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Tragedia en Quirófano Clandestino: “Mientras Yulixa Agonizaba, Llamaron a un Pastor en Vez de una Ambulancia”

Tragedia en Quirófano Clandestino: “Mientras Yulixa Agonizaba, Llamaron a un Pastor en Vez de una Ambulancia”

La búsqueda de la belleza física se ha convertido en una prioridad para miles de mujeres que, impulsadas por los estándares inalcanzables que dictan las redes sociales, deciden someterse a procedimientos quirúrgicos. Sin embargo, lo que se promociona como un sueño de transformación rápida y accesible puede convertirse en una auténtica pesadilla. Esta es la escalofriante realidad que expone el caso de Yulixa Toloza, una joven que perdió la vida en un centro estético clandestino en Bogotá, y cuya agonía fue presenciada indirectamente por Cindy Carvajal, una mujer de 34 años que logró sobrevivir para contar una historia de negligencia, horror y total abandono.

El testimonio de Cindy, originaria de Montería y madre de tres hijos, saca a la luz el oscuro y macabro modus operandi de una red de falsos profesionales de la salud. Su travesía comenzó como la de muchas otras víctimas: a través de la pantalla de su teléfono. Durante meses, Cindy siguió el perfil de Instagram de un supuesto centro llamado “Beauty Láser”. Las fotografías mostraban resultados espectaculares, cuerpos esculpidos y decenas de comentarios de supuestas pacientes que alababan el trabajo de los cirujanos. La ilusión fue tan fuerte que logró silenciar cualquier sospecha inicial, llevándola a tomar un avión rumbo a la capital del país el pasado mes de mayo.

El primer indicio de que algo no andaba bien apareció el mismo día de su llegada. Al plantarse frente a la dirección que le habían proporcionado a través de WhatsApp, Cindy se encontró con una fachada dudosa que no correspondía en absoluto a la de una clínica prestigiosa. El acceso al edificio estaba controlado por un hermético sistema de seguridad; una puerta que solo se abría mediante un botón accionado desde el interior. A pesar de su incomodidad inicial, el miedo se disipó momentáneamente al entrar a una sala de espera y encontrarse con otras mujeres que, aparentemente tranquilas, aguardaban sus masajes postoperatorios. Aquellas interacciones, sumadas a la lectura de unos documentos de consentimiento, terminaron de convencerla de entregar más de seis millones de pesos en efectivo, pago que cubría una lipólisis láser, transferencia a glúteos, exámenes médicos y una estadía en un apartamento de recuperación en el mismo recinto.

El procedimiento de Cindy se llevó a cabo bajo circunstancias profundamente irregulares. El equipo médico, carente de cualquier tipo de empatía o credenciales verificables, la trató con una preocupante frialdad. Un hombre, identificado en redes sociales como Eduardo David Ramos, se presentó simplemente como el anestesiólogo, mientras que el supuesto cirujano, cuyo rostro permanecía oculto tras el tapabocas y el gorro, operaba en el anonimato total. En una habitación helada que simulaba ser un quirófano impecable, Cindy experimentó temblores incontrolables mientras sentía cómo le extraían la grasa corporal, a pesar de estar sedada. Al despertar, le informaron de manera superficial que la transferencia de glúteos no había sido posible debido a que su grasa estaba “contaminada”.

Lo que parecía ser el fin de un procedimiento riesgoso fue apenas el inicio del verdadero terror. Cindy fue trasladada a una habitación en el segundo piso del edificio, un supuesto apartamento de recuperación por el cual pagaba sesenta mil pesos diarios. No había enfermeras, ni equipos de monitoreo, ni supervisión médica continua. Se le exigió que un familiar se hiciera cargo de su alimentación. Afortunadamente, un primo suyo que vivía en Bogotá pudo acudir en su ayuda aquella primera noche, lo que probablemente marcó la diferencia entre la vida y la muerte para ella.

El clímax de esta historia de terror tuvo lugar al día siguiente, el trágico 13 de mayo. Todavía bajo los intensos efectos residuales de la sedación, Cindy se encontraba descansando en su habitación con la puerta abierta. Fue entonces cuando presenció una escena que quedaría grabada a fuego en su memoria. Un grupo de personas ingresó de manera abrupta al apartamento cargando a una mujer que lucía visiblemente en estado crítico. Era Yulixa Toloza. La llevaban suspendida en el aire, tomada únicamente de los pies y los brazos, como si fuera un objeto inerte. La ingresaron apresuradamente en la habitación situada justo enfrente de la de Cindy y, de inmediato, le cerraron la puerta en la cara, bloqueando su visión de la tragedia que estaba a punto de desencadenarse.

Lo que Cindy escuchó a continuación desafía toda lógica, ética profesional y sentido común humano. En medio de un caos innegable, en el que se esperaría que profesionales de la salud iniciaran maniobras de reanimación cardiopulmonar de emergencia o llamaran desesperadamente a una ambulancia, la instrucción que resonó en el pasillo fue otra. Una voz angustiada de mujer gritó a todo pulmón: “¡Llamen al pastor!”.

Minutos después, la surrealista e indignante escena se consumaba en la sala del apartamento. Mientras Yulixa Toloza perdía sus últimos alientos de vida en la habitación contigua, un líder religioso evangélico se encontraba en la sala de estar realizando oraciones. El personal de la clínica clandestina, en lugar de contactar a las autoridades sanitarias, decidió depositar la vida de una paciente en manos de la fe para intentar encubrir el desastre médico que ellos mismos habían provocado. Este acto de negligencia criminal no solo arrebató la vida de Yulixa, sino que expuso el desprecio absoluto por la vida humana que reinaba en aquel lugar.

El horror no terminó ahí. Luego del trágico desenlace, el falso equipo médico y los propietarios del lugar, identificados como María Fernanda Delgado y su esposo Edinson Torres, huyeron despavoridos como verdaderos delincuentes, abandonando las instalaciones. Al caer la noche, Cindy se despertó en la absoluta soledad de un apartamento cerrado con llave desde afuera. La desesperación comenzó a apoderarse de ella al escuchar golpes y piedras en su ventana durante la madrugada. Eran las amigas de Yulixa, quienes, presas del pánico y la angustia al no saber nada de su paradero desde las siete de la noche, habían llegado a las afueras del edificio junto a la policía.

Las comunicaciones a través de WhatsApp con las amigas de Yulixa agravaron el terror. Ellas le advirtieron a Cindy que estaba en grave peligro y que el personal había desaparecido sin dejar rastro, aconsejándole que fingiera estar ahogándose para que las autoridades la rescataran de su cautiverio. Finalmente, a tempranas horas de la mañana, un equipo de valientes bomberos tuvo que romper la puerta del apartamento clandestino para rescatar a Cindy de lo que fácilmente pudo haber sido también su tumba.

Hoy, refugiada en su natal Montería, abrazando a sus tres hijos y agradeciendo a la vida por haberle brindado una segunda oportunidad, Cindy reflexiona sobre el oscuro negocio que opera impunemente a plena luz del día. Su historia es un desgarrador recordatorio del peligro inminente que representan estos quirófanos de garaje. Es una advertencia urgente y vital para la sociedad: detrás de las fotografías retocadas, los falsos testimonios en Instagram y las promociones excesivamente atractivas, se esconde una red de personas sin escrúpulos dispuestas a sacrificar la vida de cientos de pacientes. La tragedia de Yulixa Toloza no debe ser olvidada; debe convertirse en el motor que exija mayores regulaciones y consciencia, para que ninguna otra mujer pierda la vida mientras sus verdugos rezan para borrar la evidencia de sus crímenes.

El 13 de mayo, cuando Yulita Tolosa estaba perdiendo la vida, no llamaron ni a una ambulancia, ni a un médico. Llamaron a un pastor. El que llegó a ayudar fue un pastor. Y este testimonio lo tenemos ahora aquí en Más Allá del silencio con Cindy Carvajal de 34 años de edad. El día anterior ella se había hecho un procedimiento similar y estaba en ese lugar porque había un apartamento en donde ellos se recuperaban con tres habitaciones el apartamento.

 Ya ella nos va a dar detalles. Y al otro día, o sea, el 13 fue cuando sucedió lo de Yulixa Tolosa y ella estaba ahí. Más adelante nos vas a contar cómo te enteraste de este lugar de Beauty Láser, pero queríamos ir específicamente a el día que llegas tú a Bogotá, a este lugar. danos detalles de cómo era el lugar y lo que tú viviste.

Bueno, yo llego a Bota el viernes 8, creo que era 8 de mayo. Llegó ese día cuando voy a subir al avión, yo escribo a la enfermera encargada y le digo por WhatsApp, le digo, “Ya voy a montar el avión. Eh, más o menos en una hora estoy en me regalan la dirección.” Ella me envía la dirección. Yo cuando llego a Bogotá, tomo un taxi, le doy la dirección, llego al sitio.

 Cuando yo llego me doy cuenta, o sea, el sitio no fue de mi agrado, solamente con ver la fachada. La verdad yo dije, no es confiable, pero dije, pero vamos a entrar para ver qué tal. Antes de ingresar, cuando yo estaba en frente del sitio, yo le escribí a la chica, le dije, ya estoy aquí afuera. Y me abrió la puerta. Ellos tenían la puerta, un tenían un sistema de seguridad que como con un botón, no sé, abrían y regresaba o salía.

 Bueno, yo ingresé ese el viernes. Cuando ingreso me hacen a como en una sala de espera, porque uno cuando subía al segundo piso eh de a mano derecha estaba el apartamento, pero a mí no me ingresaron ahí enseguida, sino que directamente fue a mano izquierda, la primera puerta a mano izquierda, que era como una sala de espera.

Yo ingreso ahí, me dicen, “Espera aquí porque la chica estaba como haciendo unos masajes.” Es en la sala de espera habían como tres chicas más. Yo me me pongo a hablar con ellas, interactúo, les pregunto sobre cómo le fue en su procedimiento porque ya estaban esperadas. Me dicen, “No, todo bien. Yo la vi bien, estaban esperando su turno para los masajes.

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