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This was the bloodiest battle of 1915: Obregón annihilated the Northern Division

Que el coraje individual, por extraordinario que sea, no puede vencer a las ametralladoras. Y es la historia del fin de Pancho Villa como factor decisivo de la historia mexicana. Para entender por qué la división del norte tuvo que ser aniquilada y no simplemente derrotada durante la primavera de 1915, hay que comprender que la guerra del Bajío no fue un conflicto entre dos ejércitos, sino la fase final de una lucha por definir qué tipo de país sería México después de la revolución.

Aquella lucha no admitía soluciones intermedias. Una de las dos visiones del futuro nacional tenía que eliminar completamente a la otra y la destrucción física del instrumento militar villista era la precondición necesaria para que la visión constitucionalista pudiera imponerse sin rival. La coalición revolucionaria que había derrocado a Victoriano Huerta en julio de 1914 era una alianza táctica.

 entre fuerzas cuyas visiones del futuro mexicano eran fundamentalmente incompatibles. Mientras existió el enemigo común, el dictador que había llegado al poder asesinando al presidente Madero, aquellas incompatibilidades permanecieron contenidas. Pero cuando Huerta cayó y se exilió en el crucero alemán Dresden, la coalición se fragmentó casi inmediatamente porque los objetivos profundos de las distintas facciones nunca habían sido los mismos.

Benustiano Carranza, el primer jefe constitucionalista, representaba el ala que priorizaba la reorganización institucional del Estado y la modernización capitalista bajo dirección reformista, pero no radical. Francisco Villa y Emiliano Zapata representaban las corrientes que exigían transformaciones sociales profundas, particularmente la reforma agraria masiva que redistribuyera la tierra entre los campesinos.

 La Convención de Aguascalientes, convocada en octubre de 1914 con la intención declarada de unificar a todas las facciones revolucionarias, se convirtió rápidamente en el escenario donde la ruptura se hizo irreversible. Los delegados villistas y zapatistas constituyeron mayoría dentro del organismo y votaron declaraciones que Carranza no podía aceptar sin renunciar a su propia visión del proceso revolucionario.

El primer jefe retiró a sus fuerzas hacia Veracruz, que las tropas estadounidenses acababan de evacuar tras la ocupación de aquel año. convención nombró un presidente provisional. Durante el invierno de 1914, las fuerzas combinadas de Villa y Zapata entraron triunfalmente en Ciudad de México y los dos caudillos se encontraron en el Palacio Nacional en el momento de máxima coordinación entre las dos fuerzas revolucionarias más populares del país.

 Pero aquella coordinación se desintegró. durante las semanas siguientes por las dificultades estructurales de mantener una alianza entre fuerzas geográficamente distantes y políticamente heterogéneas. Para marzo de 1915 la situación se había clarificado en términos que no admitían más componendas. El país estaba dividido en dos bloques irreconciliables.

El bloque constitucionalista controlaba Veracruz con sus recursos aduaneros, el noreste, y disponía de la lealtad de Álvaro Obregón con su capaz ejército sonorense. El bloque convencionista controlaba el norte villista, el centro y el sur zapatista, pero adolecía de una debilidad estructural fundamental, la incapacidad de coordinar eficazmente las operaciones de fuerzas separadas por enormes distancias y por visiones políticas que coincidían en las demandas sociales, pero divergían en la estrategia militar. La decisión de

Carranza de enviar a Obregón hacia el centro del país con la misión específica de destruir a la división del norte reflejaba una comprensión estratégica precisa. El carrancismo no podía consolidar el poder mientras existiera la máquina militar villista. Villa controlaba territorios vastos, disponía del ejército más numeroso en términos absolutos.

 y mantenía una popularidad que en buena parte del país superaba a la de Carranza. Mientras la división del norte existiera como institución militar operativa, el proyecto constitucionalista estaría permanentemente amenazado. La conclusión estratégica era ineludible. La división del norte no debía ser simplemente derrotada en un enfrentamiento que le permitiera reorganizarse posteriormente.

Debía ser aniquilada como institución, destruida en su capacidad de regenerarse, eliminada como factor militar y político de la ecuación nacional. Obregón comprendía aquella misión con una claridad que durante los meses siguientes aplicaría sistemáticamente. El sonorense no era un comandante convencional, era un agricultor de garbanzo de Sonora que se había incorporado a la revolución durante la fase maderista, que había desarrollado durante los años de campaña una capacidad táctica que sus contemporáneos reconocían como

excepcional y que mantenía un interés específico en los aspectos técnicos de la guerra moderna que pocos comandantes revolucionarios compartían. [carraspeo] Durante los meses anteriores había leído sistemáticamente los reportes que llegaban a México sobre la guerra europea iniciada en agosto de 1914. había estudiado las descripciones de las primeras batallas del Frente Occidental, donde las ametralladoras y el alambre de púas habían comenzado a producir las matanzas masivas de infantería y caballería, que durante los años

siguientes alcanzarían dimensiones de millones de muertos. Obregón había llegado a una conclusión que constituiría el fundamento de toda la campaña del vajío. El modelo de guerra villista basado en cargas masivas de caballería contra las líneas enemigas había quedado estructuralmente obsoleto. Las ametralladoras podían detener cualquier carga, por numerosa y valiente que fuera.

 El alambre de púas podía inmovilizar a la caballería en las zonas exactas donde el fuego automático produciría los efectos máximos. Las trincheras podían absorber los ataques frontales que durante dos años habían destrozado a los enemigos de Villa. Obregón no planeaba simplemente derrotar a la división del norte. planeaba atraerla hacia una trampa donde su propia fortaleza, la caballería invencible, se convirtiera en el instrumento de su aniquilación.

 A finales de febrero de 1915, Álvaro Obregón salió de Ciudad de México al frente del cuerpo de Ejército del Noroeste, con una concepción de la guerra que ningún comandante revolucionario mexicano había aplicado sistemáticamente hasta aquel momento. No marchaba hacia el norte buscando una batalla decisiva en el sentido tradicional del término.

marchaba hacia el norte para atender una trampa estructural en la que la propia naturaleza del ejército villista, su fortaleza específica, se transformara en el mecanismo de su destrucción. [carraspeo] Aquella concepción requería preparación técnica, disciplina logística y, sobre todo, la paciencia necesaria para esperar que el adversario hiciera exactamente lo que su propia psicología institucional lo obligaba a hacer.

La preparación técnica del ejército constitucionalista durante las semanas anteriores a los enfrentamientos fue meticulosa de una manera que las fuerzas villistas nunca igualarían. Obregón concentró un arsenal de ametralladoras que la historiografía posterior calcularía en aproximadamente 86 piezas hotkys, las armas automáticas más modernas disponibles en el mercado internacional del momento.

 Acumuló alambre de púas en cantidades suficientes para atender kilómetros de barreras. preparó las herramientas de zapa necesarias para construir sistemas de trincheras continuas conectadas mediante zanjas que permitieran el desplazamiento cubierto de las fuerzas defensivas. Y lo más significativo desde el punto de vista doctrinal, organizó sus fuerzas no para atacar, sino para defender posiciones preparadas y para ejecutar contraataques de caballería.

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