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ALBERTO DEL RIO : LA OSCURA VERDAD DETRÁS DE LA MU3RT3 DE SU EX

hora de combate,  el último hombre que quedó parado en la lona fue un mexicano con Smoking. Alberto del Río, primer mexicano de la historia en ganar el Royal Rumble. México lloró esa noche y cuando 6 meses después en el Summerslam de Los Ángeles levantó el cinturón mundial de la WWE en sus manos frente a 70,000 personas que coreaban su nombre.

Alberto del Río sintió por primera vez que había superado a su padre, que ya no era el hijo de dos caras, era el hombre más grande que el apellido Rodríguez había producido jamás. Lo que ningún mexicano viendo esa noche en su sala podía imaginar es que 3 años después ese mismo hombre iba a estar fuera de la WWE, ahogado en alcohol, drogas y rabia, con su matrimonio destruido y con la primera mujer de su vida llorando en silencio dentro de la habitación de un hospital de Naucalpan.

5 de agosto del 2014, la WWE emitió un comunicado de tres líneas. La empresa había rescindido el contrato de Alberto del Río por conducta poco profesional.  Sin más explicación, ningún medio mexicano supo qué había pasado.  La verdad la contaría el propio luchador después. En una entrevista,  un empleado del staff de redes sociales de la WWE le había hecho un comentario racista.

Le había llamado, palabra por palabra. Juanito come frijoles. Le había dicho que su trabajo en aquella empresa era limpiar sus platos. Y Alberto del Río, en lugar de reportar el incidente al departamento de  recursos humanos, como cualquier empleado profesional habría hecho, lo agarró del cuello y lo abofeteó  delante de todo el vestidor.

El empleado no fue despedido,  Alberto del Río sí. Y aquella misma noche en su casa de Texas, Alberto entendió la segunda lección que iba a marcar su vida, que el sistema,  cuando un hombre del apellido Rodríguez resolvía las cosas con los puños, lo aplastaba sin importar la  razón.

Lo que Alberto del Río no le contó a nadie en aquellos días, lo que solo amigos cercanos confirmarían años después en entrevistas privadas, es  que el comentario racista no fue lo único que pasó esa tarde en el vestidor.  El verdadero detonante fue otro. Días antes, según fuentes del backstage de la WWE,  Alberto del Río había llegado al evento con olor a alcohol.

La empresa ya le había hecho una llamada de atención por  consumo de sustancias durante el contrato y aquel empleado del staff, según contaron testigos, no solo le había hecho un comentario racista, le había dicho que olía a cantina  barata, que regresara a México a vender tacos y que el día que la WWE encontrara  un latino sobrio le iban a quitar el cinturón a él.

Esa parte de la historia nunca salió en los comunicados oficiales, pero aquellos comentarios sobre el alcohol 8 años antes de la detención de San Luis Potosí ya señalaban algo que la WWE había visto venir y que la prensa mexicana durante una década prefirió no investigar. A partir de ese despido, todo se aceleró.

Empezaron las giras independientes,  empezaron los gimnasios prestados. Empezaron las noches sin dormir. Empezaron  las pastillas para aguantar los entrenamientos. Empezó el  alcohol para aguantar el dolor de la espalda. Empezaron las amantes en cada ciudad y empezó a desmoronarse en silencio.

El matrimonio  que durante 5 años había mantenido con la mujer que más lo había sostenido en su vida. En  el 2016, 2 años después de aquel primer despido, la W le dio una segunda oportunidad, lo trajo de regreso brevemente y dos años después lo despidió otra vez. Esta vez la razón fue distinta.

La empresa anunció que Alberto del Río había violado la política de  bienestar de la compañía. Política de bienestar es el nombre técnico que la WWE  le pone a las pruebas de drogas y alcohol que le hace a sus luchadores. Significa que Alberto del Río dio positivo  y la prensa especializada en wrestling lo confirmó pocos días después.

Sustancias prohibidas, drogas, alcohol.  La empresa más grande del mundo lo despidió de manera definitiva y nunca más volvió a contratarlo. Para entonces, Alberto del Río ya estaba  metido en una espiral que ningún periodista mexicano se atrevía a describir  de frente. Vivía entre giras de empresas independientes en Estados Unidos.

Cobraba apariciones en pequeños eventos de  wrestling regional. Bebía cada noche. Tenía relaciones simultáneas con varias mujeres a la vez. Y el hombre que en el 2011 había levantado el cinturón mundial frente a  70,000 personas, en el 2018 ya pesaba 15 kg más. Tenía la cara hinchada por el alcohol y aparecía en redes sociales con luchadoras menores de edad que después negaban haber estado con él.

Se llamaba Ángela Belkey, húngara de origen. Conoció a Alberto del Río en el 2010, justo antes de que él firmara con la WWE.  Se casaron en el 2011. Semanas después de que él ganara el Royal Rumble, tuvieron tres hijos, dos niñas y un niño. Ella crió a esos tres hijos prácticamente  sola, mientras Alberto vivía en aviones, en hoteles, en arenas de Estados Unidos.

Lo que Ángela Belkey descubrió en algún momento del 2015, lo que los amigos cercanos de la pareja confirmarían años después, es que su marido le era infiel desde hacía tiempo, sistemáticamente con luchadoras, con fanáticas, con mujeres que él conocía  en cada gira. Cuando ella lo confrontó, según contaron amigos cercanos,  Alberto del Río no negó nada.

le dijo con una frase que la destrozó por dentro,  que los hombres del apellido Rodríguez no respondían por sus pecados a nadie. Se divorciaron en el  2016. Ángela se quedó con los tres hijos en una casa del Estado de México. Alberto siguió su carrera en Estados Unidos y durante los siguientes años,  cada vez que sus hijos preguntaban por él, Ángela aprendió a responder lo mismo, que su papá estaba trabajando, que regresaba pronto, que los  quería mucho.

El 2 de mayo del 2022, Ángela Belkey murió. Tenía 43  años. Llevaba meses internada en el hospital San José de Naucalpan de Juárez con problemas graves de salud. Murió pocos años después de aquel divorcio que la destrozó  por dentro. Alberto del Río publicó un video llorando pidiendo donaciones de sangre para salvarla  antes de su muerte.

Ese video todavía se puede encontrar en internet.  en él. Un hombre que durante 5 años había engañado a esa mujer, suplica frente a la cámara que el público mexicano done sangre para salvarla. La sangre llegó, Ángela  no se salvó y los tres hijos de Alberto del Río se quedaron sin madre a los nueve,  los siete y los 4 años.

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