Posted in

“I wish I had been born here,” Polish volleyball player cries over the gesture of a Colombian girl

OJALÁ HUBIERA NACIDO AQUÍ

Inspirado en el material proporcionado por el usuario.

La noche en que decidí abandonar el voleibol, una niña colombiana apareció con una bandera de Polonia cosida a mano y me hizo llorar delante de todo un coliseo.

Pero antes de eso, antes de que yo entendiera lo que significa ser aplaudida aun cuando pierdes, hubo una derrota tan vergonzosa que todavía hoy, cuando cierro los ojos, puedo escuchar el golpe seco del balón contra el suelo.

Fue en Medellín.

El marcador brillaba sobre nuestras cabezas como una sentencia: Colombia 25, Polonia 22. Tercer set. Partido perdido. Torneo perdido. Dignidad perdida.

Yo estaba de rodillas en la cancha, con las manos apoyadas sobre el piso brillante del Coliseo Iván de Bedout. Sentía el sudor bajándome por la nuca, la respiración rota, los muslos ardiendo, el corazón golpeando como si quisiera salirse de mi pecho y huir antes que yo.

Miles de personas gritaban.

Amarillo, azul y rojo por todas partes.

Banderas colombianas. Rostros pintados. Niños saltando. Gente abrazándose. Música. Aplausos. Una fiesta.

Para ellas.

Para nosotras no.

Nosotras éramos las visitantes humilladas, las europeas que habían llegado con fama de fuertes y terminaban saliendo por la puerta pequeña, aplastadas en cada partido como si alguien hubiera decidido recordarnos que el orgullo también se rompe.

Yo había fallado.

No una vez.

Muchas.

Un bloqueo tardío. Un remate sin dirección. Una pelota que pude salvar y no salvé. Una mirada de mi entrenadora que me dolió más que cualquier golpe. Mis compañeras evitaban mirarme, quizá por rabia, quizá por piedad. No sé qué duele más.

Mientras el público celebraba, yo escuché dentro de mi cabeza una frase simple, brutal:

“Ya no sirves para esto.”

Read More