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¿Cómo logró Mia Khalifa engañar al mundo y salirse con la suya?

Hay una historia que internet repitió tanto que terminó funcionando como verdad automática. Una chica joven entra a la industria adulta, la manipulan, la explotan, gana casi nada, le arruinan la vida y después pasa años intentando escapar de un pasado que no la suelta. Víctima clara, villanos claros, juicio social firmado.

 El problema con esa historia no es que sea completamente falsa. El problema  es lo que no dice. Porque cuando uno deja de mirar los clips virales, los recortes cómodos y las entrevistas repetidas y se pone a ordenar la cronología completa con los datos sobre la mesa, aparece algo mucho más interesante que una víctima de una industria malvada.

 Aparece una guerra por el control de una marca, una marca que vale millones y una persona que durante años dijo odiar esa marca mientras se aseguraba de que nadie más pudiera usarla. Eso no es una historia de explotación, eso es una tragicomedia de proporciones cósmicas sobre la hipocresía, el dinero y lo que pasa cuando alguien descubre demasiado tarde que el error más grande de su vida también es el activo más valioso que tiene.

 Aló, ¿qué pasó, frikis del Soy Juanito se estel TV. Y para entender lo que vino después, primero hay que contar lo que nunca se cuenta. Antes de que existiera Khalifa, había otra persona. Existía una chica llamada Sara Joe Shamón. Esta chica nació el 10 de febrero del 93 en Beirut, o sea, no es estadounidense como muchos creen, pero sí se mudó a los Estados Unidos siendo muy pequeña.

 Ella misma contó en muchas oportunidades que su infancia estuvo plagada de bullying y sufrimiento justamente por ser extranjera en los Estados Unidos. Pero aún más importante, algo que va a ser muy relevante a través de su vida, es que vivió siempre como necesitada de la validación masculina. Después vino una relación que es central para entender todo lo que siguió, Wyatt O’Brien.

Cuando ella tenía 16 años, él tenía 23. Se conocieron en la academia militar Maanuten en Virginia. Se casaron cuando ella cumplió 18. Más adelante, cuando habló de ese vínculo, describió a Wyatt como alguien con una relación muy poco sana con el porno, al punto de que, según ella, nunca tenían relaciones sexuales sin  que él estuviera viendo contenido adulto primero.

 Ahora bien, la cronología del ingreso a la industria que Mía repitió durante años arranca con una escena muy cinematográfica. Un auto que frena en seco en Miami, un hombre baja la ventanilla, le dice que tiene el cuerpo perfecto para modelar, le da una tarjeta. Eso fue real. Ese hombre era parte de Scorland, una compañía de contenido adulto con casi 40 años en Miami.

 Y es verdad que ese contacto derivó en su trabajo bajo el alias miacalista, con el que grabó 226 fotos y más de 2 horas de material en video. Pero hay algo que esa versión no incluye, porque antes de Scorland, antes de Miami, antes del auto que frena en seco, había otra historia. En el año 2012, dos años  antes de que existiera cualquier míacalista, ella trabajaba como bailarina en un club de stripties en el paso llamado Coda.

 Hay video de esa época que se filtró previo a sus implantes confirmando la fecha. Además,  ella y Wyat publicaban contenido explícito de forma voluntaria y gratuita en subbreddits de temática sexual, donde usuarios identificaron sus perfiles bajo los  alias Dirty Chem y Dirty Kem’s Wife.

 Wayat incluso respondió comentarios confirmando la identidad de Mia en esas  publicaciones. O sea, la versión de una chica normal que un día fue abordada por un tipo en la calle y la metieron en la industria tiene un problema serio, porque la escalada empezó mucho antes. el stripties, el contenido voluntario en Reddit, la validación masculina buscada activamente el marido que la alentó a aceptar la propuesta de Scorland.

 Eso no es una historia de alguien que fue empujado hacia algo que no quería, es la historia de alguien que venía caminando en esa dirección hace tiempo. En 2014 aparece el nombre Mia Khalifa y aparece también el video que lo cambió todo, una escena donde usa hijab. Esa combinación era una bomba cultural de manual, símbolo religioso islámico, identidad árabe, contenido adulto explícito, todo en una sola imagen y explotó.

 La reacción del mundo musulmán fue feroz. Hubo amenazas de muerte masivas. ISIS le hackeó la cuenta de Instagram y le mandó imágenes editadas con su cabeza cortada. fue prohibida en varios países, incluyendo el Líbano. Sus padres emitieron un comunicado público desligándose de sus acciones y declarando que no representaban los valores de la familia ni del Líbano.

Pero acá viene el primer dato que el relato oficial de Mia convenientemente suaviza, porque su reacción en ese momento no fue la de alguien paralizado por el terror, fue exactamente la opuesta. En Twitter cuando alguien le dijo, “Te vas a ir directo al infierno”, respondió, “Últimamente tenía ganas de broncearme un poco.

” Cuando le dijeron, “Te van a cortar la cabeza”, dijo, “Mientras no me corten las tetas que me costaron caro.” Ella misma, en una entrevista de esa época dijo explícitamente, “¿Me sorprende que algunos se ofendan con el hijab?” “No me sorprende que algunos recurran a las amenazas de muerte.” Para nada. He recibido amenazas de muerte en Twitter por cosas mucho menos controversiales.

Eso no suena a alguien que fue intimidado y arrastrado hacia algo que no quería. Eso suena a alguien que había calculado el escándalo, lo recibió con ironía y respondió con humor negro. Y el efecto mediático fue exactamente lo contrario a lo que sus críticos esperaban. Del 3 al 6 de enero del año 2015, cuando la controversia estaba en su pico, el 25% de las búsquedas venían de ¿dónde? del Líbano, el mismo país que la había prohibido y donde su familia le había desechado, la había descartado públicamente. Y el vicepresidente de uno

de estos sitios web que no vamos a nombrar, pero que ya conocés porque visitas muy seguido, lo dijo claramente. El escándalo en el mundo árabe terminó siendo un efecto Strazant. De repente todo el mundo la estaba buscando. Ese año se convirtió en la actriz más buscada en No Por Hub a nivel global. No en varios años de carrera, en semanas.

Durante años, Mia repitió una cifra que se volvió el núcleo de su narrativa pública,  $12,000. Eso era todo lo que había ganado, decía durante sus 3 meses en la industria. Esa cifra comparada con el alcance monstruoso de su fama sonaba a explotación obscena y funcionó. La gente la creyó, una petición en change.

org  pidiendo que Van Bros retirara sus videos. Llegó a casi 2 millones de firmas. El problema es que Van Bros respondió no con un comunicado genérico, sino con algo bastante más inusual, un sitio web entero bajo el hashtag faxbit fiction dedicado punto por punto a refutar cada una de sus declaraciones públicas y además de la página web emitieron una carta de cese y de existimiento por declaraciones difamatorias.

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