Y a ciertos sectores les resulta más cómodo ignorar el número que explicarlo. Pero lo más revelador no fue el resultado. Lo más revelador fue el momento en que los analistas argentinos en televisión se preguntaron entre ellos si Argentina podía estar en el top tres y se respondieron solos. No, ni cerca. Reconocieron frente a cámara que Javier Miley atraviesa un mal momento de opinión pública, que su imagen cayó y que no aparece en el top 10 de la región.
No lo dijo México, lo dijeron ellos. Desde Argentina, en su propia televisión, admitieron que el país que llevan meses presentando como modelo a seguir no llega ni al top 10, mientras el país que llevan meses describiendo como ejemplo de lo que no hay que hacer encabeza toda la lista. Eso no es propaganda. Eso es lo que pasa cuando los datos se cruzan con las narrativas y las narrativas pierden.
Paren todo un segundo. Alto para todo lo que significa en términos ciudadanos y lo que sucede también con los promedios de otros países. Vamos al número dos a ver si tienen razón o no tienen razón. Aparece Nayib Bukele, 67,5%. No me sorprende, te confieso. No, no tengo amigos, estrategas políticos que trabajan en en ese país y más allá de todo lo que uno pueda criticarle Bukele, la aprobación que tiene la opinión pública es altísima, ¿no? Y hay otro de los temas porque la pregunta es, ¿cuánto estaban antes en la
medición anterior y la realidad es que tiene un leve descenso? Eso significa que baja muy poco, por lo menos no tiene osciliaciones muy fuertes entre una encuesta y la otra. De hecho, y paso le metes mucho, mucho enigma sobre cuál va a ser el primero, pasa algo muy llamativo en el país con Bukele de presidente porque la percepción que la ciudadanía tiene del índice de democracia es altísima.
Es increíble eso. Es increíble porque le asignan al valor seguridad, al indicador que mide seguridad. ¿Viste? Cuando Matías dice, “Bueno, si vos en inflación le asignas mucho porcentaje a servicios, la inflación da da esto.” Bueno, ellos le dan tanto valor al tema de la seguridad y al combate contra las maras que hoy en día el eh ciudadano medio ahí dice, “Yo vivo en un país muy democrático.
” Claro. Y incluso un presidente que llevó adelante también en la cuestión de la reforma electoral, ¿no? Para, digamos, ampliar su mandato. En un momento partió de la opinión pública a ese debate. Y esto por lo que es la relatividad de las cosas, ¿no? cómo piensa y cómo vive un ciudadano en cada país. Exactamente. Pero bueno, ahora viene.
Ah, vamos al puesto número uno. ¿Tenían razón los de la mesa, ¿sí o no? Puesto número uno para Claudia Shainbound de México, 67,8%. Pensemos que Claudia también es uno de los pocos países México, que ha continuado con, vamos a decir, dentro del espectro ideológico, la continuidad de una centro izquierda.
Eh, antes estaba López Obrador, ¿no? Y si bien tuvo un leve descenso, al igual que los otros líderes, aparece como primera en este listado, en este ranking de Latinoamérica. Pensemos que también México es la segunda economía de Latinoamérica y por lo menos lo que vimos en los últimos tres mandatos con una continuidad de México como es sorprendente igual lo de Shamo era, o sea, al principio del mandato una presidenta mujer en una sociedad hipermchista, una mujer judía en una sociedad hipercatólica.
O sea, es ese número para mí sí es lo que termina ganando siempre, que es el hecho de que la gente quiere vivir mejor. Claudia Shainbaum llegó a la presidencia con una presión que muy pocos líderes en el mundo han enfrentado. Ser mujer en una región con machismo estructural, ser la sucesora de un gobierno que polarizó al país y hacerlo además siendo la primera presidente en la historia de México.
Cualquiera de esas tres cosas por separado ya es una carga enorme. Las tres juntas al mismo tiempo, frente a medios que esperaban el tropiezo desde el primer día. ¿Tú crees que ese 67,8% se explica solo con ideología o hay algo más profundo ahí? Cuéntame abajo, porque este debate vale la pena. Los analistas argentinos lo dijeron con una claridad que me sorprendió.
Ese número no es ideológico, es social. La gente no aprueba a un presidente porque comparte su doctrina política. La gente aprueba a un presidente porque siente que su vida mejoró o que al menos alguien le está tomando en cuenta. México incrementó salarios mínimos de manera sostenida en los últimos años. Amplió la cobertura de programas sociales para adultos mayores.
Mantuvo estabilidad económica como segunda economía de América Latina y Shainbound llegó a ese escenario con una continuidad que no rompió lo que funcionaba y que sumó su propia identidad. científica, planificadora, con un estilo de comunicación distinto al de su antecesor, pero igualmente directo.
Eso lo percibe la gente, no en los editoriales, en la vida diaria. La presidenta más importante en cuanto a aprobación se refiere de la región con el 67.8% de la misma. Ahí luego le siguen a Jib Bukele con el 67.5% 5% de aprobación y luego está el presidente Luis Abinader, quien ya está cumpliendo su segundo mandato de manera consecutiva con el 60% de aprobación.
Si nosotros vamos a ver la tabla que se muestra de esta [carraspeo] de este ranking, podemos ver que el presidente Gustavo Petro está en el puesto número 12 con un 40% de aprobación de su gestión y un rechazo del 56.5%. Por encima del presidente Petro está Yamandu Orsi, el presidente de Uruguay, José Antonio Cast, que acaba de ingresar a Chile hace cuestión de meses con el 43.
4% de aprobación. Luego Santiago Peña, Daniel Ortega con el 48.5% y de ahí para arriba está 49.5, Lula Silva, la presidenta de Costa Rica, que también acaba de llegar hace un par de semanas con el 52.7%, 7% luego Rodrigo Paz y los tres que le mencioné en un principio, Claudia Shemb, Nayib Bukele y Luis Abinader.
Cierran, digamos este ranking Camila, el presidente de Ecuador, Daniel Novoa, Bernardo Arévalo de Guatemala, José Raúl Mulino de Panamá, Javier Miley de Argentina con el 34%, Dels Rodríguez con el 24.1 y José Valcázar, el presidente del Perú, que está a portes también de salir porque elecciones ahorita en junio, segunda vuelta con el 20.5%.
Esto me recuerda a cuando muchos tuvimos que demostrar el doble para que nos creyeran la mitad. Claudia Shainbound lleva meses gobernando con una presión mediática que ningún presidente hombre de la región ha recibido con esa intensidad. Cada decisión analizada con lupa, cada aparición pública evaluada con criterios que no se aplican a los demás, cada declaración desmenuzada buscando el error y aún así 67,8%.
Aún así, primer lugar en toda América Latina. Aún así, por encima de Bukele, el favorito de la derecha continental. Por encima de Lula, el líder histórico de la izquierda. Por encima de todos. El contexto regional importa para entender el peso de ese número. América Latina lleva años en un ciclo de desconfianza institucional generalizada.
Los presidentes promedian aprobaciones bajas porque la gente está cansada, porque la inflación golpea, porque la inseguridad no cede, porque las promesas de campaña se diluyen en el primer año de gobierno. En ese contexto, llegar 67,8% no es solo ganar una encuesta, es romper una tendencia regional.
Y México lo hizo, no con marketing, con gestión percibida. Los propios analistas de Buenos Aires lo reconocieron cuando compararon el caso con Brasil. Lula sobrevivió escándalos legales, tres mandatos y décadas de polarización y aún así mantiene casi 50% de aprobación. Lo que explica ese número, dijeron, no es la fidelidad ideológica de sus votantes.
Es que la gente recuerda que cuando Lula gobernó vivió mejor. Ese mismo principio aplica a México y Argentina. Ahí está el contraste que nadie en ciertos medios quiere publicar. El país que se vendió como el gran experimento de la nueva derecha latinoamericana, el que iba a demostrar que el ajuste duro y rápido era el camino, no aparece en el top 10 de aprobación presidencial regional.
Mi ley con toda su visibilidad internacional, con toda la cobertura mediática favorable que recibió durante meses, no llega al top 10 de los presidentes más aprobados de América Latina según este estudio. No lo digo yo con satisfacción, lo dijeron ellos en su televisión frente a sus propias cámaras con una incomodidad que se veía en la cara.
Y ahí está el dato que cierra el círculo, el mismo medio que durante meses construyó la narrativa de que México iba en caída libre, que el modelo de la 4T era un fracaso en tiempo real, que Shainbang no tenía perfil para liderar. Ese mismo medio tuvo que leer en pantalla el número 67,8% y decir en voz alta, primer lugar, México. No hubo forma de girarlo.
No hubo ángulo para suavizarlo. El dato es el dato. Y para los mexicanos que viven en Estados Unidos, para la raza que sigue las noticias de México desde allá con el corazón partido entre dos países, esto también importa, porque la narrativa que viaja al norte sobre México es exactamente la narrativa que estos medios construyen, la del país inseguro, inestable, sin rumbo.
Y cuando esa narrativa choca con un número como este, con una consultora independiente, con metodología sólida, con 40,000 encuestados, con resultados analizados por medios extranjeros que no tienen ningún interés en favorecernos, algo se mueve. La verdad tiene esa costumbre molesta de aparecer aunque nadie le invite. Yo ahí coincido con usted.
Y volviendo a la pregunta de Gustavo Petro, si hay que destacar, Camila, que para que que ver a un presidente con un 40% de aprobación luego de una gestión que podemos decir que ha sido polémica o no, es un porcentaje muy alto, más allá de que el 56% de popularidad la tenga en contra, que un presidente en Colombia se vaya de su gestión con un 40%, pues tal vez ese 40% se traslada directamente a Iván Cepeda.
Son las 10 de la mañana 39 minutos y es viernes y tenemos un puente y de todas maneras como es puente no significa que la contienda electoral se esté deteniendo. Vamos a empezar hoy con entrevistas a los candidatos presidenciales, los que van punteando en las encuestas. Y a propósito de encuestas, a las 10 de la mañana 39 minutos acaba de salir una encuesta para que la gente empiece a analizarla este fines de semana y es la encuesta de Atlas Intel, que a diferencia de otras mediciones, Lucas en esta oportunidad
Atlas Intel sí lo está haciendo presencial porque se le se le criticaba mucho que tuviera esta metodología digital. México no necesita que Argentina lo valide. No necesita que ningún medio extranjero le diga que va bien para saber que va bien. Pero cuando los que más han insistido en la narrativa del fracaso mexicano son los mismos que terminan leyendo el primer lugar en voz alta frente a sus cámaras, eso tiene un valor simbólico que va más allá de la política.
Es el dato ganándole a la narrativa. Es la realidad imponiéndose sobre el ruido. Y eso con todo lo que falta, con todos los problemas que México tiene y que nadie niega, es algo que vale la pena nombrar con la claridad que merece. Esto es México marcando la agenda regional, mientras otros explican por qué no están en el mapa.
Si esto te llenó de orgullo, dale like, compártelo y suscríbete a Esmapeando. ¿Tú crees que este número va a cambiar la narrativa internacional sobre México o la van a seguir ignorando? Pero hay una capa más en este resultado que no se puede pasar por alto y tiene que ver con lo que significa que sea una mujer la que encabece ese ranking.
América Latina es una región con avances reales en representación política femenina, pero también con una resistencia estructural que no desaparece con una ley con un decreto. Las mujeres que llegan a posiciones de liderazgo en la región lo hacen cargando un escrutinio que sus pares hombres simplemente no enfrentan. Su voz se analiza diferente, sus decisiones se cuestionan con un estándar distinto.
Su presencia en espacios de poder sigue siendo en muchos sectores algo que se tolera más que se celebra. Shabam llegó a la presidencia de México en ese contexto y no llegó sola. Llegó después de décadas de movimiento feminista que abrió las puertas, después de reformas de paridad que cambiaron la composición del Congreso, después de una generación de mujeres en política que normalizó lo que antes parecía imposible.
Ese 67,8% no es solo su número, es el número de todo ese proceso. El ejemplo claro de lo que les gusta, pero que no se debe hacer es lo que pasó hoy con muchos asistentes, no reporteros. asistentes a la conferencia mañanera que festejaron el cumpleaños 63 de la presidenta Claudia Shimba. Desde que llegó le cantaron las mañanitas, hasta le aplaudieron.
Sí, ellos sí aplauden. Unos le llevaron flores, otros pastel. Muchas gracias. Ya esta edad ya no hace falta tanto cumpleaños. Ya un año más vieja. Ah. Ah. Muchas gracias. Bueno, ahorita terminando. Una, dos, tres. Vamos al de chocolate. Está duro. Presidenta. Dios la bendiga, doctora. Muchas gracias. Gracias. Dios la bendiga.
Muchas gracias. Ahí tiene una noticia. Muchas felicidades. Los analistas argentinos lo mencionaron casi de pasada, pero vale la pena detenerse. Dijeron que Shainboundown era mujer en una sociedad hipermachista y judía en una sociedad hipercatólica y que aún así lidera el continente. Lo dijeron como dato curioso, pero ese dato curioso es en realidad la parte más poderosa de toda la historia.
Porque lo que ese número demuestra es que cuando la gente tiene opciones reales y cuando percibe que su vida mejora o que al menos la están tomando en cuenta, vota y apoya más allá de los prejuicios que alguien más pensó que iban a definir el resultado. Eso no lo puede ignorar ningún analista político serio y los que intentan ignorarlo quedan expuestos exactamente cuando tienen que leer ese 67,8% en pantalla y explicarlo sin poder decir que es propaganda.
Hay otro elemento en el estudio que vale nombrar, la metodología. Si Global no es una encuestadora ideológica, es una consultora que trabaja con datos en 18 países, con muestras estadísticamente representativas, con un proceso de levantamiento estandarizado. El resultado no es el producto de una pregunta capciosa ni de una muestra sesgada.
Es lo que la gente responde cuando se le pregunta quién tiene mejor imagen entre los presidentes de América Latina. y respondieron Claudia Shainbound de México. No con margen estrecho, con primer lugar sólido por encima del segundo clasificado por tres décimas de punto, sostenida en el tiempo, sin oscilaciones fuertes que sugieran un pico artificial.
Ese número no es un accidente de encuesta, es una tendencia. A mí lo que me encabrona de todo este episodio no es que Argentina haya reconocido el primer lugar de México. Lo que me encabrona es que ese reconocimiento tenga que venir de afuera para que ciertos sectores dentro de México lo tomen en serio, porque los datos sobre salarios, sobre cobertura social, sobre estabilidad económica, sobre aprobación presidencial llevan meses disponibles.
No son secretos, no requieren acceso especial, son números públicos. verificables, analizables, pero hace falta que un programa argentino los lea en pantalla para que empiecen a circular con la misma velocidad que circulan las notas que dicen lo contrario. Eso habla de algo más profundo que la política. Habla de cómo funciona la atención pública, de qué tipo de historias se comparten y cuáles se entierran.
¿De qué sirve tener los datos si el ecosistema mediático está construido para que no lleguen a la gente que los necesita? Por eso este video importa, no para hacer propaganda de ningún gobierno, sino para poner el dato donde tiene que estar, en la conversación cotidiana, en la mesa de la familia, en el grupo de WhatsApp donde alguien sigue repitiendo que México está colapsado.
La respuesta a ese argumento ya no requiere debate ideológico, requiere un número, 67,8%. Primer lugar en América Latina, medido por una consultora independiente, analizado por Televisión Argentina, reconocido por los mismos que apostaron a que este país no llegaba. Eso es lo que México tiene hoy sobre la mesa y eso es lo que vale la pena compartir.