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Lo que José Mujica le dijo a Kim Jong-un y dejó a Corea del Norte en silencio

Lo que José Mujica le dijo a Kim Jong-un y dejó a Corea del Norte en silencio

En un mundo donde los líderes suelen rodearse de lujos y poder, José Mujica, el expresidente uruguayo conocido como el presidente más pobre del mundo, recibió una invitación inesperada, visitar la hermética Corea del Norte y reunirse con Kim Jong Gun, lo que parecía una simple visita diplomática se transformaría en un encuentro que podría cambiar silenciosamente el rumbo de una nación.

Si te conmueven las historias de sabiduría humilde y palabras sencillas que pueden derribar muros, suscríbete ahora y cuéntanos desde qué rincón del mundo nos acompañas. Lo que Mujica le dijo al líder norcoreano no solo dejó a un régimen en silencio, sino que plantó semillas de cambio en el lugar más improbable del planeta.

 Acompáñame y descubre la historia completa. El sol caía sobre Montevideo con la misma sencillez con que José Pepe Mujica caminaba por su chakra en Rincón del Cerro. A sus 89 años, el expresidente uruguayo mantenía intacta su lucidez y esa forma única de ver el mundo que había cautivado a millones. En su pequeña casa de campo, lejos del lujo que podría haberse permitido, Mujica regaba su huerta mientras Manuela, su inseparable perra de tres patas, descansaba bajo la sombra de un árbol.

“Lucía, ¿viste donde dejé las semillas de tomate?”, preguntó a su esposa Lucía Topolanski, quien llevaba más de medio siglo compartiendo su vida y sus ideales. Están en la mesa de la cocina, José, por cierto, llamó Ignacio de cancillería. Dice que es urgente. El rostro curtido de Mujica, marcado por el tiempo y las experiencias mostró un atisbo de curiosidad.

 Hacía años que se había retirado de la política activa, dedicándose a dar conferencias ocasionales y a cultivar su tierra, viviendo con lo justo y necesario. Las llamadas urgentes eran cada vez más raras. Al entrar a la modesta cocina, notó un sobre oficial junto al teléfono. Lo abrió con manos callosas y leyó en silencio.

 Su expresión cambió sutilmente. “¿Qué ocurre?”, preguntó Lucía, conociendo cada gesto de su compañero. “Parece que tengo una invitación para visitar Corea del Norte”, respondió con tono incrédulo. “Una misión de diálogo la llaman. Corea del Norte, ¿por qué querrían hablar contigo? Dicen que Kim Jong Un ha solicitado específicamente mi presencia.

Aparentemente quedó impresionado por mis discursos sobre la austeridad y la felicidad, aunque dudo que hayamos entendido lo mismo por austeridad. Ambos rieron, pero había una nota de seriedad en el aire. Uruguay, como muchos países, mantenía relaciones diplomáticas limitadas con la hermética nación asiática.

 Una visita de este tipo era extraordinaria. Dos semanas después, Ignacio Méndez, un joven diplomático de la cancillería uruguaya, esperaba nerviosamente en el aeropuerto internacional de Carrasco. A su lado, la delegación era mínima, un asesor de seguridad, un médico y una intérprete de coreano. Todos sabían que estaban a punto de embarcarse en una misión sin precedentes.

 “Presidente Mujica, gracias por aceptar esta misión.” Saludó Ignacio cuando vio llegar al expresidente, quien vestía una simple camisa a cuadros y pantalones gastados. “No me llames presidente, muchacho. Ese título quedó atrás hace años”, respondió Mujica con una sonrisa afable. Además, no estoy seguro de haber aceptado nada todavía.

 solo vine a escuchar los detalles. En una pequeña sala privada del aeropuerto, Ignacio desplegó varios documentos. La situación es delicada, señor Mujica. El régimen norcoreano ha mostrado un interés inusual en su filosofía de vida. Parece que después de ver algunas de sus entrevistas internacionales, Kim Jong Un expresó curiosidad por conocerlo personalmente.

 ¿Y por qué yo?, preguntó Mujica rascándose la barbilla. Soy un viejo granjero. Precisamente por eso intervino Laura Kim, la intérprete, cuyos padres habían emigrado de Corea del Sur a Uruguay décadas atrás. Su imagen, como el presidente más pobre del mundo, ha generado un contraste fascinante con la narrativa oficial norcoreana.

Además, su pasado como guerrillero y prisionero político les resulta intrigante. Mujica guardó silencio por un momento, recordando sus años en cautiverio durante la dictadura uruguaya. Casi 14 años encerrado, muchos de ellos en aislamiento, en condiciones que pocos podrían imaginar. ¿Qué esperan conseguir realmente con esta visita?, preguntó finalmente.

 Honestamente, no lo sabemos con certeza, respondió Ignacio. Podría ser propaganda, curiosidad genuina o un intento de abrir algún tipo de canal diplomático no convencional. Lo que sí sabemos es que el régimen rara vez extiende este tipo de invitaciones. Mujica tomó un sorbo del mate que había traído consigo pensativo.

 El mundo está lleno de muros, dijo tras una pausa. Algunos visibles, otros invisibles. Tal vez tenga sentido intentar abrir una pequeña ventana en uno de ellos, aunque solo sea para que entre un poco de aire fresco. El vuelo a Beyjing fue largo y tedioso. Desde allí tomarían uno de los pocos vuelos semanales permitidos a Pionyang.

 Durante el trayecto, Mujica se dedicó a leer todo lo que pudo sobre Corea del Norte, mientras Laura le explicaba matices culturales que ningún libro podría capturar. En Corea, la edad y la experiencia son muy respetadas”, explicó Laura. Su condición de expresidente y su edad le otorgarán cierto estatus, pero debe recordar que cada palabra y gesto serán analizados con lupa.

 Me preocupa más entender que ser entendido, respondió Mujica. Vengo de un pequeño país agrícola en Sudamérica. Ellos viven una realidad completamente distinta. Hay algo que tienen en común, comentó Laura con una sonrisa tímida. Ambos conocen lo que significa resistir ante potencias mayores. Mujintió pensativo.

 Cuando finalmente aterrizaron en Pionyang, el contraste fue inmediato. La capital norcoreana, con sus amplias avenidas desiertas y sus monumentales edificios, parecía diseñada para impresionar más que para vivir. Una comitiva oficial los esperaba en la pista. Bienvenido a la República Popular Democrática de Corea, presidente Mujica. Saludó en inglés un funcionario de rostro severo. Soy el viceministro Choy.

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