Posted in

El Asqueroso Secreto que la Hija de Lola Beltrán Calló por 30 Años

Lola Beltrán murió sin saber lo que su propio sobrino le había hecho a su única hija dentro de su casa. La hija lo confesó en Facebook el 4 de marzo de 2020 y borró el mensaje horas después. Al día siguiente publicó una segunda línea aún más escalofriante. Si algo me sucede, dijo, “culpo a este hombre. He cruzado el expediente del juicio de 14 años y los testimonios póstumos de la familia para esta historia.

Cuando termine este video, no vas a poder volver a escuchar Paloma Negra de la misma forma. Todos creímos que Lola murió en la cumbre de su gloria, pero el verdadero infierno de su vida comía en su mesa. Para entender lo que destapó la hija de Lola Beltrán esa madrugada de marzo, hay que volver muchos años atrás.

a una casa donde nadie miraba a la niña. Tienes que volver a Rosario, Sinaloa, un pueblo polvoriento del noroeste mexicano escondido entre la sierra y el mar de Cortés. Allí nació Lucila Beltrán Ruiz un 7 de marzo. La fecha exacta nadie la sabe con certeza. Su acta de bautizo dice 1931. La lápida de su tumba dice 1935.

El acta de defunción registra una edad que no coincide con ninguna de las dos. La mujer más famosa de la canción ranchera mexicana entró al mundo y salió de él sin que nadie pudiera ponerse de acuerdo en cuántos años había vivido. Ese pequeño caos en sus papeles oficiales era una metáfora perfecta de todo lo que iba a venir.

La familia se sostenía con esfuerzo. Su padre, Pedro Beltrán, administraba una mina. Su madre, María de los Ángeles, Ruiz Ramos, sostenía la casa con rezos y comida caliente. Lola fue educada por monjas carmelitas, cantaba en la iglesia, aprendía taquigrafía y mecanografía. Soñaba con ser secretaria, eso es lo que tienes que recordar.

Lola Beltrán no nació para ser una leyenda, nació para ser secretaria. A los 21 años hizo el viaje que le iba a desordenar la existencia. subió en autobús con su madre a la ciudad de México con un solo propósito declarado. Visitar la Basílica de Guadalupe era una promesa. Era una manda religiosa que su madre había prometido cumplir, pero el destino tenía otros planes para esa muchacha de Sinaloa que cantaba bonito.

se hospedaron en un hotel cerca de los estudios de la XW, la radio más poderosa del país, conocida como la voz de América Latina desde México. Lola, con esa terquedad de pueblo que tienen las mujeres del Sinaloa profundo, se acercó al edificio a buscar trabajo. Allí ocurrió la primera ironía cruel de su historia.

Se cruzó con Miguel Acéz Mejía, ya entonces uno de los grandes del ranchero. Él la presentó al director artístico de la estación, un hombre llamado Amado Guzmán. Amado Guzmán escuchó cantar a la muchacha de Sinaloa y no le interesó. Le ofreció trabajo, sí, pero le ofreció trabajo como secretaria. Aquí es donde quiero que pares, porque ese rechazo que parecería el final de un sueño fue en realidad el principio de algo mucho más oscuro.

Aunque Lola tardaría décadas en darse cuenta de lo que estaba germinando dentro de su propia familia, lo que pasó después casi todos lo conocen. Una cantante llamada La Torcaita, estrella del programa Así es mi tierra, tuvo que viajar a Centroamérica. Su lugar quedó vacío. Probaron a la secretaria, cantó y su voz, esa voz hecha de guapango y bandas sinaloenses, dejó al estudio en silencio.

Tata Nacho, el director musical del programa, supo de inmediato lo que estaba escuchando. La secretaria se convirtió en estrella en cuestión de meses. Tenía 20in pocos años cuando empezó a llenar arenas. Poco después, una vida entera de éxitos. Cantó en el Olimpia de París, donde antes había cantado Edith Piaf.

Cantó en el Carnegy Hall de Nueva York. Cantó en el Madison Square Garden. Cantó en la sala Chikovski de Moscú. Cantó en el la sala Cikovski de Moscú. Cantó en el Conservatorio de Leningrado. Cantó frente a Charles de Gol, presidente de Francia. Frente a Leonid Bresnev, líder de la Unión Soviética, frente a Andrey Gromico, frente a Josip Bros Tito, Mariscal de Yugoslavia, frente al rey Juan Carlos I y la reina Sofía de España, frente a la reina Isabel Segunda de Inglaterra, frente a John Finnes y Kennedy, frente a Richard Nixon, frente

a Lindon Johnson, frente a Dw Eisenhauer. 15 veces pisó el escenario del Palacio de Bellas Artes. Fue la primera mujer en cantar música ranchera en ese recinto sagrado, antes destinado solo a la música clásica. Abrió esa puerta para todos los que vinieron después, para Juan Gabriel, para Marco Antonio Muñiz. Todos los que después pisaron bellas artes pisaban un camino que Lola había abierto con la garganta.

78 discos, más de 60 películas, 40 años de carrera ininterrumpida. La llamaron la reina de la canción ranchera, la llamaron la embajadora, la llamaron Lola la Grande. El gobierno mexicano la honró en 1995 con una serie de timbres postales que llevaban su rostro impreso en cada esquina del país. Su voz aparecía en discos pirateados que se vendían en mercados de Tijuana, de Bogotá, de Madrid.

La gente del campo la ponía en sus radios viejas a las 5 de la mañana cuando se levantaba a trabajar. Era una santa popular sin imagen religiosa. Era el sonido de México. Pero esa misma mujer, que era el sonido de México en privado, escondía un secreto familiar tan podrido que iba a tardar 24 años en estallar.

Y cuando estallara, ya iba a ser demasiado tarde para ella. Pero hay un dato que tienes que conocer y que se cuenta poco. Antes de Alfredo Leal hubo otro marido, casi nadie habla de él. Su nombre era José Ramón Tirado, también era torero. Lola se casó con él muy joven en sus primeros años de fama. Ese matrimonio se rompió rápido y discretamente.

Francisco Beltrán, el hermano de Lola, lo recordaba como un buen muchacho del barrio de la 16 de septiembre. que jamás habló mal de la cantante, pero Lola tampoco habló de él, lo borró de su biografía pública. Esa fue la primera vez que Lola enterró un capítulo doloroso bajo siete capas de silencio. No sería la última.

Pero hay una pregunta que nadie hizo durante esos 40 años y es la pregunta que va a desordenar todo lo que crees saber sobre esta mujer. Mientras Lola estaba en París, en Moscú, en Madrid, en Nueva York, en La Habana, en Buenos Aires, ¿quién cuidaba de su hija en la Ciudad de México? Esa pregunta tiene respuesta y la respuesta es la primera pieza del horror que te voy a contar.

Lola Beltrán se había casado en 1961 con un hombre llamado Alfredo Leal Curi. Él era torero, le decían el príncipe torero. Era hijo de un general del ejército mexicano y de una mujer de origen libanés. Se conocieron en una fiesta organizada por un hermano de Alfredo en 1954. El flechazo fue inmediato.

Read More