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56 años y ASÍ es la Vida de Adela Noriega | El Presidente, El Hijo Secreto y La Vida En Miami

Me inventaron dos hijos y me inventaron una relación con él. [música] Yo lo conozco como lo conocemos todos, por televisión y por el periódico, por revistas. Así no quedas embarazada. Así no quedas embarazada. Esa frase dicha con una mezcla de indignación y humor negro fue la última vez que Adela Noriega habló públicamente del tema. Después de eso, silencio.

Un silencio que lleva 27 años y que cada año se vuelve más pesado, más misterioso, más insoportable para un país que necesita respuestas y que solo tiene rumores. Pero antes de intentar resolver el misterio de su desaparición, antes de entrar en el laberinto de versiones contradictorias sobre Salinas, sobre el supuesto hijo, sobre la pelea en el hospital, sobre la amenaza de la esposa del presidente.

Antes de todo eso, necesitas conocer a la mujer detrás del misterio, porque la historia de Adela Noriega no empieza con un presidente, empieza con una niña huérfana en un centro comercial de la Ciudad de México. 24 de octubre de 1969. Nace Adela Amalia Noriega Méndez en la Ciudad de México. Tiene una hermana mayor y un hermano menor.

Su infancia es modesta. No viene de una familia del espectáculo, no tiene conexiones en la industria, no tiene un apellido que abra puertas. Es una niña común en una ciudad enorme, una niña que podría haber crecido siendo cualquier cosa, secretaria, maestra, contadora, cualquier cosa menos lo que terminó siendo.

Pero la vida tenía otros planes y esos planes empezaron a revelarse de la manera más inesperada. Cuando Adela tenía 12 años, estaba caminando por un centro comercial con su madre. Una actividad cotidiana sin importancia, sin glamour, pero alguien las vio. Un casatalentos que buscaba rostros nuevos para la industria del modelaje detectó algo en esa niña de 12 años que lo hizo detenerse.

Algo en su cara, en su porte, en la manera en que caminaba sin saber que la estaban observando. Algo que no se puede fabricar ni comprar ni imitar. Eso indefinible. que separa a las personas comunes de las personas que la cámara ama. El casatalentos se acercó, habló con la madre, le propuso que Adela modelara.

La madre dudó, era su hija, era una niña. La industria del modelaje no tenía fama de ser un lugar seguro para una menor, pero la oportunidad estaba ahí y en una familia modesta, las oportunidades no se desprecian. A los 13 años, Adela Noriega empezó su carrera como modelo y fue en ese mundo, entre [música] sesiones de fotos, pasarelas y castings donde la televisión la descubrió.

Televisa, la empresa más poderosa de la televisión mexicana, la reclutó para el Centro de Educación Artística El SEA, la escuela donde se formaban las futuras estrellas de las telenovelas. Adela entró como alumna, salió como estrella. Su primer protagónico llegó en 1987 con Quinceañera, una telenovela que se convirtió en fenómeno entre el público joven.

Adela tenía 17 años, era la edad perfecta para el papel y la química entre ella Talía y Ernesto La Guardia convirtió a la telenovela en un clásico instantáneo. Quinceañera no solo la lanzó a la fama, la catapultó. De un día para otro, Adela Noriega era el nombre más comentado de la televisión mexicana. Y entonces, mientras su carrera despegaba como un cohete, la vida le dio el primer golpe. Su padre murió.

Adela era todavía una adolescente. Los detalles de la muerte de su padre son escasos porque Adela nunca habló del tema públicamente. Lo que se sabe es que perdió a su padre siendo muy joven y que esa pérdida la marcó profundamente. La convirtió en una persona reservada, hermética, protectora de su privacidad, hasta un grado que en la industria del espectáculo resultaba casi anormal.

Porque hay algo que todos los que trabajaron con Adela Noriega coinciden en señalar. Era impenetrable. No compartía nada de su vida personal, no socializaba con el elenco, no iba a las fiestas del equipo, no contaba chismes, no daba información, no abría la puerta. Adriana Nieto, que trabajó con ella en el privilegio de amar en 1998, lo describió con una claridad brutal en una entrevista para Univisión famosos, recogida por People en español.

En las telenovelas uno termina platicando y te enteras de todo, pero de ella nada. Nada. En un set de filmación donde la gente convive 8, 10, 12 horas al día durante meses, donde se comparten almuerzos, descansos, llamadas telefónicas, confidencias, donde el elenco termina conociéndose también que saben hasta el color de ropa interior que usa cada uno.

Adela Noriega era un misterio. Nadie sabía nada de su vida. Nadie conocía a su novio, si es que tenía uno. Nadie sabía dónde vivía exactamente. Nadie sabía que hacía cuando no estaba grabando. Nadie sabía nada. Y hay otro detalle que Adriana Nieto reveló y que pinta un retrato fascinante de la personalidad de Adela. Llegaba tarde a las grabaciones, no 5 minutos tarde, [música] hasta 2 horas tarde.

El elenco entero esperando, los técnicos esperando, el director esperando y Adela llegaba como si no hubiera pasado nada, sin disculparse, sin explicar, sin ofrecer una excusa. Simplemente aparecía, se sentaba frente al espejo del maquillaje y empezaba a prepararse. en cualquier otra actriz, eso habría sido motivo de despido. Pero Adela Noriega no era cualquier otra actriz, era la actriz la que garantizaba Ratings, la que vendía la telenovela con su nombre, la que el público quería ver noche tras noche.

Y cuando eres eso, cuando eres indispensable, las reglas no aplican. Llegas tarde porque puedes, porque nadie se atreve a decirte que no, [música] porque el poder que te da la audiencia es más grande que el poder de cualquier productor. Nieto también mencionó que Adela solo hablaba con dos personas en el set, Elena Rojo y Andrés García.

Los dos mayores, los dos veteranos, los dos con una trayectoria tan sólida que no necesitaban impresionar a nadie. Quizá Adela se sentía cómoda con ellos precisamente porque no le pedían nada, no le hacían preguntas. No buscaban información, solo hablaban de trabajo, de la [música] escena, de la siguiente toma y después cada quien a lo suyo.

Esa personalidad hermética, esa capacidad de estar rodeada de personas y al mismo tiempo estar completamente sola, esa muralla invisible que construía alrededor de su vida privada es fundamental para entender lo que vino después. Porque una mujer capaz de mantener en secreto cada aspecto de su vida personal mientras trabaja en la industria más chistosa [música] del mundo, es una mujer capaz de esconder cualquier cosa, incluyendo una relación con un presidente, incluyendo un hijo, incluyendo una vida entera que nadie conoce. Pero volvamos a la carrera

porque entre 1987 y 2008, Adela Noriega construyó una filmografía que la convirtió en la reina indiscutible de las telenovelas mexicanas. Después de 15añera vino Dulce Desafío en 1988. Después María Isabel en 1997, donde interpretó a una indígena que se enamora de un hombre de la ciudad. Una telenovela que arrasó en Rutins y que demostró que Adela podía interpretar personajes complejos, no solo las niñas bonitas de las historias juveniles.

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