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$2 MILLONES de Herencia: ALEJANDRO SÁNCHEZ Esposo de CAROLINA FLORES Bajo Sospecha POLANCO

 Tú eres mío, ella no. Después de escuchar esa confesión explícita, Alejandro no llamó al 911. no intentó detener a su madre cuando recogió sus maletas y salió caminando del departamento. No alertó al guardia de seguridad, simplemente la dejó irse. La vio tomar el elevador, bajar al vestíbulo, subirse a un taxi y desaparecer en las calles de la Ciudad de México.

 Todo mientras él permanecía arriba con su hija y el cuerpo de su esposa. Las horas siguientes son aún más inquietantes. Testigos cercanos al caso revelaron que Alejandro no llamó primero a la policía, llamó a la madre de Carolina. Fue él quien le dio la noticia a la suegra, quien le contó que Erika había disparado contra su hija.

 Y en esa conversación, según familiares de Carolina, Alejandro le pidió a la madre de la víctima que convenciera a Erika de entregarse como si el problema fuera una disputa familiar que se podía resolver con una plática, no un asesinato que requería intervención inmediata de las autoridades. Pasaron más horas.

 La noche cayó sobre Polanco. El departamento seguía sellado con la escena del crimen intacta y Alejandro adentro con su bebé. Recién al día siguiente, el 16 de abril, casi 24 horas después de los disparos, finalmente acudió al Ministerio Público a presentar la denuncia. Para entonces, Erika ya estaba en un vuelo hacia Panamá con conexión a Caracas.

 La ventana de tiempo que le regaló su hijo había sido suficiente para poner un océano de distancia entre ella y la justicia mexicana. Pero hay más. Alejandro no solo tardó en denunciar, tampoco fue al funeral de Carolina en Ensenada. La familia materna organizó una ceremonia para despedir a la joven exreina de belleza y el viudo estuvo ausente.

 Solo envió un arreglo floral. Ni siquiera llevó a la bebé para que la familia conociera a la niña huérfana. Esa ausencia fue interpretada por muchos como una señal de culpa de miedo a enfrentar a la familia de conciencia sucia. Amigos de Carolina comenzaron a hablar públicamente. Revelaron que la relación entre Alejandro y su madre era enfermizamente cercana.

 Él hacía lo que ella decía, comentó una amiga en entrevistas. Erika lo controlaba completamente. Carolina sufría por eso. Esas declaraciones pintaban el retrato de un hombre dominado por su madre, incapaz de defender a su esposa y ahora sospechoso de haber participado en un plan para eliminarla. Y entonces surgió la pregunta que nadie ha podido responder satisfactoriamente.

 ¿Cómo es posible que Alejandro, estando en la habitación contigua con su bebé no escuchara los disparos? Según la necropsia, Carolina recibió múltiples impactos de bala. Cada detonación de un arma calibre 9 mm produce un ruido ensordecedor en un espacio cerrado. Pero Alejandro insiste en que solo reaccionó cuando todo había terminado.

 Shock auditivo, negación psicológica o mentira deliberada. El guardia de seguridad del edificio añadió otro elemento desconcertante. Declaró que no escuchó detonaciones ni movimientos inusuales esa noche. Si ni siquiera el personal del edificio percibió algo extraño, ¿cómo se explica que múltiples disparos pasaran desapercibidos? Esa contradicción abrió teorías más oscuras.

Usaron un silenciador, ¿el guardia fue sobornado? ¿O simplemente nadie quiso involucrarse? Mientras Erika Herrera era capturada en Venezuela y comenzaba el proceso de extradición, Alejandro Sánchez permanecía libre en México sin cargos, sin investigación pública confirmada, solo el peso de millones de ojos, exigiendo respuestas que las autoridades aún no daban.

 Carolina Flores Gómez no era solo una joven madre y exreina de belleza, era una mujer con recursos económicos considerables. Específicamente, había recibido una indemnización millonaria tras la muerte de su padre. Familiares cercanos han confirmado públicamente que la suma alcanzaba los $,000. Y ese detalle cambia completamente la narrativa del caso.

 El padre de Carolina falleció en circunstancias que generaron una compensación legal significativa. Esos fondos fueron transferidos a Carolina como únca heredera, millones de dólares que tras su matrimonio con Alejandro lo convertían técnicamente en beneficiario en caso de fallecimiento de su esposa, especialmente si existían pólizas de seguro de vida adicionales, cosa común en familias con ese nivel de patrimonio.

 La teoría que circula en redes sociales y que familiares de Carolina han insinuado públicamente es directa. Erika y Alejandro planearon el asesinato para quedarse con ese dinero. La madre ejecutaría el crimen iría del país evitando consecuencias legales y el hijo quedaría como viudo inocente heredando la fortuna. Un plan que de funcionar perfectamente les daría acceso a millones sin levantar sospechas.

 Hay elementos que refuerzan esa hipótesis. Primero, el viaje de Erika desde Ensenada. Manejó casi 3,000 km durante 4 días para llegar a la Ciudad de México el mismo día del ataque. ¿Por qué hacer ese viaje agotador en lugar de tomar un avión? Una posible respuesta, no dejar registro de compra de boletos que pudiera rastrearse.

 Viajar por carretera es más lento, pero genera menos evidencia documental. Segundo, la preparación del escape. Erika llegó con maletas listas, documentos organizados, ruta planeada. No fue una visita familiar improvisada que terminó en tragedia. Todo indica premeditación. Y si ella planeó con tanto detalle, ¿lo hizo sola o con ayuda de alguien que conocía el departamento, las rutinas de Carolina? El momento exacto para atacar.

Tercero, el comportamiento de Alejandro después del crimen. Su demora en denunciar no solo permitió el escape de Erika, también le dio tiempo para mover activos, contactar abogados, asegurar beneficios económicos. Fuentes cercanas al caso mencionan que Alejandro habría comenzado trámites relacionados con seguros y herencias apenas días después de la muerte de Carolina.

 Aunque esos datos no han sido confirmados oficialmente, la velocidad con la que supuestamente actuó contrasta con su lentitud para denunciar el asesinato. Cuarto, la custodia de la bebé. Alejandro retuvo a la niña hija única de Carolina y por tanto heredera directa de cualquier patrimonio materno. Como padre y tutor legal, él administraría esos bienes hasta que la menor alcance la mayoría de edad.

 Es decir, control total sobre millones de dólares durante casi dos décadas. La familia materna de Carolina ha expresado públicamente su intención de pelear por la custodia, no solo por amor a la niña, sino porque temen que el dinero que debería asegurar el futuro de la menor termine en manos de Alejandro. Han insinuado que existe un plan entre madre e hijo para quedarse con todo.

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