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ESTEBAN LOAIZA: el “MULA” de las Grandes Ligas… La FORTUNA de Jenni y los kilos de COCAÍNA

ESTEBAN LOAIZA: el “MULA” de las Grandes Ligas… La FORTUNA de Jenni y los kilos de COCAÍNA

De gloria eterna a sombra olvidada. Ganó más de 40 millones de dólares lanzando pelotas en las grandes ligas, pero terminó lanzando su vida a la basura por un cargamento de polvo blanco. Pasó de ser el esposo de la mujer más poderosa de la música banda, [música] Jenny Rivera, a ser un peón más del narcotráfico.

Hoy, en sombras del Olimpo, destapamos el expediente que las ligas mayores quisieron enterrar. Cómo un ídolo de México se convirtió en mula de los cárteles. [música] La traición económica la diva de la banda y el oscuro día en que lo atraparon con 20 kg de cocaína en una camioneta de lujo.

 Lo que nadie te contó es que la codicia fue un veneno que Esteban empezó a beber mucho antes de que las esposas se cerraran sobre sus muñecas. Su nombre completo es Esteban Antonio Loai Saveina y lo que hizo cuando ya no tenía nada que demostrar en el diamante cambió para siempre la percepción del éxito deportivo en México.

 En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron con esta crudeza. [música] Primera, los 43,766,000 exactos que pasaron por sus manos y cómo desaparecieron entre lujos mal administrados y malas [música] compañías. Segunda, el momento exacto del 9 de febrero de 2018 a las 5:30 de la tarde cuando su mundo se detuvo frente a un oficial de San Diego.

Tercera, la confesión específica sobre el compartimento secreto en la camioneta que delató su vínculo con [música] estructuras criminales de alto nivel. Cuarta, su destino actual en las calles de Tijuana, donde camina como un fantasma de lo que pudo ser. Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante.

 Cómo un hombre que ya era millonario y una leyenda viva decidió por voluntad propia arriesgar su libertad por una suma de dinero que no representaba ni el 10% de lo que alguna vez ganó en una sola temporada. Pero antes necesitas saber cómo llegó hasta ahí, porque todo empezó en el polvo de Tijuana, mucho antes de las luces de Chicago o el brillo de los diamantes de Los Ángeles.

 Grábate, esto es importante. Esteban Loaisa no nació en la cuna de oro que después presumiría. Nació el 31 de diciembre de 1971 en una Tijuana que respiraba béisbol en cada esquina. En esa frontera, el éxito se mide por cuánto [música] tiempo tardas en cruzar al otro lado para cumplir un sueño. Su padre, un hombre que entendía el rigor del trabajo físico, le inculcó que su brazo derecho no era solo una extremidad, sino una herramienta de precisión. Escucha esto.

Mientras otros niños jugaban por diversión, Esteban ya estaba siendo moldeado para soportar la presión de miles de ojos sobre él. El talento era evidente, pero la mentalidad era la de un sobreviviente. En 1991, cuando apenas tenía 19 años, los piratas de Pittsburg pusieron sus ojos en aquel joven espigado que lanzaba fuego.

 Firmó su primer contrato profesional el 21 de marzo de ese año. Ese día Esteban no solo firmó un papel, firmó su salida de la anonimidad y su entrada a una máquina de hacer dinero que no perdona errores. Pasó de una vida normal en la frontera a un contrato que, aunque humilde al principio, le permitía soñar con cifras que su familia jamás había visto reunidas.

 El ascenso por las ligas menores fue un campo de batalla. Grábate esto. El sistema de las grandes ligas está diseñado para quebrar a los débiles. Esteban sobrevivió a los viajes en autobús de 10 horas, a la comida rápida de $ y a la soledad de pueblos en Estados Unidos donde nadie hablaba su idioma. Su primer gran éxito llegó en 1995.

Tenía solo 23 años cuando debutó en la gran carpa el 29 de abril. Esa tarde, frente a los Philis de Philadelphia, el mundo supo que había un nuevo AS mexicano. Lanzó cinco entradas y dos tercios, permitiendo solo cinco hits. Fue el nacimiento de una esperanza para México que buscaba desesperadamente al sucesor de Fernando Valenzuela.

 Pero aquí es donde la sombra empieza a [música] proyectarse. Empezó a ganar cientos de miles de dólares al año, una cifra que para un joven de Tijuana representaba una riqueza absoluta. Sin embargo, en el vestuario los rumores decían que Esteban no solo disfrutaba del juego, sino de todo lo que venía con él.

 La fama en las Grandes Ligas es un arma de doble filo. Estás en hoteles de cinco estrellas. Tienes acceso a las mejores fiestas [música] y todos quieren ser tus amigos mientras el cheque siga llegando. Durante sus años con los piratas, entre 1995 y 1998, acumuló estadísticas sólidas, pero no espectaculares. Ganó 27 juegos y perdió 28.

 No era una superestrella todavía, pero el dinero ya fluía. recibió su primer aumento significativo pasando de los $09,000 iniciales a ganar más de $,0000ón por temporada antes de ser enviado a Texas. Piensa en eso un momento. Un joven que 10 años antes lanzaba piedras en terrenos valdíos de Tijuana, ahora tenía en su cuenta bancaria más dinero del que podía gastar racionalmente.

 Pero la racionalidad nunca fue el fuerte de loa. Los Rangers de Texas lo recibieron en 1998. Y ahí su brazo derecho se convirtió en una mina de oro. Entre 1998 y el año 2000, su salario escaló hasta los 3,4 [música] millones de dólares anuales. Grábate este detalle. En esa época, Esteban empezó a comprar autos de lujo que apenas usaba y a rodearse de un séquito que solo aplaudía sus excesos.

 [música] El deporte lo estaba elevando a la estratosfera y él sentía que era invencible. Fue en Texas donde se consolidó como un lanzador de rotación constante, pero también donde los excesos fuera del campo empezaron a hacer tema de conversación en voz baja [música] entre los scouts. Se decía que su disciplina empezaba a flaquear cuando las luces del estadio se apagaban.

[música] Nadie imaginaba lo que estaba por pasar cuando fue transferido a los azulejos de Toronto en el año 2000. Fue una [música] etapa de transición de búsqueda de una identidad que parecía escapársele entre los dedos. ganó 25 juegos con el equipo canadiense, pero su efectividad comenzó a subir. El negocio del béisbol es frío.

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