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El secreto más oscuro de Fidel Castro: Cómo engañó a un país entero mientras amasaba 900 millones de dólares, ocultaba una isla privada con delfines, construía veinte mansiones exclusivas y traicionaba al Che Guevara.

El secreto más oscuro de Fidel Castro: Cómo engañó a un país entero mientras amasaba 900 millones de dólares, ocultaba una isla privada con delfines, construía veinte mansiones exclusivas y traicionaba al Che Guevara. La confesión letal de su guardaespaldas personal que destruye el mito de la revolución para siempre.

El Guardaespaldas de FIDEL CASTRO — $900 MILLONES, 20 Mansiones, Isla Privada 

Miami, 1994. Juan Reinaldo Sánchez cruza la frontera desde Cuba con documentos y secretos que podrían destruir 35 años de revolución. Durante 17 años fue guardaespaldas personal de Fidel Castro. Durmió en punto cero. Navegó en Callo Piedra. Vio las propiedades secretas. Conoció a los hijos fantasma.

 Contó los millones y cuando intentó hablar tuvo que escapar. Esta es la historia del hombre que vio todo y la verdad que Fidel Castro ocultó durante 40 años. Retrocedamos a 1977. Sánchez tiene 27 años. Soldado ejemplar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Leal, disciplinado, silencioso. Exactamente el tipo de hombre que Fidel necesita cerca.

 Un día de marzo lo llaman a un despacho y le dicen que ha sido seleccionado para una misión especial de seguridad del estado. No puede rechazar, no puede hablar con nadie, ni siquiera con su familia. Dos días después, Sánchez está frente a las puertas de una propiedad que no aparece en ningún mapa oficial de Cuba. 40 haáreas de terreno perfectamente cuidado, mansiones de estilo moderno, invernaderos, piscinas olímpicas, canchas deportivas, un pequeño palacio escondido en Jaimanitas al oeste de La Habana. Este lugar tiene un nombre en

código que muy pocos cubanos conocen. Punto cero. El hogar secreto de Fidel Castro. Primera noche. Un oficial veterano de seguridad le explica las reglas a Sánchez. Todo lo que ves aquí es secreto de estado. Todo lo que escuchas aquí muere aquí. Si hablas con alguien afuera sobre punto cero, tu familia pagará el precio.

 No hacemos preguntas, solo obedecemos. Sánchez asiente en silencio. Todavía cree en la revolución. Todavía piensa que Fidel es el líder humilde que predica. Esa ilusión durará exactamente 3 días, tercer día. Sánchez acompaña a Fidel a los establos. Cero. Tiene seis invernaderos dedicados exclusivamente a plantas exóticas y vegetales orgánicos, pero también tiene un establo con más de 20 vacas hosting importadas.

 No son vacas ordinarias. Cada una tiene un número grabado en una placa metálica. Cada una está asignada a un miembro específico de la familia Castro. La vaca número cinco es exclusiva de Fidel. Él insiste en que puede distinguir el sabor de la leche de cada vaca. Sánchez observa a dos trabajadores ordeñando en absoluto silencio.

 La leche se vierte en botellas de vidrio numeradas. Botella cinco para Fidel. Botella siete para Dalia. Botella 11 para Alexis. El sistema es meticuloso, casi obsesivo. Esa misma tarde Sánchez ve al cocinero preparando la cena de Fidel. Angosta fresca traída esa mañana. Camarones gigantes, cortes de carne importada de Argentina.

 Vegetales orgánicos recién cosechados, vino francés. Whisky escocés Chivas Rigal. Sánchez piensa en su propia familia en Santiago de Cuba. Piensa en su madre haciendo cola 3 horas con la libreta de racionamiento para conseguir medio pollo que debe dividir entre cuatro personas. Piensa en su hermana diluyendo un cuarto de litro de leche con agua para que alcance toda la semana.

 Y mira a Fidel Castro, el líder que predica igualdad y sacrificio bebiendo leche de su vaca personal número cinco. Algo no cuadra. Sánchez piensa en su propia familia en Santiago de Cuba. Piensa en su madre haciendo cola 3 horas con la libreta de racionamiento para conseguir medio pollo. Piensa en su hermana diluyendo un/4 de litro de leche con agua para que alcance para toda la semana.

 Y mira a Fidel Castro, el líder que predica igualdad y sacrificio bebiendo leche de su vaca personal número cinco. Algo no cuadra. Durante las siguientes semanas, Sánchez descubre más capas de este mundo oculto. Punto cero no es solo una casa grande, es un complejo autosuficiente diseñado para que Fidel nunca tenga que mezclarse con el pueblo cubano común.

Hay un cine privado con capacidad para 190 personas, donde se proyectan películas estadounidenses prohibidas para el resto de los cubanos. Hay una cancha de baloncesto profesional donde Fidel juega partidos en los que nadie se atreve a ganarle porque todos saben que el comandante detesta perder. Hay un centro médico completamente equipado con tecnología de primer mundo y doctores disponibles las 24 horas.

 Lo más perturbador es el banco de sangre humano. Fidel tiene un terror patológico a las enfermedades y a la muerte. Por eso, en punto cero hay siempre disponibles cinco personas del mismo tipo de sangre que Fidel, donantes permanentes. Su único trabajo es estar listos para una transfusión de emergencia si el comandante la necesita.

Estas personas viven en punto cero, no pueden salir sin autorización expresa, son prisioneros voluntarios de la pereno deun. Dictador Sánchez también descubre qué punto cero está construido sobre lo que antes era el Javena Vildmore Yaten Country Club, un club exclusivo para la élite cubana y extranjeros adinerados.

En 1959, Fidel confiscó la propiedad, expulsó a los dueños y la convirtió en su palacio. La ironía es brute. El hombre que denunciaba los clubes burgueses construyó su propia versión. Mejorada Sánchez también descubre que punto cero está construido sobre lo que antes era el Javenaaville Mori Yaten Country Club, un club privado para la élite cubana y extranjeros adinerados antes de la revolución.

 En 1959, Fidel confiscó la propiedad, expulso a los dueños y la convirtió en su palacio personal. La ironía es Brut. El hombre que denunciaba los clubes burgueses, construyó su propia versión mejorada. Sánchez comienza a documentar mentalmente todo, cada detalle, cada contradicción, porque entiende que está presenciando la hipocresía más grande del siglo XX. 1978.

Fidel convoca reunión urgente. Sánchez hace guardia afuera. Dentro discuten economía, escasez, protestas. Un ministro sugiere reducir privilegios de la élite. Fidel explota, su voz atraviesa la puerta. Nadie toca mis propiedades. Si el pueblo tiene hambre, trabajan poco. Los líderes necesitamos condiciones óptimas.

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