Posted in

Así Fue la Lujosa Vida de Tin Tan: ¿Qué pasó con sus hijos? La Maldición del Apellido Valdés

29 de junio de 1973. 7 de la mañana. En una habitación del hospital de la beneficencia española de la Ciudad de México, un hombre de 57 años exhala por última vez. No hay cámaras, no hay periodistas, no hay el estruendo de aplausos que lo acompañó durante tres décadas de gloria absoluta.

Solo el silencio, solo su esposa Rosalía Julián sosteniendo su mano en la oscuridad de esa habitación y el sonido lejano de la Ciudad de México, despertando sin saber todavía lo que había perdido. Fuera, en un despacho de la colonia San Ángel, existe un sobre cerrado. Dentro del sobre, un testamento, una sola hoja, unas pocas líneas escritas por un hombre que en su mejor época ganaba más dinero por película que cualquier otro actor en la historia del cine mexicano.

Un hombre que tuvo casas en Acapulco y Cuernavaca, dacadilx y wicks cromados que brillaban bajo el sol de la capital. Trajes de seda hechos a medida con telas importadas de Estados Unidos, joyas de oro macizo que colgaban de su cuello como declaración de guerra contra la pobreza que había conocido de niño en la frontera entre México y el mundo que lo rechazaba.

Ese testamento, cuando el notario lo abrió ante los herederos presentes, no reveló cuentas bancarias millonarias, no reveló propiedades secretas, no reveló un fondo de inversión prudentemente construido durante décadas de ingresos extraordinarios. Reveló una sola frase: “Para mis hijos menores, amor y protección.” Y después silencio, porque el amor no paga deudas y la protección no detiene a los acreedores que esa misma semana comenzaron a tocar la puerta de la casa de San Ángel, donde Rosalía Julián acababa de quedarse viuda con seis hijos

y una montaña de compromisos financieros que el Pachuco de Oro había ido acumulando en los últimos años de su vida cuando el cine mexicano lo abandonó antes de que él pudiera abandonarlo a él. Hoy vamos a contarte todo. La vida lujosa de Germán Valdés Tintan, el hombre que fue el actor mejor pagado del cine mexicano durante una década completa, que ganaba más que Cantinflas en sus mejores años, que vivió con una intensidad que habría consumido a cualquier otro ser humano en la mitad del tiempo. Vamos a contarte las casas,

los autos, los trajes, las fiestas que duraban días, las joyas, los viajes, el nivel de vida estratosférico que construyó sobre una voz única y un personaje que cambió para siempre la manera en que los mexicanos se veían a sí mismos. Pero también vamos a contarte lo que pasó después, lo que la mayoría de los canales no investiga con la profundidad que merece, lo que le pasó a sus hijos, la guerra legal que duró décadas.

El nieto que condujo taxi en Guadalajara mientras las películas de su abuelo llenaban las pantallas de medio mundo sin que un solo peso llegara a la familia. La hija que pasó 50 años peleando por los derechos de un hombre al que el sistema del entretenimiento mexicano le robó el fruto de su trabajo con contratos que nunca se registraron correctamente y negativos de películas que terminaron en manos ajenas.

La maldición del apellido Valdés no fue una leyenda ni una exageración. Fue una realidad documentada en expedientes judiciales, en entrevistas de hijos que hablaron cuando ya no podían más, en una tumba en el panteón jardín donde durante años la placa de bronce se oxidó lentamente mientras nadie ponía flores frescas.

Quédate hasta el final porque esta historia no tiene desperdicio. Comencemos por el principio. Porque para entender la magnitud de lo que Tin Tan construyó y lo que sus hijos perdieron, hay que entender de dónde vino este hombre y cómo llegó a ser lo que fue. Germán Genaro Cipriano, Gómez Valdés y Castillo, nació el 19 de septiembre de 1915 en la ciudad de México.

era el segundo de nueve hermanos en una familia bicultural que ya en su composición llevaba la semilla de algo fuera de lo ordinario. Su abuela paterna era italiana nacida en Texas. Su madre Guadalupe era originaria de Aguascalientes. Su padre Rafael era agente aduanal, un trabajo que exigía constantes cambios de residencia por toda la República Mexicana y que convirtió la infancia de Germán en una serie de mundos distintos que absorbió con la voracidad de alguien que ya entonces, sin saberlo, estaba recopilando material para un personaje

que todavía no tenía nombre. Tres de sus hermanos se dedicarían también al espectáculo y se convertirían en leyendas por derecho propio. Ramón Valdés, quien después sería mundialmente famoso como Don Ramón en El Chavo del Ocho, Antonio Valdés, conocido como el ratón, Manuel el Loco Valdés. Los hermanos Valdés dominarían la comedia mexicana durante décadas, pero ninguno con la intensidad ni con la altura que alcanzaría Germán.

Cuando Germán tenía apenas 2 años, la familia fue trasladada al puerto de Veracruz. El puerto caribeño con su mezcla de culturas, su música afrocaribeña, su ambiente festivo y su luz particular, dejó una huella en el pequeño germán que nunca se borró del todo. Después, cuando tenía alrededor de 4 años, nueva mudanza.

Esta vez a Ciudad Juárez, Chihuahua. La frontera, el lugar donde dos países se miran frente a frente sin terminar de entenderse. Ciudad Juárez cambiaría la vida de Germán para siempre. Creció viendo constantemente la interacción entre la cultura mexicana y la estadounidense y vio algo que a todos los demás les parecía un problema social y a él le pareció fascinante. Los Pachucos.

Jóvenes mexicanos o hijos de mexicanos nacidos en Estados Unidos con una manera de vestir absolutamente inconfundible. Pantalones holgados ceñidos a la cintura y los tobillos. Tirantes, sacos largos con hombros exagerados. sombreros de estilo italiano adornados con plumas, zapatos bicolor en blanco y negro y un idioma propio, el spanglish.

esa mezcla de español e inglés que las sociedades respetables de ambos lados de la frontera consideraban vulgar y que Germán escuchaba con la atención de alguien que está tomando notas para un examen que todavía no existe. Los pachucos eran marginados, discriminados, considerados delincuentes por el simple hecho de existir entre dos culturas que no querían adoptarlos completamente.

Germán no los veía como delincuentes, los veía como rebeldes, como personas que se negaban a hacer lo que la sociedad exigía que fueran y que habían inventado su propia identidad en un mundo que no los aceptaba en ninguna de las dos direcciones disponibles. Sin saberlo, Pan estaba observando lo que después se convertiría en el personaje más revolucionario del cine mexicano.

A los 19 años, en 1934, Germán entró a trabajar en la radiodifusora local XCJ. Comenzó en el puesto más bajo posible, pegador de etiquetas, pero tenía un talento natural para imitar voces y hacer reír a la gente que era imposible de ignorar para quien tuviera oídos. Un día, mientras pensaba que el micrófono estaba cerrado, comenzó a imitar a Agustín Lara.

No sabía que estaba al aire. El dueño de la emisora, Pedro Meneces, lo escuchó y quedó fascinado. Le dio su oportunidad como locutor. Ahí nació el personaje de Pachuco Topillo Tapas. Topillo Tapas era argot Pachuco para alguien que sabe hacer trampa con inteligencia, un tipo listo que se la sabe todas. Germán cantaba, hacía imitaciones e mezzlaba español e inglés, de manera que sonaba completamente natural, porque para él era completamente natural.

Read More