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Jenni Rivera: su propia SANGRE la apuñaló… El perturbador VIDEO íntimo que le OCULTARON

 Y en los meses previos a ese último vuelo, la vida de Jenny Rivera se había derrumbado desde adentro de una manera que ninguna de sus canciones podía contener. Hoy te cuento cuatro capítulos de la historia de Jenny Rivera que los especiales conmemorativos cuentan por separado y con suavizadores, pero que juntos, sin suavizadores, forman la imagen más honesta y más dolorosa de lo que fue la vida de la gran señora en sus últimos meses.

Primero, ¿quién construyó ese imperio desde cero? Y por qué entenderlo es esencial para dimensionar lo que vino después. Segundo, el video de seguridad, el hallazgo de 39 minutos de grabación que Jenny creyó que la revelaban todo lo que el video realmente mostraba. Y por qué Jenny Rivera murió convencida de una traición que su propia familia no puede confirmar que ocurrió.

 [música] Tercero, los últimos 70 días, el divorcio express, [música] el correo electrónico que cambió para siempre la historia de Chiqui Rivera, el testamento reescrito en emergencia y cuarto, el saqueo. Cóm. Apenas confirmada la tragedia del avión, comenzó una guerra de dinero dentro de la familia Rivera, [música] que terminó fracturando para siempre la dinastía que Jenny había pasado su vida construyendo.

Esta es la historia de Jenny Rivera, la completa. Si te interesan las historias de las mujeres que construyeron imperios desde la nada y los misterios que quedaron abiertos cuando murieron, suscríbete y activa la campanita. Lo que te voy a contar tiene detalles que los especiales de aniversario [música] no juntan. Empezamos.

 Para entender la destrucción que llegó al final, hay que entender primero la construcción. Y la construcción de Jenny Rivera es uno de los relatos de superación más brutales y más genuinos que la [música] música en español ha producido en el siglo XX. No es un relato de superación suavizado para las audiencias de los premios.

 Es el relato de una mujer que tuvo todas [música] las razones del mundo para rendirse y no lo hizo en ningún momento. Dolores Yana y Rivera Saavedra nació el 2 de julio de 1969 en Long Beach, California. [música] Sus padres, Pedro Rivera y Rosa Saedra, habían cruzado la frontera desde México sin documentos, buscando lo mismo que busca quien cruza sin documentos.

 La posibilidad de que la vida de sus hijos fuera diferente a la que hubieran tenido si se quedaban. Pedro Rivera era cantinero y músico aficionado. Tenía oído para la música y visión para los negocios. En 1987 fundó Cintas Acuario, un sello discográfico pequeño dedicado a la música regional mexicana, la banda, la norteña, la ranchera.

 Ese sello sería después el trampolín de artistas como Chalino Sánchez, el cantante sinaluense que definió el narco moderno y que murió en 1992 en circunstancias que nunca fueron aclaradas del todo. Jenny creció en esa familia con cinco hermanos: Pedro Junior, Gustavo, Lupillo, Juan y Rosy. Todos vivían rodeados de música.

 Todos en distintos grados acabarían en la industria. Pero Jenny nació planeando ser cantante. [música] Era una estudiante aplicada, una alumna de notas altas, una chica que quería estudiar y que tenía el perfil de la persona que hace lo que se supone que hay que hacer para salir adelante. Tenía 15 años cuando quedó embarazada de José Trinidad Marín, el hombre que después se convertiría en la figura más sombría de toda la historia de la familia Rivera.

Jenny no abandonó la escuela. Siguió yendo a clases con el embarazo visible. Soportó la mirada de las personas que saben juzgar sin saber nada y siguió estudiando después del parto de Chiquis, [música] su hija mayor. Nacida en 1985. Eventualmente obtuvo su título en administración de empresas por Cal State [música] Long Beach.

 Trabajó como agente de bienes raíces en Century 21 y llegó a estar [música] en el top 10% de agentes de la empresa a nivel nacional. Eso mientras criaba sola a sus hijos porque Trinidad Marín era violento. El matrimonio con él fue tormentoso y abusivo. Y cuando Jenny lo dejó en 1992, lo que no sabía todavía era la magnitud completa del horror que había perpetrado ese hombre dentro de su propia familia.

Trinidad Marín había traicionado la confianza más sagrada de la familia, afectando profundamente a las hijas de Jenny. Por estas acciones imperdonables fue condenado [música] a más de tres décadas tras las rejas, enfrentando la justicia por los graves daños causados [música] a los miembros más vulnerables de la dinastía.

 En 2005, Jenny lo reveló públicamente en una entrevista con la periodista Charitín. Trinidad Marín había estado prófugo durante 9 años. En abril de 2006 fue detenido. En 2007 fue condenado a un mínimo de 31 años de prisión por múltiples cargos de daños irreparables a la infancia de sus hijas, sin posibilidad de libertad condicional.

Eso es lo que Jenny Rivera cargó en silencio durante años mientras [música] construía una carrera en una industria que no la quería. Y hay que detenerse aquí un momento para entender lo que significa cargar eso. Mientras construyes simultáneamente una carrera, criasa a cinco hijos. Manejas una empresa en crecimiento y te presentas cada noche ante miles de personas proyectando la imagen de la mujer que sobrevive y que sale adelante.

 El trauma que Trinidad Marín dejó en la familia Rivera no era un capítulo cerrado que Jenny había superado y guardado en algún cajón de la memoria. Era una herida activa que coexistía con todo lo demás. Que Chiquis y Jacki tuvieran que vivir con lo que ese hombre les hizo siendo niñas.

 que Rosy tuviera que vivir con lo que él le hizo siendo niña, que Jenny tuviera que vivir sabiendo que el hombre que eligió fue capaz de hacerle eso a sus hijas. Todo eso estaba presente en la vida de Jenny Rivera mientras vendía discos en [música] los tianguis, mientras firmaba contratos con Fonovisa, mientras llenaba el Staple Center.

 Eso no la define de manera reductora, la contextualiza. Y ese contexto es indispensable para entender por qué en 2012, cuando creyó ver en un video de seguridad la confirmación de una nueva traición, su respuesta fue tan definitiva y tan imposible de revertir. No era solo la reacción de esa situación específica, era la reacción de alguien que llevaba décadas acumulando pruebas de que las personas en las que confiaba podían causarle el daño más profundo.

 La industria de la banda y la norteña en los años 90 era un territorio completamente masculino. Los hombres escribían [música] las canciones, los hombres las cantaban, los hombres tocaban los instrumentos, los hombres contrataban a los artistas. Una mujer que quisiera entrar no solo tenía que ser buena, tenía que convencer a esa industria de que había espacio para ella.

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