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El Viejo Millonario Vio El Anillo De Su Hija Desaparecida En Una Extraña… Y La Verdad Lo Destruyó

Ethan evitó mirarlo. Tenía el labio roto y las manos manchadas de sangre seca.

—No lo sé.

Alexander golpeó la mesa con tanta fuerza que una copa cayó al suelo y explotó en mil pedazos.

—¡No me mientas!

Margaret, su segunda esposa, observaba la escena desde la puerta. Su rostro permanecía inmóvil, casi frío, aunque sus dedos jugueteaban nerviosamente con el collar de diamantes que Alexander le había regalado años atrás.

—Tal vez Olivia necesitaba alejarse —dijo ella con voz suave—. Siempre fue inestable.

Alexander giró lentamente hacia su esposa.

—¿Inestable? Mi hija desaparece el mismo día que amenaza con revelar algo sobre esta familia… y tú dices que estaba inestable.

El silencio cayó como un cuchillo.

Ethan tragó saliva.

—Papá… Olivia estaba fuera de control. Decía cosas absurdas.

—¿Qué cosas?

Nadie respondió.

La lluvia se hizo más intensa.

Entonces Alexander recordó la última conversación con su hija.

Ella había llegado llorando al despacho.

“Si me pasa algo, no confíes en nadie dentro de esta casa.”

Esas habían sido sus palabras.

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