Pasa el tiempo, las décadas se desvanecen en el espejo retrovisor de la historia, las modas musicales nacen y mueren con la rapidez de un relámpago, pero el rugido de las guitarras de AC/DC sigue retumbando con la misma fuerza que en sus primeros días. Hoy en 2026, mirar hacia atrás en la historia de esta banda no es simplemente hacer un recuento de discos de platino, estadios abarrotados o cifras de ventas astronómicas. Es sumergirse en una saga épica de resiliencia humana, de vínculos de sangre inquebrantables, de pérdidas devastadoras que habrían destruido a cualquier otra familia, y de una voluntad férrea de seguir adelante cuando todo parecía perdido.
Desde su formación en el año 1973 en las calles de Sídney, Australia, AC/DC no solo definió lo que hoy conocemos como rock pesado; se convirtió en una institución, en el símbolo definitivo de la rebeldía, de la actitud sin concesiones y de la energía en su estado más puro y visceral. Con su sonido inconfundible, estructurado sobre bases rítmicas inquebrantables y riffs que cortan el aire como cuchillos, la banda forjó un legado monumental. Pero este legado ha tenido un precio muy alto. El camino hacia la inmortalidad musical ha estado pavimentado tanto con triunfos asombrosos como con tragedias silenciosas.
En este análisis profundo, nos adentramos en el alma misma de AC/DC. Recordaremos a los arquitectos que construyeron este imperio y que ya no se encuentran entre nosotros, y honraremos a aquellos que, a pesar de las cicatrices del tiempo y de la vida, continúan manteniendo vivo el legado. Esta es la historia del triunfo sobre la adversidad, del poder curativo de la música y del eco eterno que dejan aquellos que vivieron a su propia e innegociable manera.
En la mitología de las grandes bandas de rock, el foco siempre ilumina al vocalista carismático o al guitarrista virtuoso, dejando a menudo en la oscuridad a quienes realmente construyen los cimientos. Para AC/DC, ese pilar indispensable, esa mente maestra que estructuró el caos y lo convirtió en un fenómeno global, llevaba el mismo apellido que los líderes en el escenario, pero operaba lejos de los reflectores. Su nombre era George Young.
Hermano mayor de Angus y Malcolm, George no era un novato en las crueles maquinaciones de la industria musical. Durante la década de 1960, ya había saboreado las mieles y las hieles del éxito internacional como bajista y principal compositor de The Easybeats, una de las agrupaciones australianas más importantes de la época. Esa experiencia le otorgó a George una visión panorámica y madura del negocio, un conocimiento que sería vital para proteger y guiar a sus hermanos menores cuando decidieron formar su propio proyecto.
George Young no fue parte de la formación que subía a sudar en los escenarios cada noche, pero su influencia en AC/DC fue omnipresente. Su verdadero legado se consolidó detrás de la consola de mezclas, asumiendo el rol de productor. Fue él quien, con un oído agudo y una paciencia infinita, moldeó el sonido inicial de la banda. En una época donde muchas agrupaciones experimentaban con excesos sinfónicos o producciones sobrecargadas, George entendió que la fuerza de AC/DC residía en la crudeza. Ayudó a crear ese estilo de rock directo, seco, sin adornos, un sonido que te golpeaba el pecho y te obligaba a mover el pie.
Más allá de su genialidad técnica, George era el hermano protector. A lo largo de su carrera, también produjo a otros artistas, pero su corazón siempre estuvo con el proyecto familiar. Fue el artífice silencioso que orquestó las primeras grandes victorias de la banda, dándoles la confianza y la estructura necesarias para conquistar el planeta entero.
El 22 de octubre de 2017, la música perdió a este gigante discreto. George Young falleció a los 70 años, dejando un vacío inmenso en el corazón de la familia Young y en la industria entera. Su despedida fue dolorosa, marcando el inicio de un año que probaría profundamente la fortaleza de la banda. El testamento de su visión musical perdura en cada acorde de AC/DC, demostrando que la grandeza verdadera no siempre necesita gritar para ser escuchada.
Si Angus Young era el rostro público, la chispa eléctrica y el espectáculo visual de AC/DC, su hermano Malcolm era el corazón palpitante, el ancla inamovible y el estratega implacable. Malcolm Young no solo fue el cofundador de la banda; fue, en todos los sentidos prácticos y espirituales, el verdadero jefe, el general que dirigía el rumbo de la agrupación con mano de hierro y una visión inquebrantable.
Malcolm asumió el rol de guitarrista rítmico, una posición que en muchas bandas se considera secundaria, pero que en AC/DC era el núcleo atómico del sonido. Él fue el responsable de crear y estructurar muchos de los riffs que hoy son considerados dogmas de fe en la religión del rock. Su estilo era extraordinario precisamente por su aparente simplicidad: crudo, directo, desprovisto de ego y centrado obsesivamente en el “groove”. Esa disciplina rítmica constante era el lienzo sobre el cual su hermano Angus podía pintar sus frenéticos solos. Riffs monumentales como los de Back in Black, Highway to Hell o Thunderstruck nacieron de la mente y la muñeca derecha de Malcolm.
Pero Malcolm no solo aportaba genialidad musical; aportaba una ética de trabajo espartana. Era conocido por su enfoque incansable, su rechazo a las modas pasajeras y su insistencia en mantener la pureza de la banda. En un mundo lleno de distracciones, Malcolm mantenía a AC/DC enfocado en su misión singular: tocar rock and roll de la manera más dura y honesta posible. Era la columna vertebral que sostenía todo el entramado de la fama mundial, tomando las decisiones difíciles, protegiendo a la banda de los buitres de la industria y asegurando que jamás se comprometiera su integridad.
El destino, sin embargo, le deparó una batalla sumamente dolorosa en el ocaso de su vida. A lo largo de los años, Malcolm enfrentó severos desafíos personales, pero ninguno tan devastador como el diagnóstico que cambió el rumbo de su historia. En 2014, el mundo del rock se paralizó cuando se anunció que Malcolm Young padecía demencia, una condición que lo obligó a retirarse de las giras, del estudio y de la vida activa en la banda que él mismo había construido.
Ver al brillante líder, al hombre que tenía un control absoluto sobre su entorno, perder gradualmente sus recuerdos y su conexión con el mundo fue una tragedia que desgarró a la familia Young. A pesar del inmenso dolor, la banda demostró su respeto y amor incondicional continuando el legado de la manera que él hubiera querido. Su visión seguía siendo la brújula de AC/DC, incluso cuando él ya no podía estar en la sala de ensayo.
El 18 de noviembre de 2017, apenas unas semanas después de la pérdida de su hermano George, la noticia más temida se hizo realidad. Malcolm Young falleció a los 64 años. Su partida fue un golpe devastador, una herida profunda en el alma del rock mundial. Pero Malcolm jamás será olvidado. Su legado se mide no solo en las decenas de millones de discos vendidos, sino en la manera definitiva en que moldeó y definió un género musical entero. Sigue siendo recordado como uno de los músicos más influyentes de la historia, el arquitecto rítmico cuyo legado resonará eternamente en cada estadio que AC/DC pise.
Antes de que las arenas masivas y los estadios olímpicos fueran el hábitat natural de la banda, AC/DC se curtió en los sudorosos y oscuros pubs de Australia, y el comandante indiscutible de esas trincheras fue Ronald Belford “Bon” Scott. Bon fue la voz que definió, moldeó y proyectó los primeros y cruciales años de AC/DC. Es, sin lugar a dudas, considerado uno de los vocalistas y frontmen más carismáticos, poéticos y poderosos en la historia de la música contemporánea.
La llegada de Bon Scott a la banda transformó a AC/DC de ser un grupo con potencial a convertirse en un fenómeno de la naturaleza. Con su potente voz rasposa, cargada de una mezcla de sarcasmo, peligro y pura alegría de vivir, Bon no solo cantaba las letras; las actuaba, las vivía y las sufría. En el escenario, era una presencia magnética y arrebatadora, transmitiendo una esencia de rebeldía callejera y libertad absoluta que conectaba de manera visceral con la juventud trabajadora.
Sin embargo, Bon Scott era el símbolo mismo de la vida sin frenos que la banda encarnaba en sus letras. Personificó el auténtico estilo de vida del rock and roll: indomable, desinhibido, siempre empujando los límites de lo que era aceptable. Su actitud irreverente y su carisma a prueba de balas lo convirtieron en un ídolo inalcanzable para sus seguidores. Pero esta misma forma de vivir, a una velocidad vertiginosa, tenía un costo sumamente peligroso.
El 19 de febrero de 1980, cuando AC/DC se preparaba para dar el salto definitivo hacia el estrellato global masivo tras el éxito de Highway to Hell, la tragedia golpeó con una fuerza indescriptible. Bon Scott fue encontrado sin vida a los 33 años, víctima de una intoxicación etílica tras una noche en Londres. La noticia de su repentina partida cayó como una bomba atómica sobre la banda, los fanáticos y la industria musical.
Fue un punto de inflexión crítico, un golpe devastador que amenazó con destruir a AC/DC para siempre. El dolor de perder a su amigo, a su hermano de batallas y a la voz que los había llevado a la fama parecía insuperable. Sin embargo, el legado de Bon era tan fuerte que exigía ser honrado, no con silencio, sino con el ruido más grande que el mundo jamás hubiera escuchado. Su influencia perdura de manera indeleble, y su espíritu rebelde sigue siendo el faro que guía a cada nueva generación de amantes de la música.
El Preludio Breve: Dave Evans y los Primeros Días
En la vasta y compleja historia de una banda de este calibre, es fácil pasar por alto los primeros pasos, los momentos de experimentación antes de que se encuentre la fórmula mágica. Dave Evans es una figura clave en esa etapa inicial. Fue el primer vocalista oficial de AC/DC, asumiendo el rol en 1973 antes de que el mundo supiera lo que la banda llegaría a ser.
El tiempo de Evans en las filas de AC/DC fue relativamente breve, pero su participación marcó un hito histórico. Fue con él con quien la banda grabó su primer sencillo oficial, Can I Sit Next To You, Girl?. Esta grabación es un fascinante documento histórico que muestra a una agrupación en busca de su identidad. El estilo vocal de Dave Evans era notablemente diferente al que caracterizaría a la banda más adelante; poseía un tono algo más suave, cercano al glam rock que predominaba en ciertos círculos de la época, creando un contraste importante con lo que la banda llegaría a ser.
A pesar de las diferencias estilísticas, Evans aportó la energía necesaria y una sólida presencia escénica que ayudó a la banda a establecer sus cimientos en la escena local australiana. Sin embargo, los hermanos Young y el resto de la formación sentían que la química no era la definitiva, que faltaba un elemento de peligro y crudeza para complementar la feroz energía de las guitarras.
A finales de 1974, en una decisión que cambiaría el curso de la historia musical, Evans dejó su puesto, abriendo la puerta para la llegada de Bon Scott. Después de su salida, Dave Evans continuó forjando su propio camino en la música. Aunque nunca alcanzó las cumbres estratosféricas de fama mundial que lograron sus antiguos compañeros, su nombre está grabado para siempre en la piedra angular de la historia de AC/DC. Hoy en día, Evans sigue activo en el mundo musical, realizando presentaciones y honrando su papel como la primera voz de un proyecto que se convertiría en leyenda.
La Resurrección y la Voz de Acero: Brian Johnson
A principios de 1980, AC/DC estaba de rodillas, enfrentando el dolor paralizante de haber perdido a Bon Scott. Las discusiones sobre la disolución de la banda eran reales; la idea de continuar parecía no solo imposible, sino casi una falta de respeto hacia la memoria de su caído líder. Sin embargo, impulsados por el estímulo de la propia familia de Scott, los hermanos Young decidieron emprender una búsqueda que parecía destinada al fracaso: encontrar a alguien capaz de sostener el micrófono de AC/DC.
Fue entonces cuando la historia dio un giro cinematográfico con la entrada de Brian Johnson. Originario del norte de Inglaterra y ex vocalista de la banda Geordie, Johnson llegó a las audiciones con su característica gorra, un sentido del humor cálido y una voz que parecía forjada en el fuego de una fundición industrial. Asumir el reto de reemplazar a una figura tan emblemática y amada como Bon Scott habría destruido psicológicamente a cualquier artista común. Era enfrentarse al escepticismo de la prensa y al dolor de millones de fans.
Pero Brian Johnson no solo estuvo a la altura del desafío; superó cualquier expectativa posible. Aportó a la banda una nueva dimensión de energía. Su inconfundible voz rasposa, capaz de alcanzar agudos estratosféricos con una potencia arrolladora, encajó perfectamente en la nueva maquinaria musical que Malcolm y Angus estaban construyendo.
El resultado de esta unión fue el histórico álbum Back in Black, lanzado pocos meses después de la partida de Scott. Concebido originalmente como un solemne y atronador homenaje a su amigo perdido (desde su portada completamente negra hasta el repique de las campanas que abren el disco), el álbum se convirtió en un triunfo monumental, catapultándose hasta convertirse en el disco de rock más vendido de todos los tiempos.
La capacidad de Johnson para conectar con el público fue instantánea. Con su actitud de clase trabajadora, su humildad y su presencia enérgica, fue aceptado rápidamente por la legión de seguidores. Temas legendarios como You Shook Me All Night Long, Hells Bells y Shoot to Thrill demostraron que AC/DC había logrado lo impensable: renacer de sus propias cenizas con más fuerza que nunca.
A lo largo de las décadas, la lealtad y el talento de Brian han sido inquebrantables. Aunque en años recientes enfrentó un difícil desafío médico relacionado con una severa pérdida de audición que lo apartó temporalmente de los escenarios, su determinación por regresar demostró, una vez más, su espíritu de lucha. Hoy, en 2026, a sus 74 años, sigue siendo la voz inconfundible de la banda, el hombre que asumió el trabajo más difícil del mundo y lo convirtió en una de las carreras más gloriosas de la historia.
El Metrónomo Inhumano: Phil Rudd
Si las guitarras son los músculos de AC/DC y la voz es el alma, la batería es el latido del corazón que mantiene vivo al organismo entero. Y ningún hombre ha dominado ese pulso con tanta maestría, frialdad y precisión como Phil Rudd. Considerado por puristas y críticos como el baterista más emblemático de la agrupación, el estilo de Rudd ha sido el cimiento absoluto sobre el que se construyó la inmensidad del sonido de AC/DC.
A diferencia de muchos bateristas de rock que buscan el lucimiento personal mediante arreglos complejos y solos interminables, el enfoque de Phil Rudd es una lección magistral de disciplina y contención. Su estilo es famoso por su aparente simplicidad: directo, sin adornos, pero con una solidez tan aplastante que parece inamovible. Rudd es, en esencia, un metrónomo humano.
Desde su incorporación en la década de los 70, Phil fue el encargado de proporcionar el “groove” profundo que permitía que las guitarras estruendosas de Angus y Malcolm brillaran con todo su esplendor. Sin la estructura rítmica firme de Rudd en el compás de 4/4, clásicos inmortales como Let There Be Rock o Highway to Hell habrían carecido de su fuerza motriz. Su capacidad para golpear con la misma intensidad sostenida durante horas es una hazaña de resistencia física y concentración mental.
Su trayectoria con la banda, sin embargo, no ha estado exenta de turbulencias. Rudd atravesó periodos difíciles, incluyendo un alejamiento en la década de los 80 debido a diferencias internas, y más recientemente, enfrentó problemas legales sumamente complejos y mediáticos que lo mantuvieron apartado temporalmente de la familia musical. A pesar de estos oscuros episodios en su vida personal, su lugar en la historia de la música está asegurado.
La influencia de Phil Rudd sigue siendo reverenciada por bateristas de todo el mundo. A sus años, su legado como la fuerza impulsora detrás de los años más exitosos de la banda sigue intacto, demostrando que a veces, tocar lo justo con la intensidad correcta es el verdadero secreto de la genialidad.

El Trueno de los Noventa: Chris Slade
Durante los períodos en los que Phil Rudd no ocupó la banqueta de la batería, AC/DC necesitó a alguien con la potencia suficiente para mantener la maquinaria pesada en movimiento. Esa responsabilidad recayó de manera magistral en Chris Slade, un veterano y respetado baterista británico que inyectó una dosis masiva de energía visual y sonora a la banda durante la década de 1990.
La llegada de Slade coincidió con un momento en el que AC/DC necesitaba revitalizar su dominio en la escena del rock mundial. Su impacto fue inmediato y quedó grabado para siempre en el brillante y filoso álbum The Razors Edge (1990). Este disco marcó un regreso triunfal de la banda a la cima absoluta de las listas de éxitos, y el trabajo de Slade fue fundamental en esa victoria.
Con su cabeza rapada y su configuración de platillos en posiciones altas, Slade ofrecía un espectáculo visual impresionante, pero era su golpe preciso, demoledor y atlético lo que realmente destacaba. Su aportación en temas icónicos como Moneytalks y, especialmente, en el himno atronador Thunderstruck, elevó el nivel de adrenalina de la banda a nuevas alturas. El ritmo constante y galopante de Slade en Thunderstruck es un referente obligatorio de cómo construir tensión y liberar potencia pura en una canción.
Slade también fue una pieza crucial durante las maratónicas giras mundiales que siguieron, demostrando una habilidad asombrosa para mantener el ritmo frenético de uno de los shows más exigentes físicamente en la industria. Aunque su primera etapa con la banda culminó a mediados de los 90, su profesionalismo fue tan valorado que regresó a la formación en 2015 para apoyar a la banda en momentos de necesidad. Hoy en día, Chris Slade sigue siendo una figura sumamente respetada en el circuito, recordado con inmenso cariño por los seguidores como el baterista que aportó un toque de potencia espectacular en una de las eras doradas del grupo.
El Ancla Inquebrantable: Cliff Williams
En el torbellino de energía descontrolada, escándalos, tragedias y éxitos masivos que rodea a AC/DC, el bajista Cliff Williams siempre ha representado la calma en el centro de la tormenta. Desde su incorporación en 1977, en un momento clave de expansión para el grupo, Williams se convirtió inmediatamente en la base sólida, discreta y absolutamente esencial de la banda.
El rol del bajista en AC/DC requiere una disciplina férrea. Mientras Angus correteaba por el escenario y Malcolm marcaba el ritmo marcial, la misión de Cliff era proporcionar el soporte profundo y resonante, uniendo la percusión matemática de Phil Rudd con las guitarras de los hermanos Young. Su enfoque en el bajo, al igual que el sonido general de la banda, está desprovisto de adornos innecesarios. Es un estilo directo, pulsante y de una eficacia abrumadora.
Williams fue una pieza fundamental en la creación del sonido definitivo del grupo durante su época de mayor creatividad y expansión comercial, participando activamente en la grabación de obras maestras como Highway to Hell, el insuperable Back in Black y el explosivo For Those About to Rock (We Salute You). En el escenario, Cliff siempre mantuvo un perfil bajo, anclado en su posición al lado de las amplificaciones, ofreciendo coros sólidos y permitiendo que sus compañeros fueran el centro de atención visual.
Tras cuatro décadas de lealtad absoluta y giras que rompieron récords en todos los continentes, Cliff Williams tomó la difícil decisión de anunciar su retiro en el año 2016. Dejando muy claro que no existían fricciones internas ni dramas personales, explicó que simplemente había llegado el momento de descansar, ceder el paso y disfrutar de la tranquilidad tras una vida dedicada a la carretera. Aunque su presencia en las giras más recientes ha sido intermitente, Cliff sigue siendo reverenciado en pleno 2026 como uno de los pilares estructurales más valiosos de la historia del rock pesado. Su humildad y su talento son un recordatorio constante de que los engranajes silenciosos son los que hacen funcionar a las máquinas más grandes.
Sangre Joven para un Legado Antiguo: Stevie Young
Cuando la devastadora noticia del retiro forzado de Malcolm Young por cuestiones de salud golpeó a la banda, el futuro de AC/DC parecía pender de un hilo muy fino. Reemplazar a la mente maestra y al creador de los riffs parecía imposible sin traicionar la esencia misma de la agrupación. La respuesta a esta crisis existencial y artística no se buscó en audiciones masivas ni en estrellas de otras bandas; la respuesta, como siempre en la historia de este grupo, residía en la propia sangre.
Stevie Young, sobrino directo de los hermanos Angus y Malcolm, fue llamado a dar un paso al frente en el momento más crítico de la década de 2010. Stevie no era un desconocido para la maquinaria interna de la agrupación; ya había demostrado su inmenso valor y fiabilidad cuando sustituyó temporalmente a Malcolm durante la extensa gira norteamericana de 1988. Sin embargo, asumir el puesto de forma permanente en 2014, bajo la sombra de la enfermedad incurable de su tío, fue un acto de enorme valentía y amor familiar.
A pesar de ser considerado un integrante de la etapa más reciente, Stevie aportó un profundo respeto por la tradición. Se adaptó de manera inmediata al sonido rígido y exigente de la banda. Tomando la icónica guitarra Gretsch, se dedicó en cuerpo y alma a mantener intacto el legado de Malcolm. Su labor en la producción de los últimos trabajos discográficos, como el aclamado Rock or Bust, y su firme presencia en las giras mundiales consolidaron su posición.
Hoy, a sus 65 años, Stevie Young no está intentando imitar a su tío; está canalizando el espíritu familiar. Es el eslabón vital que permite a la banda seguir adelante sin perder su autenticidad sonora. Su presencia en el escenario es un tributo constante y amoroso al legado de la familia Young, manteniendo viva la llama y asegurando que los riffs de Malcolm sigan resonando con la misma ferocidad de siempre.
El Motor Eterno y la Cara del Rock: Angus Young
Al final de todas las narrativas, de todas las partidas dolorosas, de los cambios de alineación y de los triunfos masivos, queda una figura solitaria que sigue empujando la pesada rueda de la historia hacia adelante. Angus Young es, sin la menor duda, la encarnación física de AC/DC; el alma vibrante, la energía incombustible y el ícono definitivo que ha llevado sobre sus hombros, con un traje de colegial, la responsabilidad de mantener vivo el rock and roll.
Desde aquellos remotos primeros días en 1973, Angus construyó un personaje escénico que se convirtió en mito. Su hiperactividad, su legendario “paso del pato” (heredado de Chuck Berry pero llevado a extremos frenéticos) y su guitarra Gibson SG sudorosa son imágenes grabadas a fuego en el inconsciente colectivo de la cultura popular. Angus redefinió lo que significa ser un guitarrista principal: sus solos no son exhibiciones vacías de técnica, son explosiones de pura emoción, agresividad bluesera y electricidad descarnada.
Junto a Malcolm, Angus forjó la estructura entera de AC/DC. Pero lo que verdaderamente define el legado de Angus no es solo su destreza técnica ni su energía desbordante; es su resiliencia casi sobrenatural. A lo largo de las décadas, Angus ha sido el único miembro que ha permanecido estoico en absolutamente todas y cada una de las etapas de la banda. Ha tenido que enterrar a sus ídolos, a su cantante original, a su hermano mayor que los guio en los primeros días y, más devastador aún, a su hermano Malcolm, su compañero del alma y confidente más cercano.
El peso emocional de sobrevivir a tantos de los suyos y de mantener en pie una empresa global habría doblegado a cualquier ser humano. Sin embargo, en pleno 2026, Angus Young sigue siendo el motor rugiente que se niega a apagarse. Para él, tocar la guitarra no es un trabajo, es una terapia; mantener activa la banda no es una obligación financiera, es una cuestión de honor y de rendir el máximo homenaje a los caídos.
A sus años, observar a Angus tomar el escenario es presenciar un acto de desafío contra el tiempo y la mortalidad misma. Su figura trasciende el mero espectáculo musical; se ha convertido en una leyenda viviente que continúa inspirando a nuevas generaciones. Él es el guardián de las llaves del reino de AC/DC.
Un Legado Que Desafía el Tiempo
La historia de AC/DC es mucho más compleja y profunda que un simple compendio de discos exitosos. Es un testamento asombroso de lo que la voluntad humana puede lograr a través de la música. Desde los sudorosos orígenes en Sídney en la década del 70, impulsados por la irreverencia de Bon Scott y la supervisión en la sombra de George Young, hasta su renacimiento espectacular en los años 80 con Brian Johnson y la base inquebrantable de Phil Rudd y Cliff Williams, la banda ha sobrevivido a tormentas que habrían destruido a cualquiera.
Han enfrentado tragedias indecibles y han dicho adioses sumamente dolorosos, pero cada lágrima y cada pérdida se ha transformado en combustible para los amplificadores. Las figuras de Bon Scott, Malcolm Young y George Young pueden no estar físicamente presentes, pero sus ecos se encuentran atrapados en cada nota, en cada compás que la banda ejecuta en el escenario.
Mientras Angus Young continúe poniéndose el uniforme escolar, mientras Brian Johnson siga ofreciendo su voz inconfundible y la banda siga generando esa tormenta de sonido crudo y puro, el rock nunca morirá. El poder de AC/DC radica en su inquebrantable verdad: no siguen tendencias, no piden disculpas, y, por encima de todo, nunca se detienen. El tiempo avanza, inclemente, pero el rugido eterno de AC/DC demuestra que algunas cosas, verdaderamente, son inmortales.