Imagínese una familia entera que tuvo que vender su casa por $ y huir del país, dejándolo todo porque la clica les puso plazo de 48 horas para desocupar. Esas órdenes durante años las firmaba este señor desde la prisión. Pero el momento exacto en que el viejo Lin pasó de ser un cabecilla a ser un interlocutor político del estado salvadoreño es la imagen que tiene que ver para entender este final y se la vamos a contar ahora mismo.
En el año 2012, bajo el gobierno de Mauricio Funes del FMLN, ocurrió algo que cambió para siempre la historia criminal del Salvador. Fune, su ministro de seguridad de aquel entonces y otros funcionarios cuyos nombres aún siguen apareciendo en investigaciones judiciales, se sentaron a negociar formalmente con los cabecillas pandilleros de la MS 13 y del barrio 18. La llamaron tregua.
La vendieron como un éxito histórico. La presentaron al país y al mundo como la solución al problema de las maras. Y en el centro de esa mesa de negociación, en representación del barrio 18 facción sureños, se sentó este hombre que acabamos de despedir, el viejo Lin, con privilegios, con traslados, con beneficios penitenciarios, con cámaras grabándolo, tratado, repito, como si fuera un actor político legítimo.
Y aquí viene la pregunta que pocos se atreven a hacer en voz alta. ¿Qué recibió a cambio exactamente el gobierno del FMN por sentar a este hombre en esa mesa? El resultado de aquella tregua, lo sabemos ahora, fue catastrófico. Las pandillas usaron esos meses de paz aparente para reorganizarse, comprar armas, expandir territorios y planificar la siguiente ola de violencia.
Cuando la tregua se rompió, la matanza que vino después fue de las peores que ha vivido este país en su historia reciente. Y mientras todo eso pasaba, el viejo Lin seguía dentro del penal, intocable, con la red intacta, hasta que en 2019 cambió todo. Llegó al poder un presidente que dijo, “Desde el primer día que con criminales no se negocia, que la única tregua posible es la que se firma con esposas puestas.
” Y aquí es donde la historia del viejo Lin empieza a tomar el rumbo del final que vimos esta semana. Porque lo que ocurrió dentro del penal en los meses posteriores a la entrada de Bukele al poder es lo que de verdad explica por qué este hombre murió como murió. Y eso se lo voy a contar en lo que viene. La entrada de Nayib Bukele a la presidencia en junio de 2019 marcó el principio del fin para hombres como el viejo Lin, aunque al inicio muy pocos lo entendieron así.
Durante los primeros meses todo parecía seguir igual dentro de los penales, las visitas, los celulares, las redes de mensajería interna, todo lo que durante 15 años había funcionado sin problemas seguía operando. Pero según las versiones que han trascendido de fuentes vinculadas al Ministerio de Justicia y Seguridad Pública, lo que estaba pasando en realidad era distinto.
El nuevo gobierno estaba tomando inventario, estaba documentando, estaba contando uno por uno, cabecilla por cabecilla, quién tenía qué privilegios y quién había firmado qué acuerdos con los gobiernos anteriores. Y el nombre del viejo Lin, según ha trascendido, apareció marcado en rojo en una de las primeras listas que se elaboraron.
Lo que vino después es lo que de verdad explica por qué este hombre murió como murió. Y aquí es donde la historia se pone fuerte. En marzo de 2022, después de un fin de semana en el que el barrio 18 y la MS 13 ordenaron de forma coordinada el asesinato de 87 personas. En 72 horas Bukele decretó el régimen de excepción y dio una orden que cambió para siempre la vida dentro de los penales salvadoreños.
Todos los privilegios revocados, todos los celulares confiscados, todas las visitas suspendidas, todos los traslados a celdas comunes, todos los cabecillas, sin importar cuántos acuerdos hubieran firmado con gobiernos anteriores, pasaron a un régimen de máxima seguridad sin contacto con el exterior. Y el viejo Lin, según se ha reportado, fue uno de los primeros en sentir ese cambio.
Pero el detalle de lo que le encontraron en su celda esa primera noche del régimen de excepción es algo que muy pocos medios han contado. Según las versiones que han circulado en medios salvadoreños y que se han ido confirmando a lo largo de estos 4 años, cuando los oficiales del nuevo régimen entraron a la celda del viejo Lin en marzo de 2022, encontraron mucho más de lo que se esperaban.
No era una celda cualquiera, era, según los reportes, una especie de oficina con documentos, con cuadernos, con anotaciones de nombres y montos, con listados de clicas y territorios, con todo el aparato administrativo de una estructura criminal que durante años había estado operando desde dentro del penal de máxima seguridad como si fuera una sucursal corporativa.
Yo se lo cuento como lo han contado los medios, con la cautela del caso, pero la imagen que dejan esas versiones es difícil de olvidar. ¿Y sabe usted qué fue lo que encontraron anotado en uno de esos cuadernos? según las versiones que han trascendido, algo que conecta directamente con los años de la tregua de Funes.
Aquí es donde la historia conecta con todo lo que le conté en el bloque anterior. Porque según las investigaciones que se abrieron a partir de 2020, contra los responsables de la tregua de 2012, varios de los cuadernos y documentos que se encontraron en celdas de cabecillas del barrio 18, incluyendo material atribuido al viejo Lin, contenían anotaciones que coincidirían con los años exactos de la tregua, nombres de funcionarios, fechas de reuniones, compromisos cruzados y lo más grave de todo lo que algunos investigadores han descrito como un
registro paralelo de las órdenes de homicidio que se siguieron firmando durante esos años de supuesta paz. Yo le voy a ser sincero, cuando uno escucha esto, cuesta no pensar que la tregua no fue una tregua, fue otra cosa. Fue un permiso para seguir matando con menos ruido. Y lo más fuerte de todo es lo que la Fiscalía General de la República habría empezado a hacer con esos documentos a partir de 2021.
A partir del año 2021, la Fiscalía General de la República inició lo que se conoció públicamente como el caso Tregua, una investigación contra los principales responsables del gobierno de Mauricio Funes que habían participado en aquellas negociaciones de 2012. Varios exfuncionarios fueron imputados, algunos huyeron del país, otros enfrentaron procesos judiciales que aún siguen abiertos y en el corazón de esa investigación, según ha trascendido, estaban los documentos y testimonios vinculados a los cabecillas que se sentaron en la mesa de negociación.
Entre ellos, por supuesto, el viejo Lin, el hombre que durante años había sido tratado como interlocutor político, ahora era pieza clave en una investigación que apuntaba directamente a la cúpula del FMLN de aquella época. ¿Y sabe usted por qué el viejo Lin nunca llegó a declarar formalmente en ese proceso a pesar de ser una de las piezas más importantes del expediente? La respuesta tiene que ver con su propio cuerpo.
Aquí viene una parte que casi nadie ha contado bien en estos días. y conviene contarla despacio porque cambia la lectura del final. Mientras el caso Tregua avanzaba y los exfuncionarios del FMEN enfrentaban cargos, el viejo Lin dentro del penal de máxima seguridad empezaba a deteriorarse físicamente. La cirrosis hepática, que probablemente arrastraba desde años antes, según las versiones médicas que han trascendido, empezó a complicarse.
Luego vino el síndrome hepatorrenal, esa condición en la que el hígado dañado empieza a afectar el funcionamiento de los riñones. Y por encima de todo, según los reportes médicos oficiales que la Dirección General de Centros Penales fue compartiendo de forma fragmentada, le diagnosticaron un glioblastoma, un tumor cerebral agresivo.
Para los que no están familiarizados con esa palabra, es uno de los cánceres más letales que existen con una supervivencia media de apenas 15 meses desde el diagnóstico. Y el momento exacto en que ese diagnóstico llegó a manos del director de Centros Penales es algo que solo unos pocos saben. Lo que ha trascendido es que el equipo médico del sistema penitenciario salvadoreño, bajo la supervisión de la Dirección General de Centros Penales y del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública, tomó la decisión respaldada por la cúpula del gobierno de mantener al
viejo LIN bajo custodia hasta el final, sin traslados a hospitales privados, sin permisos humanitarios, sin liberaciones por motivos de salud, sin negociaciones de última hora. Yo lo digo claro porque hay que decirlo. Este hombre que durante años había vivido convencido de que algún acuerdo le iba a salvar la vida, que algún político iba a aparecer en el último momento a tenderle la mano, se encontró por primera vez con un gobierno que no negocia y eso para alguien como él debió ser el verdadero castigo.
Imagínese usted lo que es darse cuenta ya con la enfermedad encima, de que el aparato político que durante 20 años te protegió ya no existe. Durante los últimos meses de su vida, según las versiones que han circulado, el viejo Lin habría intentado a través de canales informales, hacer llegar mensajes pidiendo lo que él consideraba consideraciones humanitarias.
Quería ser trasladado, quería ver a su familia, quería, según se ha reportado, salir del penal para morir afuera. Yo le cuento lo que se ha sabido, lo que no mejor no inventarlo. Lo que sí está confirmado es que ninguna de esas peticiones prosperó. Bukele, a través de las instancias correspondientes, mantuvo la línea desde el primer momento.
Con criminales no se negocia, ni vivos, ni moribundos, ni muertos. Y la respuesta exacta que habría dado el gobierno cuando llegó la última petición pocos días antes del fallecimiento, es lo que de verdad cierra el círculo de esta historia. Mientras todo esto pasaba dentro del penal, afuera del país, la diáspora salvadoreña empezaba a respirar de una forma distinta.
En Los Ángeles, en Washington, en Houston, en Nueva York, en todas las ciudades donde miles de salvadoreños habían huído durante los años más duros del barrio 18. La noticia del deterioro del viejo Lin se fue conociendo a cuentagotas y para muchas familias esa noticia tenía un significado que ningún titular podía capturar. del todo.
Era el cierre de una herida que llevaba abierta 20, 30, 40 años. Era saber que el hombre que ordenó la muerte del primo, del hermano, del esposo, del padre, finalmente no iba a salir libre, que la justicia esta vez sí iba a llegar hasta el final, que el país al que algún día querrían volver ya no es el país que los expulsó.
¿Usted sabe lo que es para una familia que enterró a un ser querido por culpa del barrio 18? enterarse de que el hombre que ordenó esa muerte está muriendo encerrado sin escape posible. La noche del miércoles 20 de mayo de 2026, según el comunicado oficial que la Dirección General de Centros Penales emitió esa misma madrugada, el viejo Lin entró en una fase terminal.
Su cuerpo, ya devastado por la cirrosis, el síndrome patorrenal y el avance del ioblástoma, no resistió más. Los oficiales del penal levantaron el acta correspondiente. El cuerpo fue trasladado bajo custodia para los procedimientos forenses de rigor y en algún lugar del Gran San Salvador, una familia que durante años había vivido del nombre y del miedo que ese hombre generaba, recibió la noticia que llevaba tiempo temiendo.
Pero la verdadera historia, la que de verdad muestra qué tipo de país es El Salvador hoy bajo buquele, no es la del fallecimiento, es la de lo que pasó después. Porque lo que ocurrió en las horas siguientes mientras la familia del viejo Lin intentaba organizar el funeral es lo que cierra de forma definitiva la era del barrio 18 en este país.
Y eso se lo voy a contar entero en lo que viene. La mañana del jueves 21 de mayo de 2026 amaneció distinta en El Salvador. No hubo cadena nacional, no hubo discurso presidencial, no hubo conferencia de prensa convocada. Bukele, según se ha reportado, manejó las horas siguientes a la muerte del viejo Lin con un silencio calculado que en este país dice más que 1000 declaraciones.
Mientras los medios internacionales como Reiters y EF replicaban la noticia y mientras los medios opositores empezaban a sacar las primeras versiones críticas sobre las condiciones médicas del fallecido, el gobierno salvadoreño se limitó a hacer lo que en términos administrativos correspondía. Comunicado de la Dirección General de Centros Penales, acta forense, protocolo de cadena de custodia del cuerpo y nada más.
Pero el detalle de lo que la familia del viejo Lin pidió esa mañana y la respuesta exacta que recibió del estado salvadoreño es lo que de verdad marca el final de una era. Según las versiones que han circulado durante esas primeras horas, la familia del fallecido habría intentado, a través de los canales legales correspondientes, gestionar lo que cualquier familia gestionaría.
la entrega del cuerpo, la organización de un velatorio, un funeral con la dignidad mínima que las costumbres salvadoreñas conceden a cualquier difunto. Y aquí es donde entra la decisión que muchos en este país llevaban años esperando ver. El protocolo aplicado al viejo Lin, según se ha reportado, no contempló ningún tipo de tratamiento especial.
Nala le cortejo público, nada de honras fuera del perímetro penitenciario, nada de exposición del cuerpo en una funeraria del Gran San Salvador, donde sus antiguos seguidores pudieran acercarse. Yo le voy a ser sincero, cuando uno escucha esto, cuesta no sentir que por fin las cosas se hacen como se tenían que haber hecho durante 20 años.
Y la imagen de la familia recibiendo esa respuesta según la ha trascendido, es algo que conviene contar despacio. Imagínese usted lo que es esa escena. La familia de un hombre que durante dos décadas fue el patrón del barrio 18 facción sureños, el hombre que se sentó con ministros, el hombre que recibió periodistas internacionales en su celda durante los años de la tregua.
El hombre que en algún momento creyó que su nombre era intocable recibiendo del Estado salvadoreño una respuesta administrativa fría, técnica sin concesiones. La misma respuesta que recibe cualquier familiar de cualquier preso común, porque eso era el viejo Lin para el Estado salvadoreño bajo buquele, un preso nada más.
sin el peso simbólico que durante años el FMLN concedió, sin el aura de interlocutor político, sin el respeto distorsionado que algunos sectores académicos le habían tributado tratándolo como actor social. un preso. Eso fue todo. Y sabe usted lo que estaba haciendo Bukele en las horas exactas en que esa familia recibía la respuesta del Estado? Algo que, según se ha reportado, dice más sobre el cierre de esta era que cualquier discurso.
Aquí viene la parte que el título de este video promete y que muchos están esperando que les contemos. Mientras la familia del viejo Lin intentaba gestionar el funeral, mientras los medios internacionales pedían declaraciones oficiales sobre el fallecimiento, mientras los medios opositores empezaban a hablar de muerte sospechosa en custodia, Bukele, según las versiones que han circulado en cuentas oficiales y en medios afines al gobierno, habría estado dedicado algo muy distinto.
habría estado supervisando junto a las autoridades penitenciarias la siguiente fase del operativo contra las estructuras restantes del barrio 18 en el interior del país, reuniones, coordinaciones con la Policía Nacional Civil, revisión de listados dependientes. Yo le cuento lo que se ha sabido. El mensaje que el presidente envió con ese silencio y con esa agenda paralela fue tan claro que no necesitó traducción.
Mientras la familia del viejo Lin lloraba, Bukele estaba trabajando para que el resto de los nombres anotados en aquellos cuadernos terminaran exactamente igual. El contraste con lo que habría pasado bajo otro gobierno es brutal y aquí conviene detenerse. En el año 2012, cuando el viejo Lin se sentó en aquella mesa de tregua, el presidente Mauricio Funes y su entorno le tendieron la mano literal y figurativamente.
Hubo fotos, hubo apretones de manos, hubo declaraciones públicas tratándolo como interlocutor legítimo. 14 años después, cuando ese mismo hombre murió, el presidente del país no movió un dedo para honrar de ningún modo, a quien él consideró siempre sin matices un criminal. Esa diferencia no es una diferencia de estilo, es una diferencia de país.
Es la diferencia entre un El Salvador que negociaba con criminales y un El Salvador que ya no lo hace. Yo no sé usted, pero a mí esa fotografía mental, las dos fotos puestas una al lado de la otra, la de Funes dándole la mano en 2012 y la de Bukele dándole la espalda en 2026. Me parece la imagen que mejor resume estos últimos 14 años de la historia salvadoreña.
Y el silencio del presidente en esas horas, según se ha reportado, fue interpretado por la diáspora salvadoreña en todo el mundo como el mensaje que llevaban décadas esperando escuchar. Mientras todo esto pasaba en San Salvador, en colonias como Soyapango, Mexicanos, Apopa y Ilopango, San Marcos, donde durante años la facción sureños del barrio 18 cobraba renta a las pupucerías, a las tiendas de abarrotes, a los talleres mecánicos, a las pequeñas panaderías de barrio.
Las versiones que han circulado en redes sociales y en cuentas de vecinos coinciden en algo. La gente recibió la noticia con un silencio que pesaba, con un alivio que no se podía expresar en público todavía, porque para algunas generaciones el miedo no se quita de un día para otro. Pero en las casas, en las cocinas, en las sobremesas familiares de esa semana, la conversación fue la misma.
Se murió el viejo Lin, se murió encerrado, se murió sin salir. Y por primera vez en años alguien en esa mesa pudo decir esa frase sin mirar antes hacia la puerta. ¿Usted sabe lo que es para una madre que durante años pagó renta para que no le hiciera nada a sus hijos? Enterarse de que el hombre que mandaba todo eso murió encerrado para siempre.
Y aquí tenemos que hablar del Secot, aunque el viejo Lin no muriera dentro de sus muros, porque el centro de confinamiento del terrorismo es la imagen que sintetiza lo que pasó con el barrio 18 entero bajo este gobierno. Las celdas de concreto sin ventanas al exterior, la luz artificial constante, las camas de metal, las cabezas rapadas, el uniforme blanco que borra la identidad que antes hacía temidos a estos hombres, el silencio donde antes había gritos y órdenes, la fila al pasar, la mirada al suelo, el orden absoluto. Los miembros de la facción
sureños del barrio 18, que durante años obedecieron al viejo lind desde la calle, hoy están ahí dentro, rapados, callados, sin contacto con el exterior, sin posibilidad de mandar mensajes a nadie. De aquí no se sale, de aquí no se manda, de aquí no se decide nada. Eso es lo que el viejo Lin nunca llegó a conocer en carne propia, pero es lo que viven todos los que durante años le obedecieron.
Y la cifra exacta de pandilleros del barrio 18 que están hoy bajo ese régimen, según se ha reportado, es la prueba de que la estructura que él construyó ya no existe. Las cifras oficiales que han circulado son contundentes. Decenas de miles de pandilleros capturados desde el inicio del régimen de excepción en marzo de 2022. Estructuras enteras desmanteladas.
clicas que durante años controlaron colonias enteras, hoy reducidas a nombres en un expediente judicial. Comerciantes que vuelven a abrir sus negocios sin pagar renta. Madres que vuelven a mandar a sus hijos al colegio sin acompañarlos por la esquina donde antes había un bandera vigilando. Familias que vuelven al país después de años de exilio en Estados Unidos, en México, en Guatemala, en Costa Rica.
Yo lo digo claro porque conviene decirlo en este punto del video. Hay personas que tienen el lujo de cuestionar este modelo desde un escritorio en Europa o en una universidad de la costa, este de Estados Unidos. Pero la gente que vivió esto, la gente que enterró hijos, la gente que perdió negocios, la gente que durmió con el celular en la mano durante años, esa gente sabe perfectamente lo que significa que el viejo Lin haya muerto encerrado.
Y la reflexión que cierra esta historia en estricta justicia histórica es la que tenía que llegar hace décadas y no llegaba, lo que durante más de 30 años nadie quiso tocar, lo que durante dos décadas pasó frente a las narices de gobiernos enteros del FMEN y de Arena, lo que durante años se justificó como problema social, lo que durante años se intentó resolver con treguas, con negociaciones, con dádivas, con beneficios penitenciarios, con apretones de manos televisados.
Finalmente encontró un presidente que dijo, “No, que no se sienta con ellos, que no les da la mano, que no los trata como actores políticos, que no les concede ni un solo privilegio, ni en vida, ni en enfermedad, ni en muerte. El viejo Lin se fue. Se fue encerrado, consumido por su propio cuerpo, sin ningún funcionario del FMEN que apareciera a despedirlo, sin ningún medio internacional que pudiera fotografiar el ataúd a hombros por las calles de San Salvador, sin ninguno de los privilegios que durante años creyó que se había ganado. Esa es
la diferencia entre el El Salvador de antes y el El Salvador de ahora. Y aunque este capítulo se cerró el miércoles 20 de mayo, hay algo que pocos están comentando y que conviene contar antes de cerrar este video. Y mientras este nombre ya forma parte del pasado del país, hay un detalle de toda esta historia que muy pocos están comentando estos días.
En los cuadernos que se habrían encontrado en su celda durante los operativos de 2022, según ha trascendido, había nombres anotados que aún no han salido del todo a la luz. nombres de exfuncionarios que participaron en aquella tregua de funes y que todavía no han enfrentado del todo los procesos judiciales que les corresponden.
Nombres de cabecillas de menor rango que en algún momento operaron bajo las órdenes del viejo LIN y que todavía estarían sueltos en otros países de la región. Y nombres, según las versiones más recientes, de operadores políticos cuyos vínculos con la estructura del barrio 18 de aquella época aún no se han terminado de explicar.
Eso significa que esta historia, aunque hoy haya cerrado un capítulo importante, no ha terminado. Hay cabos sueltos que todavía están ahí sin jalarse. Y casos como este, fíjese usted, siguen apareciendo cada semana en este país. Si usted siente que estas historias tienen que contarse hasta el final, no se vaya todavía.
Aquí mismo arriba le dejamos el siguiente caso que estamos cubriendo y créame que es de los que no se puede perder.