La contienda electoral por la presidencia de Colombia ha entrado en su fase más decisiva y, con ella, las estrategias para cautivar a un electorado cada vez más apático y polarizado. En un escenario donde los debates tradicionales parecen haber perdido su atractivo y el marketing digital dicta las nuevas reglas del juego político, la candidata presidencial Paloma Valencia ha decidido apostar por un formato diametralmente opuesto. Alejada de los atriles rígidos y los discursos empaquetados, la senadora decidió sentarse frente a los micrófonos de “Impresentables”, el irreverente programa matutino de la emisora LOS40 Colombia.

En una entrevista que transitó fluidamente entre la comedia pura, las confesiones personales y las críticas implacables a sus opositores políticos, Valencia mostró una faceta humana que pocas veces se le había visto en la esfera pública, todo ello sin dejar de lado la firmeza ideológica que ha caracterizado su trayectoria. Fue una charla en la que se desnudaron las tensiones de la campaña, las crisis estructurales del país y la inevitable sombra del expresidente Álvaro Uribe Vélez.
El dardo envenenado a Abelardo de la Espriella
Uno de los momentos más tensos e impactantes de la mañana llegó cuando se abordó la innegable guerra interna que se libra en los sectores de la derecha colombiana. Frente a la figura del abogado y también candidato Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia no se guardó ni una sola crítica. Al ser cuestionada sobre los rumores de una campaña sucia y la circulación de memes virales —incluyendo uno donde su pequeña hija, Amapola, aparecía sosteniendo un peluche de tigre, símbolo que la campaña de De la Espriella ha intentado apropiarse—, la candidata fue letal en su respuesta.
“Es una caricatura”, sentenció Valencia refiriéndose a su contrincante. Con un tono de indignación pero sin perder la compostura, expuso lo que ella considera una inmensa hipocresía política. Recordó a los oyentes que el historial de De la Espriella está marcado por la defensa legal de personajes que hoy figuran como adversarios ideológicos acérrimos del uribismo, mencionando casos específicos como los de Piedad Córdoba e Iván Cepeda. “Es una persona que cambia de ideas como de ropa”, afirmó tajantemente, cuestionando cómo alguien que en el pasado criticó al expresidente Uribe y defendió los acuerdos de paz de La Habana, ahora intenta erigirse como el máximo representante de las banderas conservadoras. Esta declaración dejó claro que, en la carrera por el liderazgo de la derecha, Valencia no está dispuesta a ceder terreno ante lo que considera un simple “duelo de marketing” sin sustancia.
La emergencia en salud: El plan de los 100 días junto a Oviedo
Más allá de las rencillas políticas, la entrevista sirvió como plataforma para que Valencia desglosara las propuestas centrales de su plan de gobierno, respondiendo directamente a las inquietudes de los ciudadanos. Un estudiante de la Universidad del Bosque intervino para preguntarle sobre las interminables demoras en las citas médicas y la atención con especialistas, tocando una de las fibras más sensibles de la crisis nacional actual.
La respuesta de la candidata destapó una radiografía alarmante de la administración saliente. Según Valencia, el gobierno de Gustavo Petro ha llevado al sistema de salud a un colapso inminente, acumulando una deuda estratosférica que asciende a los 38 billones de pesos por el impago a clínicas, hospitales y profesionales de la primera línea. “No hay cánulas, no hay medicamentos, no se le paga a los médicos ni a las enfermeras”, denunció con vehemencia.
Para enfrentar este desastre, anunció su alianza con Juan Daniel Oviedo, quien fungiría como su vicepresidente y “gerente de la emergencia en salud”. La promesa es audaz y titánica: inyectar el capital necesario y lograr un gran acuerdo nacional para poner al día el sistema de salud en los primeros 100 días de su mandato. Además, propuso un ambicioso modelo de entrega domiciliaria de medicamentos para los pacientes crónicos. Ante el escepticismo sobre la viabilidad de lograr 10 millones de atenciones represadas en tan poco tiempo, su respuesta fue firme: “Lo hicimos en pandemia y lo vamos a volver a hacer”.
Seguridad urbana y la delgada línea de la protesta social
El otro gran pilar de su intervención fue, sin sorpresa, la seguridad. En un país donde los índices de homicidio se han disparado, los secuestros han aumentado por encima del 100% y las masacres han retornado a cifras de hace una década, Valencia argumentó que el modelo de “solo inversión social” ha fracasado rotundamente porque ignora la existencia de grupos armados financiados por el narcotráfico.
A nivel urbano, propuso tres modificaciones legales urgentes: garantizar castigos efectivos y penas de cárcel para los delitos menores que hoy quedan en la impunidad; reformar el concepto de flagrancia para evitar que los ladrones capturados en el acto queden libres por la burocracia judicial; y un aumento drástico del pie de fuerza policial en ciudades como Bogotá, argumentando que la sola presencia de un uniformado disuade el crimen.
En cuanto a la aguda polarización en torno a la protesta social, Valencia trazó una línea inamovible. Aseguró que en su eventual gobierno habrá plenas garantías democráticas para manifestarse y mesas de diálogo abiertas, pero lanzó una advertencia clara para quienes crucen el límite: “Violencia, destrucción de bienes públicos o privados y bloqueos, ¡no! Al vandalismo, chao”.
“Stop”, risas y confesiones: La faceta inédita
A pesar de la densidad de los temas abordados, el formato de LOS40 permitió que los oyentes conocieran a una Paloma Valencia desprovista del habitual acartonamiento político. En un momento surrealista para una campaña presidencial, los locutores la invitaron a jugar “Stop”, el clásico juego de lápiz y papel. Las categorías dictadas por el público y los presentadores incluyeron desde animales y ciudades, hasta posiciones sexuales y groserías locales.
Lejos de escandalizarse o abandonar el set, la candidata participó activamente, riendo a carcajadas ante las ocurrencias pasadas de tono de los locutores (quienes intentaban validar palabras como “carechimba” como apellido). En medio del juego, Valencia hizo una confesión que sorprendió a muchos por su nivel de disciplina vital: reveló que nunca en toda su vida se ha emborrachado, definiéndose a sí misma, entre risas, como una persona sumamente “psicorrígida” y “aburrida” en ese aspecto. Esta dinámica logró humanizarla profundamente, mostrando a una mujer capaz de reírse de sí misma y navegar con empatía y buen humor en un entorno dominado por la juventud.
Rompiendo el techo de cristal: El rol de la mujer en el poder
Un tema transversal durante toda la conversación fue su ambición histórica de convertirse en la primera mujer presidenta de Colombia. Frente a la crítica habitual de que el género no debería ser un argumento para elegir a un mandatario, Valencia ofreció una reflexión profunda sobre el machismo estructural. Defendió que los derechos femeninos se construyen como una escalera y que es imperativo “romper los techos de cristal para que las niñas también piensen que ellas pueden ser presidentes”.
