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¡ESCÁNDALO INDIGNANTE EN COLOMBIA! Llamó a emergencias desangrándose, ¡pero los operadores la IGNORARON por completo! A escasos 85 metros de una comisaría, esta madre soltera fue abandonada a su suerte durante horas tras el brutal ataque de un “compañero” de clases. Lo más aterrador: ¡el monstruo era un asesino que la justicia había dejado libre! Conoce el escalofriante caso de negligencia extrema que hizo temblar al país entero. ¿A quién culparías tú?

El abuso y muerte de una mujer a la vista de todos acabó destapando uno de los casos de negligencia más escandalosos que se han visto en Colombia.  En la madrugada del 24 de mayo de 2012, un operador de turno en la central de emergencias de Bogotá estaba teniendo una noche bastante tranquila hasta que sonó una llamada que no era como las otras.

 Cuando preguntó en qué podía ayudar, lo que escuchó del otro lado lo dejó confundido. Era una mujer, ella hablaba muy despacio con la voz casi sin fuerzas y no estaba gritando ni estaba en pánico, solo hablaba con mucha calma. Pero no era una calma que venía de la tranquilidad, sonaba más a alguien que ya no tenía fuerzas, que no tenía  energía.

 La mujer intentaba explicarle lo que estaba pasando. Le dijo al operador que estaba tirada en el suelo, que no tenía ropa y que había sido víctima de abuso. Palomino, emergencia 1 2 3. ¿En qué le puedo ayudar? Mi agente, buenos días. Estoy en un barranco. Búsqueme, por favor. S. ¿Cómo?  Estoy en un barranco. ¿Qué está qué?  en un barranco de la 45 abajo de la circunvalia.

¿Qué le pasó? ¿Qué? ¿Andando en un vehículo o qué? Sola. Estoy solita, tirada en un sitio terrible. No me puedo mover nada. Por favor, ayúdeme. Sí, el la gente del otro lado por alguna razón. Y esto van a ver en este caso constantemente y les digo ya. que se van a indignar con esta historia.

 Pero bueno, por alguna razón que hasta el día de hoy es difícil de entender, este operador no le dio importancia a esta mujer que estaba llamando. ¿Será que fue por la tranquilidad, por la calma, no sonaba a que era real? No sabemos. aparentemente lo había tomado como una broma o simplemente no procesó lo que estaba escuchando.

 De igual manera, daba la sensación de que este agente no estaba preparado para casos similares. Por ende, esa primera llamada no sirvió de nada. Unos minutos después, alrededor de las 4:50 de la madrugada, la mujer juntó las fuerzas que le quedaban y volvió a marcar al 123. Tenemos que decir que este segundo operador no fue mejor que el anterior.

No sé qué onda con el servicio de emergencias de Colombia en ese año, en el año 2012. Me imagino que esto habrá mejorado, pero en este caso se dejó ver esta negligencia en el año 2012, que uno fuera así, vaya y pase, pero dos operadores de seguido que fueron incompetentes, ya es una vergüenza. Este agente era hostil y aunque la mujer logró dar una ubicación aproximada, el oficial parecía no terminar de entender o simplemente no quería entender lo que le estaba diciendo.

 Igual esta vez sí se registró la alerta y la central emitió la notificación y ahí quedó esta mujer sola en algún lugar de la ciudad esperando. Pasó casi una hora, el sol empezaba a salir y finalmente un equipo de bomberos llegó a la zona y se toparon con esta escena tan desgarradora como impresionante. Una mujer tirada en el pasto, semidesnuda, con varias heridas de arma blanca.

 Ella tenía el cuello morado, señales claras de que alguien había intentado estrangularla y se estaba desangrando lentamente. La encontraron en el Parque Nacional Enrique Olaya Herrera cerca de las 6 de la mañana. O sea, imagínense, la llamada había sido 3 4 de la mañana y a las 6 de la mañana recién los bomberos la habían encontrado.

 Y hay un detalle en este caso que a mí me resulta imposible darle lógica y y es que esta mujer estaba a 85 m de una estación de policías que estaba dentro del mismo parque. O sea, 85 m es menos de una cuadra. El sistema de emergencias tardó más de 2 horas en llegar a alguien que se estaba desangrando casi enfrente de sus narices con una estación de policía a pasos de distancia.

 Cuando la estaban subiendo a la camilla, todavía estaba consciente y dijo algo que iba a ser importante para todo lo que vendría después. Ella dijo, “Yo conocía a quién me agredió.” O sea, que no era un ataque al Sara. Alguien cercano la había atacado. Esta mujer se llamaba Rosa Elvira S y su caso iba a cambiar a Colombia para siempre.

 Creo que escuchando esa primera parte no hace falta ni aclarar que este rescate fue de lo más indignante de principio a fin. Más allá de lo que le habían hecho a esta mujer, que ya fue terrible, la forma en que respondió el sistema esa madrugada fue un desastre en cada paso. Y no estamos hablando de una sola falla, sino que de varias.

 Cuando Rosa llamó por primera vez y la llamada no fue atendida como se debía, la central igual eventualmente emitió la alerta y las unidades del sector iniciaron una inspección. El servicio médico también había sido notificado. Por ahí fue cuando el hospital canceló la primera ambulancia. La razón que dieron fue que no tenían una ubicación precisa de la víctima y la búsqueda se extendió durante casi una hora con las autoridades patrullando la zona sin encontrar nada.

 Y esto es culpa del operador, porque el operador en la primera llamada, también en la segunda, era como que no tenían paciencia, no le preguntaron las cosas indicadas para saber la ubicación exacta de la mujer. El equipo de bomberos fue el que dio con el punto exacto, como habíamos mencionado, y recién cerca de las 6 de la mañana se envió una ambulancia que llegó a la escena 20 minutos después.

Pero lo que pasó cuando llegaron los rescatistas también es increíble. En vez de llevar a Rosa al hospital más cercano por alguna razón que todavía no tiene una explicación oficial, decidieron trasladarla al Hospital Santa Clara. Y hay que decir que el Hospital Santa Clara está prácticamente del otro lado de la ciudad.

 No es el hospital que está en la esquina o que está cerca porque había uno cerca. Rosa estuvo dentro de esa ambulancia una hora y media más. entró al hospital a las 7:50 de la mañana, o sea, más de 3 horas después de su primera llamada al 123. Y cuando Rosa llegó al hospital tampoco la atendieron de inmediato, la dejaron en una camilla, después la pasaron a una silla de ruedas y ahí estuvo esperando durante una hora más con hemorragias internas y completamente sola.

 A las 9 de la mañana, su cuerpo no aguantó más y sufrió un colapso cardiorrespiratorio. Fue en ese momento, estando al borde de dejar de existir, que finalmente la llevaron al quirófano. Y cuando los médicos pudieron ver el estado real de Rosa por dentro, se dieron cuenta de la brutalidad de lo que le habían hecho. Sus órganos internos estaban destrozados.

 Si todo este equipo de emergencias y estamos hablando de los operadores, la ambulancia, la policía, etcétera, inclusive el hospital también hacían bien su trabajo, Rosa Elvira posiblemente hubiera tenido otro final. cada uno de esos errores por separado. Se puede decir que parece una falla del sistema, pero todos juntos fue lo que sentenció a esta mujer.

 Mientras la situación de Rosa se hacía pública y los medios empezaban a cubrir el caso, la presión social sobre las autoridades fue creciendo rápido. La gente en Bogotá estaba indignada y con razón. Pero para entender por qué este caso golpeó tan fuerte a Colombia, primero debemos responder una pregunta clave.

 ¿Quién era realmente Rosa Elvira Celi? Rosa Alviraelli tenía 35 años y se ganaba la vida como vendedora ambulante en las calles de Bogotá. Vendía dulces y otros productos en su puesto informal. No era una vida fácil, hay que decir, pero Rosa era de las personas que no se quedaban quietas esperando que las cosas cambiaran por sí solas.

 A los 23 años había tenido a su hija llamada Juliana, a quien criaba sola. Y eso la marcó de por vida de una forma muy concreta. Ella quería que su hija tuviera más opciones que las que ella había tenido. Eso lo tenía muy claro. Con el tiempo, las ventas no alcanzaban y la frustración por los estudios que había dejado incompletos se fue haciendo más grande porque Rosa había dejado el bachillerato sin terminar y eso le pesaba no solo por ella, sino también porque quería poder exigirle a su hija que estudiara y terminara una carrera. y entendió que

para poder hacer eso ella tenía que dar el ejemplo primero. Así que tomó una decisión que sinceramente no es fácil de tomar. Ella iba a trabajar de día y estudiar de noche para terminar el bachillerato y eventualmente hacer una carrera universitaria. Ella quería ser psicóloga o conseguir un trabajo estable en el estado.

 Sus amigos y su familia la describían como una persona alegre, responsable, alguien que siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás. Su hermana Adriana y su madre María Aurora la admiraban mucho. No era una persona conflictiva, no tenía problemas con nadie. Era una mujer que trabajaba, criaba a su hija y estudiaba. Esa era su vida.

 En la mañana del 24 de mayo, María Aurora y Adriana notaron que Rosa no había vuelto a la casa. Había salido la noche anterior después de sus clases nocturnas en el colegio Manuela Beltrán, que era donde estaba terminando el bachillerato y no había dado señales desde ese momento. No hubo llamadas, tampoco hubo mensajes, no había nada. Y después llegó la noticia de que estaba internada en un hospital.

 Mientras Rosa luchaba por su vida en cuidados intensivos, Adriana tuvo que enfrentarse sola a un sistema que directamente no le daba información. Ella se enteraba más de lo que estaba pasando con su hermana por los medios de comunicación que por la propia fiscalía. Tuvo que ir de oficina en oficina, de la fiscalía a la estación de policía y viceversa, hablando con funcionarios que la trataban con indiferencia o que directamente la revictimizaban, cuestionando a Rosa en vez de ayudar a la familia. En algún momento le pidieron

que Rosa se presentara físicamente para ciertos trámites. Y hay que aclarar que Rosa en ese momento estaba en cuidados intensivos peleando por su vida. Adriana llegó a decir que sentía que el estado ya sabía que su hermana no tenía cómo salir de esta y solo le daban vueltas y vueltas al asunto.

 Rosa estuvo 4 días en cuidados intensivos. Los médicos hicieron todo lo que pudieron, pero los daños eran demasiado graves. El 28 de mayo, lastimosamente, Rosa pasó a otro plano. Estaba junto a su madre y a su hija Juliana cuando murió. Fuerte. Es fuerte. Hasta a mí me cuesta esta historia. Les digo la verdad. Adriana estaba en ese momento en alguna oficina haciendo trámites y no llegó a tiempo para despedirse de su hermana.

 Cuando Adriana fue al Instituto Nacional de Medicina Legal para saber exactamente qué le habían hecho a Rosa, el primer informe de la autopsia decía que había muerto por una herida de arma blanca. Y Adriana obviamente no estuvo conforme con esto porque sentía que esa descripción no reflejaba lo que le habían hecho a su hermana.

 Entonces pidió una segunda revisión y en esta segunda revisión sí fue mucho más completa y también mucho más terrible. La causa de muerte fue peritonitis como consecuencia de las heridas internas. Tenía varios órganos destrozados y dentro de su cuerpo encontraron restos de hierba y de madera. Si este no es de los ataques más fuertes que llegamos a cubrir en este canal, está entre los peores.

 Sinceramente, toda Colombia estaba indignada desde los medios, organizaciones de derechos humanos, también feministas y la ciudadanía en general, lo que hizo que las autoridades sintieran mucha presión para encontrar al o los responsables del hecho. Así que la investigación arrancó con urgencias. Y en ese momento la pregunta que tenía toda Bogotá era, ¿quién había sido capaz de hacerle tanto daño a Rosa? Ella, antes de perder la conciencia, había dicho que conocía a su agresora.

La investigación sobre el crimen de Rosa Elvira tenía dos lugares iniciales en los que tenían que indagar más. Por un lado estaba la escena del crimen, que era el parque, y por otro lado el colegio donde estudiaba Rosa. En la escena del crimen, los investigadores encontraron varias cosas. Por ejemplo, un chaleco reflector de motociclista.

Este chaleco estaba cortado a la mitad y tenía el número de matrícula de una moto. También encontraron cartas manuscritas dirigidas a Rosa, donde un hombre le expresaba su amor y le pedía perdón por lo que iba a hacerle. O sea, esto además confirmaba que era un acto premeditado. Esto no fue un ataque impulsivo.

 Hay que decir algo también sobre cómo funcionaba la investigación en esa época en Colombia, cuando la víctima era una mujer. Casi automáticamente el foco de la investigación iba hacia la vida sentimental de la víctima y el razonamiento era que si una mujer había sido atacada, lo más probable era que había sido alguien con quien tenía o había tenido una relación.

 Los investigadores empezaron por ahí desde analizar al padre de la hija de Rosa, también relaciones pasadas y otros posibles conflictos con amigos o pretendientes de la víctima. Porque varios conocidos habían mencionado que Rosa supuestamente mencionaba que estaba saliendo con alguien, pero cuando profundizaron en eso se dieron cuenta de que ese alguien era una historia que Rosa usaba para sacarse de encima a hombres que le insistían demasiado.

 Yo sé que mi audiencia mayoritaria acá son mujeres y ustedes pueden confirmar que esta es una estrategia que muchas mujeres utilizan para que los hombres dejen de romper las pelotas. Esa es la verdad. Era un escudo, era una forma de poner distancia, o sea, no había ninguna pareja real. Cuando empezaron a investigar a su entorno dentro del colegio donde estudiaba, encontraron el dato que los puso en la pista correcta.

Rosa había asistido a sus clases la noche del 23 de mayo, o sea, que lo que le pasó ocurrió después de salir del colegio y varios testigos la habían visto salir acompañada de dos compañeros, quienes eran Mauricio Ariza y Javier Velasco. Los dos pasaron a ser sospechosos automáticamente, ya que eran las últimas personas con las que se había visto a Rosa con vida, pero también porque recordemos que Rosa aseguró que conocía a su atacante.

Entonces era coherente pensar que estos dos podrían estar involucrados, pero acuérdense que dijo Rosa, dijo, “Yo conozco a mi atacante.” No, dijo en plural, “Tendría que haber sido una sola persona.” Los medios empezaron a publicar los nombres de inmediato, lo que generó una presión enorme sobre los dos hombres y también sobre la policía para resolver el caso rápido.

 Mauricio, uno de estos hombres, era conocido como un amigo cercano de Rosa. Se sabía que en algún momento habían salido y que él en broma decía que Rosa era su futura esposa. Pero cuando Mauricio hacía este comentario, Rosa le cortaba y le decía que ella tenía una relación. Obviamente sabemos que Rosa no tenía ninguna relación, pero era lo que ella utilizaba como para cortar a todos estos hombres, inclusive a uno de sus amigos.

 Para los investigadores, eso lo hacía el principal sospechoso. Lo buscaron, pero antes de que lo encontraran, Mauricio se entregó voluntariamente para dar su versión. Según Mauricio, esa noche al salir de la clase, Rosa dijo que se iba a ir a su casa, pero él y Javier la invitaron a tomar algo. Ella aceptó porque eran compañeros y uno de ellos  era un amigo de confianza.

Estamos hablando de Mauricio. Fueron a un bar en el barrio chapinero. Estuvieron un rato compartiendo y cuando ya era cerca de la medianoche, Rosa dijo que tenía que irse, que tenía que llegar a la casa porque su hija la necesitaba y también les dijo que al día siguiente tenía que trabajar muy temprano, entonces necesitaba descansar.

 En ese momento, según la versión de Mauricio, Javier se ofreció a llevarla en su moto y Rosa confiando en un compañero de clases, entonces aceptó. Esta versión le interesó mucho a la policía porque encajaba directamente con las evidencias de la moto, bueno, encontradas en la escena al crimen no estamos hablando de la moto, estamos hablando del chaleco, lo que puso a Javier como el principal sospechoso.

 Pero por otro lado estaba la posibilidad de que Mauricio solo estuviera intentando desviar la atención hacia su compañero, aunque ese mismo testimonio lo hacía verse igual de sospechoso. Los investigadores necesitaban interrogar a Javier para conocer su versión de los hechos. El problema era que Javier no había aparecido, no se había presentado a declarar y nadie sabía dónde estaba.

Mientras esperaban que se presentara, los investigadores empezaron a revisar el historial de los dos hombres y lo que encontraron sobre Javier fue una de esas cosas que cuando la sabes no podes creer que el sistema lo había dejado pasar.  Cuando la fiscalía investigó a fondo el historial de Javier Velasco, empezaron a cuestionarse cómo una persona con sus antecedentes había logrado evadir la justicia durante tantos años.

 Y resultaba indignante, porque yo les digo, esta historia desde el comienzo es indignante. Yo estoy indignado. A mí me cuesta mucho sentirme, es como que con tantos años contando estas historias ya tengo un escudo y tengo la piel muy gruesa y es difícil de ponerme, no sé, no sé si usar la palabra sentimental, ponerme sensible con historias, pero este caso es tan indignante que no se puede creer y resultaba indignante analizar cómo se había aprovechado de las faltas del sistema para salir impune de cada uno de sus delitos. Y no estamos hablando solo

de un robo, de maltrato, de acoso o de estafa, no. Su primer encuentro con la justicia fue por una acusación de homicidio en el año 2002 y fue cuando una empleada doméstica llamada Dismila Ochoa Iváñez fue encontrada en la calle sin signos vitales. Javier fue detenido como principal sospechoso. En el interrogatorio, él confesó haberle hecho a esto a esta mujer.

 Dijo que era una mujer a la que quería mucho y que ella lo había atacado primero, que él solo se había defendido. Pero la autopsia demostró que la víctima tenía 17 machetazos. Javier luego había limpiado la escena, escondió evidencias y de tan enfermo que era, durmió junto al cuerpo hasta que al día siguiente lo dejó en la calle como si se tratara de una  basura.

 A pesar de todo eso fue puesto en libertad. El Instituto Nacional de Medicina Legal determinó que durante el hecho Javier estaba bajo efectos de sustancias y que no comprendía lo que estaba haciendo. Él estuvo un par de meses detenido. Pasó un tiempo en un hospital psiquiátrico y después lo soltaron sin seguimiento, sin evaluación de su peligrosidad, sin hacer nada.

 ¿Y qué hizo entonces Javier Velasco? Tras recuperar su libertad en agosto de 2007, abusó de sus dos hijastras. Una de ellas tenía 11 años. Ese caso quedó paralizado o encajonado en el sistema fiscal durante casi 5 años, permitiendo que Javier continuara en las calles. En agosto de 2008, él fue sorprendido intentando atacar a una trabajadora de la noche llamada Marcela Jiménez porque se había negado a hacer ciertas cosas que Javier le solicitó y afortunadamente Marcela sobrevivió.

 Había denuncias, había órdenes de captura en algunos casos, había investigaciones abiertas y Javier seguía libre, seguía yendo al colegio, seguía con su vida normal. Esto pasó porque el sistema de información de la fiscalía, por lo menos en esa época, no sé si esto cambió, que se llama SPOA, funcionaba de forma completamente fragmentada, o sea, el departamento a cargo de homicidios no tenía acceso a los registros de otras unidades.

Entonces, jamás vieron si esta persona tenía un historial o tenía antecedentes que Javier obviamente lo tenía. Nunca nadie conectó todos estos casos como lo eran, los crímenes de un mismo agresor que iba escalando en violencia con el tiempo. Y sin ese perfil construido y documentado, nunca hubo una justificación legal para mantenerlo preso de forma permanente.

 Tenemos que decir que si el caso de Rosa no se hubiera vuelto tan mediático, probablemente nadie habría revisado el historial de Javier con esta profundidad. La presión pública fue lo que los obligó a hacer el trabajo que deberían haber hecho años antes.  Con toda esta información encima, la búsqueda de Javier arrancó de inmediato y no costó mucho encontrarlo.

 El 1 de junio del año 2012 fue capturado en una vivienda en el barrio Kennedy haciendo sus actividades con total normalidad. Mientras tanto, pasó algo que resume bastante bien cómo se estaban manejando este caso. Entre el 24 y 25 de mayo, los investigadores habían levantado las evidencias que les interesaban de la cena del crimen y habían dejado el resto de las pertenencias de Rosa tiradas ahí, sin retirarlas y sin custodia.

estuvieron así durante 8 días y fue Adriana la hermana quien después del arresto de Javier fue hasta el lugar para recoger las cosas de su hermana. Entre los matorrales encontró el pantalón de rosa empapado en líquido rojo y también su reloj. Los análisis forenses no dejaron ninguna duda sobre quién era el responsable.

 La letra de las cartas encontradas en la escena coincidían con la letra de Javier. La matrícula de la moto estaba su nombre y las muestras de ADN también lo enlazaban directamente. No había dudas de que él fue el responsable. Luego de haber estado en el bar con el otro amigo, Rosa Elvira confió en Javier y se subió a la moto con él.

 En vez de llevarla a su casa, tomó otro camino a una zona oscura del parque donde la atacó y abusó sin piedad. En sus pertenencias se encontraron más cartas dirigidas a Rosa declarándole su amor. Y hay que decir que él llevaba tiempo obsesionado con ella. Y estas cartas lo confirmaban. Lo peor de esta historia es que luego de toda la evidencia y el historial criminal de Javier, su defensa intentó revictimizar a Rosa diciendo que su comportamiento esa noche era cuestionable. Imagínense.

 Yo sé que todos tienen derecho a un abogado y a afrontar un juicio justo, pero esto ya era una bofetada para todos con esta historia. También intentaron usar el argumento de sustancias ilegales, como le había funcionado en el pasado a Javier en el año 2002 con ese caso, para intentar por lo menos que le bajaran la condena, pero el juicio demostró que Javier estaba lúcido y completamente bien en el momento que cometió el crimen.

 En diciembre del año 2012 salió la sentencia. La condena original fue de 60 años, una de las más altas que se podían dar en Colombia. para este tipo de delitos, dada que las acciones cometidas eran extremas, pero se le otorgó una reducción por aceptar responsabilidad penal y la pena quedó en 48 años. El hombre fue a prisión. La rectora del colegio Manuela Beltrán, el lugar donde Rosa estudiaba, se ofreció a pagar los estudios universitarios de Juliana, la hija de Rosa, que fue un buen gesto, pero la familia no volvió a ser la misma. Y según Adriana, la

hermana nunca sintieron que hubo justicia real. por lo que le pasó a Rosa Elvira. Hasta aquí el caso del día de hoy. Espero sus comentarios aquí abajo. Realmente un caso demasiado indignante. Hace rato que no me tocaba cubrir un caso así de indignante que fue difícil de contar, les digo la verdad.

 Y de esta manera nosotros nos encontraremos en la próxima historia.

 

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