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🇲🇽 ¡GAFES IRRUMPEN EN NARCO-CASTILLO DE HIDALGO! CJNG OPERABA DESDE HACIENDA PORFIRIANA: 96 SICARIOS

El CJNG descubrió los pasadizos durante los primeros meses de ocupación de la hacienda. Un sicario que exploraba el sótano de la casa principal encontró una pared de ladrillo que sonaba hueca. Rompieron la pared y detrás encontraron el primer pasadizo, un túnel de ladrillo del siglo XIX que bajaba en pendiente hacia la capilla.

A partir de ese descubrimiento, el CJNG exploró sistemáticamente la hacienda buscando más pasadizos. Encontraron los cinco, los limpiaron, los iluminaron con luces LED y los integraron a su sistema de defensa y logística como rutas de escape, como vías de transporte de armas y droga y como accesos ocultos que les permitían entrar y salir de la hacienda sin ser vistos desde la superficie.

La salida subterránea que emerge en la barranca a 300 m era la más valiosa, porque esa salida permitía evacuar la hacienda por debajo de la tierra y aparecer en un punto alejado del perímetro donde un vehículo podía estar esperando. Si el ejército rodeaba la hacienda, los mandos del CJNG podían escapar por el pasadizo mientras los combatientes resistían en la superficie.

Es la misma lógica que don Augusto usó cuando diseñó los pasadizos hace 140 años. Si te atacan, tus empleados pelean mientras tú huyes por debajo. La hacienda como base militar tiene una lógica que habría hecho sonreír a don Augusto si no estuviera muerto y si no le importara que los que la ocupan son narcotraficantes y no hacendados.

Porque la hacienda fue diseñada como fortaleza. Los muros de 3 m están ahí para impedir que entren los que no son bienvenidos. Los torreones están ahí para vigilar los accesos. Las troneras están ahí para disparar sin exponerse y los pasadizos están ahí para escapar cuando la fortaleza cae. El CJNG no tuvo que adaptar la hacienda a sus necesidades militares.

La hacienda ya estaba adaptada desde 1884. Quiero hablar de cómo el CJNG organizó los espacios de la hacienda porque la distribución revela la escala de la operación. Las 37 habitaciones de la casa principal fueron convertidas en dormitorios para los 96 ocupantes. Las habitaciones del primer piso, las más grandes con techos de 4 m y ventanas que dan al patio central, fueron asignadas a los mandos.

Las habitaciones del segundo piso, más pequeñas y con techos más bajos, fueron asignadas a los combatientes rasos, tres o cuatro personas por habitación, colchones en el suelo, mochilas colgadas de clavos en las paredes de adobe, rifles recargados contra los muros donde alguna vez colgaron los retratos al óleo de la familia Fernández de Lisardi.

el salón de baile. El espacio de 200 m² con pisos de mosaico italiano y techos de 6 m que ahora no tiene techo porque se cayó hace décadas, fue cubierto con lonas industriales y convertido en el comedor y área común. Mesas de madera y bancas para 60 personas en dos turnos, tres comidas al día. Un cocinero con dos ayudantes que usaban los hornos de ladrillo de la cocina industrial para preparar la comida de 96 personas con la misma infraestructura que las cocineras de don Augusto usaban para preparar la comida de los peones de la hacienda hace

140 años. Los hornos de ladrillo de la cocina todavía funcionan. Fueron construidos con una calidad que no existe en la construcción moderna. Ladrillo refractario, bóveda de arco, tiro de chimenea con regulación de flujo de aire. Hornos diseñados para cocinar para 150 personas durante generaciones. El CJNG solo necesitaba alimentar a 96.

Los hornos se quedaban cortos por primera vez en 140 años. Quiero describir un día típico en la hacienda porque la rutina de 96 personas viviendo en una fortaleza del porfiriato tiene una cualidad anacrónica que merece ser capturada. El día empezaba a las 5 de la mañana con el cambio de guardia en los torreones.

Los vigías del turno nocturno bajaban de los torreones por las escaleras de piedra del siglo XIX y cruzaban el patio central rumbo a la cocina donde el desayuno ya estaba listo. Huevos con frijoles, tortillas, café. Los vigías del turno diurno subían a los torreones con sus binoculares y sus radios y se instalaban en las posiciones de observación.

El agua era un problema logístico que el CJNG resolvió de la misma manera que don Augusto la resolvió hace 140 años con el pozo de la hacienda. La propiedad tiene un pozo de agua de 30 m de profundidad con un brocal de piedra tallada en el patio central que ha estado produciendo agua desde 1884. El CJNG instaló una bomba eléctrica en el pozo y canalizó el agua a un tinaco de 5,000 L en el techo de la casa principal.

5,000 L diarios para 96 personas. Suficiente para beber, cocinar y lavarse con moderación. No suficiente para bañarse todos los días. Los detenidos solían a lo que huelen 96 personas que se bañan tres veces por semana en la sierra de Hidalgo, a tierra, a sudor, a humo de leña y al polvo de cantera que las paredes de la hacienda sueltan cada vez que alguien cierra una puerta con demasiada fuerza.

Los combatientes que tenían operación salían de la hacienda por la puerta principal o por el pasadizo de la barranca, dependiendo de si necesitaban llevar vehículos o si iban a pie. Las operaciones incluían cobro de piso a los rancheros y ganaderos de la zona, escolta de cargamentos de droga que transitaban por la sierra y vigilancia de los caminos para detectar la presencia de fuerzas de seguridad.

Los que se quedaban dentro de la hacienda pasaban el día limpiando armas, haciendo ejercicio en el patio central, lavando ropa en las pilas de piedra que las lavanderas de don Augusto usaban para lavar las sábanas de la hacienda y jugando cartas o dominó sentados en las bancas de cantera del corredor del primer piso. Tardes en el corredor de la hacienda, con los arcos de piedra enmarcando la vista de la sierra, con la luz del atardecer entrando por las columnas y dorando los pisos de mosaico italiano, debían parecerse inquietantemente a las tardes

que don Augusto pasaba en el mismo corredor hace 140 años, mirando la misma sierra con la misma sensación de dominio sobre un territorio que creía suyo. Quiero hablar del reclutamiento que el CJNG hace en Hidalgo, porque el perfil de los combatientes revela algo sobre un estado que se suponía tranquilo. De los 58 combatientes detenidos, 23 eran de Hidalgo, jóvenes de los municipios de la Sierra y de La Aguasteca, que fueron reclutados localmente por el CJNG durante los últimos 2 años. Jóvenes que crecieron en

pueblos donde la principal fuente de empleo es la agricultura de subsistencia, donde la preparatoria más cercana está a horas de distancia y donde el sueldo de un jornalero agrícola es de 200 pesos diarios cuando hay trabajo. El CJNG recluta en Hidalgo con la misma facilidad con la que recluta en Michoacán, en Guerrero, en Nayarit, ofreciendo un sueldo que quintuplica lo que la economía legal ofrece.

20,000 pesos al mes contra 4,000. La ecuación se resuelve sola cuando tienes 20 años y ninguna perspectiva. Un detenido de 21 años, originario de un pueblo de la huasteca hidalguense, declaró que se unió al CJNG porque en el pueblo no había nada, nada que hacer, nada que esperar, nada que ganar. Yo quería comprarle una casa a mi mamá.

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