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Jenni Rivera: El Padre Que V10L0 A Chiquis Y A Jacqie Está LIBRE. TODAS Lo Perdonaron Menos ELLA.

 Lo condenaron a 31 años de prisión en 2007. Cumplió 18. Salió por buena conducta y desde esa mañana del 26 de noviembre del año pasado, ese hombre vuelve a caminar libre por las calles de Estados Unidos. No está en libertad condicional. No lleva tobillera electrónica. Nadie lo vigila. Vive en algún lugar de California.

 La familia de Jenny se enteró por una periodista que descubrió que su nombre ya no aparecía en el sistema penitenciario. Si Jenny Rivera estuviera viva, este habría sido el día más oscuro de su vida. Pero Jenny Rivera lleva 12 años muerta. Cayó del cielo dentro de un Lirget 25 a la altura de la sierra de Iturbide en Nuevo León.

 una madrugada de diciembre de 2012. Y lo que la mayoría de la gente no sabe es esto. En las nueve semanas antes de ese accidente, Jenny había descubierto algo más, algo que pasaba dentro de su propia casa, algo que la llevó a desheredar a su hija mayor, a cambiar las chapas de su recámara y a mandar decir por terceros una frase que sigue doliendo hoy.

Díganle que ya no tiene mamá. Esa frase fue lo último que Jenny le mandó decir a Chiquis Rivera antes de subirse al avión. Hoy voy a contarte cuatro cosas que nunca te contaron. Primero, ¿quién fue la persona que le reveló a Jenny el abuso de sus hijas? Te adelanto un detalle que te va a sacudir.

 La primera persona que rompió el silencio no salió del vientre de Jenny. era alguien todavía más cercano y la edad que tenía cuando empezó a sufrir el abuso te va a romper el corazón. Segundo, ¿cuánto tiempo cumplió realmente Trino Marín en prisión? ¿Cómo logró salir antes de tiempo? ¿Y qué dijo Rose Rivera cuando se enteró de que su agresor estaba libre? Tercero, ¿qué fue exactamente lo que Jenny vio en aquel video de cámaras de seguridad de su recámara? ¿Por qué creyó lo que creyó? ¿Y qué pasó la última vez que Chiquis tocó la puerta de

la casa de su mamá? Y cuarto, ¿qué fue de los dos hombres que destruyeron a la familia Rivera desde adentro? Porque uno de ellos terminó en prisión por otra razón distinta. El otro, como ya te dije, hoy camina libre. Te voy a avisar cuando llegue cada una de estas cuatro revelaciones para que las puedas seguir conmigo.

Pero para entender cómo fue posible que dos hombres distintos en dos décadas distintas lograran lastimar tan profundamente a una misma mujer, necesitas conocer el mundo del que venía Jenny River. Porque esta historia no empieza en una prisión federal de California, empieza mucho antes. Empieza con una niña que cruzó la frontera en el vientre de su madre, en pleno desierto, en un diciembre frío del año 1968 que tú probablemente recuerdas.

 Los Rivera vinieron de Sonora. Pedro Rivera, padre, el patriarca, conoció a Rosa Saedra cuando ella tenía 15 años y él 16. Se casaron en 1963. Eran tan pobres que Pedro vendía billetes de lotería en la calle y lavaba autobuses de carga para ganar unos pesos. Esos mismos autobuses, según contó el mismo años después, fueron el primer nido de amor de la pareja.

 Ahí fue donde concibieron a su primer hijo, Pedro Rivera Junior. Después llegó Gustavo y en 1968 con dos niños pequeños los Rivera tomaron la decisión que tantas familias mexicanas tomaron en esos años. Cruzaron la frontera hacia Estados Unidos. Doña Rosa cruzó embarazada. La bebé que llevaba dentro tenía nombre antes de nacer.

 se iba a llamar Dolores Janney y el 2 de julio de 1969 en un hospital de Long Beach, California, esa niña vio la luz por primera vez. Era Jenny Rivera. Tú escuchaste esa historia mil veces en sus entrevistas, pero lo que quizá no sabías es lo que vino después. La familia Rivera tenía una particularidad poco común entre las familias mexicanas de Long Beach.

habían decidido desde el principio que su salida de la pobreza iba a ser a través de la música. Pedro Rivera, padre empezó a grabar a otros artistas en una pequeña discográfica que fundó en su propia casa. La llamó Cintas Acuario. Era el comienzo de algo grande. Esa pequeña empresa familiar terminaría siendo, con los años uno de los sellos más importantes del regional mexicano en Estados Unidos.

Pero al principio eran solo casetes hechos a mano. La familia los grababa en el garaje, los hermanos los empaquetaban en la cocina y los niños, todos los niños, incluida Jenny, los vendían los fines de semana en el swap Meet, el mercado de pulgas de Paramount en el sur de Los Ángeles. Imagínate la escena. Sábado por la mañana, 5 de la madrugada.

Doña Rosa preparando huevos cocidos para los niños, los hermanos cargando las cajas de cassetes al autofamiliar y una niña de 6 o 7 años con el cabello recogido en dos colitas, sentada detrás de una mesa plegable bajo el sol californiano, ofreciendo discos en español a los compradores latinos que llegaban al Swam Meet.

Esa niña era Jenny y aprendió desde chiquita una lección que más tarde la haría famosa en todo el mundo de habla hispana. Aprendió que la familia y el negocio eran la misma cosa. Esa lección con los años se convertiría en la trampa más grande de su vida. Porque cuando todo está mezclado, cuando tu papá es tu jefe, tu hermana es tu albacea, tu hermano administra tus regalías, tu manager es tu primo y tu agente de prensa es tu cuñado, entonces el día que algo se rompe dentro de la casa, no hay a quien recurrir, no hay un tercero

neutral, no hay un afuera, porque todos son parte de lo mismo y todos tienen algo que perder si la verdad sale. Recuerda esa idea, la vas a necesitar para entender el final. Jenny creció en ese mundo. Era distinta a sus hermanos. Era inteligente, muy inteligente. Sacaba calificaciones altas en la escuela.

 Era la mejor estudiante de su generación en la preparatoria. Soñaba con ser maestra, con tener una vida ordenada, con dejar atrás la pobreza de sus padres. Y entonces, a los 15 años conoció a un muchacho en la escuela secundaria. Se llamaba José Trinidad Marín. Era unos años mayor que ella. Tenía buen porte. Sabía hablarle bonito.

 Y para una adolescente como Jenny, criada en una familia donde el cariño se demostraba a través del trabajo más que de las palabras, ese muchacho fue como una ventana abierta. A los 15 años, Jenny quedó embarazada. Era 1984. Su primera hija nació el 26 de junio de ese año. Le pusieron Janney igual que su mamá, pero todo el mundo la conocería como chiquís.

 Y unos meses después de que naciera la bebé, Jenny y Trino se casaron por la iglesia. Ella todavía no cumplía los 16. Él rondaba los 18. eran dos niños jugando a ser adultos y los problemas empezaron casi de inmediato porque Trino, según relataría la propia Jenny durante años en entrevistas con periodistas como Chariingoiko y con programas como El Gordo y La Flaca, fue un esposo violento desde muy pronto.

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