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VIGILANTE JUAN JESÚS ARRESTADO CONFESÓ CASO EDITH GUADALUPE TRAS 48 HORAS EN EDIFICIO REVOLUCIÓN

 Mientras tanto, Juan Jesús seguía en su puesto, vigilaba la entrada, revisaba cámaras, atendía llamadas como si nada hubiera pasado, como si en el sótano del edificio no yaciera el cuerpo de alguien. a quien él mismo había recibido horas antes. Lo que hizo esa noche superó cualquier intento de encubrimiento.

 El 15 de abril de 2026, alrededor de las 12 del día, Edit Guadalupe abordó un mototaxi en la colonia Magdalena Atlasolpa. El conductor la llevó hasta avenida Revolución 829, frente a Torre Murano. Ella iba vestida de forma casual, llevaba su celular y una pequeña mochila. No imaginaba que esa cita de trabajo era una trampa mortal.

 Al llegar, Edit ingresó al edificio y se dirigió hacia la caseta de vigilancia. Ahí la esperaba Juan Jesús. Según las investigaciones posteriores, la joven preguntó por la supuesta agencia de modelos. Nadie sabe con certeza qué respondió el vigilante, pero lo que ocurrió después quedó marcado en evidencia forense.

 Dentro de esa pequeña caseta de vigilancia ocurrió un altercado. Las razones exactas permanecen en la investigación, pero los hechos son claros. Juan Jesús la agredió de forma violenta utilizando un desarmador como arma. La fiscal Berta alcalde detallaría días después que el atacante la golpeó en múltiples ocasiones.

 El espacio reducido de la caseta se convirtió en escenario del crimen. Edith intentó defenderse, pero la agresión fue brutal y sostenida. En cuestión de minutos perdió la vida y entonces comenzó el encubrimiento. Juan Jesús sabía que el edificio tenía cámaras en el lobby y en los pasillos. sabía que el cuerpo no podía quedarse en la caseta, así que tomó una decisión fría y calculada, trasladar el cuerpo al sótano del estacionamiento.

 Bajó varios niveles cargando los restos de edit hasta una zona poco transitada del sótano. Ahí, junto a los contenedores de basura, había un montículo de arena destinado a trabajos de construcción. la ocultó bajo ese material, la cubrió completamente y después regresó a su puesto como si nada hubiera ocurrido. Durante las siguientes horas, Juan Jesús continuó trabajando, atendió residentes, controló accesos, revisó pantallas.

Mientras tanto, la familia de Edit comenzaba a desesperarse. Su madre intentaba llamarla sin respuesta. Su tío rastreaba el último punto de ubicación del celular. Todos sabían dónde había ido, pero nadie podía imaginar que ya era demasiado tarde. En la madrugada del 16 de abril, la familia acudió a la fiscalía.

 Llevaron imágenes del mototaxi, vídeos de cámaras vecinales, la dirección exacta del edificio. Les dijeron que debían esperar 72 horas, que tal vez Editth se había ido con amigas o con su pareja, que era normal, pero ellos sabían que algo estaba mal. Claudia Edit, la madre de la joven, insistió. Exigió que revisaran el edificio de inmediato.

 La respuesta que recibió fue devastadora. Algunos funcionarios le pidieron dinero para agilizar la búsqueda. Lo que los investigadores encontrarían después revelaría la verdadera magnitud del horror y la negligencia institucional. Durante 48 horas, la familia de Edit realizó la investigación que las autoridades debieron hacer desde el primer momento.

 Sus primos se plantaron afuera del edificio exigiendo acceso. Contrataron un investigador privado con sus propios recursos. Recorrieron negocios vecinos solicitando grabaciones de cámaras. Cada video, cada testimonio lo obtuvieron ellos mismos. Mientras tanto, Juan Jesús seguía trabajando. Los familiares lo vieron entrar y salir de la caseta.

 Le preguntaron si había visto a Edit. El vigilante negó todo. Dijo que ese día había pasado mucha gente, que no recordaba a nadie en específico, que revisara las cámaras él mismo era imposible sin autorización. La administración del edificio se negó a cooperar hasta que hubiera una orden judicial. El tío de Edit, Francisco Luna, se enfrentó directamente con los administradores del inmueble.

 Exigió que le mostraran los registros de entrada. Le dijeron que sin orden judicial no podían compartir nada. Amenazó con romper puertas si no cooperaban. Llamó a medios de comunicación. La presión comenzó a crecer exponencialmente. La tía de la víctima, Magdalena, denunció públicamente que la fiscalía les había sugerido esperar porque seguro se fue con el novio.

 Mostró capturas de pantalla de conversaciones donde funcionarios pedían dinero. Habló de investigadores privados que tuvieron que contratar porque las autoridades no movían un dedo. Su testimonio se viralizó en redes sociales, generando indignación masiva en todo el país. La familia logró obtener vídeos de cámaras particulares de comercios cercanos.

 En ellos se veía claramente a Edit descendiendo del mototaxi, caminando hacia la entrada del edificio, ingresando por la puerta principal, pero nunca saliendo. Esas imágenes fueron entregadas a la fiscalía junto con datos del conductor de la aplicación. Horarios exactos, ubicación GPS del último punto donde estuvo activo el celular de la joven.

 El 17 de abril, tras presión mediática insostenible y bloqueos en Avenida Revolución y Eje 6, la Fiscalía finalmente actuó. A la 1:30 de la madrugada ingresaron al inmueble con orden de cateo. Comenzaron la inspección por las áreas comunes. Revisaron lobby, escaleras, pasillos, todo parecía en orden. Pero cuando llegaron a la caseta de vigilancia, los peritos encontraron algo crucial.

 Había manchas de sangre, pequeñas salpicaduras en la pared posterior, restos hemáticos en el piso que alguien había intentado limpiar sin éxito. La luminol reveló un patrón de limpieza reciente con productos químicos comunes. Ese espacio reducido había sido escena de violencia extrema. Los técnicos tomaron muestras, fotografiaron cada centímetro, levantaron huellas dactilares, documentaron todo meticulosamente y entonces enfocaron la búsqueda hacia el sótano.

 Descendieron nivel por nivel, siguiendo el rastro de evidencia. En el área de estacionamiento del sótano -2, junto a los contenedores de basura y materiales de construcción abandonados, encontraron un montículo de arena que parecía fuera de lugar. No había obras recientes que justificaran su ubicación.

 Comenzaron a remover el material con cuidado. A pocos centímetros de profundidad apareció una bolsa plástica. Dentro estaba el cuerpo de Edit Guadalupe. El dictamen forense preliminar confirmó lesiones compatibles con agresión violenta mediante objeto contundente. El informe de criminalística estableció que la caseta de vigilancia fue el lugar del crimen y el sótano solo el sitio de ocultamiento posterior.

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