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CARLOS SALCEDO: TODO ERA MENTIRA, LA VERDAD SALIÓ A LA LUZ

Mundialista en Rusia 2018. Defensa del Frankfurt. Tres títulos con tigres y ese mismo hombre huyendo del país mientras su propia madre lo acusa públicamente de haber mandado a matar a su propia hermana. La televisión nunca contó la asquerosidad que la policía encontró dentro del teléfono de Carlos Salcedo. “Quédate hasta el final porque vas a saber por qué la madre lo acusaba, por qué Carlos Salcedo huyó y lo más oscuro, lo que el sobrino de 4 años contó a la policía sobre la noche en que mataron a su madre.

Pero antes de llegar a esa noche en que mataron a la hermana de Carlos Salcedo con seis disparos a la salida de un circo, no empezó ahí. Empezó 30 años antes con un niño que nació en Tlaquepaque, Jalisco, hijo de un carpintero y un ama de casa, hermano menor de una niña llamada Paola, que era 2 años mayor que él. Carlos Joel Salcedo Hernández creció con un balón pegado al pie en una colonia obrera.

 Su padre lo llevaba los sábados a la liga infantil del barrio con el uniforme planchado. Su madre, María Isabel, le servía huevos con frijoles antes de los partidos. Su hermana Paola era la que lo defendía cuando los niños grandes del barrio le quitaban el balón. A los 14 años, Carlos firmó su primer contrato profesional juvenil con las Chivas Rayadas del Guadalajara.

Esa misma tarde, su hermana Paola, 16 años, agarró un marcador negro y escribió por detrás de la camiseta blanca con franjas rojas de Chivas, talla 12 de niño, una sola palabra subrayada tres veces. Hermano, esa camiseta sigue existiendo hoy, guardada en un baúl de madera en el departamento que la madre María Isabel renta sola.

 En la misma colonia obrera de Tlaquepaque, María Isabel no se la enseña a nadie, la saca del baúl los domingos por la noche, la mira durante un rato y la vuelve a guardar antes de apagar la luz. A los 19 años, Carlos debutó en el primer equipo de Chivas. Tres meses después, en una entrada brutal contra un delantero del América en el estadio Azteca, ganó el apodo que iba a acompañarlo durante los siguientes 11 años de carrera, el Titán.

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 Y a partir de ahí todo aceleró. Real Salt Lake en la Major League Soccer, Fiorentina en la Serie A italiana, Einract Frankfurt en la Bundesliga alemana, 4 millones de euros por su pase, 12 millones de pesos al mes de sueldo bruto. A los 23 años, el titán era uno de los defensas mexicanos mejor pagados de la historia.

 Mundialista en Rusia con la selección. Tres títulos con Tigres de Nuevo León. Boda con Andrea Navarro en una hacienda alquilada de tequila. 11 años de carrera internacional ininterrumpida. Una hija con su esposa empresaria. Y mientras Carlos subía, la familia que dejó atrás en Tlaquepaque se quedaba sola. Su hermana Paola, 2 años mayor, trabajaba como modelo y presentadora freelance en Guadalajara.

 tenía un hijo pequeño llamado Mateo. Vivía en un departamento rentado de Naucalpan Centro, Estado de México, y dejó de hablar con su hermano hace 7 años por razones que la familia mantuvo en silencio absoluto y que el público mexicano iba a conocer recién la madrugada del 2 de julio del 2024, pero esa madrugada todavía estaba a unos pocos días de distancia, porque lo que pasó primero fue otra cosa.

 Lo que pasó primero fue la noche del sábado 29 de junio del 2024. Una noche que arrancó como cualquier otra para Paola Salcedo Hernández y su hijo de 4 años. Sábado por la tarde, 4 de la tarde con un minuto. Paola salió del departamento que rentaba en la colonia Naucal Pan Centro junto con su hijo Mateo, 4 años recién cumplidos y con una empleada doméstica llamada Concepción, 52 años.

Subieron los tres a una camioneta suo blanca registrada a nombre de la propia Paola. manejó Concepción porque Paola llevaba una bota ortopédica en el tobillo derecho por un esguince de la semana anterior. El destino, el gran circo Bardum, instalado durante el verano en la colonia El Arenal del municipio de Wixy Lucan, 22 km de distancia.

 Paola llevaba puesto esa tarde un vestido floreado verde, sandalias bajas, un bolso de cuero negro, un teléfono iPhone 13 y una cadena delgada de oro con una medalla de la Virgen de Guadalupe que su madre le había regalado años antes. El niño Mateo llevaba puesta una camiseta de los Diablos Rojos de México comprada esa misma semana.

 Llegaron al circo a las 5:24. vieron la función completa. Salieron del recinto a las 9:48 después del acto final de los payasos. El estacionamiento estaba parcialmente lleno. La camioneta blanca estaba a 60 m de la salida principal del recinto, bajo una farola de luz amarilla del municipio. A las 9:57, mientras los tres caminaban hacia la camioneta, Paola recibió una llamada al teléfono desde un número que no tenía registrado en sus contactos. Contestó.

Se detuvo a la mitad del estacionamiento a 22 m de la camioneta, todavía con su hijo Mateo de la mano izquierda. La empleada Concepción siguió caminando un par de metros adelante. La conversación telefónica duró un minuto con 16 segundos. A las 9:59 de la noche, mientras Paola todavía estaba al teléfono, una motocicleta deportiva negra con dos hombres a bordo entró al estacionamiento del circo por la salida lateral.

Cascos integrales oscuros, chamarras de cuero. La moto avanzó 31 m, se detuvo a 3 m de Paola. El hombre del asiento trasero bajó sin apagar el motor. Caminó hacia ella, sacó del bolsillo interior de la chamarra una pistola semiautomática calibre 9 mm y disparó seis veces a quemarropa.

 Tres disparos impactaron en el cuerpo de Paola. Uno en el hombro derecho, uno en el tórax superior, uno en el pulmón derecho. Los otros tres impactaron en el pavimento, en una ventana de la camioneta y en la base de la farola amarilla. Paola cayó hacia delante sin soltar la mano del niño Mateo. El teléfono iPhone 13 quedó en el asfalto todavía con la llamada activa, registrando los gritos de la empleada Concepción durante los siguientes 42 segundos, el hombre del disparo subió de regreso a la motocicleta.

 Los dos hombres salieron del estacionamiento por la misma salida lateral. El motor se escuchó alejarse durante 22 segundos. A las 10:2 minutos, la empleada Concepción marcó al 066. A las 10:16, la primera unidad de la policía municipal de Higki Kilucan llegó al estacionamiento del circo. A las 10:22 minutos, los paramédicos de Liceemi M confirmaron el fallecimiento de Paola Salcedo Hernández en el sitio.

 El niño Mateo, 4 años recién cumplidos, no se había soltado de la mano de su madre durante los 20 minutos que pasaron entre los disparos y la llegada de los paramédicos. Cuando los oficiales municipales intentaron separar al niño del cuerpo de su madre, Mateo dijo una sola frase de siete palabras, según el reporte oficial que el comandante de turno escribió esa misma noche.

 Yo conozco al señor de la moto. La frase del niño Mateo, yo conozco al señor de la moto, quedó registrada en el reporte oficial esa misma noche. Pero el comandante de la policía municipal que recibió esa declaración inicial, según el propio acta de turno, no le dio prioridad investigativa. La razón fue que el niño tenía 4 años, estaba bajo shock postraumático y según los protocolos forenses, sus declaraciones espontáneas requerían validación profesional posterior antes de poder usarse como evidencia formal.

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