Atención, atención. Decenas de narcobloqueos en Colima y un gringo responsable detrás de todo esto. Tráileres en llamas. Un tren estrellándose contra un bloqueo a 120 km/h y un hombre con pasaporte americano dando las órdenes desde adentro. Eso fue Colima este lunes. Eso es lo que los noticieros te mostraron.
Pero Omar García Harfuch ya había desenterrado algo que cambió completamente el significado de todo lo que viste arder. Porque el hombre que ordenó quemar esos tráileres no hablaba español como primera lengua. Tenía pasaporte americano, orden de captura en Estados Unidos y había encontrado en Tecomán, el único lugar del mundo donde creía que nadie lo tocaría.
Un ciudadano de Arizona dirigiendo una célula del CJNG en el corazón de Colima. Esa es la historia que ningún noticiero abrió esta noche. Pero hay una pregunta que está sepultada en los archivos de inteligencia de Harf y que cambia todo lo que crees saber sobre este operativo. ¿Quién le abrió las puertas de México a este hombre? ¿Quién le cedió la plaza? ¿Y por qué esa persona esta noche no está detenida? Esa pregunta tiene nombre en los archivos de Harf y en este video la vas a encontrar, pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Para
entender lo que pasó en Caleras este lunes, necesitas entender primero qué es Tecomán y por qué ese municipio importa más de lo que cualquier mapa turístico sugiere. Tecomán no es solo un municipio costero de Colima, es el corredor de acceso terrestre al puerto de Manzanillo, la terminal marítima que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos señaló formalmente en 2025 como el principal punto de entrada de precursores químicos desde China para la producción de fentanilo y metanfetamina en México. Quien controla Tecomán
controla el flujo de los químicos que matan a decenas de miles de estadounidenses cada año. En ese tablero operaba una célula pequeña. No era el brazo armado principal del CJNG en Colima. Era algo más peligroso que eso. Era una célula de contención. Su función no era traficar, sino garantizar que nadie interrumpiera el tráfico.
Intimidación, bloqueos, ejecuciones selectivas. Y al frente de esa célula, un hombre al que en los registros de inteligencia llamaban el gringo. 30 y tantos años, complexión delgada. había cruzado la frontera hacia México, no huyendo de la pobreza, sino huyendo de una orden de captura por homicidio emitida en su propio país.
Arizona lo buscaba. México, creía él, nunca lo encontraría. La comunidad de Caleras, donde todo explotó este lunes, huele a tierra seca y diésel. Las casas están separadas por lotes valdíos. Las noches son silenciosas hasta que no lo son. Es exactamente el tipo de lugar donde alguien que no quiere ser encontrado decide echar raíces.
El gringo echó raíces y eso fue su primer error y entonces llegó el dato que lo cambió todo. Los errores de el gringo no empezaron el lunes, empezaron semanas antes y cada uno de ellos pareció en su momento una decisión inteligente. El primero lo cometió tres semanas antes del operativo. Dentro de la célula había tensión, un lugar teniente local, un hombre que conocía el territorio desde niño, que tenía lealtades propias y que no terminaba de aceptar órdenes de alguien que pronunciaba mal los nombres de las colonias. Empezó a cuestionar las
decisiones del gringo abiertamente. En cualquier organización eso es un problema. En el CJNG es un problema que se resuelve de una sola manera. El gringo tomó su teléfono, el mismo número con código de área 480 Phoenix Arizona, que usaba para llamadas operativas y ordenó la resolución del conflicto. La llamada duró 4 minutos con 32 segundos.
Pareció inteligente, demostró autoridad, resolvió el problema interno, mandó un mensaje de disciplina al resto de la célula. Lo que el gringo no sabía era que esa llamada acababa de ser interceptada por una unidad de inteligencia de la FGR. A partir de ese momento, ese número tenía monitoreo en tiempo real.
Cada llamada, cada mensaje, cada coordenada desde la que transmitía. El segundo error lo cometió 5co días antes. Confiado en que su movilidad y su pasaporte americano lo protegían, el gringo convocó a su célula a una reunión presencial en Caleras. Sin rotación de punto de encuentro, sin cambio de vehículo, llegó en la misma camioneta de blindaje artesanal que ya había sido identificada y fotografiada por un dron de reconocimiento de la Sedena 4 días antes, a las 14:47 horas, circulando por la carretera Federal 200.
Pareció inteligente. Una reunión cara a cara evitaba las comunicaciones electrónicas que sabía que podían ser rastreadas. Lo que no calculó era que la camioneta ya era el rastreador. Cada vez que se movía, un sistema de coordenadas la seguía en tiempo real. El tercer error lo cometió la mañana del lunes cuando la policía investigadora de la FGE respondió al reporte del 911 en las inmediaciones de Caleras.
El gringo tomó una decisión que en su lógica tenía toda la coherencia del mundo. Atacar. Un golpe directo contra los agentes los haría retroceder, compraría tiempo y mandaría el mensaje de que esa zona tenía costo de entrada. era la táctica que había funcionado antes en territorios donde la autoridad no regresa después del primer enfrentamiento.
Atacar es el lenguaje que funciona. Pero lo que el gringo no sabía era que esa agresión era exactamente el detonador jurídico que las instituciones federales necesitaban para activar el protocolo de despliegue total. Marina, defensa nacional, Guardia Nacional, sin restricción de procedimiento. Disparar contra los agentes no compró tiempo.
Firmó su propia captura en suelo mexicano. Ese tercer error fue lo último que calculó mal, porque esa madrugada Harfuch ya tenía todo lo que necesitaba. A las 23:14 horas del domingo, mientras el gringo dormía en una propiedad a las afueras de Tecomán, la primera columna de vehículos sin identificación se movió desde un punto de concentración en el municipio de Armería, sin sirenas, sin luces de emergencia, velocidad de patrulla ordinaria para no levantar polvo en las carreteras de terracería que conectan las comunidades del
corredor costero. El dron ya llevaba 96 minutos sobrevolando la zona de Caleras cuando los primeros elementos de la Guardia Nacional tomaron posiciones en los accesos norte y sur de la comunidad. Altitud de operación 400 m, modo de visión térmico. En la pantalla del operador, los cuerpos humanos brillaban en naranja sobre el fondo azul de la madrugada.
Había seis firmas térmicas activas en el perímetro de la propiedad objetivo. Dos en el exterior parados. Cuatro adentro en diferentes estados de movimiento. Una de esas firmas, la que se movía de una habitación a otra con una cadencia que los analistas identificaron como patrón de insomnio bajo estrés era el gringo. No dormía. Algo le decía que esa noche no era igual a las otras.
Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Mientras él revisaba su teléfono en la oscuridad de esa habitación, el cerco ya estaba completo. cuatro puntos de bloqueo en los accesos vehiculares, dos unidades de la marina posicionadas a 200 m del flanco este, un equipo de la policía investigadora de la FG en el punto de origen del reporte original y una unidad de la defensa nacional con capacidad de intervención rápida estacionada en la carretera federal, motor encendido, lista para cortar cualquier ruta de escape hacia Manzanillo. coordinación
entre instituciones que normalmente operan en compartimentos separados fue el elemento que el gringo nunca contempló en su análisis de riesgo. Había apostado a la fragmentación institucional, a que la marina no hablaría con la FGE, a que la Guardia Nacional no compartiría inteligencia con la defensa en Colima.
Esa apuesta había funcionado durante años, esta vez no. Las comunicaciones del operativo corrían por un canal encriptado de frecuencia variable, rotando cada 4 minutos para impedir cualquier posibilidad de intercepción por parte de los radioescuchas que el CJ mantiene distribuidos en el corredor decomán a Manzanillo.
Cada elemento en el terreno recibía actualizaciones de posición del dron cada 30 segundos. A las 0:47 horas, el comandante del operativo transmitió dos palabras al canal encriptado. Cerco completo, no había salida, no había ventana de escape, no había corredor sin cubrir. La trampa que el gringo no vio cerrarse llevaba horas funcionando en silencio mientras él revisaba su teléfono en la oscuridad.
Afuera todo parecía normal. Adentro ya era demasiado tarde. A las 0:52 horas del lunes 26 de mayo, el primer equipo de la policía investigadora cruzó el punto de entrada a la comunidad de Caleras. La acción había comenzado. Los primeros 8 minutos fueron de contacto y reacción. Los dos elementos que el dron había identificado en el exterior de la propiedad objetivo abrieron fuego en cuanto detectaron el movimiento de los agentes.
El enfrentamiento fue corto y directo. Los agentes repelieron la agresión. Uno de los dos agresores quedó sin vida en el lugar. El segundo intentó replegarse hacia el interior de la propiedad. No llegó, pero adentro el caos ya estaba en marcha. El gringo activó el protocolo de emergencia de la célula, el mismo protocolo que había diseñado para exactamente este escenario.
Llamadas simultáneas a múltiples puntos de la red. La instrucción era simple: bloquear todas las rutas de acceso a Tecomán, quemar lo que fuera necesario, crear caos visible que obligara a las autoridades a dispersar fuerzas. Dos agentes de la policía investigadora resultaron heridos en el intercambio inicial, uno de ellos de grave edad.
Eso no detuvo el operativo, lo aceleró. Los siguientes 12 minutos fueron de caos controlado en la periferia. Mientras el núcleo del operativo mantenía el cerco sobre la propiedad en escaleras, la red de la célula comenzó a ejecutar los bloqueos. Tráileres de carga pesada fueron interceptados en la autopista Manzanillo Colima.
Sus conductores, amenazados a punta de arma, abandonaron las cabinas. Los vehículos fueron incendiados. Una columna de humo negro de 15 m de altura se levantó sobre la autopista a la altura de la gasolinera El Llano, visible desde 10 km de distancia. Un segundo tráiler fue arrastrado hasta las vías del tren y posicionado transversalmente sobre los rieles.
Un bloqueo que en el pasado había funcionado para cortar el corredor ferroviario Manzanillo Mexicali durante horas. Lo que nadie calculó fue el timing. El tren intermodal Manzanillo Mexicali, cargado con contenedores industriales, venía a velocidad de ruta. El maquinista activó frenos de emergencia a 200 m de distancia. No fue suficiente. El impacto fue a 70 km/h.
El tráiler en llamas fue desplazado 40 m sobre las vías. No hubo descarrilamiento, no hubo heridos en el tren, pero la imagen, una locomotora emergiendo de una bola de fuego sobre las vías de Tecomán se distribuyó en redes sociales en menos de 4 minutos. Eso fue exactamente lo que el gringo quería, el caos como distracción.
Dale like si llegaste hasta aquí porque lo que sigue es peor. Los últimos 6 minutos fueron de colapso total. El protocolo de bloqueos no dispersó las fuerzas federales, las multiplicó. La defensa nacional activó unidades adicionales desde el corredor sur. La Guardia Nacional cerró los accesos a Tecomán desde tres puntos simultáneos.
La marina avanzó sobre el flanco este de la propiedad en Caleras. El gringo entendió en ese momento que el caos que había creado no era una distracción, era una trampa dentro de la trampa. Al activar el protocolo de emergencia, había expuesto a toda su red simultáneamente. La entrada al inmueble fue en formación táctica de cuatro elementos, puerta principal, sin negociación, sin anuncio previo, más allá del protocolo legal requerido.
El gringo estaba en la habitación del fondo, sin arma en la mano. había dejado sobre la cama cuando escuchó la puerta principal ceder. Lo encontraron de pie con la espalda contra la pared, mirando el teléfono en su mano como si todavía esperara que alguien respondiera la llamada que había hecho 30 segundos antes. Nadie respondió.
Lo redujeron al piso en 4 segundos. Esposas, identificación. Y en ese momento uno de los agentes sacó del bolsillo delantero de su pantalón un objeto pequeño, un rectángulo de plástico 8.5 cm con su foto, con su nombre completo, con su dirección en un suburbio de Phoenix, Arizona y en la esquina superior derecha la bandera del estado que lo buscaba por homicidio desde antes de que pusiera un piente Comán.
El hombre que había incendiado una autopista, estrellado un tren y herido a dos agentes del estado, fue identificado definitivamente por una licencia de conducir de Arizona. Alto al fuego, amenaza neutralizada, cero bajas federales. Los agentes comenzaron el inventario a la 1:23 horas. Lo que encontraron adentro de esa propiedad en Caleras contó una historia que ningún comunicado oficial va a narrar con este nivel de detalle.
El primer hallazgo fue el vehículo, una camioneta pickup modelo reciente modificada con blindaje artesanal en puertas, cajuela y partes del techo. Las placas eran de Jalisco, el tipo de detalle que en el mundo del CJNG no es casualidad, sino declaración de origen. blindaje no era obra de una armadora certificada, era obra de alguien que había aprendido el oficio a base de prueba y error, soldando lámina de acero de calibre industrial entre las paredes originales de la carrocería.
Funcional, brutal, sin ningún intento de disimular lo que era. Eso explica el error. Lo que sigue explica la magnitud. Sobre la cama principal de la propiedad, tres rifes de asalto calibre 7,62, dos pistolas calibre40, una escopeta recortada que alguien había envuelto en cinta adhesiva negra en el culatazo.
El tipo de modificación que se hace cuando el arma ha cambiado de manos tantas veces que nadie recuerda a quién le pertenecía originalmente. Debajo de la cama, cuatro granadas de fragmentación, no en una caja, no en una bolsa, apiladas una sobre otra, como si fueran naranjas en un mercado. Cada granada tiene un radio de letalidad de 15 m.
Cuatro granadas en una habitación de 12 m² en una comunidad con casas separadas por lotes valdíos. Si alguien hubiera tomado la decisión de usarlas durante el operativo, el resultado habría sido diferente. No las usó. Ese es el único detalle de esta historia que habla bien del gringo. En la sala, dos bloques envueltos en plástico negro que el laboratorio de la FG e identificará como narcóticos.
Las autoridades no especificaron tipo ni cantidad en el comunicado oficial, pero el tamaño de los bloques, visible en las fotografías que circularon en redes sociales antes de que fueran retiradas sugiere un volumen que no corresponde a consumo personal. El inventario continuó y cada objeto contó una historia diferente. En la cocina, sobre la estufa apagada, una cafetera con café de hace horas todavía adentro.
El tipo de detalle que los noticieros ignoran y que los analistas de inteligencia leen como un indicador de estado mental. El gringo no había dormido, no había comido, llevaba horas en ese estado de alerta que precede a los operativos cuando algo en el ambiente te dice que algo viene, pero no sabes exactamente cuándo ni de dónde. Lo sabía, no era suficiente.
Y entonces llegó el hallazgo que nadie estaba buscando. El cuarto de servicio detrás de una lavadora dentro de una bolsa de plástico sellada con cinta adhesiva. Una carpeta no de cuero no con candado. Una carpeta de cartón azul del tipo que se compra en cualquier papelería por 15es. Adentro hojas impresas con nombres, números de teléfono, fechas y cantidades.
No en clave, en texto claro, como si quien los escribió nunca imaginó que alguien más los iba a leer. Esta carpeta azul de 15 pesos era el hallazgo más valioso de toda la propiedad. No los rifles, no las granadas, no la camioneta blindada, lo más valioso no brillaba. y en el bolsillo delantero del pantalón del gringo, ya lo mencionamos antes, pero ahora lo veamos completo.
La licencia de conducir del estado de Arizona, su nombre, su foto, su dirección en un suburbio de Phoenix, el documento que confirmó en ese momento que el hombre que había dirigido el caos más visible en Colima en meses no era un producto del sistema criminal mexicano, era un importado. Alguien lo trajo, alguien le abrió la puerta, alguien le cedió la plaza de Tecomán como si fuera una franquicia.
Esa carpeta azul tiene nombres y uno de esos nombres, según fuentes cercanas a la investigación, pertenece al hombre que reclutó a el gringo y lo instaló en Colima. Ese nombre no apareció en ningún comunicado oficial esta noche. Pero la pregunta que nadie está respondiendo es esta. ¿Por qué Omar García Harfuch no improvisa sus declaraciones? Cada palabra que elige cuando habla de operativos tiene una función específica.
Lo que dijo sobre Tecomá no fue un comunicado de prensa, fue un mensaje con múltiples destinatarios. La declaración fue esta. Las instituciones de seguridad actuaron de forma coordinada y eficiente. Un ciudadano extranjero con orden de captura internacional fue detenido. El material asegurado confirma la capacidad operativa que se estaba desmantelando.
Continuaremos hasta que no quede ningún espacio de impunidad en el territorio nacional. Cuatro oraciones. Analicémoslas. Las instituciones actuaron de forma coordinada y eficiente. Harfuch no menciona ninguna institución por nombre. Eso no es modestia institucional, es un mensaje hacia adentro.
Le está diciendo a cada corporación que participó que el éxito fue colectivo y que el crédito se distribuye. Eso tiene un propósito. Garantizar que la coordinación que funcionó esta vez vuelva a funcionar la próxima. Un ciudadano extranjero con orden de captura internacional fue detenido. Harfuch no dice americano, no dice gringo, dice extranjero con orden internacional.
Esa precisión legal no es casualidad. Está construyendo el expediente para una eventual solicitud de extradición y está comunicando a las autoridades estadounidenses que México tiene al hombre que ellos también buscaban. Dos sistemas judiciales activados con una sola frase. El material asegurado confirma la capacidad operativa que se estaba desmantelando.
El verbo es imperfecto, se estaba desmantelando. No se desmanteló, todavía está en proceso. Arfuch le está diciendo a alguien, alguien hay en específico, que esa noche estaba monitoreando cada declaración oficial, que el trabajo no terminó con esta detención. Continuaremos hasta que no quede ningún espacio de impunidad.
Esta oración no está dirigida a la prensa, no está dirigida a la ciudadanía, está dirigida a una persona que esta noche durmió tranquila porque su nombre no apareció en ningún comunicado. El arquitecto escuchó esa declaración y supo exactamente lo que significaba. Eso explica el error. Lo que sigue explica la magnitud.
Lo que pasó en Tecomán este lunes no fue un incidente aislado, fue el tercer movimiento visible de una secuencia que lleva semanas desarrollándose en Colima y entenderla en conjunto cambia lo que cree saber sobre cada pieza por separado. El 14 de mayo, 12 días antes del operativo en Caleras, el secretario de seguridad de Colima confirmó la muerte de dos icarios del CJNG durante un operativo en la capital estatal.
Uno de los abatidos era conocido como huesos, un objetivo de alta prioridad localizado dentro de un motel en la ciudad de Colima. No fue un enfrentamiento fortuito, fue una baja quirúrgica en la estructura de mando del CJNG en el estado. Detente un segundo aquí porque lo que sigue es peor. 4 días después, el 18 de mayo, la FGR en coordinación con la SSPC aseguró en la aduana del puerto de Manzanillo más de 54,000 L de alcohol benílico, 240 tambos distribuidos en dos contenedores con destino declarado a una empresa de productos de limpieza en Jalisco. El
alcohol benílico es un precursor directo para la producción de fentanilo y metanfetamina. 54,000 L no es un cargamento de prueba, es el volumen de una operación industrial de síntesis. Tres golpes en 12 días, huesos abatidos, los precursores incautados, el gringo detenido, cada uno en un punto diferente de la cadena de operación del CJNG en Colima, la estructura de mando, la línea de suministro químico y la célula de contención territorial.
Eso no es coincidencia, eso es una estrategia de desmantelamiento por capas. El patrón que este operativo confirma es el siguiente. Colima no es una plaza en disputa entre cárteles iguales. Es una plaza donde el CJNG tiene la estructura dominante, pero está siendo golpeada sistemáticamente en sus tres funciones críticas simultáneamente.
Cuando eso ocurre en un territorio controlado, la respuesta histórica de estas organizaciones es siempre la misma: escalar la violencia visible para demostrar que siguen operando. Los narcobloqueos de lunes fueron esa respuesta. El caos fue la prueba de que el golpe dolió. Un analista de seguridad consultado por medios locales lo describió en dos oraciones.
Cuando una organización quema sus propios recursos para generar caos, no está demostrando fuerza, está comprando tiempo. La pregunta incómoda que las instituciones no están respondiendo es esta. Si la carpeta azul encontrada en la propiedad del gringo contiene nombres en texto claro, ¿por qué el comunicado oficial no menciona investigaciones adicionales en curso? ¿Qué tan arriba llegan esos nombres? Pero la pregunta que nadie está respondiendo es esta.
El gringo está detenido. La célula de Tecomán está desmantelada. Los tráileres quemados ya son ceniza fría en la autopista Manzanillo Colima. Y Harfush tiene en su poder algo que tr semanas antes no tenía, un detenido con pasaporte americano, una carpeta azul con nombres en texto claro y el expediente completo de cómo una célula del CJNG operó durante meses en uno de los municipios más estratégicos de México.
Eso es mucho, pero no es todo. Lo que Harfavía no tiene, lo que esa carpeta azul apunta pero no confirma todavía con evidencia procesable es al hombre que está a un nivel arriba de todo esto. El arquitecto no estaba en Tecomán esa madrugada, nunca está donde caen las piezas. Esa es su única regla operativa y la razón por la que sigue libre.
Mientras el gringo espera su primera audiencia en un centro de detención de Colima. El arquitecto es el operador del CJNG que reclutó a este ciudadano americano, lo cruzó al sur de la frontera, le cedió la plaza de Tecomán como territorio de contención y lo usó durante meses como escudo mientras él movía precursores químicos a través del puerto de Manzanillo.
Cada uno de los 54,000 lco benílico incautados el 18 de mayo, pasó por una red que el arquitecto diseñó. Huesos abatido. El 14 de mayo respondía a una estructura que el arquitecto supervisa. El gringo detenido este lunes era una pieza que el arquitecto colocó en el tablero. Tres piezas caídas. El jugador sigue en pie, pero había algo que el gringo no sabía todavía cuando cruzó la frontera hacia Colima por primera vez, que las piezas hablan, que la carpeta azul tiene nombres, que el número de Phoenix con código de área 480 dejó un
rastro de metadatos que los analistas de la FGR llevan semanas reconstruyendo y que en algún punto de esa reconstrucción aparece una comunicación que conecta directamente con alguien que opera desde una posición que ningún comunicado oficial ha tocado todavía. La semana que viene en este canal vamos a publicar lo que sabemos sobre el arquitecto.
Tenemos el estado donde opera, tenemos el nombre de la empresa fachada que usa para mover recursos hacia el puerto y tenemos la fecha en que Harfush, según fuentes cercanas a la investigación, tiene programada la siguiente fase del desmantelamiento en Colima. El gringo ya cayó, pero el hombre que le abrió las puertas de Colima, el que le dio la plaza, el que lo usó como escudo mientras él movía precursores por manzanillo, ese hombre esta noche duerme tranquilo por ahora.
Harf tiene su nombre y en este canal la semana que viene también lo vas a tener tú. regresa por un momento a donde empezamos dos tráileres en llamas, un tren estrellándose contra un bloqueo a 120 km por hora y un hombre con pasaporte americano dando las órdenes desde adentro. Eso es lo que viste en los noticieros.
Ahora sabes lo que había detrás. un ciudadano de Arizona que huyó de una orden de captura por homicidio y encontró en Tecomán lo que creía que era su zona de impunidad perfecta, una célula pequeña pero caótica, diseñada no para traficar, sino para garantizar que nadie interrumpiera el tráfico de precursores hacia Manzanillo. Tres errores cometidos en tres semanas, la llamada desde el 480 a la camioneta sin cambiar la decisión de atacar, que cerraron el cerco antes de que él pudiera verlo.
Y una carpeta azul de cartón comprada en una papelería por 15 pesos que esta noche está siendo analizada por investigadores de la FGR como el documento más valioso que el operativo de Caleras produjo. No los rifles, no las granadas, no la camioneta blindada, una carpeta azul con nombres escritos a mano. Ese es el objeto que resume todo lo que este canal existe para contarte, que la historia real siempre está detrás de la historia visible, que el caos que ves en pantalla, los tráileres ardiendo, la autopista cortada, el humo negro sobre
Colima, es siempre la superficie de algo más profundo que los noticieros no tienen tiempo, acceso o voluntad de investigar. Este canal sí, si llegaste hasta aquí, ya sabes más sobre lo que pasó en Tecomá este lunes, que el 90% de las personas que vieron las imágenes en sus teléfonos esta tarde. Eso no es accidente.
Es lo que pasa cuando alguien decide buscar la segunda capa de cada historia. Suscríbete si todavía no lo has hecho, no para darte un número, sino porque la semana que viene vamos a publicar el video sobre el arquitecto y ese video va a necesitar que ya conozcas el contexto que acabas de ver aquí. Sin este video, el siguiente no tiene la misma fuerza.

Con él, lo que viene después cambia completamente cómo lees todo lo que está pasando en Colima. Dale like si esta historia te pareció diferente a lo que encuentras en otro lado. Este gesto le dice al algoritmo que este tipo de contenido merece llegar a más personas y cada persona que llega a este canal es alguien que va a dejar de conformarse con la versión superficial de las noticias.
Comparte este video con alguien que todavía crea que los narcobloqueos en Colima fueron solo caos, porque ahora sabes que no fueron caos, fueron pánico. El pánico de una célula que vio cerrarse un cerco que no supo leer a tiempo. pánico de un hombre con pasaporte americano que apostó a la impunidad geográfica y perdió el pánico de una organización que quemó sus propios recursos porque los golpes de los últimos 12 días habían llegado demasiado cerca de su núcleo.
Y en algún lugar de Colima esta noche, el arquitecto está leyendo los mismos comunicados que tú, calculando lo que se perdió, evaluando qué tan cerca llegó el cerco, preguntándose si la carpeta azul tiene suficiente para que su nombre aparezca en el siguiente operativo. Esa pregunta ya tiene respuesta en los archivos de Harfch.
La semana que viene la tiene aquí también. Dale like si llegaste hasta aquí porque esto apenas comienza. M.