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“Sin contacto con MANILA” | ¿Fue Fidel el VERDADERO culpable de la MUERTE del Che?

 

El 9 de octubre de 1967, en una escuelita dartalada en La Higuera, Bolivia, un hombre de 39 años con el uniforme desgarrado y las manos atadas espera su ejecución. Sus ojos, todavía brillantes, a pesar del hambre y la enfermedad, miran directamente al sargento que levanta su rifle. Ese hombre es Ernesto Cheeguevara y en pocas horas una bala terminará con la vida de uno de los revolucionarios más icónicos del siglo XX.

 Pero la pregunta que ha atormentado a historiadores durante más de 50 años no es como murió, sino porque murió solo abandonado en medio de la selva boliviana. Sin el apoyo de su hermano de armas, Fidel Castro, esa bala no solo mató a un hombre, mató a un símbolo, pero también disparó una pregunta que se ha convertido en la controversia más incómoda de la Guerra Fría.

 ¿Fue Guevara simplemente derrotado por el ejército boliviano y sus asesores estadounidenses? o fue deliberadamente abandonado por Fidel Castro. La acusación va más allá. Hay quienes sostienen con documentos, con testimonios con el propio diario del Che, que Fidel no solo permitió su muerte, sino que la facilitó activamente, que la misión boliviana nunca fue una misión real, sino una trampa mortal disfrazada de revolución.

Para entender cómo llegamos a esa escuelita. Tenemos que retroceder 3 años al corazón de La Habana en 1965, cuando dos titanes de la revolución comenzaron a caminar por senderos irreconciliables. La cúpula revolucionaria cubana, ese bloque aparentemente monolítico de barbas y uniformes verde olivo, estaba fracturada por dentro.

 Las grietas tenían dos caras muy distintas. Por un lado, Fidel Castro, el pragmático, el estadista, que tenía que mantener a flote una isla bloqueada por Estados Unidos y dependiente de la ayuda soviética. Por el otro, Ernesto Cheeguevara, el purista, el idealista, que creía que la lucha armada debía expandirse por todo el tercer mundo.

 Sin importar el costo político, estas no eran simples diferencias de opinión. Eran dos visiones del mundo completamente opuestas, dos filosofías sobre que significaba ser revolucionario destinadas a chocar de manera devastadora. El punto de no retorno llegó en febrero de 1965. El Che está en Argel participando en un seminario económico afroático.Lãnh tụ Fidel Castro - Người bạn lớn của nhân dân Việt Nam

 Es un evento importante con representantes de países recién independizados y allí, frente a la audiencia internacional, Ernesto Guevara suelta una bomba política que hará temblar las relaciones cubano-soviéticas. En su discurso lanza una crítica apenas velada contra la Unión Soviética y sus aliados del bloque socialista.

 los acusa de no ayudar genuinamente al tercer mundo, de replicar las mismas prácticas injustas del capitalismo. Dice que los países socialistas se están convirtiendo en cómplices de la explotación imperialista. Imagina el impacto de esas palabras. Era una bofetada directa a Moscú. La superpotencia que mantenía a Cuba con petróleo, armas, alimentos y subsidios masivos.

 Era un insulto público a los aliados, sin los cuales la revolución cubana no podría sobrevivir. Y esto no fue un exabrupto, era la culminación de años de frustración acumulada. Guevara había sido presidente del Banco Nacional, ministro de Industrias, había intentado aplicar los modelos económicos soiéticos en la isla y lo que vio no le gustó.

 vio un sistema que no creaba verdadera independencia económica, que replicaba jerarquías burocráticas, que motivaba a los trabajadores con incentivos materiales y sobre todo vio que ese sistema no estaba forjando al hombre nuevo, ese ideal casi místico del Che de un ser humano motivado por la solidaridad y la moral, no por el salario y el consumo.

 La postura del Che se insertaba de lleno en el conflicto geopolítico más importante de la época, la ruptura sinossoviética, la división entre la Unión Soviética que predicaba la coexistencia pacífica con Occidente y la China de Mao que llamaba a la lucha revolucionaria permanente. El Che con su teoría de crear dos tres muchos Vietnam con su insistencia en la lucha armada estaba claramente más alineado con la posición mauísta que con la línea de Moscú.

 Y esto es fundamental, porque la postura del Che dejó de ser un debate académico, se convirtió en una amenaza directa a la seguridad nacional de Cuba. Los documentos desclasificados de la CIA y los archivos soviéticos revelan hasta qué punto el Kremin estaba molesto. El premir soviético Alexei Kosigin viajó personalmente a La Habana para expresar la indignación de Moscú, acusando a Fidel de permitir que Cuba dañara la causa comunista al patrocinar guerrillas que ponían en riesgo la distensión con Occidente. Incluso agentes de

inteligencia estadounidenses como Félix Rodríguez, el cubano de la CIA, que participaría en la captura del Che, identificaron perfectamente la situación. El Che era visto como un simpatizante de las posiciones chinas. Y eso representaba un problema enorme para una Cuba que orbitaba en la esfera de influencia soviética Fidel Castro.

 El político maestro entendió perfectamente el dilema. Para que su revolución sobreviviera, necesitaba a Moscú. No había alternativa. La economía cubana dependía totalmente del comercio con el bloque socialista, del petróleo soviético vendido a precios preferenciales, del azúcar comprado por encima del precio de mercado, de las armas, de los técnicos, de todo.

 Pero el Che con su pureza revolucionaria, con su internacionalismo intransigente, estaba poniendo en peligro esa línea de vida. No era envidia personal, como algunos rumores han sugerido, era algo mucho más frío, mucho más calculado. Era razón de estado. Y cuando la razón de estado choca con la lealtad personal, incluso entre hermanos de armas, la historia nos enseña que en suele perder después del discurso en Argel, algo extraordinario sucede.

 El cheegue vara desaparece, se esfuma completamente de la vida pública cubana en marzo de 1965. De repente, el comandante guerrillero más famoso después de Fidel, el hombre cuya imagen estaba en carteles por toda La Habana, el ministro de Industrias, simplemente ya no está. No hay declaraciones, no hay explicaciones oficiales, solo un silencio ensordecedor que alimenta la especulación.

 El mundo entero comienza a preguntarse, ¿dónde está el che? ¿Lo purgaron? ¿Está preso? ¿Lo ejecutaron? Los rumores se multiplican, cada uno más dramático que el anterior. La respuesta llega 6 meses después, el 3 de octubre de 1965. Fidel Castro está presentando el primer comité central del recién formado Partido Comunista de Cuba.

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