de su valor de la noche a la mañana, esta información te pertenece. Lo que se ha revelado hoy no es historia muerta ni un análisis político distante. Es la respuesta exacta y documentada de por qué tu familia sufrió lo que sufrió, una explicación que ha esperado 30 años en las sombras y que hoy, por fin, sale a la luz sin especulaciones, sustentada en la implacable frialdad del papel oficial.
El Pecado Original: Una Presidencia Nacida de las Sombras
Para comprender la magnitud de lo que se encontró en esta “caja negra” y por qué es crucial desmenuzarlo hoy, es necesario viajar al origen del sexenio que cambió a México. En diciembre de 1988, Carlos Salinas de Gortari asumió la presidencia arrastrando una deuda de legitimidad inmensa. La noche del 6 de julio de ese año, el país entero fue testigo de cómo los sistemas de cómputo de la Comisión Federal Electoral, que mostraban una clara ventaja para Cuauhtémoc Cárdenas, “se cayeron” misteriosamente. Al volver a funcionar, Salinas lideraba los resultados. Las boletas de aquella elección jamás fueron auditadas y años después terminaron incineradas, sellando el fraude en cenizas.
Un presidente que llega al poder bajo una nube de sospecha tan densa solo tiene dos caminos: gobernar con tal excelencia que el pueblo olvide la traición, o gobernar para los poderes fácticos que lo impusieron, creando una gigantesca ilusión mediática para distraer a las masas. Salinas optó por lo segundo. El famoso programa “Solidaridad” fue la fachada perfecta. Se vendió al mundo como un modelo ejemplar de desarrollo social, inaugurando escuelas y pavimentando calles bajo los reflectores de las cámaras. Sin embargo, detrás de la filantropía estatal, operaba una maquinaria de control electoral absoluto. El dinero no llegaba a donde más se necesitaba, sino a donde más convenía políticamente, castigando a las comunidades que se atrevían a votar por la oposición. Fue un espectáculo brillante que ocultaba lo que realmente ocurría en los sótanos del poder.
La Fábrica de Multimillonarios: El Caso Telmex
Mientras el mundo aplaudía el espejismo del “milagro salinista”, en las cúpulas del sistema se cocinaba una transferencia de riqueza sin precedentes. En 1988, México tenía únicamente a un multimillonario en la famosa lista de Forbes. Seis años después, en 1994, al terminar el sexenio, la cifra había explotado a 24 magnates de talla mundial. ¿Cómo se fabrican 23 multimillonarios en tan solo seis años en un país con millones de pobres? Los documentos presentados por García Harfuch comienzan a arrojar luz sobre esta magia negra financiera.
El ejemplo más claro del modus operandi fue la privatización de Teléfonos de México (Telmex) en 1990. Antes de vender la empresa de telecomunicaciones más grande de América Latina, el gobierno se encargó de sanearla por completo. Se absorbieron sus deudas y se le dejó impecable, todo ello pagado, peso a peso, con el dinero de los impuestos de los mexicanos. En otras palabras, el pueblo pagó para remodelar la casa que el gobierno iba a vender a un consorcio privado encabezado por Carlos Slim.
Pero el negocio del siglo no fue el precio de venta en sí, sino las condiciones regulatorias. Telmex fue entregado con una garantía de monopolio exclusiva en telefonía local por años. La ecuación era redonda y letal para los ciudadanos: los compradores adquirieron la empresa con dinero prestado, operaron sin competencia cobrando tarifas altísimas a los mexicanos y, con esas ganancias exorbitantes garantizadas por el Estado, pagaron sus deudas y se quedaron con un imperio. Todo esto fue pactado en reuniones a puertas cerradas, muy lejos del libre mercado que tanto pregonaban.
El Doble Saqueo: De la Privatización al Fobaproa
La avaricia no se detuvo en las telecomunicaciones. Entre 1990 y 1992, el gobierno privatizó 18 bancos que llevaban una década siendo propiedad de la nación. Fueron vendidos a compradores que, en su gran mayoría, no tenían la más mínima experiencia financiera. Su único gran mérito y requisito era la lealtad política al presidente. Para comprarlos, estos nuevos “banqueros” pidieron préstamos usando como garantía los propios activos de los bancos que estaban comprando; una práctica completamente temeraria que en cualquier país con regulaciones serias habría sido un delito instantáneo.
Cuando estalló la crisis en diciembre de 1994 y las tasas de interés se dispararon, estos bancos administrados por amateurs leales colapsaron. ¿Y quién pagó la cuenta? Todos nosotros. A través del Fobaproa, el gobierno convirtió la inmensa deuda privada de estos banqueros irresponsables en deuda pública. Es decir, los mexicanos que acababan de perder sus casas y ahorros por la crisis, tuvieron que pagar con sus impuestos el rescate de los multimillonarios que quebraron el sistema. Hoy, a través del IPAB, esa deuda ronda los 900,000 millones de pesos. Generaciones que aún no nacían en el 94 están hoy pagando mes a mes la fiesta privada del salinismo. Es, como bien se señaló, un doble saqueo histórico.
La Traición de Diciembre: La Reunión Nocturna
Quizás la revelación más dolorosa de la mañana se centra en la noche del 19 de diciembre de 1994. Horas antes de que el gobierno de Ernesto Zedillo anunciara al país que el peso se devaluaría, el entonces Secretario de Hacienda, Jaime Serra Puche, convocó en absoluto sigilo a un grupo muy selecto de empresarios. No hubo prensa, no hubo comunicados. En esa reunión en oficinas gubernamentales, se les avisó el desastre inminente.
Tener esa información horas antes que el resto del país valía miles de millones. Quienes asistieron a esa reunión usaron esas valiosas horas de la madrugada para comprar dólares y proteger sus deudas, blindando por completo sus fortunas. A la mañana siguiente, el 20 de diciembre, mientras millones de familias mexicanas despertaban con la mitad de su patrimonio destruido y sin saber qué hacer, estas élites amanecieron con sus cuentas en dólares, más ricos y seguros que nunca. En cualquier país desarrollado, este uso de información privilegiada habría significado la cárcel inmediata para todos los involucrados. En el México de los 90, fue simplemente otro negocio entre amigos.
Sangre y Dinero: El Misterio de la Partida Secreta
La conferencia cerró con un tema que hiela la sangre. Durante el sexenio de Salinas, existió una “partida secreta” presidencial de 854 millones de pesos; una caja chica gigantesca que el presidente podía gastar a su absoluta discreción sin rendir cuentas, sin facturas y sin auditorías. Los documentos desclasificados muestran un patrón aterrador en el uso de estos fondos.
Se detectaron salidas masivas e injustificadas de dinero en las semanas previas a dos de los días más oscuros de nuestra historia: el 23 de marzo de 1994, cuando fue asesinado en Tijuana el candidato presidencial priista Luis Donaldo Colosio, y el 28 de septiembre del mismo año, cuando fue acribillado José Francisco Ruiz Massieu, secretario general del PRI y ex cuñado de Salinas. García Harfuch fue cuidadoso al no emitir sentencias condenatorias directas sobre la autoría intelectual, pero fue fulminante al decir que estas inyecciones de dinero clandestino previas a los magnicidios “tienen que explicarse ante las autoridades competentes”.
