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La carta olvidada

La carta olvidada

Parte 1

La primera mentira del domingo empezó a las cuatro y doce de la tarde, cuando Dani dejó el vaso de agua en la mesita, se quitó las zapatillas con la solemnidad de quien abandona una vida anterior y dijo:

—Me voy a echar una siesta corta.

Marta, que estaba en la cocina intentando meter tres táperes dentro de una nevera que ya funcionaba como un Tetris emocional, levantó la cabeza.

—Define corta.

Dani ya iba camino del sofá.

—Veinte minutos.

Marta se asomó con un táper de lentejas en una mano y uno de pollo en salsa en la otra.

—Dani, tú no duermes veinte minutos. Tú desapareces. Tú entras en otra dimensión.

—Qué exagerada eres.

—La última siesta corta que te echaste empezó con sol y terminó con los vecinos sacando al perro con abrigo.

Dani se giró, ofendido, pero con esa ofensa floja de quien sabe que la acusación tiene pruebas.

—Eso fue una vez.

—Fue el jueves.

—Bueno, pero porque estaba cansado.

—Dani, siempre estás cansado. Tú no tienes sueño. Tú tienes una suscripción anual al sueño.

Él se dejó caer en el sofá con un suspiro teatral.

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