Posted in

Hijo de criada arriesgó su vida por la hija del mafioso — lo que pasó después es increíble

El metal rugió.

El coche atravesó la barrera y cayó al río.

Durante tres segundos, nadie en la mansión respiró.

Luego el agua se cerró sobre ellos.

Y Rafael De Luca, el hombre que había enterrado enemigos sin pestañear, cayó de rodillas en mitad del jardín.

—No —susurró—. Mi niña no.

El agua estaba tan fría que Daniel sintió que le arrancaban la piel.

No sabía dónde estaba arriba ni dónde estaba abajo. El coche se hundía con una lentitud espantosa, como si el río disfrutara tragándoselos poco a poco. Isabella estaba atrapada por el cinturón. El conductor había golpeado la cabeza contra el volante y no se movía.

Daniel abrió los ojos bajo el agua.

Le ardían.

Todo era oscuridad, burbujas y el brillo débil de las luces del coche.

Isabella pataleaba. Sus manos buscaban el cierre del cinturón, pero el pánico le robaba la fuerza. Daniel nadó hacia ella. La pierna le dolía de una manera que no sabía explicar. Como si alguien le hubiera metido fuego dentro del hueso.

Intentó soltar el cinturón.

No cedía.

Golpeó el cierre una vez. Dos. Tres.

Nada.

El agua subía.

La miró a los ojos. Isabella lo miró de vuelta, y en esa mirada no había riqueza, ni apellido, ni mansión, ni distancia. Solo una chica asustada que no quería morir.

Read More