Posted in

Niña desapareció en un crucero en 2004 10 años después su hermano encontró su Facebook

 Y dinos comentarios de qué país y ciudad nos estás viendo. Sentimos curiosidad por saber dónde está repartida nuestra comunidad por el mundo. Ahora vamos a descubrir cómo se inició todo. Puerto Vallarta, Jalisco. En 2004 era una ciudad que subsistía principalmente del turismo internacional. Las familias mexicanas de clase media, como los Castillo, muy rara vez podían costearse unas vacaciones en crucero, pero Alejandro Castillo había trabajado por 3 años como supervisor en una empresa constructora para juntar el dinero suficiente y así cumplir el sueño

de su esposa Dolores, unas vacaciones familiares inolvidables. La familia Castillo se componía de Alejandro, de 38 años, un hombre trabajador y metódico que se había criado en los barrios populares de Guadalajara. Dolores de 35 años, maestra de primaria en una escuela pública de Puerto Vallarta, reconocida por su entrega absoluta a sus estudiantes.

 Eduardo, de 16 años, un adolescente responsable que ya laboraba los fines de semana en un taller mecánico para ayudar con los gastos familiares y la pequeña esperanza de 8 años, una niña extraordinariamente sociable que poseía la peculiar habilidad de hacer amigos donde quiera que fuese. Esperanza era el tipo de niña que los vecinos rememoraban con cariño.

Tenía el cabello castaño oscuro, siempre arreglado, con dos coletas que su madre le hacía cada mañana y unos ojos marrones enormes que parecían relucir cuando sonreía. Era delgada para su edad, pero fuerte y ágil, cualidades que había desarrollado jugando en las calles empedradas del centro de Puerto Vallarta, donde habitaban en una casa de dos pisos que Alejandro había heredado de sus padres.

 La decisión de tomar el crucero no había sido económicamente fácil. El viaje de 5 días por el Caribe mexicano, comparadas en Cozumel y Mérida, costaba cerca de 35,000 pesos mexicanos para toda la familia, una suma considerable para los ingresos de los castillos. Pero Dolores había insistido en que era crucial crear recuerdos familiares, sobre todo considerando que Eduardo pronto se graduaría de preparatoria y posiblemente se iría a Guadalajara para estudiar ingeniería.

 La cultura familiar de los castillos reflejaba los valores típicos de las familias mexicanas de clase trabajadora. respeto a los mayores, responsabilidad compartida en el cuidado de los hermanos menores y una sólida ética de trabajo. Eduardo, pese a ser solo 8 años mayor que Esperanza, había adoptado un rol protector hacia su hermana menor desde muy joven.

 Era habitual verlos juntos de camino a la escuela. Eduardo cargando la mochila de esperanza mientras ella le platicaba sobre sus clases o sus amigos. La comunidad de Puerto Vallarta en 2004 todavía mantenía esa atmósfera de pueblo grande donde la mayoría de las familias se conocían. Los Castillo habían vivido en la misma casa por 15 años en la colonia Centro, a solo seis cuadras del malecón.

 Sus vecinos los describían como una familia unida y trabajadora. Alejandro era conocido por su puntualidad y honradez en el trabajo, mientras que Dolores era respetada por los padres de familia de la escuela primaria Benito Juárez, donde impartía segundo grado desde hacía 12 años. En la cultura mexicana de aquella época, la idea de que algo malo pudiese sucederle a un niño durante unas vacaciones familiares era casi inconcebible.

 Las familias confiaban en que los espacios turísticos, en especial aquellos orientados a familias con niños, contaban con medidas de seguridad adecuadas. Esta confianza, que posteriormente se mostraría ingenua, era parte integral de la mentalidad social de la época. El crucero Caribbian Princess zarpó del puerto de Puerto Vallarta el domingo 14 de marzo de 2004 a las 6:30 de la tarde.

 El barco operado por Princess Cruces tenía capacidad para 3080 pasajeros y 100 tripulantes. Los Castillos habían reservado un camarote interior en la cubierta ocho, el cual, aunque no tenía ventana al mar, era lo que podían permitirse con su presupuesto. El primer día transcurrió con normalidad. La familia exploró el barco.

 Eduardo se maravilló con el centro de videojuegos, mientras Esperanza quedó fascinada con la piscina para niños y el área de actividades infantiles llamada Kids Club. Dolores había documentado meticulosamente cada instante con su cámara digital Kodak, una inversión que había hecho específicamente para este viaje. La rutina del segundo día 15 de marzo empezó normalmente.

 Según el testimonio de Dolores registrado en el informe policial, la familia desayunó en el buffet principal cerca de las 8:30 de la mañana. Esperanza se había mostrado particularmente entusiasmada porque habían anunciado actividades especiales para niños esa tarde, incluyendo una búsqueda del tesoro pirata que iniciaría a las 2 de la tarde.

 Después del desayuno, la familia se fue a la cubierta superior para tomar el sol. Eduardo se quedó en la piscina principal leyendo una revista de automóviles que había comprado en el barco, mientras Alejandro y Dolores se relajaban en las tumbonas bajo una sombrilla. Esperanza jugó en la piscina para niños bajo la supervisión directa de su madre hasta aproximadamente las 11:15 de la mañana.

A esa hora, según los testimonios posteriores, Esperanza le pidió permiso a su madre para ir al baño. Dolores le indicó que fuera al baño de la cubierta nueve, que estaba a solo dos niveles de distancia y que ya había utilizado en varias ocasiones. La niña conocía perfectamente el trayecto y había demostrado ser responsable en sus desplazamientos por el barco durante el día anterior.

 Dolores aguardó aproximadamente 10 minutos antes de empezar a inquietarse. Conocía a su hija y sabía que Esperanza nunca tardaba más de 5 minutos en el baño, especialmente cuando había actividades de su interés esperándola. A las 11:30 de la mañana, Dolores le pidió a Eduardo que fuera a buscar a su hermana.

 Eduardo revisó sistemáticamente los baños de la cubierta nueve. preguntó a las señoras de la limpieza si habían visto a una niña con las características de esperanza, y luego amplió su búsqueda a las cubiertas contiguas. A las 11:45 de la mañana regresó con sus padres sin haber hallado ningún rastro de su hermana.

 La búsqueda familiar se intensificó de inmediato. Alejandro se dirigió a la recepción del barco, mientras Dolores y Eduardo peinaron metódicamente todas las áreas públicas accesibles para niños. A las 12:15 del mediodía, cuando fue evidente que Esperanza no estaba en ninguno de los lugares lógicos donde podría encontrarse, Alejandro reportó oficialmente la desaparición a la seguridad del crucero.

 El protocolo de seguridad del Caribbe Princess, según los documentos que más tarde se harían públicos durante la investigación, exigía una respuesta inmediata ante la desaparición de un menor. A las 12:30 del mediodía se activó el código Amber interno del barco, lo que significaba que todos los tripulantes debían suspender sus actividades no esenciales y participar en la búsqueda.

Read More