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Stalin NO Podía Controlar al Comandante Más PELIGROSO de la URSS — La Rebelión de Zhukov

Stalin envió a Sucop para resolver el problema. Lo que sucedió allí reveló la verdadera naturaleza del comandante y estableció el patrón de su relación con el dictador. Sucov llegó al frente y evaluó la situación con frialdad quirúrgica. Ignorando las directivas de Moscú que sugerían una defensa cautelosa, diseñó una operación ofensiva masiva.

 Sin consultar completamente con Stalin, sin esperar aprobación detallada, simplemente actuó. concentró sus fuerzas en secreto, preparó un ataque de pinzas que envolvería completamente a los japoneses y lanzó su ofensiva con una violencia que sorprendió al enemigo. La batalla fue brutal. Sucob no escatimó en vidas soviéticas.

 Su filosofía era simple y aterradora. La victoria justifica cualquier precio. En pocos días, las fuerzas japonesas fueron completamente aniquiladas. Sukob había logrado una victoria decisiva que obligó a Japón a firmar un alto el fuego y alejarse de la frontera soviética. Cuando regresó a Moscú fue recibido como un héroe. Stalin lo condecoró personalmente, pero en esa ceremonia algo cambió en los ojos del dictador.

 Había visto a un comandante que tomaba decisiones sin pedir permiso, que ganaba batallas a su manera, que comandaba lealtad absoluta de sus tropas. Stalin había visto a un hombre peligroso. Entonces llegó junio de 1941, el momento que cambiaría todo. La operación Barbarroja, la invasión nazi de la Unión Soviética, comenzó con una devastación sin precedentes.

 Millones de soldados alemanes cruzaron la frontera aplastando las defensas soviéticas, capturando ciudades enteras, avanzando hacia Moscú como una marea imparable. Stalin, ese hombre que había controlado todo con puño de hierro, entró en pánico. Los informes llegaban uno tras otro. Minsk había caído, Smolensk estaba cercada, Leningrado sitiada.

 La Unión Soviética se desangraba. En esos primeros días caóticos, Stalin cometió errores que costaron millones de vidas. Rechazó advertencias de inteligencia sobre el ataque inminente. Prohibió a las tropas fronterizas tomar posiciones defensivas para no provocar a Hitler. Y cuando comenzó la invasión, su primera reacción fue el silencio, un silencio que duró días mientras el país se desmoronaba.

 Pero cuando finalmente emergió de Susc, Stalin supo a quién necesitaba. No había opciones, no había alternativas. Llamó a Sucob. El primero de junio de 1941, Sucob había sido nombrado jefe del Estado Mayor General, el puesto militar más alto de la Unión Soviética. Pero desde el principio su relación con Stalin fue tormentosa.

 Sucobilezas diplomáticas. Cuando Stalin preguntaba, Su respondía con honestidad brutal. Cuando Stalin sugería estrategias basadas en ideología política, su coblas rechazaba si no tenían sentido militar. En una reunión crucial durante las primeras semanas de la guerra, Stalin propuso una contraofensiva inmediata y mal planificada.

 Sucov, frente a todo el alto mando, simplemente dijo, “No, el silencio en esa sala debe haber sido ensordecedor.” Nadie le decía no a Stalin. Los que lo habían hecho estaban muertos o en los gulac siberianos. Pero Sucop sostuvo su mirada y explicó con datos y mapas por qué esa contraofensiva sería un desastre. Stalin, con esa ira fría que todos temían, despidió a Suop del puesto de jefe del Estado Mayor.

Pero aquí está lo fascinante. No lo fusiló. No lo arrestó, simplemente lo envió al frente, porque en el fondo Stalin sabía que Sucob tenía razón y en el frente Sucop se convirtió en una leyenda. Fue enviado al Eningrado cuando la ciudad estaba al borde del colapso, rodeada por fuerzas alemanas, con la población muriendo de hambre.

 Sucob llegó y reorganizó las defensas con una eficiencia despiadada. Ejecutó a oficiales que consideraba incompetentes, sin juicios, sin burocracia. Reubicó tropas en medio de bombardeos. Diseñó contraataque sorpresa que mantenían a los alemanes desequilibrados. Su mensaje a los defensores era simple. Leningrado no caerá porque yo lo ordeno.

 Y Leningrado no cayó. Pero fue en la batalla de Moscú donde Sucob demostró su verdadero genio y su verdadera independencia de Stalin. En octubre de 1941, los nazis estaban a las puertas de la capital. Las tropas alemanas podían ver las torres del Kremlin con binoculares. El pánico se había apoderado de Moscú. El gobierno evacuaba.

 Stalin mismo consideró abandonar la ciudad. Pero Su regresó del L eningrado y tomó el control de la defensa de Moscú con una confianza que rayaba en la arrogancia. Stalin le preguntó directamente, “¿Podemos mantener Moscú?” Sukob respondió, “Podemos, pero será a mi manera.” y su manera significaba decisiones que horrorizaban incluso a Stalin.

 Su cob retiró tropas de sectores que Stalin consideraba vitales. Dejó que los alemanes avanzaran en ciertas áreas mientras concentraba fuerzas masivas en puntos específicos. Estaba jugando ajedrez con vidas humanas, arriesgando todo en una estrategia que solo entendía completamente. Los alemanes atacaron con toda su furia.

 La temperatura cayó a -30 gr. Los soldados morían congelados en las trincheras, las balas rebotaban en tanques congelados y en medio de ese infierno, su cob esperaba. Esperaba el momento exacto. Stalin llamaba constantemente, exigiendo contraataques inmediatos. Su cob rechazaba cada orden diciendo, “Todavía no.” Los comisarios políticos informaban a Moscú que Sucob estaba perdiendo el control, que estaba esperando demasiado, pero Sucob conocía algo que Stalin no conocía a su enemigo.

El 5 de diciembre de 1941, cuando las fuerzas alemanas estaban exhaustas, congeladas, extendidas más allá de sus líneas de suministro, Sucob lanzó su contraofensiva. Fue como un martillo cayendo sobre vidrio. Tropas frescas traídas de Siberia, acostumbradas al frío extremo, cayeron sobre los alemanes con una ferocidad que los tomó completamente por sorpresa.

 Su coba había acumulado reservas que Stalin ni siquiera sabía que existían. Había movido divisiones enteras en secreto, sin informar completamente al Kremlin. La Wermed, esa máquina militar que había conquistado Europa, retrocedió por primera vez. Los alemanes perdieron cientos de kilómetros en semanas.

 Hitler entró en furia. destituyendo generales. Y en Moscú, Stalin observaba con una mezcla de alivio y profunda inquietud. Su coba había salvado la capital, había salvado la Unión Soviética, pero lo había hecho desafiando órdenes directas del propio Stalin. Había demostrado que podía ganar guerras sin la dirección del dictador y eso era peligroso.

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