Posted in

¡HARFUCH REVELA! POR QUÉ POSADAS OCAMPO fue AS€SINADO Antes de HABLAR con SALINAS

Había una conversación pendiente, una conversación que el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo llevaba semanas intentando tener. Una conversación que Carlos Salinas de Gortari llevaba semanas evitando posadas o campo sabía demasiado. Sabía cómo se estaban repartiendo el país los cárteles. Sabía qué nombres aparecían en los acuerdos.

sabía qué funcionarios cobraban, sabía qué rutas estaban protegidas desde arriba y tenía los documentos que lo probaban. El 24 de mayo de 1993, Posadas Ocampo se subió a su gran marquis blanco con su sotana, con su cruz pectoral, con su portafolio. Camino al aeropuerto de Guadalajara a recibir al nuncio apostólico y de paso a hablar.

nunca llegó a esa conversación. 14 disparos, todos directísimos, todos a corta distancia, todos de arriba hacia abajo, como los de alguien que no va a fallar, como los de alguien que sabe exactamente lo que tiene que hacer y lo que tiene que recuperar, porque antes de que el cuerpo del cardenal tocara el suelo del aeropuerto de Guadalajara, alguien ya estaba abriendo su vehículo, buscando el portafolio, recuperando los documentos.

Los documentos con los nombres, con las fechas, con las operaciones, esos documentos nunca aparecieron. Y ahora viene la parte que Carlos Salinas de Gortari lleva 30 años rezando para que nadie cuente. mañana antes del aeropuerto, Posada Socampo había estado en una reunión, una reunión en la que habló de más, en la que dijo lo que no se debía decir, en la que miró a los ojos a hombres poderosos y les dijo, “Todos sabemos que muchos políticos importantes están haciendo negocio del narcotráfico y eso no debemos permitirlo.” Lo sacaron de esa

reunión a empujones. Horas después estaba muerto. Casualidad, Carlos Salinas de Gortari dio una orden esa tarde que no tiene explicación inocente. Ninguna. El médico forense que vio el cuerpo lo dijo sin rodeos. Los disparos no fueron en medio de ningún fuego cruzado, fueron directísimos. Y aún así, Carlos Salinas de Gortari ordenó que no se le practicara autopsia al cardenal.

¿Por qué le urgía tanto que nadie examinara ese cuerpo? ¿Qué tenía ese cuerpo que Salinas no quería que nadie viera? ¿Y por qué la investigación oficial se cerró en tiempo récord con testigos comprados, con evidencia sembrada, con el propio subprocurador de la República? escribiéndole al procurador para acusarlo de haber manipulado el caso desde el primer día.

Oyarfuch abre el expediente que Salinas enterró en 1993. Los 56 tomos, el tercer grupo que no eran ni los Arellano ni el Chapo, los documentos que desaparecieron del portafolio y la conversación que Posadas Socampo nunca pudo terminar. Porque cuando encuentras por qué lo callaron antes de hablar, encuentras exactamente quién dio la orden.

En este video te voy a contar cuatro cosas sobre el asesinato del cardenal Posadaocampo, que nadie ha reunido en un solo lugar. Y te voy a avisar cuando llegue cada una. La primera hay una reunión que ocurrió esa misma mañana del 24 de mayo de 1993, antes del aeropuerto de la que casi nadie habla. Lo que se dijo en esa reunión y cómo terminó cambia completamente la forma de leer todo lo que vino después.

La segunda, hay un tercer grupo, no los Arellano Félix, no el Chapo, un tercer grupo que operaba esa tarde en el aeropuerto y cuyos miembros nunca fueron identificados oficialmente. Harf tiene los nombres y uno de esos nombres conecta directo hacia el gobierno federal. La tercera, hay una carta, una carta que el subprocurador general de la República de ese entonces le escribió al procurador acusándolo de haber intervenido en la investigación desde el primer minuto.

Esa carta existe, está en el expediente y nunca fue usada para nada. Y la cuarta, y esta es la más pesada. Hay un patrón. Posadas no fue el primero en ser silenciado ese año y no fue el último. Cuando pongas juntos todos los nombres que murieron en 1993, los que sabían, los que hablaban, los que tenían documentos, vas a ver el patrón completo.

Y ese patrón tiene un solo centro. Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero primero necesitas conocer al hombre que mató la bala, no al sicario, al hombre que necesitaba que Posadas o campo muriera. Jalisco, 1912. Nacal de Zapotlán, el gran de hoy, ciudad Guzmán, Jalisco, Juan Jesús Posadas Campo.

Creció en una familia de clase media provinciana. profundamente católica en el corazón de un estado que todavía cargaba las heridas de la guerra cristera. Jalisco no era solo un estado del vajío mexicano, era el estado donde el conflicto entre la iglesia y el estado revolucionario había sido más feroz, más sangriento, más personal, donde los cristeros habían combatido con escapularios y rifles, donde los curas habían sido ejecutados en plazas públicas, donde la frase “¡Viva Cristo Rey!” Era todavía en la infancia de Posadas o

campo un eco vivo de algo que no había terminado de cicatrizar. Ese origen lo marca Posadas o campo. No fue un hombre de iglesia por cultura o por conveniencia familiar. Fue un hombre de iglesia por convicción, construida en el contexto de un estado que había aprendido a sangre, que la fe y el poder político no podían coexistir sin fricciones.

Eso explica décadas después por qué cuando Posada Socampo vio lo que estaba pasando en México en los años 90, no pudo callarse, porque callar para él era una traición al único proyecto de vida que había tenido desde niño, ordenado sacerdote en 1936. Posadas o campo ascendió dentro de la estructura eclesiástica mexicana con la misma discreción metódica que caracteriza a los hombres que duran en las instituciones.

No fue el cura más brillante de su generación. No fue el más carismático, fue el más serio, el más riguroso, el que llegaba a las reuniones habiendo leído todo lo que había que leer, el que tomaba notas cuando otros improvisaban, el que construía sus posiciones sobre hechos verificados y no sobre intuiciones.

Esas virtudes, la seriedad, el rigor, la documentación lo llevaron a posiciones cada vez más importantes dentro de la jerarquía. Fue obispo de Tijuana en 1970. Fue obispo de Cuernavaca en 1976. Fue obispo de Puebla en 1984 y el 13 de abril de 1987, Juan Pablo I lo nombró arzobispo de Guadalajara, la arquidiócesis más grande e históricamente significativa del país.

Recuerda esa fecha, 1987. Porque lo que Posadas Campo encontró en Guadalajara cuando llegó no era simplemente una ciudad católica con sus rituales y sus tradiciones. Era el epicentro de algo que estaba cambiando México para siempre. Guadalajara en 1987 era al mismo tiempo la segunda ciudad más grande de México y el corazón operativo de lo que después el mundo conocería como el cártel de Guadalajara.

Miguel Ángel Félix Gallardo. El padrino, operaba desde ahí con una libertad que décadas después todavía resulta difícil de creer. Sus redes de distribución cubrían el país de norte a sur. Sus rutas de exportación cruzaban la frontera con Estados Unidos con una regularidad y un volumen que no podían existir sin complicidad institucional en los dos lados y sus relaciones con la clase política mexicana con funcionarios, con policías, con gobernadores, con figuras del gobierno federal eran conocidas en los círculos

Read More