Posted in

Alejandra Guzmán: Lo que le Hizo a Thalía cuando Nadie Miraba… y el Rencor que Sobrevivió

Y en este caso, las raíces son dos infancias que no podrían haber sido más distintas. Alejandra Guzmán Pinal nació el 9 de febrero de 1968 en Ciudad de México. Hija de Enrique Guzmán, el ídolo del rock mexicano de los 60 y de Silvia Pinal, la actriz más importante de su generación. La musa de Buñuel, la estrella de Viridiana, la mujer cuya cara había aparecido en portadas en tres idiomas.

Alejandra llegó al mundo en el centro de ese poder. Creció entre camerinos, entre aplausos que no eran para ella, entre conversaciones de adultos que hablaban de contratos y de fama mientras ella escuchaba desde el umbral de las puertas. Piensa en eso un momento. Una niña de 5 años en los pasillos del Teatro Blanquita esperando que su padre terminara el concierto, viendo desde los bastidores como 10,000 personas se levantaban cuando él tocaba la primera nota, aprendiendo antes de saber leer que el mundo tenía dos mitades, los que

estaban en el escenario y los que miraban, y que su familia pertenecía sin discusión al primer grupo. Eso deja una marca, no siempre visible, pero deja una marca. Lo que nadie podía calcular entonces es que esa marca también tenía un peso. Alejandra heredó un apellido que en México abría todas las puertas, pero también heredó la obligación silenciosa de no decepcionar ese apellido.

Enrique Guzmán tenía fans que lo adoraban con una devoción que rozaba lo religioso. Silvia Pinal tenía una carrera que ninguna actriz de su generación había logrado igualar. Ser hija de los dos significaba una cosa concreta. Tenías que ser tan buena que nadie pudiera decir que llegaste solo por el apellido. Tenías que ser mejor. Guarda esa presión.

Va a aparecer después. La infancia de Alejandra en Polanco, en la casa familiar de la calle Anatol Franz tenía todos los marcadores externos del privilegio. Colegio privado, veranos fuera del país, marcas que la mayoría de los niños mexicanos de esa época no podían ni pronunciar. Pero el privilegio externo y la estabilidad emocional no van siempre de la mano y en esa casa los dos no siempre coincidieron.

Enrique Guzmán y Silvia Pinal se separaron cuando Alejandra tenía 6 años. La separación fue lo que las separaciones en familias famosas suelen ser en México en los 70. pública, comentada, fotografiada y en privado mucho más complicada de lo que cualquier revista se atrevía a imprimir. Alejandra creció entre dos casas, dos atmósferas y dos formas distintas de entender qué significa vivir bajo la atención permanente de un país que te conoce sin haberte elegido.

Su madre reconstruyó su vida y su carrera. Su padre hizo lo mismo. Ella aprendió a moverse entre los dos mundos con la soltura de quien no tiene otra opción. Lo que Alejandra construyó con esa infancia fragmentada y cómo esa construcción la llevó a tomar decisiones que pocos entendieron desde afuera, es lo que este video va a mostrar con nombres y fechas exactas.

Quédate. Pero a 300 km en términos de clase y de circunstancia estaban haciendo la otra historia. El 26 de agosto de 1971 en el Hospital español de Ciudad de México nació Ariad Natalía Sodi Miranda. Su padre era Ernesto Sodi Pallares, criminalista y médico legista reconocido en los círculos académicos de la capital.

Su madre, Yolanda Miranda Mange, venía de una familia con historia, pero sin el tipo de poder que se mide en marquesinas ni en apellidos que la industria del espectáculo reconoce. Talía llegó al mundo en una familia de clase media intelectual, sólida pero sin red en la industria. Tenía 4 años cuando su padre murió. 4 años.

Ernesto Sodi Payares falleció en 1975 y dejó a Yolanda Miranda sola con seis hijos. Seis hijos en una ciudad de México, donde el costo de vivir subía cada año y el apellido del padre muerto no abría ninguna puerta. Talia era la menor, la que no alcanzó a conocer a su padre en ningún sentido real, la que creció con la imagen de él construida a partir de fotografías y de lo que su madre y sus hermanas decidieron contarle. Piensa en eso un momento.

Una niña que empieza a entender el mundo y el primer dato importante de ese mundo es que el padre no está, que hay seis bocas que mantener y una madre que trabaja para hacer lo posible, que el departamento en la colonia Doctores tiene calor en verano y un refrigerador que nunca está del todo lleno. Hay una niña con una voz y unas ganas de algo que todavía no sabe nombrar con exactitud.

La madre de Talia, Yolanda Miranda, tomó una decisión que cambió el rumbo de todas sus hijas. Las metió al mundo del entretenimiento, primero en comerciales, luego en televisión infantil. Para 1981, Talía tenía 10 años y ya estaba en los castings del proyecto que se convertiría en el fenómeno de la siguiente década. Los productores buscaban chicos que cantaran, que bailaran, que soportaran el ritmo brutal de la industria televisiva.

Talía lo tenía y lo tenía de una manera que los productores que la vieron ese día no supieron describir exactamente, pero sí reconocer de inmediato. Timbiriche se formó en 1982. Ocho chicos de entre 10 y 15 años producidos por Luis de Llano bajo el sello Melody respaldados por Televisa. El experimento era construir una versión mexicana de los grupos juveniles que arrasaban en Latinoamérica con letras ligeras y una estética que mezclara lo colorido con lo adolescente.

Funcionó de una manera que ni los más optimistas dentro de la televisora esperaban. En dos años, Timbiriche era el grupo más vendido de México. En tres llenaban estadios. Talia estaba adentro desde el principio, bailando en televisión nacional a los 10 años, aprendiendo a vivir bajo los reflectores con la velocidad que exige la industria cuando encuentra a alguien temprano.

Mientras eso ocurría, Alejandra Guzmán transitaba por una clase de escuela completamente distinta, no de baile, ni de castings, ni de televisión infantil. La escuela de la fama heredada, que tiene sus propias asignaturas y sus propias formas de marcar. Había crecido escuchando decenas de veces la historia de cómo su padre había llevado el rock al español en una época en que los puristas decían que eso era imposible.

Llevaba el apellido en el pasaporte y en cada conversación. Guarda este nombre. Enrique Guzmán. La sombra del padre va a aparecer en el momento cómodo de esta historia. Las dos mujeres llegaron a los 20 años desde puntos opuestos del mapa social mexicano. Una con un apellido que la precedía en cada cuarto en el que entraba, la otra con una trayectoria propia construida desde niña, sin red familiar de seguridad, en la industria más despiadada para alguien que no tiene a nadie posicionado en la cima. Esa diferencia importa.

importa porque el resentimiento entre personas poderosas casi siempre tiene raíces que no son del tamaño que aparentan y casi siempre empiezan antes del primer insulto público. Para 1988, Alejandra Guzmán lanzó su álbum Debut homónimo con Emy México. Tenía 20 años. El primer sencillo, by mamá, sonó en todas las estaciones de radio del Distrito Federal.

La misma semana, la industria observó algunos con curiosidad, otros con escepticismo, muchos preguntándose si la hija de Silvia Pinal y Enrique Guzmán tenía algo propio que decir o iba a vivir del eco de sus padres. La respuesta llegó antes de lo que esperaban. El álbum vendió más de un millón de copias en México en su primer año.

Read More