¿El pacto oculto del cine de oro? La desgarradora historia de la diva que rechazó al galán más codiciado, se divorció dos veces del mismo hombre y terminó viviendo un calvario de seis años, viendo morir lentamente al único y prohibido amor de su vida que nunca le pudo dar el apellido.
La Vida de Marga López: Encontró El Amor A Los 40 Y Lo Vio Morir Durante 6 Años
Eso es aparte, ¿no? Punto y aparte porque era una forma tan maravillosa. El 4 de julio de 2005, en un hospital de Ciudad de México, una mujer de 81 años murió de arritmia cardíaca. Su nombre Marga López. Y cuando la noticia se dio a conocer, miles lloraron porque Marga no era solo actriz, era leyenda de la época de oro del cine mexicano.
Era la Argentina que se enamoró de México y México la amó de vuelta. Era la mujer que trabajó con Pedro Infante, con Tin Tan, con Luis Buñuel. Era la actriz más nominada al Ariel. Con siete nominaciones ganó dos. Pero sobre todo era la mujer que amó a Arturo de Córdoba durante 9 años, los últimos seis, viéndolo morir lentamente de enfermedad y que nunca pudo casarse con él porque no le dieron el divorcio.
Y su vida fue de película, literalmente. Nació en Argentina. Llegó a México de niña con grupo musical familiar. Se casó dos veces con el mismo hombre. Se divorció dos veces del mismo hombre y finalmente encontró el amor de su vida cuando ya era tarde, cuando Arturo estaba enfermo, cuando le quedaban pocos años, pero los vivió con intensidad, con pasión, con amor verdadero.
Esta es su historia completa. Si te gustan estas historias del cine de oro mexicano, me ayudarías mucho con una suscripción y un me gusta. Ahora sí, vamos con esta historia. Catalina Margarita López Ramos nació el 21 de junio de 1924 en San Miguel de Tucumán, Argentina. hija de Pedro López Sánchez y Dolores Ramos Nava, de padres españoles de Málaga, España, que emigraron a Argentina buscando mejor vida y tuvieron siete hijos, Juan, Miguel, Dolores, Pedro, María, Manuel y Catalina Margarita, que desde niña mostró talento para el canto, para el
baile, para el espectáculo y junto con sus hermanos formaron grupo musical llamado Los hermanitos López y actuaban en Tucumán, en teatros locales, en eventos y tuvieron éxito local, pero soñaban con más, con recorrer el mundo, con ser famosos. Y en 1936, cuando Catalina tenía 12 años, la familia decidió hacer gira por toda América Latina y empezaron por Argentina, por Brasil, por Uruguay, por Chile y finalmente llegaron a México.
Y cuando llegaron a México en 1938, Catalina tenía 14 años y quedó enamorada del país, de su cultura, de su gente, de su música y le dijo a su familia, “Aquí quiero quedarme.” Pero tenían gira contratada y siguieron viajando. Pero en 1941 regresaron a México y esta vez se quedaron definitivamente. Y en ese regreso, en 1941, Catalina conoció a Carlos Amador Martínez, productor de cine, director, empresario mexicano, 18 años mayor que ella.
Catalina tenía 17 años, Carlos tenía 35. y se enamoraron o eso creyeron y se casaron el 12 de diciembre de 1941 en Buenos Aires, Argentina, porque familia de Catalina quería boda tradicional en su tierra y se casaron y regresaron a México como matrimonio. Y Carlos Amador introdujo a Catalina al mundo del cine. que consiguió casting, le enseñó el negocio y en 1945 Catalina debutó como actriz en película El hijo desobediente con Germán Valdés Tintan, en papel pequeño de mesera de cabaret, pero fue inicio y Carlos le dijo, “Necesitas nombre artístico.” Y
eligieron Marga López, “Marga por Margarita, su segundo nombre, y López su apellido paterno.” Y así nació. Marga López, actriz del cine de oro mexicano. A los 21 años y ese mismo año, 1945, Marga y Carlos tuvieron su primer hijo, Carlos Amador López, y al año siguiente, 1946, nació su segundo hijo, Manuel Amador López.
Y Marga intentaba ser buena esposa, buena madre y también actriz. Y era difícil, muy difícil balancear todo, pero su carrera empezó a despegar. En 1946 protagonizó Los Tres García, comedia ranchera dirigida por Ismael Rodríguez, donde tres hermanos, Abel Salazar, Víctor Manuel Mendoza y Pedro Infante peleaban por amor de Lupita Smith García, interpretada por Marga y fue éxito, masivo y marga.
se convirtió en estrella de la noche a la mañana y Pedro Infante quedó impresionado por su talento, por su belleza y trabajaron juntos en cinco películas más, Un rincón cerca del cielo, Ahora soy rico y otras. y se convirtieron en pareja favorita del público. Y Marga fue la coprotagonista más frecuente de Pedro Infante con seis películas juntos más que cualquier otra actriz.
Y en 1948 llegó el papel que cambió su carrera para siempre, Salón México, dirigida por Emilio Elindio Fernández con fotografía de Gabriel Figueroa. Y Marga interpretó a Mercedes López, joven que baila en el famoso salón México, cabaret popular, para mantener a su hermana menor y que sufre humillaciones, explotación, pero mantiene su dignidad, su pureza de espíritu.
Y fue actuación devastadora, hermosa, real. Y Gabriel Figueroa se enamoró de su rostro con cámara, ojos grandes, hermosos, ceja bien delineada, labios sensuales, barbilla partida y aspecto tierno, vulnerable, y la fotografió como obra de arte, como pintura, como escultura. Y Marga ganó su primer Ariel, a mejor actriz por Salón México en 1950.
y se consolidó como primera actriz del cine de oro y trabajó con lo mejor con Luis Buñuel en Nazarín en 1959, que le dio proyección internacional en Europa, en España, donde incluso vivió unos meses por proyectos profesionales con Ismael Rodríguez en múltiples comedias rancheras, con Roberto Gabaldón en melodramas intensos y participó en más de 80 películas.
durante la época de oro y fue nominada al Ariel siete veces, récord para actriz de esa época. Ganó dos en 1950, por Salón México y en 1955 por otra actuación memorable y fue tercera actriz después de María Félix y Dolores del Río en ganar dos Arieles a mejor actriz y eso habla de su talento, de su dedicación, de su profesionalismo, pero su vida personal. Era caos.
Su matrimonio con Carlos Amador se deterioraba cada año. Carlos era controlador, celoso, posesivo y marga. Se sentía asfixiada y en fecha desconocida. De los años 50. Se divorciaron y Marga quedó con sus dos hijos trabajando incansablemente en cine, en teatro, en radio para mantenerlos y sacarlos adelante sola, sin ayuda.
Y era duro, muy duro ser madre soltera. En esos años, en esa época donde se juzgaba a mujeres divorciadas, pero Marga no se rindió. siguió trabajando, siguió brillando en pantalla y criando a sus hijos con amor, con disciplina, con valores. Y entonces algo inesperado pasó en 1961, 20 años después de su primera boda, Carlos Amador.
Volvió a buscarla, le pidió perdón por errores pasados, le prometió cambiar, ser mejor esposo y Marga, quizás por nostalgia, quizás por sus hijos, quizás por soledad, aceptó y se casaron de nuevo, por segunda vez, el mismo hombre 20 años después. Y fue error terrible porque Carlos no había cambiado para nada y matrimonio duró menos que la primera vez y se divorciaron otra vez y Marga quedó otra vez sola, pero esta vez con lección aprendida.
Nunca más volver con el pasado. Nunca más dar segundas oportunidades a quien no las merece. Y en 1964, 3 años después de su segundo divorcio, Marga estaba filmando una película El amor no es un pecado. y su coprotagonista era Arturo de Córdoba, el galán más elegante del cine mexicano, el actor yucateco, nacido en Mérida en 1907, 17 años mayor que Marga, que había construido carrera impresionante en México y también en Hollywood, que había trabajado con lo mejor y que tenía fama de seductor, de mujeriego, de hombre complicado y marga. lo conocía de antes.
Habían trabajado juntos en películas anteriores, pero siempre como colegas, como profesionales, nada más. Y Marga lo admiraba como actor, por su técnica, por su profesionalismo, por su entrega, pero nada más no sentimentalmente. O eso creía. Pero Arturo sentía algo más por ella desde hacía años, desde que la vio por primera vez en pantalla.
en los Tres García en 1946, cuando Marga tenía 22 años y él 39 y quedó impresionado por su belleza, por su talento, por su dulzura y durante años trabajaron juntos en película tras película. Y Arturo guardó silencio sobre sus sentimientos, porque Marga estaba casada con Carlos Amador y Arturo también estaba casado con Enna Arana Domínguez, su primera esposa, con quien tuvo cuatro hijos, Arturo, Alonso, María Lourdes y Enna.
Y aunque matrimonio no era feliz, Arturo era hombre de otra época, donde divorcio no era opción y guardó silencio durante años. Pero en 1964 las cosas eran diferentes. Marga estaba divorciada por segunda vez y Arturo también estaba separado de su esposa, aunque no divorciado. Y un día, durante inauguración de restaurante de una amiga de Marga, Arturo llegó y la vio y no pudo más guardar silencio.
y se le acercó y le dijo, “Marga, estoy enamorado de ti desde hace muchos años, pero no me atrevía a decírtelo.” Y Marga quedó sorprendida totalmente, porque nunca había imaginado que Arturo sintiera algo por ella. Y en ese momento su respuesta fue, “No”. Lo rechazó porque había pasado poco tiempo de su divorcio, porque no quería complicaciones, porque tenía miedo de volver a sufrir.
Y Arturo aceptó el rechazo con dignidad, pero no se rindió para nada y empezó cortejo lento, paciente. Arturo llegaba a sets de filmación con flores, con detalles, con palabras. hermosas y Marga poco a poco empezó a verlo con otros ojos, no solo como actor, sino como hombre, como compañero, como posible pareja, y empezó a invitarlo a reuniones que hacía los domingos en su casa con amigos, con familia.
Y Arturo llegaba a puntual, con vino, con postre, con alegría y conversaban por horas de cine, de arte, de vida. Y Marga descubrió que Arturo no solo era actor brillante, era hombre culto, inteligente, sensible, generoso y poco a poco se fue enamorando de verdad, profundamente. Y después de años de cortejo, de amistad, de cercanía, Marga finalmente, le dijo que sí y empezaron relación formal en 1964 y fueron 3 años de felicidad absoluta.
Marga dijo después, fueron los tres años más felices de mi vida. Porque Arturo la amaba como nadie, la respetaba, la admiraba, la cuidaba. Y compartieron casa en zona residencial al sur de Ciudad de México. Compartieron foros de filmación porque hicieron 13 películas juntos y compartieron amor verdadero, cotidiano, simple, profundo y marga.
descubrió lo que es ser amada de verdad, sin condiciones, sin control, sin celos, solo amor puro, real, y quisieron casarse. Lo intentaron, pero no pudieron porque a Arturo no le dieron el divorcio. Su esposa Enna Arana se negaba a divorciarse por religión, por convicción y aunque llevaban años separados legalmente, seguían casados.
Y en México, en esos años, no había divorcio unilateral. Y Arturo no pudo casarse con Marga, aunque lo deseaba profundamente. Y Marga dijo después, Arturo fue mi gran amor con quien nunca me casé porque no le dieron el divorcio. Y vivieron juntos como pareja, sin papel, pero con compromiso total durante 9 años.
Pero después de esos 3 años de felicidad, Arturo empezó a enfermarse. Tenía problemas cardiovasculares, presión alta, riesgo de derrame. Y médicos le advirtieron que debía cuidarse, bajar ritmo de trabajo, evitar estrés. Pero Arturo era hombre de trabajo, de escenario, de cámaras y no podía parar y Marga lo cuidaba, lo acompañaba a médicos, a tratamientos y seguía trabajando con él.
Y un día en teatro durante obra que hacían juntos en 1972, Arturo estaba en escena y de repente se quedó inmóvil. Silencio total, público esperando, Marga en Camerinos escuchando y supo que algo estaba mal. Y Arturo, con esfuerzo sobrehumano, continuó. Su parlamento, como si nada hubiera pasado y dio, según Marga, la actuación más grande de su vida.
Y al terminar función colapsó en camerinos y fue llevado a hospital y diagnosticaron derrame cerebral, leve pero derrame. Y desde ese día, Arturo nunca fue el mismo siguientes 6 años, de 1967 a 1973, fueron años de sufrimiento para ambos. Arturo se deterioraba poco a poco, su salud, su memoria, su movilidad y Marga lo cuidaba día y noche sin quejarse, sin abandonarlo, porque lo amaba profundamente y porque Arturo había sido tan bueno con ella que ahora era su turno de cuidarlo.
Y siguieron trabajando mientras pudieron en películas, en teatro, porque Arturo decía, “Si dejo de actuar, me muero.” Y era verdad, porque actuar era su vida, su razón de ser. Y Marga trabajaba con él para que pudiera seguir en lo que amaba. Y el 3 de noviembre de 1973, Arturo de Córdoba murió en Ciudad de México a los 65 años de apoplejía, derrame cerebral masivo y Marga quedó devastada, viuda, sin serlo legalmente, porque nunca se casaron.
Pero viuda en corazón, en alma, en vida, porque Arturo era el amor de su vida y lo perdió. Y el dolor era inmenso, insoportable, incurable. Y Marga cayó en depresión profunda durante meses. No quería trabajar, no quería salir, no quería vivir. Y sus hijos, Carlos y Manuel, la cuidaron, la acompañaron, la sostuvieron y poco a poco Marga salió del hoyo, pero nunca fue la misma porque parte de ella murió con Arturo ese 3 de noviembre de 1973.
Y Marga nunca se volvió a enamorar, nunca tuvo otra pareja en los 32 años que vivió después de Arturo, porque decía, “Ya tuve el amor de mi vida, no necesito otro. Nadie podrá igualar lo que tuve con Arturo.” Y fue fiel a ese amor hasta su muerte. Y cuando le preguntaban sobre Arturo, sus ojos se llenaban de lágrimas y su voz se quebraba y decía: “Lo amé profundamente.
Compartimos la casa, los foros, el amor fue mi gran amor.” y guardó en su casa, en la misma casa que compartieron, fotos de Arturo, recuerdos, cartas y nunca se mudó porque ahí estaba Arturo, en cada rincón, en cada recuerdo, y no quería alejarse de eso. Y Marga siguió trabajando porque era actriz hasta la médula y el trabajo la salvó de la tristeza, de la soledad.
y en los años 70 hizo películas Como el viento tiene miedo. En 1967, terror psicológico que se convirtió en clásico del cine mexicano y el libro de piedra en 1968. Otra película de terror y corona de lágrimas en 1967, Melodrama, donde interpretó Madre sufrida que todo lo da por sus hijos y fueron papeles que exigían profundidad, madurez, dolor real y marga.
los interpretó magistralmente porque conocía el dolor, el sufrimiento, la pérdida en carne propia y en los años 80 el cine mexicano. Cambió la época de oro. Terminó en 1936 y llegó. Nuevo cine más realista, más crudo y Marga. Se adaptó, hizo películas diferentes, menos glamorosas, pero siguió trabajando. Y en 1995, a los 71 años, hizo telenovela, Lazos de amor de Televisa y fue éxito, y el público, que la conocía del cine la redescubrió en televisión y Marga encontró nuevo público, nueva generación que no la conocía del cine de oro, pero
que la amó en telenovelas y trabajó en múltiples producciones, el privilegio de amar en 1998, Carita de Ángel en 2000, El manantial en 2001, entre el amor y el odio en 2002 y su última telenovela, bajo la misma piel en 20034 y en bajo la misma piel. Marga interpretó a abuela con cáncer terminal que luchaba día a día para no preocupar a su familia.
Y fue papel muy personal porque Marga ya estaba enferma en vida real y sabía que ese sería su último trabajo y lo hizo con toda el alma, con toda la verdad. Y público lloró viendo sus escenas porque Marga no actuaba, vivía el personaje y fue despedida hermosa de una carrera de casi 60 años y cuando terminaron grabaciones en 2004 Marga se retiró definitivamente de actuación a los 80 años, después de 83 películas, decenas de obras de teatro y múltiples telenovelas, y Marga tenía un vicio que la acompañó toda su vida.
El cigarro fumó durante 50 años 40 cigarros diarios cada día sin falta y ese hábito destruyó sus pulmones y en 2003 tuvo neumonía grave y estuvo internada. Y médicos le dijeron, “Si no deja de fumar, va a morir.” Y Marga, con esfuerzo tremendo, redujo a cinco cigarros diarios, solo cinco, y decía, “Uno después del desayuno, uno a media mañana, uno después de la comida, uno en la tarde y uno en la noche.
Y con esos cinco sobrevivía, pero el daño ya estaba hecho y sus pulmones nunca se recuperaron. del todo. Y el 19 de abril de 2005, Marga fue a chequeo médico de rutina al Hospital Médica Sur en Ciudad de México y mientras le hacían exámenes, sufrió ataque cardíaco, arritmia cardíaca y la internaron en cuidados intensivos y estuvo ahí dos semanas luchando entre vida y muerte.
y sus hijos Carlos y Manuel estaban con ella y sus nietos y bisnietos porque Marga era bisabuela de dos niños, Carlos Fernando, y Luca, hijos de su nieto, el actor y cantante Anguelo. Y toda familia rezaba por su recuperación, pero Marga estaba cansada de luchar, de sufrir, de vivir sin Arturo.
Y el 4 de julio de 2005, a los 81 años, Marga López murió por causas naturales, hipercalemia, insuficiencia renal aguda, neumonía de focos múltiples, bronquio alveolitis obliterante y arritmia cardíaca. Y fue muerte tranquila, sin dolor, rodeada de amor, de familia, como merecía. Y cuando murió, México lloró porque Marga López no era solo actriz, era institución del cine mexicano, era puente entre época de oro y modernidad.
Era Argentina, que se hizo más mexicana que muchos mexicanos porque en 1955 se naturalizó mexicana y dijo, “En 1955 me hice ciudadana mexicana. He sido mexicana durante 40 años. Soy mexicana. Lo siento en mi corazón y soy artista de México. Soy conocida como mexicana en Argentina y bendito sea Dios aquí también.
Y fue verdad porque Marga nunca regresó a vivir a Argentina. México era su casa, su hogar, su patria y México la adoptó como hija, como leyenda, como tesoro nacional. Y pensemos en su carrera. 83 películas en época de oro. Y después trabajó con Pedro Infante seis veces más que cualquier otra actriz y fue su pareja favorita. En pantalla trabajó con Tintán en su debut y en varias comedias con Luis Buñuel en Nazarín que le dio reconocimiento internacional con el indio Fernández en Salón México.
Su papel más icónico con Ismael Rodríguez en comedias rancheras. con Roberto Gabaldón en Melodramas Intensos y con Arturo de Córdoba en 13 películas que fueron las más especiales porque no solo actuaban juntos, se amaban de verdad y fue nominada al Ariel siete veces en 1950, 1952, 1953, 1954, 1955, 1956, 1958.
Record para actriz de época de oro y ganó dos en 1950 por Salón México y en 1955 por otra actuación y fue tercera actriz después de María Félix y Dolores del Río en ganar dos Arieles, a mejor actriz. Y eso la pone en Panteón de Grandes del Cine mexicano y recibió múltiples reconocimientos. Medalla Virginia Fábregas por 25 años de trayectoria.
Medalla Eduardo Arozamena por 50 años de labor artística y en 2004 Premio Distinción y Mérito de Asociación de Cronistas del Espectáculo de Nueva York por sus 72 años de carrera y hablemos de su belleza que era única, ojos grandes, hermosos, expresivos, ceja bien delineada, natural, labios sensuales pero delicados y barbilla partida que le daba carácter especial y rostro tierno, vulnerable, que contrastaba con fuerza que transmitía.
en actuaciones y Gabriel Figueroa dijo que nunca había fotografiado rostro más fotogénico que el de Marga, que desde cualquier ángulo, con cualquier luz se veía hermosa. Y eso es don que pocas actrices tienen y Marga lo tuvo desde joven hasta vieja porque envejeció con gracia, con dignidad, sin cirugías, sin artificios, auténtica hasta el final.
Y pensemos en su versatilidad. Marga no se encasilló en un solo género. Hizo comedias rancheras como Los Trés García, hizo melodramas intensos, como Salón México, hizo cine de autor, como Nazarín con Buñuel, hizo terror psicológico, como hasta el viento tiene miedo hizo teatro.
Durante décadas hizo telenovelas en sus últimos años y en cada género. Brilló porque era actriz de verdad, con técnica, con preparación, con talento natural. Y por eso su carrera duró casi 60 años, porque se adaptaba a cambios, a nuevas épocas, a nuevos públicos, sin perder su esencia. Y recordemos que Marga era mujer de su casa. amaba recibir a amigos los domingos en su casa, en zona residencial al sur de Ciudad de México, la misma casa que compartió con Arturo y hacía reuniones con comida, con vino, con conversación y llegaban actores, directores, escritores
y conversaban de arte, de política, de vida y marga. Era anfitriona perfecta, cálida, generosa, alegre. Y esas reuniones eran famosas en círculos artísticos y todos querían ser invitados a casa de Marga porque sabían que pasarían tarde maravillosa. Y pensemos en su relación con sus hijos Carlos y Manuel, que tuvo con Carlos Amador y que crió prácticamente sola.
Porque Carlos Amador no fue buen padre después del divorcio y Marga trabajaba incansablemente para darles buena vida, buena educación y ambos se convirtieron en hombres de bien, Carlos en empresario, Manuel en músico, guitarrista reconocido que impulsó cultura guitarrística en México y ambos amaban a su madre profundamente y la cuid olidaron en sus últimos años cuando estaba enferma, cuando estaba débil y estuvieron con ella hasta el final, hasta su último respiro.
Y recordemos que Marga tuvo nietos y bisnietos que la conocieron, que la amaron, que disfrutaron de su presencia, de sus historias, de su sabiduría. Y en 2003 fue bisabuela por primera vez de Carlos Fernando, hijo de su nieto Anguelo, actor y cantante. Y en 2004 nació Luca, su segundo bisnieto, y Marga los adoraba, y decía, “Ahora sí estoy completa, tengo hijos, nietos, bisnietos, tengo familia, tengo amor.
¿Qué más puedo pedir?” Y era verdad, porque a pesar de dolor por Arturo, de pérdidas, Marga construyó familia hermosa que la amaba y la honraba. Y hablemos de su mexicanidad. Marga nació en Argentina, pero se hizo mexicana de corazón y amaba a México profundamente, su cultura, su comida, su música, su gente y nunca habló mal de México.
siempre defendió al país, que la adoptó, que la hizo estrella y en entrevistas decía, “México me dio todo, me dio carrera, me dio familia, me dio amor, soy mexicana por elección y eso es más fuerte que ser mexicana por nacimiento.” Y México la amó de vuelta y la consideró como propia, como tesoro, como leyenda. Y comparemos a Marga López con otras actrices de su época.
María Félix era diva, inalcanzable, fría, distante, dolores del río. Era elegante, sofisticada, refinada. Silvia Pinal era versátil, polémica, controversial, pero marga, era diferente, era accesible, cálida, real. Y el público la sentía como amiga, como familia, como alguien cercano. Y por eso la amaron tanto, porque Marga no se ponía por encima de nadie.
Era humilde, sencilla, auténtica y eso en mundo de egos y vanidades. Era refrescante, era hermoso, era único. Y pensemos en sus películas más memorables, Los Tres García, en 1946, que la lanzó al estrellato. A los 22 años, Salón México, en 1948, su papel más icónico, donde Gabriel Figueroa la fotografió como pintura viviente, un rincón cerca del cielo en 1952.
con Pedro Infante, donde interpretó esposa sufrida que pasa de riqueza a pobreza con dignidad. Nazarín en 1959 con Luis Buñuel que le dio proyección internacional hasta el viento tiene miedo en 1967. Terror psicológico que se convirtió en clásico del cine mexicano y corona de lágrimas en 1967. melodrama, donde fue madre abnegada, sufrida, perfecta.
Y todas esas películas tienen algo en común, Marga, interpretaba. Mujeres sufridas, humilladas, explotadas, pero que mantenían dignidad, pureza, esperanza. Y eso era especialidad de Marga hacer del sufrimiento en pantalla una de las profesiones más dignas, más atractivas, porque nunca se victimizaba, nunca lloraba por lástima.
Lloraba con verdad, con dolor real y público. Se identificaba con eso, porque todos han sufrido y Marga representaba ese sufrimiento con belleza, con gracia, con humanidad. Y recordemos su trabajo en teatro que fue fundamental en su carrera. Porque Marga siempre dijo, “El teatro es la escuela del actor, pero la televisión es la ventana para ser conocido por públicos masivos. Uno siempre necesita de ambos.
” Y fue verdad, porque Marga hizo teatro durante toda su vida y ahí perfeccionó su técnica, su timing, su presencia escénica y luego llevaba eso a cine, a televisión y por eso sus actuaciones eran tan sólidas, tan creíbles, tan poderosas, porque venían de preparación real, de escuela real, no solo de cara bonita.
Y en 2001, a los 77 años, Marga hizo obra de teatro al final del camino, escrita por su hermano Manuel López Ramos, el guitarrista y dirigida por Oto Sirgo y fue obra homenaje a su vida, a su carrera y Marga la interpretó con emoción especial porque era su historia, su vida en escena y público. lloró viendo a Marga a sus 77 años, todavía brillando, todavía entregándose al arte que tanto amaba.
Y fue una de sus últimas apariciones teatrales y fue hermosa, emotiva, perfecta. Y pensemos en lo que Marga nunca habló públicamente, la muerte. Marga le tenía pavor a la muerte. Y en entrevista en 2003 dijo, “De la muerte prefiero no hablar. me atemoriza y la respeto profundamente. Y cuando periodista insistió, Marga dio fumada a su cigarro y cambió tema porque no quería pensar en muerte, aunque sabía que estaba cerca por su edad, por sus enfermedades, pero prefería pensar en vida, en presente, en familia, en
recuerdos de Arturo, que la esperaba en algún lugar del más allá. Y Marga era católica, creyente y tenía fe de que volvería a ver a Arturo después de morir. Y eso le daba paz, le daba esperanza. Y cuando murió, muchos dijeron que finalmente Marga y Arturo estaban juntos de nuevo para siempre, sin enfermedad, sin dolor, sin separación.
Y fue pensamiento hermoso, consolador para familia, para amigos, para fans que los amaban a ambos. Y recordemos que Marga fue sepultada en Panteón Jardín de Ciudad de México, el mismo panteón donde está enterrado Arturo de Córdoba. Y aunque no están en misma tumba, están cerca, muy cerca. Y es como si finalmente pudieran estar juntos en muerte como no pudieron, en vida por falta de divorcio, de Arturo.
Y es ironía triste, pero también hermosa, porque amor que tuvieron trasciende vida y muerte. Y pensemos en las 13 películas que Marga hizo con Arturo. Feliz año, amor mío, mi esposa y la otra. El amor no es un pecado y otras que fueron testimonios de su amor en pantalla. Y cuando uno ve esas películas, hoy se nota la química, la conexión, el amor real entre ellos.
No actuaban, vivían sus personajes y eso es magia del cine cuando actores se aman de verdad. Y eso se transmite a pantalla y público. Lo siente. Y por eso esas películas siguen emocionando hasta hoy. Y hablemos de su legado para nuevas generaciones que no la conocieron del cine de oro, pero que la descubrieron en telenovelas como Lazos de Amor, El Privilegio de Amar, Carita de Ángel, y quedaron impresionados por esa actriz mayor que robaba escenas.
con solo una mirada, con solo una palabra. Y preguntaban, ¿quién es? Y descubrían toda una carrera de 60 años, toda una vida en cine y se convertían en fans. Y eso es legado real cuando nuevas generaciones descubren a leyendas y las aman como si fueran contemporáneas. Y pensemos en lo que Marga valoraba en vida, la familia, siempre en primer lugar y decía, “Lo más importante para mí es la familia, siempre en primer lugar.
En segundo está mi carrera, el cine, el teatro, la televisión y agradezco infinitamente a Dios la posibilidad que me da de seguir disfrutando el mundo y el aplauso de mi público. Y fue verdad, porque Marga nunca sacrificó familia por carrera, siempre encontró balance y por eso fue mujer completa.
No solo actriz exitosa, sino madre amorosa, abuela presente, bisabuela orgullosa, amiga leal, compañera fiel, y recordemos su sentido del humor que tenía, a pesar de tragedias, de dolores. Marga, sabía reír de sí misma, de la vida, y en entrevistas contaba anécdotas graciosas de rodajes, de teatro, y reía con ganas y contagiaba alegría a todos.
Y eso es don. especial poder reír a pesar de todo, poder encontrar luz en oscuridad y marga. Tuvo ese don toda su vida y por eso la gente amaba estar con ella porque transmitía calidez, alegría, vida. Y pensemos en momento cuando Arturo estaba en escena en 1972 y se quedó inmóvil olvidando su parlamento por derrame cerebral y Marga en camerinos escuchando y su corazón se detuvo sabiendo que algo malo pasaba y Arturo, con voluntad sobrehumana continuó y dio la actuación más grande de su vida y público que no sabía nada. Ovacionó de pie. Y Arturo se
inclinó y salió y colapsó en brazos de marga. Y fue momento devastador porque desde ese día Arturo nunca fue el mismo y Marga supo que estaba perdiendo el amor de su vida lentamente, irremediablemente y esos últimos 6 años con Arturo enfermo fueron prueba de amor verdadero. Marga pudo haberse ido, pudo haber dicho, “Es muy difícil, pero se quedó.
Porque cuando amas de verdad, no abandonas en enfermedad, en vejez, en muerte, te quedas y acompañas y amas hasta el final. Y eso hizo Marga. Y por eso su amor con Arturo es leyenda, no solo por romance, sino por fidelidad, por lealtad, por compromiso, hasta la muerte, literalmente. Y pensemos en su nacionalización en 1955, cuando Marga decidió hacerse mexicana oficialmente, no solo de corazón, sino legalmente, y fue ceremonia emotiva.
Y Marga lloró de felicidad porque México la recibía como hija, como ciudadana. Y ella prometió honrar a ese país que tanto le dio y cumplió durante 50 años trabajando, brillando, dignificando cine mexicano, cultura mexicana y nunca se arrepintió de esa decisión. Al contrario, estaba orgullosa de ser mexicana por elección, por amor, por convicción.
Y hablemos de su técnica como actriz. Marga venía del teatro y tenía formación sólida. Sabía proyectar voz sin gritar. Sabía moverse en escena con gracia. Sabía timing, perfecto para comedia. Y sabía llorar de verdad, sin trucos. Y eso se notaba en pantalla, porque sus actuaciones eran creíbles, eran reales, eran conmovedoras y directores amaban trabajar con ella porque Marga llegaba preparada, sabía sus líneas, aportaba ideas y nunca daba problemas en set, era profesional hasta la médula.
Y pensemos en su relación con Pedro Infante, que fue su coprotagonista más frecuente con seis películas, Los Tres García, vuelven los García, un rincón cerca del cielo, ahora soy rico. Y otras y tenían química maravillosa en pantalla. Y Pedro la respetaba mucho como actriz, como mujer. Y aunque Pedro era conocido por romances, con coprotagonistas, con Marga.
Nunca pasó nada porque Marga era profesional y marcaba límites y Pedro lo respetaba y fueron amigos, buenos amigos que se admiraban mutuamente. Y eso se ve en sus películas donde Conexión es palpable, es real, es hermosa. Y recordemos su trabajo con Luis Buñuel, el director español, genio del cine en Nazarí en 1959, donde Marga interpretó a Beatriz, mujer compleja, ambigua, difícil y Buñuel quedó impresionado por rango de Marga, por su capacidad de interpretar personajes difíciles.
Y después de esa película, Marga recibió ofertas de Europa, de España y vivió unos meses allá haciendo películas en España como Sueños de Mujer, Navidades en Junio, El Hombre de la Isla y Otras. Y fue experiencia enriquecedora que amplió su horizonte, su perspectiva, su carrera. Y pensemos en su último día, el 4 de julio de 2005, cuando murió después de dos semanas en cuidados intensivos, luchando entre vida y muerte, y sus hijos Carlos y Manuel estaban ahí tomando sus manos, diciéndole que la amaban, que estaba bien dejar ir. Y Marga, con último
suspiro, se fue tranquila, sin dolor. Y sus hijos lloraron, pero también agradecieron porque Marga tuvo vida plena, vida larga, vida llena de amor, de arte, de familia. Y eso es lo que importa al final. No cuántos años viviste, sino cómo los viviste. Y Marga los vivió bien, muy bien. Y cuando murió, el gremio artístico lamentó profundamente.
su partida, Asociación Nacional de Actores, envió condolencias, Secretaría de Cultura, hizo comunicado, reconociendo su trayectoria, sus 72 años de carrera, sus más de 80 películas, sus decenas de telenovelas y periódicos le dedicaron páginas completas con fotos de su juventud, de su madurez, de toda su vida y fue despedida digna para leyenda del cine mexicano.
y su funeral fue privado, solo familia, amigos cercanos, porque Marga era mujer reservada que valoraba privacidad y aunque era figura pública, mantuvo vida personal, privada y familia, respetó ese deseo. Y no hubo funeral masivo, no hubo homenaje público, solo ceremonia íntima, donde los que la amaban pudieron despedirse con dignidad, con dolor, con amor.
Y pensemos en lo que hubiera pasado si Marga se hubiera quedado en Argentina si no hubiera venido a México en 1938. habría sido actriz quizás, pero no la leyenda que fue porque México le dio oportunidades que Argentina no le habría dado. México tenía cine de oro en auge en los 40 y 50 y Marga llegó en momento perfecto y aprovechó cada oportunidad y construyó carrera extraordinaria que no habría sido posible en otro lugar, en otra época.
Y pensemos en lo que Arturo significó para Marga. No solo fue amor, fue redención, fue prueba de que amor verdadero existe después de fracasos, después de divorcios, después de desilusiones, Marga encontró a Arturo y fue amor maduro, consciente, real, no pasión loca de juventud, sino amor profundo de adultos que se eligen con conocimiento, con aceptación, con compromiso.
Y eso es más valioso que cualquier pasión juvenil, porque dura, porque trasciende, porque permanece. Y recordemos que Marga escribió el libro Yo Marga, autobiografía, donde contó su vida, sus amores, sus dolores y habló extensamente de Arturo, de su amor, de sus años juntos y fue libro, emotivo, honesto, valiente, porque Marga no escondió nada, no maquilló, verdad contó todo con crudeza, con belleza, con verdad.
Y ese libro es testimonio de su vida, de su amor para generaciones que no la conocieron, pero que pueden leer y entender quién fue Marga López. Y pensemos en su adicción al cigarro que fumó durante 50 años 40 cigarros diarios y que destruyó sus pulmones y que finalmente contribuyó a su muerte. Y es tragedia, porque si no hubiera fumado, quizás habría vivido 90, 95 años, quizás más.
Pero el cigarro la mató lentamente y es lección para todos sobre peligros de adicciones que parecen inofensivas pero que matan con los años y pensemos en su rostro en fotos de juventud hermosa, radiante, con toda vida por delante y en fotos de vejez, todavía hermosa, pero cansada, marcada por vida vivida, por amores. perdidos por batallas ganadas.
Y ese rostro cuenta historia de mujer que vivió plenamente, que amó profundamente, que sufrió intensamente y que nunca se rindió hasta el final. Y recordemos que Marga amaba la vida profundamente, a pesar de todo, de pérdidas, de dolores, de tragedias. Marga amaba a vivir y decía, “Amo la vida profundamente. Lo más importante para mí es la familia, siempre en primer lugar.
En segundo está mi carrera, el cine, el teatro, la televisión y agradezco infinitamente a Dios la posibilidad que me da de seguir disfrutando el mundo y el aplauso de mi público. Y eso es actitud hermosa, agradecida, positiva que todos deberíamos tener, agradecer por lo que tenemos, por lo que vivimos, por lo que amamos.
Y pensemos en esas reuniones dominicales en su casa, donde Arturo llegaba puntual, con vino, con postre, y se sentaban en sillones acogedores y conversaban por horas y reían y soñaban. Y esos domingos fueron los días más felices de vida, de Marga, porque tenía lo que siempre buscó, amor, familia, arte, amigos, vida plena, vida completa.
Y aunque duró poco, solo 9 años, fue suficiente para llenar corazón para toda una vida. Y finalmente, pensemos en lección que vida de Marga nos deja, que nunca es tarde para amor verdadero. Marga encontró a Arturo a los 40 años después de dos matrimonios fracasados cuando muchos habrían perdido esperanza. Pero ella se dio oportunidad y encontró amor de su vida.
Y aunque fue breve, fue real, fue profundo, fue eterno, y eso es lo que importa, no cuánto dura, sino cuán profundo es el amor. Y el amor de Marga y Arturo fue de los más profundos de la historia del cine mexicano. Y recordemos las palabras de Marga sobre Arturo. Siempre, desde que lo conocí, lo amé profundamente.
Compartimos la casa, los foros, el amor, simples palabras, pero que dicen todo sobre su relación. No necesitaban grandes declaraciones. No necesitaban drama, solo amor cotidiano, simple, profundo, en casa, en trabajo, en vida. Y eso es amor real que se vive cada día, no solo en momentos especiales, sino en lo ordinario, que se vuelve extraordinario cuando se ama de verdad.
Y pensemos en todas las veces que Marga pudo haberse quebrado cuando su primer esposo la abandonó con dos hijos, cuando se divorció, primera vez de Carlos Amador, cuando se volvió a casar y volvió a divorciar. Cuando Arturo se enfermó, cuando Arturo murió, cuando su salud se deterioró en todas esas veces, Marga pudo haberse rendido, pero siguió adelante con dignidad, con fuerza, con fe y por eso es ejemplo de resiliencia, de fortaleza, de amor a la vida.
Y recordemos que Marga trabajó hasta los 80 años en bajo la misma piel, su última telenovela, donde interpretó abuela con cáncer y fue papel profético, porque aunque Marga no tenía cáncer, estaba enferma de corazón, de pulmones y sabía que ese sería su último trabajo. Y lo hizo con toda el alma como despedida al público que la amó. Durante 60 años.
Y fue despedida hermosa, digna, perfecta. Y pensemos en Gabriel Figueroa, el gran fotógrafo que dijo que rostro de Marga era el más fotogénico que había fotografiado. Y Figueroa fotografió a María Félix, a Dolores del Río, a todas las grandes, pero dijo que Marga era especial porque su rostro tenía ternura y fuerza, vulnerabilidad y carácter, belleza y profundidad, y esa combinación era única.
era mágica y por eso las fotos de Marga por Figueroa son obras de arte que trascienden cine y se convierten en arte puro. Y recordemos a los hermanitos López, el grupo familiar con el que Marga empezó su carrera artística a los 12 años con sus hermanos Juan, Miguel, Dolores, Pedro, María, Manuel, recorriendo América Latina, cantando, bailando, actuando.
Y aunque solo Marga y Manuel tuvieron carreras artísticas importantes, todos contribuyeron a formar al artista que Marga se convirtió porque familia es donde todo comienza. Y Marga nunca olvidó sus raíces, su familia, su origen. Y pensemos en Carlos Amador, su primer esposo que la introdujo al cine, que le consiguió, su primer papel, que la apoyó al principio y que después fue controlador, celoso, difícil, y se divorciaron dos veces.
Pero sin Carlos Marga nunca habría llegado al cine. Y es ironía de la vida. que personas que nos hacen daño también nos abren puertas que cambian nuestra vida para siempre. Y recordemos las 200 representaciones de la obra de teatro, donde Arturo tuvo su derrame en escena y continuó. Y Marga dijo que dio la actuación más grande de su vida.
Porque actuar con derrame cerebral en progreso y no mostrar debilidad y terminar la función requiere voluntad sobrehumana, amor absoluto, al arte y eso tenía Arturo y por eso Marga lo amaba porque compartían pasión por el arte, por el teatro, por la vida. Y pensemos en los tres primeros años con Arturo, que Marga describió como los tres años más felices de mi vida después de 40 años de vida, de matrimonios, de divorcios, de trabajo, finalmente tuvo 3 años de felicidad pura y aunque fue breve, fue suficiente para saber lo que es amor
verdadero. Y eso le dio paz para resto de su vida, saber que existió, que fue real, que lo vivió. Y finalmente recordemos que Marga López murió hace 20 años, el 4 de julio de 2005, pero su legado vive en 83 películas, en decenas de telenovelas, en obras de teatro, en memoria de millones que la vieron, que la amaron, que se emocionaron con sus actuaciones.
Y cada vez que alguien ve salón México o Los Tres García o hasta el viento tiene miedo, Marga. vuelve a vivir en pantalla joven, hermosa, talentosa y por eso nunca morirá completamente, porque dejó más que recuerdos, dejó arte, dejó belleza, dejó emoción y eso es eterno. Marga López, la argentina que se hizo mexicana, la actriz más nominada al Ariel, la mujer que amó a Arturo de Córdoba con todo el corazón y que nunca se casó con él porque no le dieron el divorcio, pero que vivió con él 9 años de amor verdadero, profundo, eterno y que murió
a los 81 años, dejando legado imborrable en cine mexicano, en cultura mexicana, en corazones de todos los que tuvieron la fortuna de verla, de amarla, de recordarla. Esta fue su historia completa. Si esta historia te gustó, no olvides suscribirte y darle me gusta y compártela para que más personas conozcan.
Amarga López, la reina argentina del cine de oro mexicano, la mujer que amó con toda el alma. Hasta la próxima. y agreguemos más detalles sobre su vida en México. Marga se instaló definitivamente en 1942. Tenía 18 años y desde entonces nunca salió. Permanentemente de México. Hizo viajes por trabajo a España, a Argentina, a Estados Unidos, pero siempre regresaba a México, a su casa, a su hogar.
Y en entrevista en 2004, un año antes de morir, dijo, “Llevo 62 años viviendo en México. Este es mi país. Esta es mi tierra. Aquí están mis hijos, mis nietos, mis recuerdos, mi vida entera.” Y fue verdad, porque México no solo le dio carrera, le dio identidad, le dio hogar, le dio familia, le dio todo. Y pensemos en su relación.
con Sara García, la abuelita de México, con quien trabajó en La Tercera Palabra y otras películas, y eran amigas, buenas amigas y se respetaban mutuamente como actrices, como mujeres. Y Sara García dijo de Marga, es una de las actrices más completas que he conocido. Tiene belleza, talento y, sobre todo, tiene corazón.
y fue cumplido hermoso de una leyenda a otra leyenda. Y recordemos que Marga compartió pantalla con Prudencia Grifel, otra gran actriz y con Amparo Ribéz, actriz española y con Rita Macedo y con Ignacio López Tarso en Nazarín y con Ernesto Alonso y con tantos más y de galanes solo le faltó trabajar con Jorge Negrete y con Pedro Armendariz.
trabajó con todos los demás y fue privilegio trabajar con lo mejor de su generación y dejar testimonio cinematográfico de esas colaboraciones. Y pensemos en momento cuando Marga supo que Arturo había muerto. El 3 de noviembre de 1973 estaba en casa con él en su cama tomando su mano y Arturo dejó de respirar suavemente, sin dolor y marga.
Lloró como nunca había llorado porque perdió más que esposo. Perdió compañero, amigo, amor, todo. Y sintió que parte de ella moría con Arturo y nunca se recuperó completamente de esa pérdida. Y recordemos que Marga era mujer de su casa. No le gustaban fiestas grandes, eventos sociales, alfombras rojas. Prefería estar en casa con amigos cercanos, con familia, cocinando, conversando, riendo.
Y esa simpleza, esa humildad la mantuvo con pies en la tierra a pesar de fama, de éxito, de reconocimiento. Y por eso la gente la amaba porque era auténtica, real, accesible. Y pensemos en su voz dulce, delicada, pero con fuerza cuando era necesario. Y esa voz funcionaba perfecto para canciones que cantó en películas y para diálogos que dijo, en dramas y para risas que compartió en comedias.
Era voz versátil, hermosa, inolvidable, que todavía se puede escuchar en sus películas y que sigue emocionando a quienes la escuchan. Y finalmente, pensemos en mensaje que Marga dejó con su vida, que el amor verdadero existe, que vale la pena esperar por él, que nunca es tarde para encontrarlo y que cuando lo encuentras debes aferrarte, cuidarlo, valorarlo, porque es lo más valioso que existe en este mundo.
Y Marga encontró ese amor en Arturo y aunque fue breve, fue eterno. Y eso es lo que todos buscamos, todos merecemos, todos anhelamos. Y la historia de Marga y Arturo nos recuerda que es posible, que existe, que vale la pena luchar por ello. Y recordemos una vez más las películas que marcaron épocas diferentes de su carrera en los años 40, los Tres García, salón México, que la lanzaron al Estrellato en los años 50, un rincón cerca del cielo, Nazarín, que consolidaron su prestigio en los años 60. Hasta el viento tiene miedo, el
libro de piedra que mostraron su versatilidad en terror psicológico y en los años 90 y 2000, lazos de amor, el privilegio de amar, carita de ángel que la presentaron a nuevas generaciones que la adoptaron como si siempre hubiera sido de ellos. Y pensemos en su hermano Manuel López Ramos, el guitarrista que impulsó cultura guitarrística en México y que escribió obra de teatro para Marga al final del camino como homenaje a su hermana, a su carrera, a su vida.
Y fue gesto hermoso de amor fraternal que Marga valoró profundamente y que interpretó con emoción especial porque era su historia contada por su hermano, que la conocía mejor que nadie. Y recordemos que cuando Marga murió el 4 de julio de 2005, coincidió con día de la independencia de Estados Unidos y algunos dijeron que fue señal de que Marga se liberaba de sufrimiento, de enfermedad, de ausencia de Arturo para finalmente ser libre, estar con él en eternidad.
Y aunque puede ser solo coincidencia, es pensamiento hermoso, consolador, esperanzador. Y finalmente, recordemos que Marga López no fue solo actriz, fue mujer completa, madre, abuela, bisabuela, amiga, compañera, artista, mexicana por elección, argentina por nacimiento y que su vida fue ejemplo de resiliencia, de amor, de trabajo, de dignidad y que su legado trasciende películas y vive en corazones de todos los que tuvieron fortuna de conocerla, de verla, de amarla. Y eso es inmortalidad real.
Y pensemos en todas las generaciones que disfrutaron de Marga López, los que la vieron en cine en los años 40, 50, 60, los que la descubrieron en telenovelas en los 90 y 2000 y los que hoy descubren sus películas en plataformas digitales y se enamoran de su talento, de su belleza, de su humanidad y así su legado continúa creciendo, tocando nuevas vidas, nuevos corazones, nuevas generaciones.
Y eso es lo que hace a un artista verdaderamente grande, no solo brillar en su época, sino trascender su tiempo y llegar a futuro con mismo impacto, con misma emoción. Y recordemos sus ojos, esos ojos grandes, expresivos que Gabriel Figueroa fotografió tantas veces y que transmitían toda gama de emociones, tristeza profunda, alegría genuina, amor verdadero, dolor insoportable y todo sin decir una palabra, solo con mirada.
Y eso es don que muy pocas actrices tienen y Marga lo tuvo desde siempre hasta el final y por eso sus primeros planos en películas son obras de arte que pueden verse una y otra vez y siempre descubrir algo nuevo, alguna emoción, algún matiz, alguna verdad. Y finalmente dejemos a Marga López descansando en paz al lado de Arturo de Córdoba en Panteón Jardín de Ciudad de México, juntos por fin para siempre, sin enfermedad, sin separación, sin dolor, solo amor eterno que comenzó en 1964 y que nunca realmente terminó, porque amor verdadero no termina. Con muerte
trasciende todo y vive para siempre en memoria. en corazones, en eternidad. Y pensemos una última vez en el momento cuando Arturo le confesó su amor en 1964 después de años de guardar silencio, de esperar el momento correcto y le dijo, “Estoy enamorado de ti desde hace muchos años, pero no me atrevía a decírtelo.
” y Marga, aunque lo rechazó, en ese momento, supo en lo profundo de su corazón que Arturo era diferente, era especial, era el que estaba esperando. Y aunque le tomó tiempo aceptarlo, finalmente se rindió al amor. Y fueron 9 años, de los cuales tres fueron de felicidad pura y seis de amor a prueba, cuidando Arturo enfermo.
Y ambas etapas fueron amor real, verdadero, profundo, que dejó marca, imborrable en corazón, de marga para siempre.