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La Niña Que TRAICIONÓ a Che Guevara Por 10 Mil Pesos — 60 Años Después CONFIESA Por Qué Lo HIZO

 

En ese momento nadie sabía que María Elena, acostada en su cama de hospital a los 79 años había llamado a un periodista para revelar algo que había ocultado durante 60 años. Me queda poco tiempo y no puedo irme sin decir la verdad. Yo maté a Cheegevara, no con una bala, sino con mis palabras. Sus manos arrugadas sostienen una foto amarillenta de 1967.

Es la última foto tomada de ella antes de cometer el acto que la perseguiría hasta su último aliento. La foto muestra a una joven campesina de 19 años, con trenzas largas y ojos asustados, parada frente a una pequeña casa de adobe en la higuera, Bolivia. Esa mañana de octubre, María Elena tomó una decisión que cambiaría la historia de América Latina para siempre, pero lo más impactante era que ella no actuó por odio ni por dinero, lo que la llevó a traicionar al revolucionario más famoso del mundo.

 Fue algo mucho más humano, mucho más doloroso. Y ahora, desde su cama de hospital, con los pulmones fallando y el corazón débil, María Elena finalmente va a contar toda la verdad. Octubre de 2024. Hospital San Juan de Dios, La Paz, Bolivia. El periodista argentino Tomás Sandoval recibe una llamada a las 3 de la madrugada.

 Es de una enfermera del hospital. Señor Sandoval, hay una paciente aquí que dice que tiene información sobre Cheegevara. Dice que usted es el único que puede contar su historia correctamente. Tomás había pasado 15 años investigando los últimos días del Che en Bolivia. Había entrevistado a soldados, campesinos, testigos, pero nunca, en todos esos años había escuchado de María Elena González.

Cuando llegó al hospital dos horas después encontró a una mujer frágil conectada a tubos de oxígeno, pero sus ojos sus ojos tenían una claridad penetrante. “Usted escribió sobre el che”, dijo ella con voz débil pero firme. Escribió que fue capturado por casualidad, que los soldados tuvieron suerte. “Pero eso es mentira.

 No fue suerte. Fui yo. Yo le dije al parque ejército exactamente donde estaba. Tomás sintió que el aire abandonaba sus pulmones. Durante décadas, historiadores habían debatido como el ejército boliviano había localizado al Che en la quebrada del yuro. Y ahora esta anciana moribunda estaba confesando que ella había sido la de la Tora.La Niña Que TRAICIONÓ a Che Guevara Por 10 Mil Pesos — 60 Años Después  CONFIESA Por Qué Lo HIZO - YouTube

 Para entender por qué María Elena hizo lo que hizo, primero hay que conocer quién era ella en 1967. María Elena había nacido en la higuera en 1948, hija de campesinos pobres que apenas sobrevivían cultivando papa y maíz en las tierras áridas del sur de Bolivia. A los 19 años, María Elena ya había visto más sufrimiento del que cualquier persona debería ver en toda una vida.

 Su padre había muerto dos años antes por una infección que podría haberse curado con antibióticos simples, pero en la higuera no había médico, no había farmacia, no había nada. Su madre estaba enferma de tuberculosis, tosiendo sangre cada noche. Y María Elena tenía tres hermanos menores que alimentar. La pobreza en la higuera no era solo falta de dinero, era falta de todo, falta de esperanza, falta de futuro, falta de dignidad.

 Los campesinos trabajaban de sol a sol y apenas podían comer una vez al día. Los niños morían de enfermedades curables, las mujeres parían en el suelo de tierra de sus casas y el gobierno, ese gobierno lejano en La Paz, no hacía nada, absolutamente nada. En septiembre de 1967 comenzaron a llegar rumores extraños a la higuera.

 Guerrilleros extranjeros estaban escondidos en las montañas. Hombres barbudos con armas que hablaban de revolución, de cambiar Bolivia, de dar tierra a los campesinos. Al principio, María Elena sintió curiosidad. ¿Quiénes eran esos hombres? ¿Por qué habían venido a estas tierras olvidadas? Pero luego llegó el ejército. Cientos de soldados ocuparon la higuera y los pueblos cercanos.

El comandante reunió a todos los campesinos en la plaza del pueblo. “Esos guerrilleros son terroristas comunistas”, dijo con voz amenazante. “Quieren destruir Bolivia. Si alguien los ayuda, si alguien les da comida o agua, será considerado cómplice y los cómplices serán ejecutados junto con los terroristas.

” María Elena vio el miedo en los ojos de su madre, en los ojos de sus vecinos. El ejército no estaba bromeando. Ya habían matado a tres campesinos en pueblos cercanos, acusándolos de colaborar con los guerrilleros. Pero todavía no sabes lo que está por venir, porque lo que sucedió en los siguientes días cambiaría todo para María Elena, algo que la obligaría a tomar la decisión más terrible de su vida.

 6 de octubre de 1967. María Elena estaba recogiendo leñas cerca de la quebrada del yuro cuando escuchó voces. Se escondió detrás de unas rocas, su corazón latiendo tan fuerte que pensó que la iban a escuchar. Eran dos hombres con uniformes rasgados y sucios. Uno de ellos estaba herido, cojeaba.

 Pero lo que llamó la atención de María Elena fue que uno de los hombres tenía una boina negra y llevaba un rifle. Hablaban en voz baja, pero ella podía escuchar fragmentos. Ernesto, no podemos seguir. Necesitamos encontrar agua. El otro hombre, el que estaba herido, respondió, solo un poco más. Tiene que haber una quebrada cerca. María Elena reconoció inmediatamente el acento extranjero.

Estos eran los guerrilleros de los que hablaba el ejército. Se quedó paralizada detrás de las rocas, sin atreverse a moverse. Los dos hombres descansaron unos minutos. Luego continuaron caminando hacia lo más profundo de la quebrada. Cuando María Elena finalmente pudo moverse, corrió de regreso a su casa. Su mente era un torbellino.

Había visto a los guerrilleros, sabía exactamente dónde estaban escondidos y ahora tenía que decidir qué hacer con esa información. Esa noche, María Elena no pudo dormir. Se quedó despierta mirando el techo de paja de su casa, escuchando la tos terrible de su madre en la habitación contigua. Su hermano menor, Pedrito, de solo 8 años, tenía fiebre alta. No habían comido nada.

 ese día, excepto un poco de maíz hervido. María Elena pensaba en los guerrilleros. Eran terroristas, como decía el ejército, o eran revolucionarios que querían ayudar a los pobres como ella. No lo sabía. Pero sabía algo más. Sabía que el ejército había ofrecido una recompensa. 10,000 pesos bolivianos para quien diera información sobre la ubicación de los guerrilleros.

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