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¡Infierno en Colima! Tren despedaza narcobloqueo a 120 km/h bajo el fuego de helicópteros artillados.

¡Infierno en Colima! Tren despedaza narcobloqueo a 120 km/h bajo el fuego de helicópteros artillados. Harfuch captura a la ficha clave de la DEA tras brutal cacería del CJNG, pero ocultan un detalle aterrador: “El Arquitecto” escapó frente a ellos. ¿Quién lo protegió desde las altas esferas del poder?

¡TERROR en COLIMA! ¡HARFUCH CAPTURA a 5 del CJNG TRAS N4RCOBLOQUEOS y 200 DISPAROS con HELICOPTEROS! 

Atención, atención. Terror en Colima. Más de 200 disparos, tres helicópteros artillados volando por los aires. Cinco sicarios del cártel Jalisco Nueva Generación arrestados por Harf y un tren de carga impactando a 120 km porh contra un tráiler blindado en medio de una carretera federal. Eso fue Tecomán Colima.

 El lunes 25 de mayo y Omar García Harfuch lo siguió minuto a minuto desde su oficina en Ciudad de México dando órdenes, cerrando el cerco, coordinando a cinco corporaciones al mismo tiempo, mientras el CJNG quemaba todo lo que encontraba a su paso. Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. El ciudadano americano que fue detenido esa noche, José residente de Atlanta, Georgia, no vino a México a matar, vino a quedarse.

 Y la DEA llevaba 8 meses siguiéndole el rastro sin poder tocarlo, porque estaba protegido por la célula más violenta del cártel Jalisco en todo el Pacífico mexicano. Esa pregunta, ¿por qué un americano buscado por homicidio en Estados Unidos estaba operando libremente en Tecomán bajo el escudo del CJNG? tiene nombre en los archivos de Harfux y ese nombre conecta con algo mucho más grande que un operativo en Colima.

 Y entonces llegó el dato que lo cambió todo. Para entender lo que pasó el 25 de mayo en Tecomán, tienes que entender primero que es Colima para el cártel Jalisco Nueva Generación. Colima no es territorio, Colima es infraestructura. El puerto de Manzanillo es el punto de entrada más importante de precursores químicos desde China hacia México.

 Fentanilo, metanfetamina, los compuestos que se convierten en el veneno que mata jóvenes en ciudades de Estados Unidos. El CJNG controla ese flujo y para controlarlo necesita tener colima blindada, literalmente. Tecomán está a 40 minutos de manzanillo por carretera. Es calor seco en mayo, tierra de limones y caña de azúcar.

 Municipio donde los caminos se vuelven polvo apenas sales de la federal. Una geografía que favorece a quien la conoce y el CJNG la conocía perfectamente. La célula que operaba en la comunidad de Caleras no era un grupo improvisado. Era una estructura con jefes de sicarios, encargados de logística, ejecutores identificados y un enlace internacional.

 Tenían blindados artesanales, tenían granadas, tenían un Bar calibre 50. El rifle que perfora vehículos blindados a 1 km de distancia. El error de cálculo del CJNG fue creer que esa capacidad de fuego los hacía intocables, que ninguna corporación en Colima iba a atreverse, que el peso del cartel era suficiente disuasión. Calcularon mal.

 Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Esa célula no actuó sola el 25 de mayo. Actuó desesperada. Y la desesperación tiene siempre una causa. En este caso, la causa tiene un nombre clave. El arquitecto. El arquitecto no cometió un error, cometió tres. Y cada uno de ellos pareció en su momento una decisión inteligente.

 El primero lo cometió tres semanas antes. Desde principios de mayo, el movimiento de precursores desde el puerto de Manzanillo hacia el interior del país había aumentado. Más carga, más rutas, más personal. El arquitecto tomó una decisión que cualquier comandante de su nivel hubiera tomado. Consolidó a toda su célula de seguridad en Tecom.

Concentrar en lugar de dispersar, reducir las comunicaciones que podían ser interceptadas, tener a todos sus hombres en un radio controlable. Lo que el arquitecto no sabía era que esa concentración de movimiento inusual en la comunidad de Caleras fue detectada desde el 8 de mayo por drones de vigilancia de la Secretaría de la Defensa Nacional que monitoreaban rutas de precursores en el corredor Manzanillo Tecomán.

 Cada entrada y salida de vehículos quedó registrada, cada rostro catalogado. Ese fue el primero. El segundo error lo cometió 4 días antes del operativo. El segundo error llegó el martes 20 de mayo. José, el americano de Atlanta, llegó a Tecomán para una reunión de coordinación con la célula. Era un movimiento sensible. Para protegerlo, el arquitecto ordenó que los vehículos de escolta circularan en convoy visible por caleras.

 La lógica era clara, demostrar fuerza, inhibir deatores locales, mandar un mensaje de que esa zona estaba cerrada. Lo que no calculó fue que ese convoy fue fotografiado y geolocalizado por un informante activo de la Fiscalía General del Estado. Las imágenes llegaron a la mesa de coordinación estatal el domingo 24 de mayo.

 Para esa noche, los analistas ya habían cruzado las placas, los rostros y las rutas con bases de datos federales. El perfil de José, sus antecedentes en Atlanta, su orden de apreensón internacional, su rol enlace financiero, quedó completamente expuesto. Ese fue el segundo, pero fue el tercero el que cerró el cerco definitivamente.

El tercer error lo cometió la mañana del 25 de mayo a las 14:37 horas, cuando elementos de la policía investigadora de la fiscalía respondieron a un llamado al 911 en Caleras, la célula tuvo dos opciones, replegarse y dejar pasar a los agentes o atacar. Replegarse significaba perder presencia territorial por unas horas.

Atacar significaba eliminar el problema antes de que escalara. Atacaron 200 disparos contra agentes de la fiscalía. Dos elementos heridos, uno con impacto de balas cerca del cuello. Lo que el arquitecto no vio, lo que ninguno de sus hombres vio fue que ese ataque no eliminó el problema, lo detonó, porque en el momento en que los primeros disparos resonaron en escaleras, la señal llegó directo a Ciudad de México y Omar García Harfuch levantó el teléfono.

Ese tercer error fue lo último que calculó mal, porque esa tarde Harfuch ya tenía todo lo que necesitaba. Son las 14:52 horas del 25 de mayo. Harf está en su oficina en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana en Ciudad de México. Frente a él, tres pantallas. En una, el feed en tiempo real dron que lleva 41 minutos sobrevolando el municipio de Tecomán a 4,000 m de altura invisible desde el suelo, transmitiendo imagen térmica en alta definición.

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